
En una de sus visitas a la casa hogar para ancianos «San Martín de Porres», nuestro corresponsal en Baja California Sur nos cuenta su vivencia en este lugar y nos presenta a estos «jóvenes», que por su testimonio y vida de fe, son verdaderos testigos del amor del Padre.
VIZCAINO, BCS. Por su extensión, amplios pasillos y hermosa vista al mar, esta casa ubicada en Santa Rosalía trasmite tranquilidad y serenidad a ocupantes y visitantes. Cuando llegué a este hogar para «jóvenes de la tercera edad», todos estaban tomando sus sagrados alimentos. Platiqué con ellos y me regalaron sus alegres sonrisas para la cámara de Esquila Misional. Ellas estaban muy bonitas, y ellos, muy galanes. Bien bañados, cambiados y hasta perfumados. Me comentaron que aquí hay gente de Veracruz, Zacatecas, Oaxaca, Michoacán, Jalisco y Coahuila. Por supuesto algunos son de aquí, de Santa Rosalía. Muchos de ellos son personas que vinieron en busca de trabajo, llegaron con sus familias, algunos enviudaron, sus hijos se casaron y poco a poco los fueron olvidando.
Los misoneros combonianos tenemos una parroquia en Vizcaíno, y dos de nuestros parroquianos están internados en esta casa: La señora Antonia Ramírez González, nacida en 1928 y originaria de Saltillo, Coahuila; ella es viuda y no tuvo hijos. Y el señor José Refugio Morán Reyes, quien nació en Corral Blanco, Municipio de Teocaltiche, Jalisco, el 16 de febrero de 1942; no tiene familia.
La hermana Cecilia Bernabé, de la congregación de las Hermanitas del Corazón de Jesús y de los Ancianos Desvalidos, es la directora de esta casa. Ella me contó: «es un hogar para personas de la tercera edad: hombres y mujeres, pobres de preferencia y que no tienen familia; un requisito indispensable es que los ancianitos acepten estar aquí, aunque también recibimos gente con posibilidades económicas que requieren del servicio, sin distinción de credo o religión».
De la alegría a la preocupación
Cuando le pregunté por el cupo que tiene la casa, con plena alegría, la hermana Ceci externó que tiene espacio para 80 personas, pero que actualmente sólo hay 30 internos. Pero cuando la cuestioné sobre cómo la mantiene, enseguida su rostro se tornó preocupado y añadió: «Nuestros bienhechores han disminuido, por ello estamos limitados en la cuestión económica. ¡Muchos bienhechores ya murieron!, y eso nos ha afectado fuertemente. Por otra parte, también la quiebra de algunas empresas nos ha perjudicado, porque recibíamos ayuda de ellas. Salimos a pedir ayuda a diversas ciudades, tocamos puertas en casas, ranchos, fábricas y empresas. A veces vamos a colectar alimentos a La Paz, B.C.S.; Los Mochis, Sinaloa; Ensenada, Mexicali, Ciudad Constitución y Tijuana, Baja California. No nos da vergüenza mendigar para dar de comer a estos hermanos mayores que no tienen familia o que ésta se olvidó de ellos».
Tras una breve pausa, le pregunté sobre qué es lo que le da fuerza para seguir trabajando en favor de los ancianos, a lo que, inmediatamente y sin reservas, respondió: «Nuestra fuente de espiritualidad es todo el Evangelio, en especial, cuando Jesús pregunta a Pedro si lo ama, tras la respuesta de Pedro, Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-16). Todos los evangelios narran cómo Jesús curó a los enfermos, dio de comer a las multitudes y atendió especialmente a quien sufría por enfermedad o exclusión social. Jesús trató de restituir la dignidad a las personas dándoles un trato especial, atendiendo sus necesidades, así intentamos hacerlo nosotras».
Presidente de la Fundación por 27 años
Más tarde, entrevisté al señor Felipe Tamayo, quien vio este sueño realizarse y fue presidente de la Fundación durante 27 años como voluntario laico. Al cuestionarlo sobre su labor, guardó silencio un instante, tragó saliva y, como si el mar que tiene frente a él inundara sus ojos, me dijo: «Padrecito, yo sólo trabajé en nombre de Dios, quien pide amar a nuestro prójimo como a uno mismo».
