Queridos amigos: Por aquello de que la celebración de la venida del Señor nos hermana un poco más durante estos días, les deseo, desde Camerún, toda la felicidad posible. Además de manifestarles mi agradecimiento a todos, pero de manera especial a quienes con sus oraciones y sus donativos hacen que podamos seguir adelante en los países de Misión.A veces, parece que damos las gracias sólo por aquello que es medible. Cuantificamos el valor de una camisa o de un alimento; pero, ¿es que hay alguien que se atreva a medir o pesar el valor de una oración? Y cómo pesa.
Por eso, gracias a todos ustedes, bienhechores espirituales y materiales, porque se sienten hermanados con nosotros/as. Gracias porque, en estas fechas, no sólo los bienes espirituales —manifestados en buenos deseos de paz y felicidad para todos— sino también los bienes materiales se reparten y comparten con un poco más de justicia de lo ordinario. La venida del Justo, hace estos milagros.
También en Camerún celebramos la Navidad, el nacimiento del Niño Dios, que viene para salvar a todos los seres humanos. A los del norte, a los del sur, a los del este y a los del oeste. Él no hace distinciones ni excepciones. La salvación es para todos y a todos nos da la felicidad.
Siguiendo esa línea marcada por Él, nosotros, los misioneros y misioneras de todo el mundo, intentamos llevar la felicidad y la salvación a estas buenas gentes que se mueven en su mundo de miseria, en el que difícilmente podrían entenderla. Pero la entienden, ¡vaya si la entienden! Como algo innato, sienten la felicidad, desde lo religioso, desde la más profunda entraña.
Gracias a ustedes, no sólo celebran el Adviento con esperanza, sino que, por su generosidad, también suelen estar a la espera, sin ansias ni avaricias desmedidas, de que llegue algo extraordinario con que celebrar un poco mejor la Navidad.
Mensajes navideños hermosos. ¡Que no sean sólo palabras! ¡Qué bien desear la paz!,
e intentar que no tengan que luchar por algo escrito en los derechos humanos. ¡Qué bien desear el amor!, e intentar que sus estómagos reciban un poco de calor en forma de comida. ¡Qué bien desear felicidad!, haciendo que sean personas, tan dignas como lo somos nosotros.
Queridos amigos: perdón por mi atrevimiento; pero es que casi sería así el resumen del discurso del Señor.
Que el Señor venga a nuestras vidas; si le dejamos nacer en nosotros, nunca se terminará la Navidad.







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