Publicado por Antena Misionera Blog
Jesús comienza su vida pública anunciando que el Reino de Dios ya está presente en medio de nosotros. Pero hay que construirlo.Necesita constructores, discípulos que hagan suyo el proyecto de Jesús, el deseo del Padre.
Por eso comienza buscando colaboradores. Los primeros son pescadores de profesión. Jesús los invita a ser “pescadores de hombres”, pero necesitará tiempo para que comprendan que no cualquier forma de “pescar” es válida cuando hablamos del Reino de Dios.
Distintas formas de pescar
Quienes nacimos a la orilla del mar conocemos desde pequeños distintas formas de pescar. Éstas son algunas:
El anzuelo
Está en el extremo de un hilo cuyo color se confunde con el agua. Es metálico, pero queda oculto porque se coloca en él una sabrosa carnada.
El pez ve el alimento que se le ofrece. Desconoce la trampa que encierra.
Cuando va a comer el alimento, se le clava en la boca un metal del que resulta muy difícil desprenderse.
Luchará por deshacerse de él. Pocas veces lo logrará.
La red
Las hay de muy distintas formas. Algunas son inmensas. Crean un amplio espacio bajo el agua donde los peces pueden entrar con facilidad.
El problema es cuando intentan salir. Las pareces de la red se lo impiden.
A la hora de recoger el pescado, el amplio espacio se va reduciendo y los peces quedan amontonados y oprimidos por la red.
Se sube la red al barco y allí quedan los peces.
La luz
¿Viste alguna vez un conejo cruzado una carretera y encontrarse de golpe con las potentes luces de un coche o un camión? Queda desconcertado e inmóvil. Casi con seguridad terminará atropellado.
Lo mismo les pasa a los peces. Una luz potente que entre en el agua los deja como atontados y sin saber qué hacer.
Desde el barco es fácil atraparlos con una redeña (una manga de red sujeta a un aro de hierro) mientras están desconcertados.
La dinamita
Está prohibida, pero una pequeña carga de dinamita en el agua le rompe la espina dorsal a los peces.
Quedan inmovilizados. Sólo queda recogerlos.
Pescadores de hombres
Jesús busca colaboradores para hacer presente el Reino de Dios…
A esos colaboradores los invita ahomilia1 ser “pescadores de hombres”…
Pero para Jesús está claro que no sirve “cualquier” forma de pescar…
Y rechaza las que normalmente usamos con los peces…
No se puede usar el anzuelo
No se puede usar la mentira, el engaño… ofrecer algo sabroso y luego encontrarse con algo desagradable que nos ata y nos rompe de forma inesperada.
A quien quiere seguirlo, Jesús no le promete ni riquezas, ni bienestar… les asegura un camino de cruz, de entrega, de sufrimiento… eso sí, por amor.
Pero sin sorpresas basadas en la mentira.
No se puede usar la red
Tampoco está permitido usar los métodos de otros grupos que a semejanza de la red, van reduciendo el espacio de libertad de las personas.
Sólo desde la plena libertad se puede seguir a Jesús.
Y eso supone la posibilidad de dejarlo cuando uno quiera (Juan 6, 67) y sin recibir reproches a cambio.
No se puede usar la luz
Jesús no quiere deslumbrar a nadie. Por eso pide insistentemente que no den mucha publicidad a sus milagros.
Aceptar su proyecto de vida pasa por la conversión del corazón.
A quienes le piden “signos” para creer en Él siempre les responderá que “no”.
El seguimiento nace de la fe.
No se puede usar la dinamita
Tampoco se puede utilizar el miedo, la presión o cualquier tipo de violencia.
El Reino de Dios pasa por la reconstrucción de todo aquello que está “deteriorado” en la persona humana.
Por tanto no se puede destruir nada que sea auténticamente humano, sino potenciarlo.
Y eso aún a riesgo de quedarse solo.
Desde dentro…
“Un artista contemporáneo pintó un cuadro
-La Luz del Mundo-
que muestra a Cristo en un jardín a medianoche.
En su mano izquierda sostiene una lámpara
mientras que con la derecha
está llamando a una pesada puerta.
El día en que se mostraba esta obra por primera vez
se encontraban presentes varios críticos de arte.
Cuando se descubrió la cortina que lo escondía,
uno de los especialistas se acercó al artista
para decirle:
- Señor Hunt, ¿por qué no ha terminado la obra?
- Está terminada –contestó el artista.
- Pero si no hay pomo en la puerta –señaló el crítico.
- Eso –dijo el artista- es la puerta del corazón humano
y sólo se abre desde dentro”.
(Fairfax Downey, El corazón humano)
Sólo desde dentro, desde la libertad, desde la fe, desde la conversión del corazón humano se puede seguir a Jesús en su tarea misionera de construir el Reino de Dios.
Jesús de Nazaret no renuncia a su pertenencia al pueblo judío, donde había nacido, pero se siente y actúa con profunda libertad frente a quienes se considereban
“intérpretes únicos” de Dios, y no tiene miedo a criticarlos y enfrentarse con ellos.
Quienes se comprometan con Él deben mantener esa libertad que marcó su misión. Una libertad crítica en la que cada uno compromete su persona y su vida.







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