
Mi experiencia pastoral me lleva a conocer la vida religiosa de los fieles y las situaciones sociales en las que viven. He comprobado que no siempre se alcanza una manera de comprender y de vivir armónicamente, unitariamente la relación entre Dios y las complejas realidades de la vida cotidiana, personal y social.
Dios sin el mundo y su historia
Encuentro personas que afirman la existencia de Dios y viven la relación con Él. Creen en Dios, lo aman y alaban. Pero en esa relación no entra el mundo de lo creado y, mucho menos, los acontecimientos y avatares de la historia humana, personal o colectiva. Los trabajos, problemas, ocupaciones y preocupaciones son un estorbo para su relación con Dios. Todo ese mundo “exterior” los saca de la “vida interior” donde está Dios, o los distrae del culto al que se entregan para glorificar a Dios. La salvación no es salvación de y en la historia humana sino liberación del peso de este mundo creado.
En esta dirección van todos los “espiritualismos” y formas de gnosticismo. Pero no es este el camino de Aparecida que afirma: “al participar de la misión, el discípulo camina hacia la santidad. Vivirla en la misión le lleva al corazón del mundo. Por eso, la santidad no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual.” (DA 148)
El mundo y su historia sin Dios
Hay otro planteamiento que es la antítesis del anterior. Afirma la consistencia del mundo y el valor de la historia que los hombres van construyendo. La vida, aunque sea limitada, se vive en el entramado de las relaciones cotidianas y de las tareas que ocupan la jornada de las personas. Pero en este tejido social, en esta historia personal o colectiva no está Dios. La historia no salta más allá de su temporalidad y la salvación que podemos alcanzar es intrahistórica. No hay una esperanza más allá de la muerte.
Pero “como nos dijo el Papa en su discurso inaugural: sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano”. (DA 42)
Dios en todo y todo en Dios
En ambos comportamientos, Dios y el mundo son como dos elementos irreconciliables y excluyentes. En el primero se afirma a Dios a costa del mundo y en el segundo se afirma al mundo a costa de Dios. No se usa la conjunción copulativa “y” (Dios y el mundo) sino la adversativa “o”, (Dios o el mundo). La postura cristiana arranca de Jesucristo, plenamente humano, plenamente divino, unión consumada de Dios y del hombre. Lo expresamos en la formula “Dios en todo y todo en Dios”.
Lo primero e inmediato de nuestra experiencia es la vida de cada día, el conjunto de acontecimientos que suceden y nos suceden, las relaciones sociales en el vecindario, en el trabajo, en la vida social, nuestros comportamientos y actividades, así como nuestros sentimientos internos. Este mundo personal forma parte de un entramado cada vez más complejo y globalizado, que nos desborda pero que nos afecta y que tiene consecuencias que inciden en nuestra vida.
Podemos quedarnos en este “primer nivel” de la experiencia o podemos entrar en niveles cada vez más profundos. Lo más cómodo es quedarnos en ese “nivel de superficialidad”, sin complicarnos mucho la vida. Permanecer en la superficie del “hacer”, del “padecer”, del “acontecer”.
Pero estamos llamados a “perforar” la realidad en la que vivimos y entrar al fondo de nosotros mismos, de las personas, de los acontecimientos, de la vida. Profundizando en esa realidad encontramos a Dios como origen amoroso de todo, como fundamento que sostiene y da sentido al acontecer humano y como meta deseada a la que tendemos.
Dios está en la hondura de todo y todo está en el amor compasivo de Dios, de manera que cuanto más nos adentramos en el misterio de la vida intima de Dios más descubrimos un cosmos, una historia humana, unas personas concretas infinitamente amadas por Dios. Y cuanto más nos sumergimos en la compleja y dramática realidad humana más descubrimos la presencia de Dios que se nos transparenta en la realidad.
Dios sin el mundo y su historia
Encuentro personas que afirman la existencia de Dios y viven la relación con Él. Creen en Dios, lo aman y alaban. Pero en esa relación no entra el mundo de lo creado y, mucho menos, los acontecimientos y avatares de la historia humana, personal o colectiva. Los trabajos, problemas, ocupaciones y preocupaciones son un estorbo para su relación con Dios. Todo ese mundo “exterior” los saca de la “vida interior” donde está Dios, o los distrae del culto al que se entregan para glorificar a Dios. La salvación no es salvación de y en la historia humana sino liberación del peso de este mundo creado.
En esta dirección van todos los “espiritualismos” y formas de gnosticismo. Pero no es este el camino de Aparecida que afirma: “al participar de la misión, el discípulo camina hacia la santidad. Vivirla en la misión le lleva al corazón del mundo. Por eso, la santidad no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual.” (DA 148)
El mundo y su historia sin Dios
Hay otro planteamiento que es la antítesis del anterior. Afirma la consistencia del mundo y el valor de la historia que los hombres van construyendo. La vida, aunque sea limitada, se vive en el entramado de las relaciones cotidianas y de las tareas que ocupan la jornada de las personas. Pero en este tejido social, en esta historia personal o colectiva no está Dios. La historia no salta más allá de su temporalidad y la salvación que podemos alcanzar es intrahistórica. No hay una esperanza más allá de la muerte.
Pero “como nos dijo el Papa en su discurso inaugural: sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano”. (DA 42)
Dios en todo y todo en Dios
En ambos comportamientos, Dios y el mundo son como dos elementos irreconciliables y excluyentes. En el primero se afirma a Dios a costa del mundo y en el segundo se afirma al mundo a costa de Dios. No se usa la conjunción copulativa “y” (Dios y el mundo) sino la adversativa “o”, (Dios o el mundo). La postura cristiana arranca de Jesucristo, plenamente humano, plenamente divino, unión consumada de Dios y del hombre. Lo expresamos en la formula “Dios en todo y todo en Dios”.
Lo primero e inmediato de nuestra experiencia es la vida de cada día, el conjunto de acontecimientos que suceden y nos suceden, las relaciones sociales en el vecindario, en el trabajo, en la vida social, nuestros comportamientos y actividades, así como nuestros sentimientos internos. Este mundo personal forma parte de un entramado cada vez más complejo y globalizado, que nos desborda pero que nos afecta y que tiene consecuencias que inciden en nuestra vida.
Podemos quedarnos en este “primer nivel” de la experiencia o podemos entrar en niveles cada vez más profundos. Lo más cómodo es quedarnos en ese “nivel de superficialidad”, sin complicarnos mucho la vida. Permanecer en la superficie del “hacer”, del “padecer”, del “acontecer”.
Pero estamos llamados a “perforar” la realidad en la que vivimos y entrar al fondo de nosotros mismos, de las personas, de los acontecimientos, de la vida. Profundizando en esa realidad encontramos a Dios como origen amoroso de todo, como fundamento que sostiene y da sentido al acontecer humano y como meta deseada a la que tendemos.
Dios está en la hondura de todo y todo está en el amor compasivo de Dios, de manera que cuanto más nos adentramos en el misterio de la vida intima de Dios más descubrimos un cosmos, una historia humana, unas personas concretas infinitamente amadas por Dios. Y cuanto más nos sumergimos en la compleja y dramática realidad humana más descubrimos la presencia de Dios que se nos transparenta en la realidad.







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1 comentarios:
Todo lo que haágamos hay que hacerlo pensando en Dios.
Saludos que tenga un buen inicio de semana
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