La celebración cada año de la Jornada de Infancia Misionera nos ofrece a todos la oportunidad de tomar conciencia del papel que los niños tienen en la sociedad y en la Iglesia. Es verdad que con demasiada frecuencia los niños, especialmente los más desfavorecidos, sufren las consecuencias de un mundo falto de amor; pero esta Jornada abre nuestros corazones a la esperanza: ellos son también misioneros y los protagonistas de un mundo más a semejanza del que quiere Dios.
En esta celebración nos unimos a todos los niños del mundo, este año especialmente a los de Asia, y con todos ellos –como dice el lema de la Jornada– “buscamos a Jesús”, sabiendo que, como vemos en el evangelio de hoy, Él nos ha buscado primero y llamado a ser sus discípulos.
“Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio” es la llamada que nos dirige hoy Jesús; por ello le invocamos con fe y confianza:
Tú, que nos traes el Evangelio del reino de Dios.
Señor, ten piedad.
Tú, que nos llamas a ser tus discípulos.
Cristo, ten piedad.
Tú, que nos envías para ser tus misioneros.
Señor, ten piedad.
El evangelio de hoy nos muestra el inicio del ministerio público de Jesús. El evangelista San Marcos lo describe con dos hechos: el anuncio del reino de Dios (con el consecuente llamamiento a la conversión) y la llamada de los primeros discípulos. De esta manera, anuncio y vivencia del Reino aparecen unidos. Con Jesús, como dice San Pablo en la segunda lectura, la apariencia de este mundo ha terminado, porque Dios mismo se hace presente en él, mostrando los valores auténticos y eternos; de ahí la necesidad de una sincera conversión (1.ª lectura).
Si buscamos sinceramente a Jesús y acogemos su Palabra con fe, Él nos saldrá al encuentro como a sus apóstoles, y seremos discípulos y misioneros suyos.
El lema “Con los niños de Asia… buscamos a Jesús” nos recuerda que debemos estar unidos a los niños de todo el mundo, porque tenemos muchas cosas en común, comenzando por las ilusiones y las ganas de vivir y ser felices. Nos unimos especialmente a los niños de Asia para buscar con ellos a Jesús, conocerle cada día más y ser sus amigos.
El reino de Dios ya está entre los hombres, porque no es una idea ni un sueño utópico, es su presencia, la Palabra de Dios hecha carne. Es una realidad que solo se capta por la fe. La llamada de los primeros discípulos es el modelo de cómo recibir el reino de Dios. Si acogemos a Jesús y nos hacemos sus discípulos, nuestra vida cambia, nos convertimos en colaboradores de Dios para manifestar y construir su Reino.
Los discípulos de Jesús, antes de unirse a Él, no estaban en una actitud meramente pasiva, sino de búsqueda: “¿Qué buscáis?” (Jn 1,38). Asia es la cuna de las grandes religiones del mundo y también la tierra en la que nació, vivió, murió y resucitó Cristo (EAs 1); allí también fundó la Iglesia y esta creció. Asia nos habla del siempre insatisfecho deseo de Dios, de su búsqueda y del encuentro con Él.
La Jornada de Infancia Misionera nos recuerda el sufrimiento que existe en el mundo entre los más débiles e inocentes, especialmente los niños. Es una toma de conciencia de nuestra responsabilidad, para que, como discípulos de Jesús, podamos ayudar a transformar nuestros ambientes, nuestra sociedad y nuestro mundo según la voluntad de Dios; para que, como decimos en el Padrenuestro, venga a nosotros su Reino.
Oremos al Padre suplicándole con fe: «Venga tu Reino, Señor».
Para que el Papa y los obispos ayuden a todos los fieles cristianos a extender el reino de Dios en todo el mundo, especialmente entre los pueblos de Asia más necesitados de paz, justicia y desarrollo humano.
Oremos.
Para que todos los hombres unan sus esfuerzos para vivir en la paz y el amor que Cristo predicó y que manifestó con su muerte y resurrección. Oremos.
Para que todos los niños del mundo tengan acceso a los bienes materiales y espirituales que necesitan para su desarrollo personal.
Oremos.
Para que los niños de la Infancia Misionera crezcan en ilusión y alegría en su compromiso misionero. Oremos.
Para que todos nosotros, como comunidad cristiana, manifestemos con nuestras vidas, nuestro ejemplo y nuestra palabra el reino de Dios. Oremos.
Ofrendas
Así como los niños de Asia del cartel de la Jornada caminan al encuentro de Jesús, también nosotros, en la procesión de las ofrendas, simbolizamos nuestro caminar hacia Él.
