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MISIONEROS EN CAMINO: Palabras y Palabra - IV Domingo del T. O. - Ciclo B: (Mc 1,21-28)
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sábado, 31 de enero de 2009

Palabras y Palabra - IV Domingo del T. O. - Ciclo B: (Mc 1,21-28)

Publicado por Antena Misionera Blog

El hecho no debe ser nuevo porque hoy Marcos nos pinta con un gran estilo el asombro de los asistentes a la sinagoga de Cafarnaúm cuando, en un sábado cualquiera, apareciópalabraint4b por allí un personaje desconocido y comenzó a hablar de modo distinto a como les tenían habitualmente acostumbrados. Marcos resume el asombro de aquellos judíos devotos diciendo, que aquel personaje, Jesús, hablaba con “autoridad” y naturalmente que el adjetivo no se refiere a que Jesús hablase con imperio sino al hecho de que lo hacía con un talante distinto al de los letrados que intervenían en las reuniones.

La palabra es el medio de comunicación específicamente humano.


Tenemos otros medios, pero la palabra es el más excelente, el de mayores posibilidades, el más adaptable para comunicar todo lo humano y lo divino. Sin embargo, en un sistema social de desigualdad, en que lo único que se comunica de verdad son palabras, sin que haya verdadera comunicación en los medios de vida, la palabra se prostituye en vana palabrería, signos cabalísticos o sonidos en el aire. Porque la palabra, que es un modo de comunicación, es palabra vacía cuando la comunicación real queda interceptada por la desigualdad sostenida en el sistema.

En una sociedad así, la palabra deja de ser el medio de comunicación y se torna instrumento de explotación y de manipulación. Sería interesante comprobar hasta palabra4bqué punto coincide la degradación de la palabra (palabrotas) y del lenguaje (jergas), tan ajenas a la cultura, con el sistema de desigualdad, tan ajeno a la justicia. Pero sí que hay coincidencia con la estructura de los medios de comunicación, que reflejan y contribuyen a mantener el sistema, despojando de sentido sus palabras y sus comunicados.

Por eso hoy la palabra carece de autoridad. Por eso las palabras se truecan en armas arrojadizas, en autoritarismo, para imponerse por la fuerza. El recurso a la imagen, aunque sea de archivo, la apelación a estímulos desproporcionados para sorprender al oyente o telepaciente, los reclamos y señuelos de la publicidad, acosándonos día y noche y por todas partes, sin tregua… Una imagen vale más que mil palabras, se pontifica, sin pensar que una imagen sólo vale si es palabra.

¡Cuántas palabras para no decir nada!, porque no salen del corazón, sino del estómago o del bolsillo. ¡Cuántas palabras para no comunicar nada!, porque están interesadas en vender, en hacer negocio, en sumar votos, en halagar, insultar, gritar, imponerse, ganar. No hay hombres de palabra. No hay palabra para el hombre.

Aquel hombre hablaba con autoridad, porque estaba empapado de lo que decía, creía profundamente en el mensaje que transmitía y vivía totalmente la problemática de los hombres que lo escuchaban. El lenguaje de Jesús a través del evangelio es el lenguaje de la verdad, de la sinceridad, de la sencillez; es el lenguaje de quien se siente cerca de ellos, de quien vive como ellos y para ellos. Es un lenguaje sin recovecos, sin distinciones sutiles, sin palabras ambiguas. Es el lenguaje de aquél que aconsejó a los suyos dos palabras por encima de todas: Sí y No. No puede haber más decisión ni más autoridad al hablar, que utilizar esos dos monosílabos oportunamente utilizados.

Sería sano y estupendo que el asombro de los judíos de Cafarnaúm cundiese en nuestras iglesias, sacudiendo la indiferencia y hasta la somnolencia que aletean por ellas cuando comienza “el sermón”.

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WebJCP | Abril 2007