Publicado por Revista Gesto
Recuerdo que me contaron:
Los brahmanes son la casta superior de la India. En la parte inferior están los parias. Las castas superiores se sentían manchadas incluso con la sombra dada por un miembro de los parias.
Esta división desgraciadamente hacía de la India un lugar difícil para el cristianismo – todos somos hijos de Dios e iguales en dignidad. En 1606 llegaba a la misión india de Maduré el jesuita Roberto de Nobili, con estudios de Física y muchísimas ganas de llevar almas a Jesús. Los resultados en la misión de Maduré eran nulos. Roberto se dio cuenta en seguida del problema: nadie se convertiría al cristianismo si antes no lo hacía un brahmán. Se puso a aprender la lengua tamil del pueblo, la lengua telugu de la corte y el sánscrito, la lengua religiosa. Se retiró en solitario a una humilde choza, donde se construyó una capillita, y, dejando a un lado la sotana, se vistió el traje verdeamarillo de los sacerdotes o anacoretas de la India. Y así acabó con la barrera que separaba al europeo del brahmán.
Tradujo al sánscrito y compuso multitud de oraciones. Escribió en esa lengua un Compendio de la Doctrina Cristiana, una vida de la Virgen y un Catecismo. La fama de ciencia y santidad del “nuevo brahmán” atrajo a los brahmanes, y cientos de ellos se bautizaron y abrazaron el cristianismo. Roberto no hizo sino seguir el ejemplo de San Pablo, cuyos 2000 años de nacimiento celebramos este año, hacerse todo a todos para ganarlos a todos para Cristo.
Los brahmanes son la casta superior de la India. En la parte inferior están los parias. Las castas superiores se sentían manchadas incluso con la sombra dada por un miembro de los parias.
Esta división desgraciadamente hacía de la India un lugar difícil para el cristianismo – todos somos hijos de Dios e iguales en dignidad. En 1606 llegaba a la misión india de Maduré el jesuita Roberto de Nobili, con estudios de Física y muchísimas ganas de llevar almas a Jesús. Los resultados en la misión de Maduré eran nulos. Roberto se dio cuenta en seguida del problema: nadie se convertiría al cristianismo si antes no lo hacía un brahmán. Se puso a aprender la lengua tamil del pueblo, la lengua telugu de la corte y el sánscrito, la lengua religiosa. Se retiró en solitario a una humilde choza, donde se construyó una capillita, y, dejando a un lado la sotana, se vistió el traje verdeamarillo de los sacerdotes o anacoretas de la India. Y así acabó con la barrera que separaba al europeo del brahmán.
Tradujo al sánscrito y compuso multitud de oraciones. Escribió en esa lengua un Compendio de la Doctrina Cristiana, una vida de la Virgen y un Catecismo. La fama de ciencia y santidad del “nuevo brahmán” atrajo a los brahmanes, y cientos de ellos se bautizaron y abrazaron el cristianismo. Roberto no hizo sino seguir el ejemplo de San Pablo, cuyos 2000 años de nacimiento celebramos este año, hacerse todo a todos para ganarlos a todos para Cristo.








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