Presentamos el pan y el vino, y el dinero que en este día hemos recogido para ayudar a los niños del mundo a través de la Obra Pontificia de Infancia Misionera. Son el signo de que a todos los seres humanos nos une el deseo de buscar a Jesús y de encontrarle en la celebración eucarística y en el compartir fraterno.
En esta celebración nos unimos a todos los niños del mundo, este año especialmente a los de Asia, y con todos ellos –como dice el lema de la Jornada– “buscamos a Jesús”, sabiendo que, como vemos en el evangelio de hoy, Él nos ha buscado primero y llamado a ser sus discípulos.
“Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio” es la llamada que nos dirige hoy Jesús; por ello le invocamos con fe y confianza:
Tú, que nos traes el Evangelio del reino de Dios.
Señor, ten piedad.
Tú, que nos llamas a ser tus discípulos.
Cristo, ten piedad.
Tú, que nos envías para ser tus misioneros.
Señor, ten piedad.
El evangelio de hoy nos muestra el inicio del ministerio público de Jesús. El evangelista San Marcos lo describe con dos hechos: el anuncio del reino de Dios (con el consecuente llamamiento a la conversión) y la llamada de los primeros discípulos. De esta manera, anuncio y vivencia del Reino aparecen unidos. Con Jesús, como dice San Pablo en la segunda lectura, la apariencia de este mundo ha terminado, porque Dios mismo se hace presente en él, mostrando los valores auténticos y eternos; de ahí la necesidad de una sincera conversión (1.ª lectura).
Si buscamos sinceramente a Jesús y acogemos su Palabra con fe, Él nos saldrá al encuentro como a sus apóstoles, y seremos discípulos y misioneros suyos.
El lema “Con los niños de Asia… buscamos a Jesús” nos recuerda que debemos estar unidos a los niños de todo el mundo, porque tenemos muchas cosas en común, comenzando por las ilusiones y las ganas de vivir y ser felices. Nos unimos especialmente a los niños de Asia para buscar con ellos a Jesús, conocerle cada día más y ser sus amigos.
El reino de Dios ya está entre los hombres, porque no es una idea ni un sueño utópico, es su presencia, la Palabra de Dios hecha carne. Es una realidad que solo se capta por la fe. La llamada de los primeros discípulos es el modelo de cómo recibir el reino de Dios. Si acogemos a Jesús y nos hacemos sus discípulos, nuestra vida cambia, nos convertimos en colaboradores de Dios para manifestar y construir su Reino.
Los discípulos de Jesús, antes de unirse a Él, no estaban en una actitud meramente pasiva, sino de búsqueda: “¿Qué buscáis?” (Jn 1,38). Asia es la cuna de las grandes religiones del mundo y también la tierra en la que nació, vivió, murió y resucitó Cristo (EAs 1); allí también fundó la Iglesia y esta creció. Asia nos habla del siempre insatisfecho deseo de Dios, de su búsqueda y del encuentro con Él.
La Jornada de Infancia Misionera nos recuerda el sufrimiento que existe en el mundo entre los más débiles e inocentes, especialmente los niños. Es una toma de conciencia de nuestra responsabilidad, para que, como discípulos de Jesús, podamos ayudar a transformar nuestros ambientes, nuestra sociedad y nuestro mundo según la voluntad de Dios; para que, como decimos en el Padrenuestro, venga a nosotros su Reino.
Oremos al Padre suplicándole con fe: «Venga tu Reino, Señor».
Para que el Papa y los obispos ayuden a todos los fieles cristianos a extender el reino de Dios en todo el mundo, especialmente entre los pueblos de Asia más necesitados de paz, justicia y desarrollo humano.
Oremos.
Para que todos los hombres unan sus esfuerzos para vivir en la paz y el amor que Cristo predicó y que manifestó con su muerte y resurrección. Oremos.
Para que todos los niños del mundo tengan acceso a los bienes materiales y espirituales que necesitan para su desarrollo personal.
Oremos.
Para que los niños de la Infancia Misionera crezcan en ilusión y alegría en su compromiso misionero. Oremos.
Para que todos nosotros, como comunidad cristiana, manifestemos con nuestras vidas, nuestro ejemplo y nuestra palabra el reino de Dios. Oremos.
Ofrendas
Así como los niños de Asia del cartel de la Jornada caminan al encuentro de Jesús, también nosotros, en la procesión de las ofrendas, simbolizamos nuestro caminar hacia Él.
Presentamos el pan y el vino, y el dinero que en este día hemos recogido para ayudar a los niños del mundo a través de la Obra Pontificia de Infancia Misionera. Son el signo de que a todos los seres humanos nos une el deseo de buscar a Jesús y de encontrarle en la celebración eucarística y en el compartir fraterno.








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