Don Felipe, ¡cuéntenos sobre el nacimiento de este hogar! Él, entusiasmado, respondió: «La idea nació del padre comboniano Mario Menguini a principios de 1963. En aquel tiempo, también llegó la hermana Jovita, una religiosa española que nos animó para que esta casa naciera. Al inicio recibimos cinco ancianos y rentábamos una casa, luego, construimos ésta gracias a los “cursillistas” de Santa Rosalía. ¡El esfuerzo fue grande, y nos dio mucha alegría! Para que este proyecto quedara reconocido legalmente, fuimos al Distrito Federal, solicitamos los permisos correspondientes y se nos concedieron. Asimismo, algunos de nosotros conseguimos bienhechores en la Ciudad de México, La Paz y otras ciudades. ¡Agradecemos a Dios porque él puso todos los medios!».
Cuéntenos más, ¿cómo dan la atención médica?, ¿qué enfermedades padecen? A lo que contesta: «La doctora Elsa Cortés, viene martes y jueves, además siempre está disponible para cualquier emergencia de nuestros hermanos mayores. Algunos padecen Alzheimer, enfermedad que produce un tipo de lagunas mentales. Otros tienen artritis, diabetes, hipertensión arterial, gastritis y otras enfermedades menores».
Mejor dar que recibir
Como ya mencionó la hermana Ceci, hay en total 30 internos en esta casa hogar y se espera tener el cupo lleno, que es para 80 personas, pero hay un problema: la cuestión económica. Así, que si alguien puede «echar una mano», Dios se los recompensará con creces.
Recordemos que san Pablo dice: «Hay mayor alegría en dar que en recibir». Que el Dios de la vida los siga bendiciendo para que juntos cumplamos el deseo de Jesús de dar hospedaje al peregrino, dar de beber al sediento, visitar al preso y curar al enfermo (Mt 25,31-46). Es Jesucristo que se pone en la persona del que sufre y quien pide que actuemos. Estos son los requisitos para el día del Juicio Final, donde seremos juzgados en el amor.
Ya para finalizar mi visita, la hermana Cecilia se despidió y envió un saludo a todos los lectores de Esquila Misional, con la promesa de ofrecer sus oraciones por todos sus bienhechores.
VIZCAINO, BCS. Por su extensión, amplios pasillos y hermosa vista al mar, esta casa ubicada en Santa Rosalía trasmite tranquilidad y serenidad a ocupantes y visitantes. Cuando llegué a este hogar para «jóvenes de la tercera edad», todos estaban tomando sus sagrados alimentos. Platiqué con ellos y me regalaron sus alegres sonrisas para la cámara de Esquila Misional. Ellas estaban muy bonitas, y ellos, muy galanes. Bien bañados, cambiados y hasta perfumados. Me comentaron que aquí hay gente de Veracruz, Zacatecas, Oaxaca, Michoacán, Jalisco y Coahuila. Por supuesto algunos son de aquí, de Santa Rosalía. Muchos de ellos son personas que vinieron en busca de trabajo, llegaron con sus familias, algunos enviudaron, sus hijos se casaron y poco a poco los fueron olvidando.
Los misoneros combonianos tenemos una parroquia en Vizcaíno, y dos de nuestros parroquianos están internados en esta casa: La señora Antonia Ramírez González, nacida en 1928 y originaria de Saltillo, Coahuila; ella es viuda y no tuvo hijos. Y el señor José Refugio Morán Reyes, quien nació en Corral Blanco, Municipio de Teocaltiche, Jalisco, el 16 de febrero de 1942; no tiene familia.
La hermana Cecilia Bernabé, de la congregación de las Hermanitas del Corazón de Jesús y de los Ancianos Desvalidos, es la directora de esta casa. Ella me contó: «es un hogar para personas de la tercera edad: hombres y mujeres, pobres de preferencia y que no tienen familia; un requisito indispensable es que los ancianitos acepten estar aquí, aunque también recibimos gente con posibilidades económicas que requieren del servicio, sin distinción de credo o religión».
