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MISIONEROS EN CAMINO: XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: CATEQUESIS: El Rey y los Denarios
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miércoles, 12 de noviembre de 2008

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: CATEQUESIS: El Rey y los Denarios

Publicado por Catequistas.org

1. Lecturas de la palabra de Dios

La palabra de Dios se halla escrita en los textos evangélicos. Pero muchas veces resulta misteriosamente incomprensible. La Iglesia nos recuerdo que debe ser interpretada a la luz de la tradición y de los comentarios de los Padres antiguos, que estaban más cercanos a la cultura judía en la que Jesús quiso encarnarse y vivir.

Primera lectura: Ezequiel 47. 1-2 y 8-9

La familia es la primera de las fuerzas humanas, históricas, tradicionales y actuales. La Iglesia es nuestra familia. En ese contexto, hemos entenderla como “madre y maestra” según la feliz expresión del Papa Juan XXIII (Mater et magistra)

“Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación. Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida.
Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos. Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso.
Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente.
Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada.
Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben en público”

Lectura Segunda: 1 Tesalonicenses 5. 1-6

San Pablo nos recuerda que las cosas de Dios hay que buscarlas, descubrirlas, entenderlas y transmitirlas a la luz de la esperanza en la vida eterna que los cristianos tenemos y transmitimos.

“Hermanos. En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche.
Cuando algunos digan: "Paz y seguridad", entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán.
Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas.
Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

Tercera Lectura: Mateo 25. 14-30

La vigilancia cristiana y la prudencia evangélica requieren estar siempre al tanto de que el Señor puede venir y pedirnos cuenta de todos los dones que nos ha dado. Y a cada uno nos reclamar el uso que hicimos de nuestros dones: de la inteligencia, de la salud, de la simpatía, de las riquezas materiales, de los dones espirituales.

En aquel tiempo Jesús dijo: El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado".
"Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor".
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: "Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado".
"Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor".
Llegó luego el que había recibido un solo talento. "Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!".
Pero el señor le respondió: "Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el prestamista, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes".


2. Comentario

Los dones de Dios son diferentes para cada persona. Dios ha querido que cada uno de sus hijos se persona original, por muy parecida que sea a las demás. Cada ser humanos es un mundo misterioso, es un ser inteligente y libre, es un proyecto en el que dios ha depositado muchas riquezas para que las explote y la convierte en dones para los demás y para el Reino divino que se halla latiendo en la historia y que un día, al final, terminará triunfando en la historia y en la vida.

Los dones que Dios nos da, son para beneficio propio, para que podamos sentirnos como personas autónomas y elegidas por El. Pero son también dones para ser usados al servicio de la comunidad. Los dijo el Señor, como único mandamiento en su despedida: “Amaos los unos a los otros como yo os he mandado. En esto conocerán que sois mis discípulos”.

Las virtudes y las cualidades que naturalmente Dios da a cada uno de nosotros, deben ser el pilar de nuestra entrega a los demás. ¿Tiene esto relación con nuestra forma de ser? ¡Claro que la tiene! De algún modo cada uno de nosotros tiene un don de Dios más desarrollado que otros

Algunos somos callados y observadores, pensantes y analíticos en la meditación. Otros somos sensibles e independientes, y también creativos y expresivos. Hay quienes son simpáticos y comunicativos, y también enérgicos realizadores. Los hay considerados y misericordiosos, bondadosos y siempre atentos a los demás. Algunos son maestros, juiciosos y ordenados, emprendedores y trabajadores. Hay gente que coopera siempre, humilde y obediente en la entrega y ayuda al grupo. Y gente alegre y jovial, optimista y siempre activa en el gozo de vivir. Hay otros que son líderes y fuertes, luchadores por las causas justas y la verdad. Y también gente tranquila y conciliadora, que une y elimina motivos de división.

Estas son realidades indiscutibles y deben llevar nuestra reflexión hacía determinadas preguntas. ¿Para qué Dios me ha dado mi modo de ser? ¿Por qué me ha dado determinadas cualidades que los demás no tienen? Son preguntas que debemos hacernos, pero también debemos responderlas con sinceridad. Dios nos da dones para que rindamos cuenta de ellos.

