• Porque la evangelización, para ser "cristiana", debe ser siempre "inculturada".
• Porque la cultura es vida, y Jesucristo vino para que haya más y mejor vida (Jn. 10, 10).
• Si la "cultura" de un pueblo es "el modo peculiar como los hombres culivan su relación con la naturaleza, entre si mismos y con Dios" (GS 53), Cristo vino para que esta relación sea positiva y liberadora.
• La cultura es la "causa del hombre" y Jesús nos enseóa a golpear con respeto a la puerta de
esta casa (Ap. 3, 2220) y además se ofrece como "puerta" (Jn. 10, 7-10).
• Jesús pasó treinta aóos para inculturarse en Nazaret, tres aóos para evangelizar dicha cultura y tres horrras en la cruz par redimirla; seguirle es ser misioneros cristianos (cfr. Jn. 20, 21).
• "Podemos hablar de una CULTURA CRISTIANA cuando el sentir común de la vida de un pueblo ha sido penetrado interiormente, hasta situar el mensaje evangélico en la base de su pensar, en sus principios fundamentales de vida, en sus criterios de juicio, en sus normas de acción... Esta evangelización de la cultura se manifiesta en el proceso de inculturación, que es el "centro, medio y objetivo de la nueva evangelización" (Sto. Dgo. N 229).
SITUACIÓN
Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús, el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombre y apareciendo e su porte como hombre (Flp. 2, 5-7)"
Jesucristo, el gran misionero del Padre, se hace hombre, se hace cultura judía y nos indica que el camino de la misión es inserción, encarnación, asunción de todo lo verdaderamente humano (Sto. Dgo. N 228).
Si nuestra evangelización apunta a ser "nueva en el ardor" (entusiasmo misionero incontenible), "nueva en sus métodos" (caminos nuevos, imaginación, creatividad pedagógica en el anuncio y el testimonio), se hará también "nueva en su expresión", inculturando el Evangelio en la diversidad de las culturas y poniendo en diálogo la fe desde la mentalidad y la cultura de los oyentes.
El documento de Santo Domingo, para situarnos en este tema clave de la misión, nos invita a reflexionar y actuar sobre tres ejes:
1) la inculturción del Evangelio;
2) la cultura moderna;
3) comunicación social y cultura.
Queremos acercarnos e insertarnos a los pueblos indígenas y aroamericanos (Sto. Dgo. 243-251).
¿Qué siento frente a las culturas indígenas y afroamericanas? ¿Qué conocemos de ellas y cuáles serían los valores que podrían enriq uecer nuestra vida humna y nuestra manera de ser cristianos?
Atenderemos a la nueva evangelización de las grandes ciudades y a las áreas rurales que sienten ya el impacto de los cambios culturales (Sto. Dgo. 252-257).
¿Cuáles son los valores y antivalores de la cltura moderna? ¿Qué semejanzas y qué diferencias encontramos entre la "cultura urbana" y la "cultura rural"? ¿Qué valores crees que hay perdido la juventud actual y por qué? ¿Qué hacer par recuperar ideales motivadores?
Buscaremos impulsar una eficaz acción educativa y tener un decidido empeño por una moderna comunicación (Sto. Dgo. 263-286). ¿En qué aspecto podemos y debemos educarnos y educar más: en el doctrinal, el moral, el técnico? ¿Qué imagen del hombre, de mujer, de sociedad, de familia, de Iglesia y de Dios nos ofrecen los medios de comunicación social?
¿De qué manera podemos influir para que, en nuestro ambiente, se promueva la formación de
la conciencia crítica frente a los medios de comunicación social?
Por nuestra adhesión radical a Cristo en el bautismo nos hemos comprometido a procurar que la fe, plenamente anunciada, pensada y vivida, llegue a hacerse cultura (Sto. Dgo. 229).
¿En qué medida nuestro estilo de vida personal, grupal y eclesial refleja una "cultura cristiana"?
ILUMINACIÓN
Solemos cantar en nuestras celebraciones: "Creer es mirar con tus ojos, Señor y darle a la vida todo su valor". Y los ojos de Dios humanizados en Cristo Jesús nos permiten vivir cristianamente nuestra cultura y además cultivar actitudes de valoración, respeto, apoyo y solidaridad con las demás expresiones culturales, especilmente indígenas y afroamericanas (cfr. 231).