De la alegría a la preocupación
Cuando le pregunté por el cupo que tiene la casa, con plena alegría, la hermana Ceci externó que tiene espacio para 80 personas, pero que actualmente sólo hay 30 internos. Pero cuando la cuestioné sobre cómo la mantiene, enseguida su rostro se tornó preocupado y añadió: «Nuestros bienhechores han disminuido, por ello estamos limitados en la cuestión económica. ¡Muchos bienhechores ya murieron!, y eso nos ha afectado fuertemente. Por otra parte, también la quiebra de algunas empresas nos ha perjudicado, porque recibíamos ayuda de ellas. Salimos a pedir ayuda a diversas ciudades, tocamos puertas en casas, ranchos, fábricas y empresas. A veces vamos a colectar alimentos a La Paz, B.C.S.; Los Mochis, Sinaloa; Ensenada, Mexicali, Ciudad Constitución y Tijuana, Baja California. No nos da vergüenza mendigar para dar de comer a estos hermanos mayores que no tienen familia o que ésta se olvidó de ellos».
Tras una breve pausa, le pregunté sobre qué es lo que le da fuerza para seguir trabajando en favor de los ancianos, a lo que, inmediatamente y sin reservas, respondió: «Nuestra fuente de espiritualidad es todo el Evangelio, en especial, cuando Jesús pregunta a Pedro si lo ama, tras la respuesta de Pedro, Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-16). Todos los evangelios narran cómo Jesús curó a los enfermos, dio de comer a las multitudes y atendió especialmente a quien sufría por enfermedad o exclusión social. Jesús trató de restituir la dignidad a las personas dándoles un trato especial, atendiendo sus necesidades, así intentamos hacerlo nosotras».
Presidente de la Fundación por 27 años
Más tarde, entrevisté al señor Felipe Tamayo, quien vio este sueño realizarse y fue presidente de la Fundación durante 27 años como voluntario laico. Al cuestionarlo sobre su labor, guardó silencio un instante, tragó saliva y, como si el mar que tiene frente a él inundara sus ojos, me dijo: «Padrecito, yo sólo trabajé en nombre de Dios, quien pide amar a nuestro prójimo como a uno mismo».
Don Felipe, ¡cuéntenos sobre el nacimiento de este hogar! Él, entusiasmado, respondió: «La idea nació del padre comboniano Mario Menguini a principios de 1963. En aquel tiempo, también llegó la hermana Jovita, una religiosa española que nos animó para que esta casa naciera. Al inicio recibimos cinco ancianos y rentábamos una casa, luego, construimos ésta gracias a los “cursillistas” de Santa Rosalía. ¡El esfuerzo fue grande, y nos dio mucha alegría! Para que este proyecto quedara reconocido legalmente, fuimos al Distrito Federal, solicitamos los permisos correspondientes y se nos concedieron. Asimismo, algunos de nosotros conseguimos bienhechores en la Ciudad de México, La Paz y otras ciudades. ¡Agradecemos a Dios porque él puso todos los medios!».
Cuéntenos más, ¿cómo dan la atención médica?, ¿qué enfermedades padecen? A lo que contesta: «La doctora Elsa Cortés, viene martes y jueves, además siempre está disponible para cualquier emergencia de nuestros hermanos mayores. Algunos padecen Alzheimer, enfermedad que produce un tipo de lagunas mentales. Otros tienen artritis, diabetes, hipertensión arterial, gastritis y otras enfermedades menores».
Mejor dar que recibir
Como ya mencionó la hermana Ceci, hay en total 30 internos en esta casa hogar y se espera tener el cupo lleno, que es para 80 personas, pero hay un problema: la cuestión económica. Así, que si alguien puede «echar una mano», Dios se los recompensará con creces.
Recordemos que san Pablo dice: «Hay mayor alegría en dar que en recibir». Que el Dios de la vida los siga bendiciendo para que juntos cumplamos el deseo de Jesús de dar hospedaje al peregrino, dar de beber al sediento, visitar al preso y curar al enfermo (Mt 25,31-46). Es Jesucristo que se pone en la persona del que sufre y quien pide que actuemos. Estos son los requisitos para el día del Juicio Final, donde seremos juzgados en el amor.
Ya para finalizar mi visita, la hermana Cecilia se despidió y envió un saludo a todos los lectores de Esquila Misional, con la promesa de ofrecer sus oraciones por todos sus bienhechores.







Adelante
Sigue Conociendo
INICIO





0 comentarios:
Publicar un comentario