Podemos observar que la parábola de hoy entra dentro del mismo contexto de polémica que las anteriores. La de hoy da un paso más: es cierto que los primeros convocados no han respondido a la llamada y que se dará a otros el reino; pero no a cualquiera, sino que existen unas condiciones: el reino es una fiesta, y sólo es para los que lo reciben como tal.
La claves para la lectura. No olvidemos algo que venimos repitiendo con frecuencia. Los hechos y dichos de Jesús, como son recogidos en Marcos, son grandes cuadros que presentan a Jesús, hijo de Dios Salvador. Estos cuadros no están cerrados a una interpretación exclusiva, sino que, dentro de un significado general bastante amplio, se abren a la interpretación de las diversas comunidades de fe, como una poesía o cualquier obra de arte verdadera. Por eso. Mateo, al colocar esta parábola en otro contexto que Lucas, le ha dado otro cariz dentro de un marco general, y la ha combinado con otra: la del vestido de fiesta. Esto nos debe animar a no sentir timidez a la hora de expresar qué vemos en un pasaje evangélico, porque, si estamos en comunión con el significado global de la buena noticia, lo que nosotros, modestos fieles de la Granja, veamos, siempre será válido y se completará con lo que vean los demás hermanos.
Detalles extraños en esta parábola contada por Mateo En primer lugar, observamos que resulta muy raro que un rey mande dos veces una invitación de boda a unos señores que no han querido ir y que la segunda vez les recuerde que ya tiene hechos unos gastos considerables...
No es menos extraño que algunos de ellos maltraten y hasta maten a los que les traen de nuevo la invitación. En una historia real, esto significaría que el rey ha querido reconciliarse con una nobleza que le es hostil, ya que son ellos los que harían esplendorosa la boda de su hijo; pero la nobleza no acepta este gesto, sino que lo aprovecha para provocarle. Esta provocación es respondida con una dura represalia. En segundo lugar, puesto a invitar a todo el que quiera ir, manda que sal- gan a todos los caminos y no se fijen en si son buena gente o no: se trata de que la fiesta se celebre. Esa extraña anotación: a todos los que encontraron, buenos y malos, es muy reveladora: lo que le importa a este rey es que se llene su salón hasta la bandera. Ya no va a ser una fiesta de la nobleza, sino del pueblo, pero no es tampoco un premio a la buena conducta de nadie, sino un regalo, una invitación, y, por tanto, a todos.
Por último, no se trata de un simple lleno, sino de un lleno para el ban- quete y la fiesta de una boda principesca. En una historia real, se supone una guardarropía donde cada cual deja sus vestidos y se le da una ropa ade-cuada. Por eso, el rey se siente gravemente ofendido cuando ve a uno que se ha atrevido a entrar de cualquier modo, despreciando así la fiesta que entre todos han de hacer brillante para su hijo.
En pocas palabras: La invitación al reinado de Dios es la invitación a la fiesta universal. Hay quienes se oponen porque ya tienen montada la suya propia, sin preocuparse de si los demás la pueden celebrar o no. Es más, en muchos casos, celebran su fiesta sobre el dolor y la tristeza de otros, son ricos a costa de la pobreza ajena. Otros se oponen porque entran en el espacio de la vida con sus normas y leyes... No han entendido nada. Cuando en la Iglesia se han colado el poder, el dinero, los favoritismos, los miedos religiosos, las cadenas... es que hay quienes no se han puesto el traje de fiesta y ofenden así a la alegría del evangelio. Esta alegría para todos es la justicia salvadora de Dios, que no va a dividir el mundo como si fuera una película de buenos y malos, sino que nos quiere miembros de una gran fiesta en que nadie sea el aguafiestas que desentone con su desprecio a la alegría y felicidad de los demás.
EVANGELIO De nuevo tomó Jesús /a palabra y les habló en parábolas: Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo. Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir. Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran:
Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda. Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios; los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: -La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían. Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, y le dijo: -Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta? El otro no despegó los labios. Entonces el rey dijo a los sirvientes:
Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque hay más llamados que escogidos.
En el día a día de nuestras rutinas, alegrías y desgracias, las personas religiosas hemos dado a los demás una imagen de Dios impresentable. Un Dios contra el placer, amigo dé las lágrimas y de las situaciones angustiosas, amenazante siempre con castigos indescriptibles y eternos para mayor escarnio. Los hombres pasamos con frecuencia de un polo al otro. Muchos han perdido el sentido de lo malo y lo bueno y, si heredamos una sociedad de dictaduras, ora de dictadura hemos logrado crear: la de la dictadura de la permisividad. Un mundo nuevo es fruto de un hombre nuevo y un hombre nuevo no es fruto de imposiciones, sino de la alegría de ser y dejar ser verdaderamente hombres.