Siendo el desafío de la misión "evangeliar las culturas" e "inculturar el Evangelio" estamos invitados a vivenciar con más profundidad tres grandes misterios de la salvación: a) la Navidad, que nos llama a la "encarnación" e invita al misionero a compartir su vida con el evangelizado; b) la Pascua, que nos propone pasar de la "cultura de la muerte" a la "cultura de la vida", por el camino de la necesaria purificación; c) Pentecostés, cuando el Espíritu posibilita y capacita para comunicarse y entender en la propia lengua (cultura: lenguaje, símbolos, ritos) las maraaavillas de Dios (cfr. 230).
La espiritualidad navideña nos educa a descubrir las semillas del Verbo (Jesucristo) en cada cultura (Lc. 2, 1-20); el sentido pascual nos habla de liberación purificación, alianza, comunión, diálogo: Santo nos hace creativos a fin de poner en diálogo el 'Espíritu de la creación" (Gén. 2, 7) y el "Espíritu de la misión" (Jn. 20, 22); así como pasar del fracaso aislacionista de Gén. 11, 1-9 al optimismo comunicacional de Hech. 2, 1-11.
Convencidos de que "la acción de Dios a través de su Espíritu se da permanentemente en el interior de todas las culturas" cultivamos la esperanza de que el Espíritu que nos hace testigos de Cristo (Hech. 1, 8) nos está esperando en la "casa" de cada hombre, que es su cultura, y con esta visión seremos capaces de reconocer los valores existentes, asumir lo que hay de bueno en cada cultura e incorporar, en la cultura misma, nuevos valores evangélicos.
Más allá de los reales errores del pasado y del presente (cfr. N 248), nuestra actividad misionera, personal y comunitaria, de grupo y de Iglesia, debe partir de una actitud humilde, comprensiva y profética.
Además de esta actitud básica y fundamental, es bueno reflexionar acerca de las tres líneas de acción en orden a la "evangeliación de las culturas", que implican visiones y actitudes distintas:
1) La actitud "verticalista", que minimiza la cultura sobrevalorando el Evangelio. Es como un calar al hombre para escuchar a Dios. Evangelizar es sólo proclamar en la intimidad humana el Reino de Dios. Es evangelización sin promoción humana; es olvidar que "una fe que no se hace cultura es una fe que no ha sido tottalmente recibida, ni plenamente pensada, ni completamente vivida". Es la "verticalista" una actitud evangelizadora muy presente en los grupos evangelistas y pentecostales, y en ciertas expresiones carismáticas y biblistas de extracción católica. El anuncio termina a veces en un "lavado de cerebro".
2) Se opone a ésta la actitud "horizontalista"; consiste en vincular a Dios con el mundo de tal manera que "lo divino se confunda e identifique con lo humano". Se calla a Dios para que hable el hombre, se calla el Evangelio de Jesucristo, el Verbo hecho carne (Jn. 1, 1-18) dejando así infecundas las "semillas del Verbo" presentes en toda cultura (cfr. Sto. Dgo. 243).
Tiene el peligro de caer en el "culturalismo" olvidando que toda cultura (todo hombre y pueblo culturalmente identificado, a la vez que debe ser respetada, anhela nuevos partos por la fecundidad del Evangelio (cfr. Rm. 8, 19-25). Nuestra actitud debe inspirarse en la afirmación de Jesús: "No ha venido a abolir, sino a dar cumplimiento" (Mt. 5, 17). Esta actitud "horizontalista" tiene su expresión teórica y práctica en ciertos movimientos indigenistas de nuestro continente. Es la promoción humana sin evanglización; es cáritas sin catequesis; es identificar salvación con sanación.
3) Actitud de "teología de la cultura" (presente en los documentos eclesiales desde el concilio Vaticano II hasta Santo Domingo); parte de la visión teológica del mundo (mirado desde Dios) y señala que el Redentor asumió y elevó la creación; en la creación, en la cultura se hizo y se hace la redención; en la historia humana, en la cultura de los pueblos, arranca la salvación que no deja por lo mismo de apuntar a la "escatología", al más allá de Dios.
