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lunes, 8 de junio de 2009

Testimonios: ¡Jubilados y en Misiones!

Finita y Salvador
Matrimonio misionero en Ecuador
Publicado por Caminos de Misión

Corría el año 1985 cuando un Obispo de Ecuador, Monseñor Raúl Vela, vino por Murcia y conversó con el responsable diocesano de Misiones, Don Juan Uribe; él le habló de nuestra existencia y se acercaron ambos por San Javier, en donde vivíamos. Dialogamos y quedamos en que iríamos a visitarle a Ecuador y ver las posibilidades que teníamos de ir a trabajar allá en plan de misioneros.
Monseñor Raúl, nos recibió con todo cariño a los tres; sí, decimos bien, a los tres, pues entonces vivía la mamá de Finita que, a sus 77 años de edad se lanzó “por los aires”. Nunca mejor dicho, y nos marchamos al país hispanoamericano antes mencionado.
Por motivos de trabajo, regresamos en 1995, después de casi diez años seguidos sin volver a nuestra amada España. La mamá se quedó para siempre allá a sus 85 años de edad; una penosa enfermedad acabó con su vida, que había ofrecido con amor por las necesidades de la Iglesia y de los Misioneros, incluidos sus hijos, como ella misma mil veces decía. La enterraron debajo de la Capilla del Santísimo en la Catedral de Azogues, la capital de la provincia del Cañar, junto al Siervo de Dios, Padre Armando Fajardo, cuya causa de Beatificación se le abrió en esa Diócesis. El pueblo entero se volcó en bondades, somos testigos de ello.
Por aquellos años vivía con nosotros un niño llamado Mario, a quien habíamos recogido para que estudiara, con permiso de sus papás y del Sr. Obispo. Meses después, el Obispo le confirió la Confirmación.
El niño Mario nos prestaba el caballo de su mamá y nos acompañaba por las comunidades a donde íbamos a evangelizar. Al poco tiempo de habernos conocido le preguntamos si le gustaría ser sacerdote; le veíamos muy piadoso. Nos dijo que sí; y ahí empezó todo. Pusimos manos a la obra y Dios y la gente ayudaron de lo lindo. Vivía con nosotros y le ayudábamos en todo. Terminado su bachillerato en el Colegio Franciscano de Azogues, le enviaron al Seminario Mayor Diocesano, en Ibarra, al norte de Ecuador. Era alumno aventajado le concedieron una beca de estudios para hacer la Teología y vino a Pamplona, donde acabó sus estudios. Volvió a su país; nosotros con él y… le ordenaron Sacerdote. Era el día 15 de agosto de 1998, fiesta de la Asunción de María. Regresó, volvió a Pamplona un tiempo, para obtener la Licenciatura en Teología. Vuelta y, desde entonces, continúa sirviendo a su gente, especialmente a los más humildes y necesitados.
Nosotros trabajamos en la Archidiócesis de Quito, con el ya mencionado Obispo Raúl; trabajo pastoral que alternamos con el de la Diócesis de Azogues, donde se encuentra Mario.
La historia es más que bella y no tenemos palabras para agradecer a Dios tanto bien como nos ha concedido y nos sigue concediendo.
Cuando Mario ha tenido ocasión, estando en España, ha visitado y celebrado la Eucaristía en Los Almendros (Madrid), con la Comunidad de las Hijas de la Caridad, a quienes quiere y le quieren de todo corazón.
Ahora, felices de llevar nuestro primer año de jubilados y de haberlo dado en Misiones, entregando y entregándonos, les aclaramos:
Dos aspectos resaltamos en esta ocasión: Por un lado, las diversas dificultades que se han sucedido a lo largo del año; tales como: derrumbamientos de montes, la erupción del volcán Tungurahua, daños graves en carreteras, que han ocasionado la falta de comunicación entre pueblos y ciudades, las muy frecuentes y fuertes lluvias, que han provocado graves inundaciones, el crecimiento de la delincuencia, la inseguridad ciudadana ...
Pero, por otro lado, la inmensa alegría de haber vivido fraternalmente con tantas personas, haber impartido cursos de formación a catequistas, padres de familia, catequesis de adultos, semanas bíblicas, celebraciones litúrgicas ... Estas vivencias no tienen precio y, por supuesto, todas las dificultades quedan superadas, Dios mediante, con estas experiencias tan profundas, que nos proporcionan un inmenso y casi indescriptible gozo interior, que nos lleva a la vivencia intima para poder exclamar como el Apóstol “No soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Y todo ello con total humildad, pues sabemos que todo lo recibimos del Señor. ¿Qué tenemos que no hayamos recibido? Él es quien llama y quien da para que podamos dar. Nos pide que pongamos al servicio de los hermanos aquellos dones y gracias que hemos recibido de su bondad. Y que lo hagamos gratuitamente y con total amor. Se recibe mucho más, pues ellos, los hermanos pobres y necesitados de todo, saben dar con creces, y en ello brindan grandes lecciones que procuramos aprender.
A veces nos preguntan que por qué nos hemos ido a Misiones estando jubilados y pudiendo tener una mejor vida. La respuesta es clara: sentimos un inmenso gozo interior al poder compartir la fe y transmitirla, mediante cursos de formación permanente a todo nivel.
Este año, además, hemos escrito y publicado dos libritos: uno sobre “Iglesia y sacramentos”, y el otro dedicado a la preparación y celebración del sacramento del Bautismo. Los repartimos a mucha gente y vemos con qué ilusión leen, comentan y preguntan sobre los temas que tratamos.
Nuestra Parroquia de San Javier (Murcia), se alegra de tener unos misioneros trabajando en el campo de la Evangelización: Ora por nosotros y nos apoya. Cuando sabemos que alguien se acuerda de nosotros, estando bien lejos, nos sentimos cerca; y estando casi agotados en ocasiones, sentimos fuerzas para continuar.
Seguiremos en otra ocasión compartiendo experiencias y sentimientos.
Desde aquí, un saludo muy afectuoso a las hermanas de Los Almendros, comunidad que nos recibe con auténtica fraternidad y nos hace sentirnos como en propia casa. Dios las bendiga siempre.
Unidos en Cristo y María. Un abrazo.

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WebJCP | Abril 2007