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sábado, 27 de junio de 2009

XIII Domingo del T. O. (San Marcos 5,21-43) - Ciclo B: Mujer, sé tú misma

Por Bernardo Baldeón
Publicado por Antena Misionera Blog

Dios no hizo la muerte, dice el libro de la Sabiduría hoy.
Jesús se presenta como “Señor de la Vida”. Pero no sólo de una vida después de la muerte. Dios quiere la Vida de sus hijos ya aquí y una vida plena.
Por eso, para hacer dos “signos”, elige a dos mujeres. Por ser mujeres su dignidad estaba negada por la sociedad, una de ellas niña lo cual le quitaba aún más dignidad… y para colmo muerta.
La otra, como veremos más adelante, marginada más que los leprosos, los paganos…Dos mujeres a quienes se les declara desde la sociedad y la religión como “no-personas”.
Ellas dos van a ser las protagonistas del milagro (signo) de Jesús reivindicando el derecho a la vida digna de toda persona, ya que todos somos hijos e hijas de Dios.
Jesús tendrá que volver repetidas veces sobre el tema. Aquí es importante subrayar que las personas elegidas sean mujeres.
Si hiciéramos una película sobre el evangelio de hoy, pondríamos el acento en la resurrección de la niña. Es visualmente más impactante. Pero el meollo de la enseñanza de Jesús está el relato de la hemorroisa.

Puede servirnos, este escrito de Juan Jaúregui como guía para nuestra reflexión:

La fe como liberación de la mujer
Hablo de fe cristiana. No de la religión de la ley. Porque la fe es un regalo de Dios.
Y la religión es algo que lo hacemos nosotros.
Por la fe es Dios quien nos marca y señala los caminos de la libertad.
Por la fe es Dios quien nos indica los caminos para llegar a El.
El problema surge cuando confundimos “nuestra religión” con el don de Dios que es la fe.
Porque nos imaginamos que actuamos en nombre de Dios, cuando en realidad vivimos más bien sometidos a nuestras leyes, nuestras tradiciones.
Una es nuestra “religiosidad” que tiene el sentido de lo trascendental.
Y otra cosa es la “religión como estructuración” de esa religiosidad.
La religión de la ley enferma y no cura ni sana.
Sólo la fe es capaz de curar a la mujer que “hacía doce años padecía flujos de sangre”.
Gastó todo lo que tenía…
Y bastó un acto de fe tocando la orla del vestido de Jesús para quedar curada.
“Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud”.
La religión de la ley la había tenido humillada y marginada durante doce largos años.
Humillada y marginada en su dignidad e intimidad de mujer. La ley era dura.
“Cuando una mujer tenga hemorragias frecuentes fuera o después de la menstruación, quedará impura….mientras le dure la hemorragia. La cama en que se acueste mientras duren las hemorragias quedará impura. El asiento en que se siente quedará impuro….. El que la toque, quedará impuro”. (Lev 15,25)
Impura ella. Impuro lo que ella toque. Impuro quien la toque.
Una mujer humillada en su misma feminidad.
Una mujer humillada en su misma dignidad de mujer.
Una mujer marginada socialmente, por impura.
El eterno problema de la mujer “un peligro”.
La mujer herida en su dignidad.
La mujer socialmente marginada.
La mujer tenida y considera como “menos”.
Doce años luchando por su dignidad.
Doce años luchando por ser reconocida como mujer.
Doce años luchando por sus derechos femeninos.
Que la religión de la ley no logró nunca sanar de esa enfermedad que se llama: “ser mujer”.
Pero le bastó un momento de fe en la Novedad del Evangelio.
Le bastó un momento de fe en Jesús.
Le bastó tocarle la orla de su vestido.
Y se sintió sana, recuperada.
Y escuchó la voz de quien le decía:
Mujer, vuelve a ser libre.
Mujer, recupera tu dignidad de mujer.
Mujer, recupera tu libertad de mujer.
Mujer, recupera la alegría de tu intimidad.
Mujer, recupera la libertad de ser como todos.
Mujer, recupera la libertad de hacer santo lo que toquen tus manos.
Mujer, recupera la libertad santificar al que toque tu cuerpo.
Dios no es el que humilla y margina a la mujer.
Somos los hombres quienes la humillamos de muchas maneras.
Somos los hombres quienes la marginamos de muchos estilos.
¿Cuántos años llevan hoy las mujeres luchando por su igual dignidad?
¿Cuántos años luchando para que lo femenino y lo masculino tengan iguales derechos?
¿Cuántos años luchando por su igualdad bautismal en la Iglesia?
¿Tendrá que ser la mujer “medio hombre” para ser reconocida?
Dios le grita hoy a la mujer: “Mujer, sé mujer”.
No quieras ser igual al hombre. Sé igual a ti misma.
No pierdas tu identidad. Sigue siendo femenina.
No trates de masculinizar tu feminidad.
Cuando Dios puso en nuestras manos su creación, la puso en manos del hombre y de la mujer.
Pero cuando Dios quiso encarnarse, no necesito del hombre. La buscó a ella: a una mujer.
“Jesús es un nacido de una mujer”.

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WebJCP | Abril 2007