Esta tercera actitud debe ser la muestra en la medida que queremos seguir a Cristo Jesús a la manera católica y estamos convencidos que misionar tiene como "centro, medio y objetivo"inculturar el Evangelio (Sto. Dgo. 239). La síntesis entre fe y cultura no es sólo una necesidad de la ultura sino tambi´n de la fe. Esto implica el método misionero del diálogo, una experiencia personal y eclesial del Cristo integral y tottal, Dios verdadero y hombre igualmente verdadero; y un cncepto de cultura que, con Eliot, podríamos resumir como "el estilo de vida de un pueblo, su alma colectiva, que se configura a partir de la triple relación (con la naturaleza, con los demás y con Dios), donde el elemento fundante es Dios".
Una evangelización "completa y pegagógicamente ordenada" nos exige: proclamar la Buena Nueva o Evangelio a todas las culturas (ad gentes); infundir en la vida o cultura los principios y criterios evangélicos, llegando a la raíz de la misma cultura; transformar desde dentro al hombre y alcanzarlo en su totalidad, partiendo de su dimensión religiosa; discernir los desafíos manifestados en los "signos de los tiempos" (cfr. Lc. 12, 54 ss.), para consolidar los valores y derrocar los ídolos del proceso histórico y cultura de hoy; asumir completar, purificar y dinamizar la "Religiosidad Popular", sin olvidar que esta religión popular es lo más cercano que ha habido en el cristianismo latinoamericano a una "inculturación del Evangelio".
COMPROMISO
Reflexionando desde Deut. 30, 15-20, esclarecer a sols o en grupo o en comunidad qué se entiende por "Cultura de la vida" y "Cultura de la muerte" a nivel de vivencias personales, opciones familiares y estructuras sociales (buscar y analizar hechos actuales y concretos).
Buscar, analizar y dar a conocer los artículos de la Constitución Argentina reformada (1994) que tratan de los aborígenes de nuestro país.
Programar con tiempo el "mes misionero" (octubre) animando y reproponiendo los grandes temas de Santo Domingo: "Nueva Evangelización, Promoción Humana, Cultura Cristiana" (talleres, mensajes radiales, afiches parroquiales, etc.), para que nuestras parroquias sean más abiertas más flexibles, más misioneras.
Organizar un encuentro o taller con los jóvenes de la zona para contribuir en la formación de la conciencia crítica frente a los medios de comunicación social.
ORACIÓN
Había un hombre que tenía una doctrina, una gran doctrina que llevaba en el pecho (junto al pecho, no dentro del pecho), una doctrina escrita que guardaba en el bolsillo interno de su chaleco. La doctrina creció. Y tuvo que meterla en un arca de cedro, en un arca como la del Antiguo Testamento. Y el arca creció. Y se comió el arca de cedro al hombr y a la doctrina escrita que guardaba en el bolsillo interno de su chaleco.
Luego vino otro hombre que dijo: el que tenga una doctrina, que se la coma antes de que se la coma el templo; que la vierta, que la disuelva en su sangre, que la haga carne de su cuerpo... y que su cuerpo sea blsillo, arca y templo.
(León Felipe)"
• Porque la cultura es vida, y Jesucristo vino para que haya más y mejor vida (Jn. 10, 10).
• Si la "cultura" de un pueblo es "el modo peculiar como los hombres culivan su relación con la naturaleza, entre si mismos y con Dios" (GS 53), Cristo vino para que esta relación sea positiva y liberadora.
• La cultura es la "causa del hombre" y Jesús nos enseóa a golpear con respeto a la puerta de
esta casa (Ap. 3, 2220) y además se ofrece como "puerta" (Jn. 10, 7-10).
• Jesús pasó treinta aóos para inculturarse en Nazaret, tres aóos para evangelizar dicha cultura y tres horrras en la cruz par redimirla; seguirle es ser misioneros cristianos (cfr. Jn. 20, 21).
• "Podemos hablar de una CULTURA CRISTIANA cuando el sentir común de la vida de un pueblo ha sido penetrado interiormente, hasta situar el mensaje evangélico en la base de su pensar, en sus principios fundamentales de vida, en sus criterios de juicio, en sus normas de acción... Esta evangelización de la cultura se manifiesta en el proceso de inculturación, que es el "centro, medio y objetivo de la nueva evangelización" (Sto. Dgo. N 229).
