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MISIONEROS EN CAMINO: Solemnidad de la Santísima Trinidad - Ciclo B (Mt 28,16-20): DIOS NUNCA SE JUBILA
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martes, 2 de junio de 2009

Solemnidad de la Santísima Trinidad - Ciclo B (Mt 28,16-20): DIOS NUNCA SE JUBILA


“Dijo Jesús: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. San Mateo, cap. 28.

1.- Para el mundo hebreo la teología nunca fue un tratado especulativo, donde se le ponen a Dios diversos nombres y apellidos. Fue más bien un relato de las hazañas que el Señor había hecho en favor de su pueblo. Lo aprendemos con claridad en el cántico de Zacarías. A este sacerdote del templo un ángel le había prometido que su esposa, aunque mayor, tendría un hijo. Él no creyó y entonces quedó mudo. Pero el día en que nació Juan, recobró el habla e improvisó un himno donde enumera, mediante once verbos, las maravillas que Yahvé ha realizado: “Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo”…

En cambio nuestra teología ha sido elaborada desde otros esquemas. Se ha preocupado de explicar quién es Dios y de señalar sus cualidades. Produjo entonces textos donde abundan los adjetivos negativos, que desnudan al Altísimo de nuestros ropajes humanos: Inmenso, infinito, inmutable, inmortal y otros muchos. Pero nunca ha logrado abordar el misterio. Por su parte, la piedad popular ha coleccionado expresiones superlativas sobre Dios: Dulcísimo, amabilísimo, misericordiosísimo. Sin embargo reconocemos que el esfuerzo de esta ciencia divina, así inexacta y elemental, responde a una buena intención de sus autores. Aunque algún escritor asegura que muchos teólogos, al llegar al cielo, mandaron incinerar sus escritos.

Un puente entre estos dos enfoques, el judío y el nuestro, pudiera ser aquella frase de san Mateo. Antes de subir a los cielos, Jesús manda a los apóstoles hacer discípulos de todas las naciones, “bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

2.- De aquí brotó una reflexión, muy calcada en el pensamiento de los griegos, que originó numerosas fórmulas en nuestros catecismos: “Dios es un ser infinitamente bueno, sabio, poderoso, justo, poderoso, principio y fin de todas las cosas”. Y también: “La Santísima Trinidad es el mismo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero”. Es claro que muchos de nosotros nunca podremos asomarnos a tan altos conceptos. Entonces nos quedamos con una expresión más breve y más competa: Dios es. Sobre lo cual san Pablo escribió a los colosenses: “Él existe con anterioridad a todo y todo en él tiene su consistencia”.

3.- Pero los evangelistas nos presentan entre los sembrados de trigo y los rebaños, junto a las barcas del lago y los viñedos, un Dios más humano y real. Allí lo vemos cercano, amigo, cálido, preocupado por lo nuestro, comprensivo hacia nuestra pequeñez, compasivo ante nuestras fallas. Los apóstoles luego de Pentecostés, comenzaron a contar por todas partes cómo sintieron a Dios durante sus correrías con el Maestro. Cómo, luego de la resurrección del Señor, su Espíritu les transformó la vida. Y esa experiencia de fe ha llegado hasta nosotros, por medio de nuestros padres y maestros.

Adquieren entonces categoría teológica las reflexiones de la gente sencilla. Un campesino, constante luchador entre sus animales y cosechas, se expresaba: “Pueden pasar los años y las cosas. Imagínese…los golpes de la vida. Pero Dios está ahí, echando días. La ventaja es que Él nunca se jubila”.

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WebJCP | Abril 2007