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lunes, 1 de diciembre de 2008

La falta de acción internacional es “puro racismo”

Por José Carlos Rodríguez
Publicado por Antena Misionera Blog

“Cuando se trata de actuar en África, hay una discriminación inherente”. Lo acaba de afirmar el antiguo coordinador de operaciones humanitarias de Naciones Unidas Jan Egeland, quien, junto con otros 15 dirigentes mundiales de conocido prestigio, ha firmado una carta enviada a los jefes de Estado de los países de la Unión Europea llamando la atención sobre la falta de acción internacional en el Este de la República Democrática del Congo. Otros firmantes de este documento, en el que se pide el envío inmediato de tropas de la Unión Europea, son los antiguos presidentes Mary Robinson (Irlanda), Vaclav Havel (República Checa) y Frederick de Klecrk (Sudáfrica) y el premio Nóbel de la paz Desmond Tutu.

Jan Egeland, que durante su periodo en Naciones Unidas siempre tuvo una reputación de decir las cosas directamente sin andarse por las ramas, acaba de decir: “Nunca hubo esta indecisión cuando se trató de intervenir en los Balcanes, en Irak o en Oriente Medio”. Ciertamente no la hubo, pero cuando se trata de intervenir en crisis africanas parece como si la vida humana no tuviera el mismo valor en todas partes. Pocos recuerdan que la reciente escalada de violencia en el Este del Congo empezó a primeros de agosto, cuando los rebeldes del general tutsi Laurent Nkunda rompieron el acuerdo de paz firmado por todos en enero en la ciudad de Goma. Como suele ocurrir, ha habido que esperar a mediados de octubre cuando la situación se había convertido en incontrolada para que los medios de comunicación internacionales empezaran a preocuparse de lo que ocurría allí, y las actuaciones de quienes tiene peso en la política internacional han sido, como poco, ambiguas e indecisas. Egeland no ha tenido pelos en la lengua a la hora de decir que las reuniones diplomáticas, como la reciente cumbre de Nairobi, no son más que “seminarios”.

Se podrían poner muchos más ejemplos de esta indecisión y ambigüedad. Cuando los ministros de exteriores francés y británico visitaron la zona hace pocas semanas y llevaban una propuesta de envío de tropas de la Unión Europea, la iniciativa no salió adelante porque no fue del agrado del presidente ruandés Paul Kagame, el verdadero artífice de la guerra que está asolando a la vecina región del Kivu Norte y que amenaza con extenderse más al sur. En el colmo del cinismo, el secretario de estado británico para cooperación con África, en una visita pocos días después a Ruanda, declaró que estaba convencido de que Ruanda no prestaba apoyo militar a Nkunda, una verdad que todos los que viven en el Kivu lo saben. Si no fuera por esa ayuda de su padrino Kagame, ¿cómo sería Nkunda capaz de lanzar sus ataques con apoyo de tanques y artillería pesada?

Hace pocos días, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó el envío de 3.000 tropas más, pero hasta la fecha nadie sabe quién va a mandarlas ni cuándo. Si el Consejo de Seguridad hubiera querido resolver el problema le habría bastado con dotar de un mandato mucho más decisivo a las fuerzas de la MONUC, que hasta la fecha se han caracterizado por una gran ineficiencia y falta de compromiso a la hora de proteger a la población. Cuando hace pocas semanas los rebeldes de Nkunda ocuparon la ciudad de Kiwanja y mataron a sangre fría a varios cientos de personas, muchos de sus aterrorizados habitantes intentaron refugiarse en el recinto de la MONUC en esa ciudad, pero se encontraron con que los soldados que guardaban los portones tenían órdenes de no dejar entrar a nadie. Una vergüenza.

En el fondo, no se trata sólo de que a África se la discrimine cuando ocurren guerras que se ceban en los más inocentes, sino de algo más que merece la pena escarbar y descubrir que detrás de esta guerra se esconden los intereses de potencias como Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Bélgica, quienes apoyan al régimen de Kagame en Ruanda, de cuyos aeropuertos salen para estos países el preciado coltán (indispensable en la fabricación de teléfonos móviles y ordenadores portátiles de última generación) que los soldados de Nkunda extraer con el trabajo forzado de niños y jóvenes en el Este del Kivu y envían en camiones y helicópteros a Kigali. Es triste constatar que en muchas ocasiones, esas “indecisiones” ante los problemas africanos podrían ser una forma camuflada de dejar que los acontecimientos se desarrollen de forma provechosa para los más poderosos, aunque sea a costa de que mueran muchos inocentes.

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WebJCP | Abril 2007