PARA NOSOTROS HOY • ¿Nos sentimos en la vida llamados a una fiesta? • ¿Transmitimos alegría, o agobio?
La claves para la lectura. No olvidemos algo que venimos repitiendo con frecuencia. Los hechos y dichos de Jesús, como son recogidos en Marcos, son grandes cuadros que presentan a Jesús, hijo de Dios Salvador. Estos cuadros no están cerrados a una interpretación exclusiva, sino que, dentro de un significado general bastante amplio, se abren a la interpretación de las diversas comunidades de fe, como una poesía o cualquier obra de arte verdadera. Por eso. Mateo, al colocar esta parábola en otro contexto que Lucas, le ha dado otro cariz dentro de un marco general, y la ha combinado con otra: la del vestido de fiesta. Esto nos debe animar a no sentir timidez a la hora de expresar qué vemos en un pasaje evangélico, porque, si estamos en comunión con el significado global de la buena noticia, lo que nosotros, modestos fieles de la Granja, veamos, siempre será válido y se completará con lo que vean los demás hermanos.
Detalles extraños en esta parábola contada por Mateo En primer lugar, observamos que resulta muy raro que un rey mande dos veces una invitación de boda a unos señores que no han querido ir y que la segunda vez les recuerde que ya tiene hechos unos gastos considerables...
No es menos extraño que algunos de ellos maltraten y hasta maten a los que les traen de nuevo la invitación. En una historia real, esto significaría que el rey ha querido reconciliarse con una nobleza que le es hostil, ya que son ellos los que harían esplendorosa la boda de su hijo; pero la nobleza no acepta este gesto, sino que lo aprovecha para provocarle. Esta provocación es respondida con una dura represalia. En segundo lugar, puesto a invitar a todo el que quiera ir, manda que sal- gan a todos los caminos y no se fijen en si son buena gente o no: se trata de que la fiesta se celebre. Esa extraña anotación: a todos los que encontraron, buenos y malos, es muy reveladora: lo que le importa a este rey es que se llene su salón hasta la bandera. Ya no va a ser una fiesta de la nobleza, sino del pueblo, pero no es tampoco un premio a la buena conducta de nadie, sino un regalo, una invitación, y, por tanto, a todos.
Por último, no se trata de un simple lleno, sino de un lleno para el ban- quete y la fiesta de una boda principesca. En una historia real, se supone una guardarropía donde cada cual deja sus vestidos y se le da una ropa ade-cuada. Por eso, el rey se siente gravemente ofendido cuando ve a uno que se ha atrevido a entrar de cualquier modo, despreciando así la fiesta que entre todos han de hacer brillante para su hijo.
En pocas palabras: La invitación al reinado de Dios es la invitación a la fiesta universal. Hay quienes se oponen porque ya tienen montada la suya propia, sin preocuparse de si los demás la pueden celebrar o no. Es más, en muchos casos, celebran su fiesta sobre el dolor y la tristeza de otros, son ricos a costa de la pobreza ajena. Otros se oponen porque entran en el espacio de la vida con sus normas y leyes... No han entendido nada. Cuando en la Iglesia se han colado el poder, el dinero, los favoritismos, los miedos religiosos, las cadenas... es que hay quienes no se han puesto el traje de fiesta y ofenden así a la alegría del evangelio. Esta alegría para todos es la justicia salvadora de Dios, que no va a dividir el mundo como si fuera una película de buenos y malos, sino que nos quiere miembros de una gran fiesta en que nadie sea el aguafiestas que desentone con su desprecio a la alegría y felicidad de los demás.
EVANGELIO De nuevo tomó Jesús /a palabra y les habló en parábolas: Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo. Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir. Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran:
Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda. Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios; los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: -La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían. Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, y le dijo: -Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta? El otro no despegó los labios. Entonces el rey dijo a los sirvientes:
Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque hay más llamados que escogidos.
En el día a día de nuestras rutinas, alegrías y desgracias, las personas religiosas hemos dado a los demás una imagen de Dios impresentable. Un Dios contra el placer, amigo dé las lágrimas y de las situaciones angustiosas, amenazante siempre con castigos indescriptibles y eternos para mayor escarnio. Los hombres pasamos con frecuencia de un polo al otro. Muchos han perdido el sentido de lo malo y lo bueno y, si heredamos una sociedad de dictaduras, ora de dictadura hemos logrado crear: la de la dictadura de la permisividad. Un mundo nuevo es fruto de un hombre nuevo y un hombre nuevo no es fruto de imposiciones, sino de la alegría de ser y dejar ser verdaderamente hombres.
PARA NOSOTROS HOY • ¿Nos sentimos en la vida llamados a una fiesta? • ¿Transmitimos alegría, o agobio?








Adelante
Sigue Conociendo
INICIO





0 comentarios:
Publicar un comentario