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martes, 19 de mayo de 2009

Migración: Una realidad Global

Publicado por Esquila Misional

Hoy en día, el fenómeno de la migración posee un rostro de pobreza y desigualdad más crudo que en otras épocas. Esta situación se nos presenta como una «oportunidad» para practicar nuestra fe.


«La migración es un fenómeno tan antiguo como la humanidad misma» suele oírse en diferentes círculos de estudio o conferencias empeñadas en contrarrestar posturas alarmistas frente al creciente fenómeno de la migración mundial. Es cierto que siempre ha habido y habrá migración, y que desde los albores de la historia de la humanidad, los seres humanos se han desplazado de un lugar a otro siguiendo manadas de rumiantes, buscando suelos más fértiles, huyendo de desastres naturales o de pueblos enemigos. Sin embargo, a lo largo de la historia de la humanidad, los movimientos migratorios acusan diferentes dimensiones y características. La migración tiene diferentes rostros y orígenes. No podemos comparar, por ejemplo, la migración de pueblos asiáticos y oceánicos que –durante miles de años– diera origen a la población del continente americano, con la migración de los colonizadores europeos que en unas cuantas décadas transformaron radicalmente la población, los sistemas económicos y sociales de los pueblos, mediante el sometimiento violento, la esclavitud y la explotación de recursos naturales. Tampoco comparemos estos fenómenos con los actuales movimientos migratorios entre África y Europa o entre los países centroamericanos, México y Norteamérica. La migración global está marcada no sólo por las dimensiones demográficas, también está determinada, sobre todo, por el enorme abismo económico y social entre los países desarrollados y el llamado Tercer Mundo. En general, las migraciones actuales son reflejo de los conflictos y del desequilibrio económico, social y ecológico de nuestro mundo. De la periferia empobrecida que emigra cada vez más a los centros enriquecidos. Esto vale, tanto para comprender los movimientos migratorios entre campo y ciudad, como para entender aquellos entre el hemisferio sur y el norte.

Cifras de la migración actual

Hoy en día, hay más de 300 millones de migrantes internacionales en el mundo (el número de migrantes y desplazados internos, desde luego, es mayor). Esta cifra supera por mucho a la población de Brasil, el quinto país más poblado del mundo. Uno de cada 35 habitantes de nuestro planeta es un migrante internacional (esto corresponde al 3 por ciento de la población mundial); 5.1 millones de inmigrantes viven en Europa (aproximadamente corresponde al 7.7 por ciento de la población europea), 49.9 millones viven en Asia, 40.8 millones en América del Norte, y 16.3 millones en África. Los estados con mayor índice de inmigración son los Emiratos Árabes, Andorra, Macao, Guam y el Estado del Vaticano. En estos países, el índice de inmigrantes supera el 60 por ciento de la población. En los últimos 10 años se ha duplicado el número de inmigrantes en los países industrializados. Los motivos de la migración pueden resumirse a la pobreza (en África Subsahariana, por ejemplo, casi la mitad de la población tiene que sobrevivir con menos de un dólar al día), la falta de educación y perspectivas laborales y la persecución política, religiosa o étnica.

Fe cristiana y migración

Un fenómeno cultural paradigmático es el de la valoración etnocentrista de los movimientos migratorios, que se concreta en nuestra simpatía frente a aquellos que emigran y que consideramos como parte de nuestro grupo nacional, étnico o social. Por otra parte, siempre hay una mirada de recelo o incluso una actitud xenófoba frente a los inmigrantes en el propio país. En México, por ejemplo, de alguna manera estamos orgullosos de los «paisanos» que desde el Norte envían mes con mes sus remesas. Frente a los emigrantes centroamericanos caemos muy pronto en un chauvinismo pintado de patriotismo. La migración actual tiene un rostro concreto: el rostro de la pobreza y de la desigualdad entre centro y periferia. Este rostro convierte al fenómeno migratorio en un «lugar teológico», es decir, un suceso que no sólo nos atañe desde el punto de vista social, sino desde la experiencia de fe. Defender los derechos de los inmigrantes y tomar partido por ellos, es una opción preferencial que debe ser leída en clave de fe solidaria.

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WebJCP | Abril 2007