LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: El Amor se hizo Niño
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

martes, 23 de diciembre de 2008

El Amor se hizo Niño


1. ¡Trae tantas cosas la Navidad! Y trae también recuerdos. No se me olvida la primera Navidad que celebré en África, aunque hayan pasado más de 30 años. Hacía como un mes que había llegado y me enviaron al norte de Uganda, entre los karimoyón, una tribu en que el cristianismo estaba entrando a grandes pasos. La mañana del 25 de diciembre, después de un recorrido difícil entre finísimo polvo que nos envolvía por completo y con el riesgo de que los neumáticos del carro-jeep estallaran en cualquier momento por los guijarros puntiagudos del camino, llegamos a una capilla de palos y paja. Ya todo estaba preparado y empezamos la Eucaristía. Los que participaban no eran muchos; se mantenían serenos y atentos.

Llevaban los vestidos de todos los días, es decir casi nada: una piel de cabra atada a la cintura, las mujeres; y un trozo de tela que un día debió ser blanca, los hombres… Todo me hablaba de Belén: la extrema pobreza y sencillez y hasta el silencio de la gente, la paja de la choza-capilla, los animales que, sueltos, me rodeaban por allí… Pero esa sensación aumentó hasta la emoción, cuando entre los demás, tímido, se acercó para recibir la Comunión un muchachillo de unos 9 o 10 años, completamente desnudo.

Yo acababa de llegar de Europa, en donde hubiera celebrado la Navidad bajo el bombardeo de los anuncios comerciales, entre luces y música, con el riesgo de no dejarme conquistar y conmover por el misterio del Amor hecho Niño. El encuentro entre aquel muchacho karimoyón y Dios en la Navidad africana en el regalo de la Eucaristía, me resultó todo un símbolo claro y elocuente de la historia para cada ser humano: aunque celebremos la Navidad en el lujo, aunque «no nos falte nada», siempre seremos pobres hombres necesitados de la riqueza divina que nos «reviste» de lo que el egoísmo nos arrebató.

2.«El Ángel del Señor despertó a los pastores y les dijo: les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo, les ha nacido hoy, un Salvador que es Cristo el Señor» (Lc 2,10-1). Desde aquella noche los hombres seguimos a los pastores, vamos a Belén y encontramos al Señor, lo contemplamos en el pesebre y en el regazo de María, su madre. Lo buscamos porque él primero nos busca, nos despierta en nuestras «noches» para envolvernos, como a los pastores «en su luz» (Lc 2,9). Las señales para poderlo encontrar son inconfundibles, son las mismas de mi primera Navidad africana, son las señales «divinas». Dios no ha cambiado de estilo. Él sigue viniendo, buscándonos, «en su contrario»: siendo omnipotente viene en la debilidad de un niño frágil; siendo Creador y Señor viene en un pesebre porque «no hay sitio para él en la posada» (Lc 2,7); siendo él completamente otro, lejano y trascendente, se nos acerca necesitado de todo, como lo es un niño. «Siendo de condición divina, se anonadó, afirma escuetamente san Pablo (Flp 2,6).

Hay una secreta y dura resistencia en aceptar este «estilo divino», pero no hay alternativa, como no la hubo para los Reyes Magos: ellos se presentaron en Jerusalén, nos informa el evangelista Mateo (2,1), pero tuvieron que ponerse en camino para Belén, «la menor entre los clanes de Judá» (Mt 2,6), hacia un pesebre, para encontrar al Rey y Señor.

Todos, de algún modo, buscamos a Dios, pero lo importante es buscarlo en donde él se nos manifiesta, en donde él nos espera. Allá y sólo allá podemos ofrecerle lo poco que somos y tenemos, para recibir lo mucho que él nos ofrece: a sí mismo, el Emmanuel, «Dios-con-nosotros». Sólo así podemos hacer nuestra la declaración gozosa del anciano Simeón: «Mis ojos han visto tu salvación, la que Tú has preparado para todos los pueblos» (Lc 2,30); sólo así podremos ser mensajeros del grande gozo de la Navidad.

0 comentarios:


WebJCP | Abril 2007