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miércoles, 22 de abril de 2009

¿A quién le pertenece el mundo?


Publicado por Esquila Misional

La pregunta que da título a estas líneas: ¿A quién le pertenece el mundo?, o –planteada de otro modo– ¿quiénes son los privilegiados y quienes los «eternos perdedores» en nuestro sistema económico mundial?, se ha transformado en tabú...

La pregunta prohibida

Basta proferir esta pregunta para ser tildado de iluso, de altermundista ingenuo o bien de trasnochado aprendiz de revolucionario. Claro que son muchos (intelectuales, estudiantes, religiosos, promotoras y promotores de derechos humanos, movimientos sociales, etcétera) los que se plantean la cuestión de la justicia económica y de la necesidad de una redistribución de bienes y oportunidades. También son muchos los que luchan por un mundo más justo; sin embargo, «el ciudadano promedio», enrolado en su tren de vida y empeñado en sus labores y procuraciones tiene la sensación de que esa pregunta se ha vuelo obsoleta o –por lo menos– infructuosa. ¿Damos simplemente por hecho, que el mundo –en este caso en el sentido de bienes, recursos y oportunidades– esté repartido tan inequitativamente?, ¿nos hemos acostumbrado tanto a este hecho que lo damos por ineludible?, ¿o nos lo han hecho creer?

La respuesta es triste
La cuantificación de la riqueza mundial (bienes, posesiones, territorio, recursos y servicios) es difícil pero no imposible. Científicos de las Naciones Unidas se dieron a esta tarea recolectando datos de los diferentes países que comprenden el capital acumulado en cuentas bancarias, bienes raíces, etcétera. El resultado no es cien por cierto exacto, pero nos da una idea de cómo está distribuida la riqueza en la Tierra:

☠ Dos por ciento de la población mundial adulta más rica posee 50 por ciento de la riqueza privada. Esto significa que dos por cierto disponen de la mitad de la riqueza que corresponde a la población mundial.

☠ Diez por ciento más rico en la población mundial posee incluso el 85 por ciento del total del capital privado en el mundo.

☠ Por otra parte, la mitad más pobre de la población mundial posee tan sólo uno por ciento de la riqueza global. Esto es como si 50 tuvieran que compartirse lo destinado para uno.

­☠ Otro valor comparativo: el tercer hombre más rico del mundo dispone de 58 mil millones de dólares, esto es aproximadamente el equivalente a la suma del capital y el salario anual de todos los pobladores de los 50 países más pobres del mundo.

☠ Otra cara de esta triste realidad se refleja en estas cifras: los 500 hombres y mujeres más ricos del mundo (la mayoría son hombres, ¡la riqueza y la pobreza también tienen género!) tienen un ingreso anual más alto al de los 461 millones más pobres juntos.

☠ Casi la mitad de la población mundial (estamos hablando de más de 3 mil millones de personas) tiene que sobrevivir con dos dólares al día; una quinta parte de la población con menos de un dólar diario y mil millones de personas no tienen un techo ni agua potable. Más de 850 millones de personas (170 millones son niños) sufren de desnutrición crónica y hambre... Esta lista de datos y comparaciones es tan copiosa como escalofriante.

...Pero esta no es la única respuesta posible

Esta es una respuesta real y espeluznante. Pero real no significa «normal», ni «lógica», ni mucho menos «única». Observar al mundo desde esta perspectiva es observarlo en sus incoherencias y su absurdidad. No es que queramos reducir el mundo a los bienes materiales, ni sobrevalorar la dimensión económica, pero un mundo tan llagado por la desigualdad (no sólo de bienes, sino de posibilidades, educación y salud) no puede ser el mundo querido por Dios, Padre y Madre de todos, amante del hombre viviente. Dios ama al mundo como es, pero no lo quiere así. Dios ama todos los hombres y las mujeres: ricos y pobres, empresarios y desempleados, graduados y analfabetos. Pero Dios no ama la injusticia, ni las desigualdades hechas sistema. ¿Con qué ojos vemos nuestro mundo tan desigual? ¿Desde dónde nos es posible transformar aunque sea una mínima parte de esta realidad tan lacerante? Te invito a pensar y a ser uno de muchos que nadan contra corriente...

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WebJCP | Abril 2007