SITUACIÓN
Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús, el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombre y apareciendo e su porte como hombre (Flp. 2, 5-7)"
Jesucristo, el gran misionero del Padre, se hace hombre, se hace cultura judía y nos indica que el camino de la misión es inserción, encarnación, asunción de todo lo verdaderamente humano (Sto. Dgo. N 228).
Si nuestra evangelización apunta a ser "nueva en el ardor" (entusiasmo misionero incontenible), "nueva en sus métodos" (caminos nuevos, imaginación, creatividad pedagógica en el anuncio y el testimonio), se hará también "nueva en su expresión", inculturando el Evangelio en la diversidad de las culturas y poniendo en diálogo la fe desde la mentalidad y la cultura de los oyentes.
El documento de Santo Domingo, para situarnos en este tema clave de la misión, nos invita a reflexionar y actuar sobre tres ejes:
1) la inculturción del Evangelio;
2) la cultura moderna;
3) comunicación social y cultura.
Queremos acercarnos e insertarnos a los pueblos indígenas y aroamericanos (Sto. Dgo. 243-251).
¿Qué siento frente a las culturas indígenas y afroamericanas? ¿Qué conocemos de ellas y cuáles serían los valores que podrían enriq uecer nuestra vida humna y nuestra manera de ser cristianos?
Atenderemos a la nueva evangelización de las grandes ciudades y a las áreas rurales que sienten ya el impacto de los cambios culturales (Sto. Dgo. 252-257).
¿Cuáles son los valores y antivalores de la cltura moderna? ¿Qué semejanzas y qué diferencias encontramos entre la "cultura urbana" y la "cultura rural"? ¿Qué valores crees que hay perdido la juventud actual y por qué? ¿Qué hacer par recuperar ideales motivadores?
Buscaremos impulsar una eficaz acción educativa y tener un decidido empeño por una moderna comunicación (Sto. Dgo. 263-286). ¿En qué aspecto podemos y debemos educarnos y educar más: en el doctrinal, el moral, el técnico? ¿Qué imagen del hombre, de mujer, de sociedad, de familia, de Iglesia y de Dios nos ofrecen los medios de comunicación social?
¿De qué manera podemos influir para que, en nuestro ambiente, se promueva la formación de
la conciencia crítica frente a los medios de comunicación social?
Por nuestra adhesión radical a Cristo en el bautismo nos hemos comprometido a procurar que la fe, plenamente anunciada, pensada y vivida, llegue a hacerse cultura (Sto. Dgo. 229).
¿En qué medida nuestro estilo de vida personal, grupal y eclesial refleja una "cultura cristiana"?
ILUMINACIÓN
Solemos cantar en nuestras celebraciones: "Creer es mirar con tus ojos, Señor y darle a la vida todo su valor". Y los ojos de Dios humanizados en Cristo Jesús nos permiten vivir cristianamente nuestra cultura y además cultivar actitudes de valoración, respeto, apoyo y solidaridad con las demás expresiones culturales, especilmente indígenas y afroamericanas (cfr. 231).
Siendo el desafío de la misión "evangeliar las culturas" e "inculturar el Evangelio" estamos invitados a vivenciar con más profundidad tres grandes misterios de la salvación: a) la Navidad, que nos llama a la "encarnación" e invita al misionero a compartir su vida con el evangelizado; b) la Pascua, que nos propone pasar de la "cultura de la muerte" a la "cultura de la vida", por el camino de la necesaria purificación; c) Pentecostés, cuando el Espíritu posibilita y capacita para comunicarse y entender en la propia lengua (cultura: lenguaje, símbolos, ritos) las maraaavillas de Dios (cfr. 230).
La espiritualidad navideña nos educa a descubrir las semillas del Verbo (Jesucristo) en cada cultura (Lc. 2, 1-20); el sentido pascual nos habla de liberación purificación, alianza, comunión, diálogo: Santo nos hace creativos a fin de poner en diálogo el 'Espíritu de la creación" (Gén. 2, 7) y el "Espíritu de la misión" (Jn. 20, 22); así como pasar del fracaso aislacionista de Gén. 11, 1-9 al optimismo comunicacional de Hech. 2, 1-11.
