Ya terminando el tiempo de Pascua me he puesto a escribir esta página.Quería escribir algo relacionado con la esperanza, con el mantener y vivir la esperanza en estos tiempos difíciles que nos tocan vivir y cuando el futuro se presenta negro cada día a más personas.
Y en eso estaba cuando me llega una llamada de teléfono dándome la noticia de que un matrimonio amigo desde hace bastantes años, ha tenido un accidente de tráfico. La mujer ha muerto. Lo primero que me viene la cabeza es que era demasiado joven para morir.
Esta tarde tendré que dar la noticia a mi familia. Complicado va a ser explicárselo a mi hija mayor que tenía una estrecha relación con la fallecida.
Pero también me resulta a mí mismo difícil entenderlo. Sentía que las líneas que había escrito sobre la esperanza carecían de sentido. Lo primero que he hecho es borrar del ordenador todo lo escrito.
He salido del trabajo para respirar durante unos minutos el todavía fresco aire de la mañana.
Ya estoy de vuelta frente al ordenador, en las páginas de la revista, con mis palabras frente a tus ojos. Sin saber muy bien qué escribir.
En ese tiempo al aire libre me he replanteado la pregunta de ¿qué significa tener esperanza? Especialmente cuando las circunstancias de la vida te golpean.
Hasta ahora siempre relacioné la esperanza con el futuro. Confiar en que el futuro será distinto, mejor… algo así como pensar que llegará un día en el que no habrá nubes que cubran el sol…
En este momento pienso que esa es una forma de desplazar hacia adelante lo que ahora no podemos alcanzar. A veces puede ser correcto. Pero con frecuencia puede ser una forma de auto engañarnos para no asumir un presente doloroso.
Si creemos que hace más de dos mil años Jesús de Nazaret venció a la muerte, haciendo realidad la esperanza última y definitiva de los hombres, no podemos seguir enviando hacia el futuro la esperanza, como quien da un patada a un balón… y quizás lo reencuentre más allá.
La esperanza no tiene que ser cosa solamente del futuro. O pertenece ya al presente de cada día, aunque no se cumpla hoy plenamente, o empezaré a dudar de que sea algo cierto.
La noticia de la muerte prematura de Ana me ha hecho pensar en la importancia de cada momento de cada día de nuestra vida. ¡Con qué facilidad los desperdiciamos!
Cada situación que vivimos, por insignificante que parezca, puede ser generadora de esperanza o puede hundirnos un poco más en el fango de cada día. La mayoría de las veces no depende los acontecimientos, sino de la actitud con la cual los afrontamos.
Me dirás que no es fácil. Y soy consciente de ello, más en estos momentos. Pero al plantearme qué hago con cada instante de mi vida, me doy cuenta de que dependen de mí muchas más cosas de las pensaba.
Ser testigos de la Resurrección de Jesús, significa generar esperanza en mí mismo y en los demás, es decir: hoy puedo y podemos ser más felices… y vamos a luchar por serlo…
La felicidad que llaman “eterna” ya no depende de nosotros, está en manos de un Padre que nos ama. Ésa mejor se la dejamos a Él.







Adelante
Sigue Conociendo
INICIO





0 comentarios:
Publicar un comentario