Cada uno de los cuatro evangelios, no son un intento de narrar la “historia” ddomingo2tobe Jesús de Nazaret. Son cuatro “catequesis”, dirigidas a lectores distintos, que buscan presentar la figura y promover la fe en el Nazareno, como el Mesías, a partir de lo que fue su vida. Cada evangelista elabora su relato de acuerdo a los lectores que va a tener, seleccionando los hechos de la vida de Jesús que quiere narrar. Teniendo una base histórica, son relatos catequéticos, de ahí las diferencias entre ellos.
El evangelio de Juan, que hoy leemos, pone en labios de Jesús, como sus primeras palabras, al comenzar su vida pública, una pregunta, dirigida a dos discípulos del Bautista: “¿qué buscáis?”.
Es una pregunta dirigida a cada uno de nosotros: ¿qué buscamos? Con las cosas que hacemos día ¿detrás de qué vamos? ¿Cuáles son nuestros deseos y aspiraciones en la vida? ¿En qué gastamos nuestro tiempo? ¿Dónde hemos puesto corazón?
Ellos le responden con otra pregunta: “Maestro ¿dónde vives?”. Jesús dirá más adelante que el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. No hay un lugar donde domingo2tob221viva. Su vida es un caminar buscando cumplir la voluntad de su Padre. Por eso, la pregunta habría que leerla: “Maestro ¿cómo vives?”.
Ahí tiene sentido la respuesta de Jesús: “Venid y lo veréis”. Es decir, compartid un trecho del camino de mi vida y veréis cómo vivo. Lo hicieron y a partir de ese momento siguieron con él. Aunque les costara años comprender el sentido de la vida del Maestro. Pero desde el principio su forma de vivir, de tratar a los demás, de acoger a publicanos, prostitutas y a los excluidos por el poder religioso o político, les atrajo de tal manera que dejaron a Juan para seguir a Jesús.
¡Cómo cambian las cosas con el tiempo!
Si alguien se acerca a nosotros, dando signos de que quiere seguir Jesús, aunque no tenga las ideas claras, le entregamos un libro para que aprenda o lo mandamos a un grupo de “catequesis”… Tiene que saber, y supuestamente nosotros sabemos qué es lo que debe saber y en qué tiene que cambiar su vida.
Nos olvidamos de preguntar: “¿Qué buscas?”. Quizás porque hemos perdido la capacidad de escucha o porque una respuesta inesperada nos puede hacer cambiar el guión que teníamos preparado.
O quizás la cosa más seria. Nos hemos convertido en “enseñantes de doctrinas”. Que nadie venga a preguntarnos: “¿Cómo vives?”. Porque si lo ven capaz que salgan corriendo buscando en otros lugares.
Como cristianos, como comunidad, como Iglesia: ¿Qué buscamos con nuestra forma de vivir? ¿Podemos decir: “Ven, caminemos juntos un rato y lo verás”?
Si como Iglesia hemos perdido credibilidad ¿qué es lo que la gente no ve en nosotros y que sí veían en Jesús sus contemporáneos?
El evangelio de Juan, que hoy leemos, pone en labios de Jesús, como sus primeras palabras, al comenzar su vida pública, una pregunta, dirigida a dos discípulos del Bautista: “¿qué buscáis?”.
Es una pregunta dirigida a cada uno de nosotros: ¿qué buscamos? Con las cosas que hacemos día ¿detrás de qué vamos? ¿Cuáles son nuestros deseos y aspiraciones en la vida? ¿En qué gastamos nuestro tiempo? ¿Dónde hemos puesto corazón?
Ellos le responden con otra pregunta: “Maestro ¿dónde vives?”. Jesús dirá más adelante que el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. No hay un lugar donde domingo2tob221viva. Su vida es un caminar buscando cumplir la voluntad de su Padre. Por eso, la pregunta habría que leerla: “Maestro ¿cómo vives?”.
Ahí tiene sentido la respuesta de Jesús: “Venid y lo veréis”. Es decir, compartid un trecho del camino de mi vida y veréis cómo vivo. Lo hicieron y a partir de ese momento siguieron con él. Aunque les costara años comprender el sentido de la vida del Maestro. Pero desde el principio su forma de vivir, de tratar a los demás, de acoger a publicanos, prostitutas y a los excluidos por el poder religioso o político, les atrajo de tal manera que dejaron a Juan para seguir a Jesús.
¡Cómo cambian las cosas con el tiempo!
Si alguien se acerca a nosotros, dando signos de que quiere seguir Jesús, aunque no tenga las ideas claras, le entregamos un libro para que aprenda o lo mandamos a un grupo de “catequesis”… Tiene que saber, y supuestamente nosotros sabemos qué es lo que debe saber y en qué tiene que cambiar su vida.
Nos olvidamos de preguntar: “¿Qué buscas?”. Quizás porque hemos perdido la capacidad de escucha o porque una respuesta inesperada nos puede hacer cambiar el guión que teníamos preparado.
O quizás la cosa más seria. Nos hemos convertido en “enseñantes de doctrinas”. Que nadie venga a preguntarnos: “¿Cómo vives?”. Porque si lo ven capaz que salgan corriendo buscando en otros lugares.
Como cristianos, como comunidad, como Iglesia: ¿Qué buscamos con nuestra forma de vivir? ¿Podemos decir: “Ven, caminemos juntos un rato y lo verás”?
Si como Iglesia hemos perdido credibilidad ¿qué es lo que la gente no ve en nosotros y que sí veían en Jesús sus contemporáneos?








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