No podemos pasar por la vida sin utilizar, en beneficio del Plan Celestial, aquellos dones que Dios dispuso sobre nosotros.. Lo decía San Pablo en la primera Carta a los Corintios: "Dios ha dispuesto los diversos miembros colocando cada uno en el cuerpo como ha querido. Si todos fueran el mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? El ojo no puede decir a la mano, no te necesito. Ni tampoco la cabeza decir a los pies, no los necesito. Aún más, las partes del cuerpo que parecen ser más débiles son las más necesarias…"

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La diferencia entre los siervos de Dios responde a un plan divino de complementación entre sus seguidores y de suplementación cuando los que viven con cada uno no pueden llegar a determinadas actuaciones o responsabilidades.

San Clemente romano, Papa, en una carta que escribía a los Corintios, les decía: Qué grandes y maravillosos son, amados hermanos los dones de Dios! La vida en la inmortalidad, el esplendor en la justicia, la verdad en la libertad, la fe en la confianza, la templanza en la santidad; y todos estos dones son los que están ya desde ahora al alcance de nuestro conocimiento. ¿Y cuáles serán, pues, los bienes que están preparados para los que lo aman? Solamente los conoce el Artífice supremo, el Padre de los siglos; sólo él sabe su número y su belleza.
Nosotros, pues, si deseamos alcanzar estos dones, procuremos, con todo ahínco, ser contados entre aquellos que esperan su llegada. ¿Y cómo podremos lograrlo, amados hermanos? Uniendo a Dios nuestra alma con toda nuestra fe, buscando siempre, con diligencia, lo que es grato y acepto a sus ojos, realizando lo que está de acuerdo con su santa voluntad, siguiendo la senda de la verdad y rechazando de nuestra vida toda injusticia, maldad, avaricia, rivalidad, malicia y fraude.
Éste es, amados hermanos, el camino por el que llegamos a la salvación, Jesucristo, el sumo sacerdote de nuestras oblaciones, sostén y ayuda de nuestra debilidad. Por él, podemos elevar nuestra mirada hasta lo alto de los cielos; por él, vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso de Dios; por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente, insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él, quiso el Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que él es el reflejo de la gloria de Dios, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Militemos, pues, hermanos, con todas nuestras fuerzas, bajo sus órdenes irreprochables.
Ni los grandes podrían hacer nada sin los pequeños, ni los pequeños sin los grandes; la efectividad depende precisamente de la conjunción de todos. Tomemos como ejemplo a nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo.
Procuremos, pues, conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada por donación de Dios.
El fuerte sea protector del débil, el débil respete al fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que sean los demás quienes lo hagan. Por esto, debemos dar gracias a aquel de quien nos vienen todos estos bienes, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos.
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Podemos entenderlo de de forma sencilla si pensamos que cada creyente verdadero pertenece al linaje escogido de los hombres y es parte del pueblo santo querido por Dios. En ese pueblo cada uno tiene que trabajar por los demás, en un oficio o en general con todo tipo de servicios y ayudas que puedan surgir.

La parábola que Jesús nos señala hoy lo deja entrever muy claramente. El Rey da a cada uno unos talentos y luego se marcha lejos. Pero no quiere decir que se desentienda de lo que va a hacer cada uno con los talentos que les ha dado. Un día volverá y pedirá cuenta de lo que cada uno ha hecho. Premiara al que ha hecho lo que ha podido, mucho o poco. Pero castigará, (así, como suena, castigará) al perezoso que por miedo o por comodidad no ha querido hacer nada con los dones recibidos.
El símbolo de los talentos nos debe hacer pensar mucho. Cada uno de nosotros tiene un talento especial. Es preciso conocer nuestros dones y aceptarlos con sencillez examinar nuestra vida, para saber qué cosas sabemos hacer mejor que otras. Y luego tenemos que sentirnos responsables de esos dones que poseemos y de los que un día se nos pedirá cuenta.
Porque cualquier cosa que hagamos puede manifestarse en la gloria de Dios. Escribir, pintar, trabajar, dirigir, simpatizar, pensar, aconsejar, etc, son dones que debemos poner al servicio de los demás. Sólo los muy egoístas los guardan todos para si y se sienten explotados si hacen algo por los otros con los que viven

Lo que no es bueno hacer es guardarse los talentos para uno. Fue lo que hizo el último de los hombres a quienes el amo les dio los talentos. De alguna manera debemos poner a funcionar esos dones para el servicio de los demás. Cristo nos cuenta esta parábola ciertamente para decirnos que de la misma manera que los bienes ultraterrenos, como la fe, se acrecientan con el uso y con la práctica diaria, los bienes materiales también se pueden manifestar y acrecentar con la generosidad y la constancia


