Los laicos brasileños están atentos a los cambios actuales, una preocupación que se deja sentir en los debates, directrices y acciones de sus organismos, representados al más alto nivel por el Consejo Nacional de Laicos de Brasil (CNLB), ligado a la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB). Su presidente, Carlos Francisco Signorelli, cree que estamos viviendo lo que el Documento de Aparecida llama un “cambio de época”, un proceso de transición de paradigmas, “no tan sólo una época de cambios”. A su juicio, “todo está en crisis: el Estado, la forma de democracia que tenemos, la sostenibilidad del planeta, los símbolos, incluso los religiosos y, por tanto, las religiones y sus instituciones, incluso la Iglesia católica”.Temas relevantes debatidos durante la última Asamblea General del CNLB, celebrada en junio en Teresina (Piauí), al norte del país, para planificar el próximo trienio (2010-2012). De todo ello ha hablado Vida Nueva con Signorelli.
¿Cuáles son los principales logros y desafíos en la participación de los laicos en la vida de la Iglesia brasileña?
Si no fuese por los laicos y laicas que, comprometidos con su vocación, son presencia de la Iglesia en las periferias de las ciudades grandes y medianas y en los rincones de América Latina, la Iglesia ya habría desparecido en estos lugares. Los laicos y laicas deben ser vistos hoy como los grandes protagonistas de la evangelización, tanto en las comunidades como en el tejido humano de la sociedad.
La reciente Asamblea del CNLB definió sus metas para el próximo trienio. ¿Cuáles son?
Básicamente, son tres: ampliar la visibilidad interna (…); participar como sujeto en los grandes temas de la sociedad (…); y formar un laicado no sólo maduro, sino sujeto eclesial. En este caso, es fundamental construir una conciencia crítica de que los laicos no pueden ser objetos, ovejas calladas, sino sujetos activos.







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