Publicado por Pastoral Vocacional
1. Comentario vocacionalA pesar de poder utilizar las lecturas del Ciclo A, la liturgia nos deja abierta una opción para la segunda lectura y otra para el evangelio en este Ciclo B. Nos fijamos en ellas para ofrecer nuestro comentario.
El evangelio recoge el tercero y el quinto de los anuncios que del Espíritu hace Jesús. Primero, se nos presenta al Espíritu como el defensor o testigo (paráclito) que procede del Padre para dar testimonio de Jesús. Esta expresión sugiere un contexto de juicio donde hacen falta testigos-defensores. Así, los comentaristas señalan dos espacios (juicios) en los que este Defensor va a actuar. Primero se trataría del proceso interno de la propia fe. Todos tenemos experiencia de dudas, crisis y titubeos. Seguimos a Jesús desde nuestra vocación específica pero a veces nos hundimos. ¿Dónde está ese Jesús de quien nos hemos fiado y a quien le hemos dado todo? Será el Espíritu quien con su luz interior saldrá a defendernos y a fortalecernos, porque dará testimonio de Jesús cuando no lo veamos claro. Ya lo sabemos: en caso de crisis de fe acudamos al Espíritu.
Un segundo proceso sería externo, reflejo de la situación que vivía la comunidad de San Juan perseguida por los dirigentes judíos. En este contexto de debilidad por la persecución, el Espíritu será también defensor de los creyentes. Será él quien de fortaleza para que nosotros mismos seamos capaces de dar ese testimonio. En este sentido, el testimonio de los discípulos aparece como una prolongación del otorgado por el Espíritu.
“Muchas cosas me quedan por deciros” comenta Jesús. Pero no estamos listos para comprenderlas. Por ello envía el Espíritu de la verdad para que sea nuestro pedagogo. La revelación de Jesús será siempre un misterio y siempre habrá algo que no comprendamos del todo y que se nos escape. Es lo mismo que la vocación, otro misterio incomprensible para muchos. El misterio de la llamada, el misterio de la respuesta, sólo pueden ser entendidos desde el Espíritu. Es él en definitiva quien nos da la fuerza para responder. Es él quien nos va revelando y explicando poco a poco el misterio de la llamada.
La vida de todo vocacionado, de todo llamado, debe estar guiada y orientada por el Espíritu. No hay otra. Por eso la doble invitación de San Pablo (“andad según el Espíritu”, “marchemos tras el Espíritu”) que abren y cierran la segunda lectura. Este estilo de vida “según el Espíritu” tiene unos rasgos muy claros y determinados. En concreto, Pablo habla del “fruto del Espíritu”, en singular. Porque a decir verdad, sólo hay un fruto, el amor. El resto de cosas que aparecen en la lista son concreciones del amor. Es una lista que nos sirve además para evaluarnos, para saber si realmente vivimos animados por el Espíritu.
El hombre animado por el Espíritu es un hombre libre y por ello tiene que decirse. Siempre hay una opción a tomar entre la vida y la muerte, entre las obras del Espíritu y las de los apetitos desordenados (“obras de la carne”). Esta otra lista que nos da San Pablo es sólo un ejemplo de pecados que destruyen y ponen en peligro la comunidad y la convivencia.
Pero el Espíritu no es un adorno en nuestro camino vocacional. El nos ayuda salir de nuestras crisis personales que se presentan de manera cíclica y sin avisar. Por eso es el Espíritu quien nos desvela el misterio de la vocación. Y también nos da la fuerza para ser testigos de Jesús porque seguimos haciendo su misma tarea, es decir, un testimonio que damos con el ejemplo de una vida animada por el Espíritu.
2. Pistas para la homilía
-Jesús anuncia el Espíritu como Defensor y testigo, primero, en el proceso interno de la fe, donde encontramos dudas y titubeos.
-Después el Espíritu es testigo en un proceso externo, es decir, ante las persecuciones que nos vienen del exterior de la comunidad.
-El Espíritu nos “comunicará lo que está por venir”, es decir, será quien nos aportará el sentido completo de la revelación. Nos iluminará para comprender el misterio.
-Es el Espíritu quien nos anima a vivir una vida “espiritual” según sus propios frutos y rechazando las obras de la carne.
3. Preguntas para la reflexión personal y de grupo
-¿Qué experiencia tienes del Espíritu como pedagogo que ayuda a aclarar el misterio de Jesús?
-¿En qué sentido te ayuda también a comprender el misterio de tu vocación?
-¿En qué circunstancias te sientes perseguido? ¿Cómo te puede ayudar el Espíritu de Jesús?
-Releyendo la lista de los frutos del Espíritu, ¿en qué sentido vives una vida animada por el Espíritu?
-¿Qué “apetitos desordenados” te impiden una vida “en el Espíritu”?
4. Un poco de poesía
Si el invierno me alcanza,
y mis pies descalzos están,
con su frío que siempre volverá,
tocando a mi cuerpo desnudo con enfermedad…
Si el invierno me alcanza,
con abrigos, recursos y cálida
es la morada cada día aunque caiga,
granizo que golpea o nieve en su acaricia…
Si el invierno me alcanza,
con una noche larga, mas larga,
por estar sumergido en una amarga
pena que no te deja ni aun dormido soñar…
Si el invierno me alcanza,
con la noche reparadora que prepara,
para renacer el día que se aguarda en la corta
espera para continuar feliz su disfrutar…
El Espíritu Santo,
me susurra de la gloria de Dios,
el eterno sensible y fuerte compañero,
que ni en mis lagrimas o risas me dejará solo.
El Espíritu Santo,
que Jesús a los creyentes,
su compañía dejó para que el gozo,
sea completo y no en extravío ausente.
El cristiano,
cristiano es aunque en lloro,
o en la caricia de la vida estén sus pasos,
¡Cuando se es lleno del Espíritu Santo!
(Javier R.Cinacchi)
y mis pies descalzos están,
con su frío que siempre volverá,
tocando a mi cuerpo desnudo con enfermedad…
Si el invierno me alcanza,
con abrigos, recursos y cálida
es la morada cada día aunque caiga,
granizo que golpea o nieve en su acaricia…
Si el invierno me alcanza,
con una noche larga, mas larga,
por estar sumergido en una amarga
pena que no te deja ni aun dormido soñar…
Si el invierno me alcanza,
con la noche reparadora que prepara,
para renacer el día que se aguarda en la corta
espera para continuar feliz su disfrutar…
El Espíritu Santo,
me susurra de la gloria de Dios,
el eterno sensible y fuerte compañero,
que ni en mis lagrimas o risas me dejará solo.
El Espíritu Santo,
que Jesús a los creyentes,
su compañía dejó para que el gozo,
sea completo y no en extravío ausente.
El cristiano,
cristiano es aunque en lloro,
o en la caricia de la vida estén sus pasos,
¡Cuando se es lleno del Espíritu Santo!
(Javier R.Cinacchi)







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