3. Modelo de Catequesis

1. Experiencia

Hacer una lista de los mejores talentos, cualidades o dones que vemos en los demás. Entre todos se van repasando personas que tienen dones especiales: simpatía, fuerza, inteligencia, riqueza… Se diciendo dones y se intenta una clasificación. Materiales, intelectuales, morales, artísticas. sociales, espirituales…

2. Reflexión

Se pueden seleccionar las tres mejores dones en cada campo o parte clasificada y se van indicando como se pueden conseguir esos dones, o como probablemente los han conseguido las personas que han sido retratadas en las clasificación anterior.
El educador puede aprovechar la ocasión para clarificar y dar el sentido cristiano a los dones naturales: Conceptos como Providencia, persona, libertad, originalidad, servicio, profesión, vocación… Estos términos tienen que ser manejados con soltura y naturalidad.

3. Acción

Preparar entre todos los que formamos el grupo o la clase un plan de “talentos” que se necesitan cultivar en una vida de buenas relaciones. Podemos seguir una pauta: virtudes (amabilidad, orden, previsión…) actitudes (servicio, respeto, comprensión…) trabajos (de limpiar, de proteger, de avisar…)
Podemos poner en un lugar visible ese plan y durante una semana nos comprometemos a vivir en conformidad con él.

4 Colaboración

Llevamos las actitudes y los valores de ese plan a nuestra casa, a nuestros amigos fuera del tiempo de la clase o de la catequesis… Podemos analizar cuales son los “talentos familiares que podemos poner a disposición de nuestros padres y hermanos… o del os otros amigos con los ue a veces vivimos


5. Interiorización

Hacer una lista de los mejores talentos, cualidades o dones que vemos en los demás. Entre todos se van repasando personas que tienen dones especiales: simpatía, fuerza, inteligencia, riqueza… Se diciendo dones y se intenta una clasificación. Materiales, intelectuales, morales, artísticas. sociales, espirituales…


4. Ejercicios para la catequesis.

- De Pequeños

Dibujar un banco de talentos. Una serie de departamentos con los regalos o talentos que podemos dar a los que nos rodean. Luego ponemos un papel escribiendo el talento que le regalamos a un compañero. Y durante un dia tiene que comportarse como si realmente lo tuviera: Por ejemplo, en el papel se escribe: don de sonreír… don de perdonar… don de dibujar… donde hacer favores… etc.)

- De medianos

Buscar en un libro de los cuatro Evangelios los mejores dones que se desprenden de diversas enseñanzas de Jesús… Formular una alabanza como si fuera una palabra de Dios que dice al que se la concede… Y atribuirla a un compañero que se considera poseedor de ella en el grupo y en la clase.
El compañero puede rechazarla si considera que no es verdadero don suyo y entonces hay que buscar otro don que resulte compatible. Al tercer intento el compañero a quien se dirige el atributo tiene que asumirlo aunque considere que es inexacta o exagerada la atribución

- De Mayores y Preadolescentes

Analizar que don aparece en algún profeta o en otra figura bíblica como especialmente significativo... Por ejemplo la paciencia en Job, la sabiduría en Salomón, la valentía en David, la sabiduría en Elías, la belleza en Esther, la prudencia en Judith. Cada uno del grupo o de la clase puede buscar y elegir una figura y preñar un texto muy breve escrito para leer ante los compañeros, comentando ese don que se considera como modelos para leerlo en la clase.
Pueden leerlo ante los demás varios del grupo, según el tiempo de que se disponga.


5 Complementos para la reflexión

Términos del Diccionario de Catequesis: Responsabilidad. Vocación. Profesión. Solidaridad. Trabajo. Comunidad. Mundo. Sociedad. Realidades huamanas.

Puede consultarse directamente en la página web www.lasalle.es/catequesis2
En el formato de la Enciclopedia Wikipedia en: www.lasalle.es/catequesis

Libros interesantes:

Parábola de los talentos: antología de relatos para iniciar un siglo. Matías Candiera. Estudio Publicaciones. 2007

Porque el amor viene de Dios. Stan Rougier. Santander. Sal Tarrae. 1991

El amor de Dios que es amor. Manuel Lázaro. Teruiael. Instituto Teológico, 2007

Dones de Dios. Rafael Palmero. Burgos. Monte Carmelo. 1999

El hombre destinatario de los dones de Dios según Qohelet. Pedro R. Anaya. Salamanca. Publicaciones Universitarias. 2007

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WebJCP | Abril 2007