Convencidos de que "la acción de Dios a través de su Espíritu se da permanentemente en el interior de todas las culturas" cultivamos la esperanza de que el Espíritu que nos hace testigos de Cristo (Hech. 1, 8) nos está esperando en la "casa" de cada hombre, que es su cultura, y con esta visión seremos capaces de reconocer los valores existentes, asumir lo que hay de bueno en cada cultura e incorporar, en la cultura misma, nuevos valores evangélicos.
Más allá de los reales errores del pasado y del presente (cfr. N 248), nuestra actividad misionera, personal y comunitaria, de grupo y de Iglesia, debe partir de una actitud humilde, comprensiva y profética.
Además de esta actitud básica y fundamental, es bueno reflexionar acerca de las tres líneas de acción en orden a la "evangeliación de las culturas", que implican visiones y actitudes distintas:
1) La actitud "verticalista", que minimiza la cultura sobrevalorando el Evangelio. Es como un calar al hombre para escuchar a Dios. Evangelizar es sólo proclamar en la intimidad humana el Reino de Dios. Es evangelización sin promoción humana; es olvidar que "una fe que no se hace cultura es una fe que no ha sido tottalmente recibida, ni plenamente pensada, ni completamente vivida". Es la "verticalista" una actitud evangelizadora muy presente en los grupos evangelistas y pentecostales, y en ciertas expresiones carismáticas y biblistas de extracción católica. El anuncio termina a veces en un "lavado de cerebro".
2) Se opone a ésta la actitud "horizontalista"; consiste en vincular a Dios con el mundo de tal manera que "lo divino se confunda e identifique con lo humano". Se calla a Dios para que hable el hombre, se calla el Evangelio de Jesucristo, el Verbo hecho carne (Jn. 1, 1-18) dejando así infecundas las "semillas del Verbo" presentes en toda cultura (cfr. Sto. Dgo. 243).
Tiene el peligro de caer en el "culturalismo" olvidando que toda cultura (todo hombre y pueblo culturalmente identificado, a la vez que debe ser respetada, anhela nuevos partos por la fecundidad del Evangelio (cfr. Rm. 8, 19-25). Nuestra actitud debe inspirarse en la afirmación de Jesús: "No ha venido a abolir, sino a dar cumplimiento" (Mt. 5, 17). Esta actitud "horizontalista" tiene su expresión teórica y práctica en ciertos movimientos indigenistas de nuestro continente. Es la promoción humana sin evanglización; es cáritas sin catequesis; es identificar salvación con sanación.
3) Actitud de "teología de la cultura" (presente en los documentos eclesiales desde el concilio Vaticano II hasta Santo Domingo); parte de la visión teológica del mundo (mirado desde Dios) y señala que el Redentor asumió y elevó la creación; en la creación, en la cultura se hizo y se hace la redención; en la historia humana, en la cultura de los pueblos, arranca la salvación que no deja por lo mismo de apuntar a la "escatología", al más allá de Dios.
Esta tercera actitud debe ser la muestra en la medida que queremos seguir a Cristo Jesús a la manera católica y estamos convencidos que misionar tiene como "centro, medio y objetivo"inculturar el Evangelio (Sto. Dgo. 239). La síntesis entre fe y cultura no es sólo una necesidad de la ultura sino tambi´n de la fe. Esto implica el método misionero del diálogo, una experiencia personal y eclesial del Cristo integral y tottal, Dios verdadero y hombre igualmente verdadero; y un cncepto de cultura que, con Eliot, podríamos resumir como "el estilo de vida de un pueblo, su alma colectiva, que se configura a partir de la triple relación (con la naturaleza, con los demás y con Dios), donde el elemento fundante es Dios".
Una evangelización "completa y pegagógicamente ordenada" nos exige: proclamar la Buena Nueva o Evangelio a todas las culturas (ad gentes); infundir en la vida o cultura los principios y criterios evangélicos, llegando a la raíz de la misma cultura; transformar desde dentro al hombre y alcanzarlo en su totalidad, partiendo de su dimensión religiosa; discernir los desafíos manifestados en los "signos de los tiempos" (cfr. Lc. 12, 54 ss.), para consolidar los valores y derrocar los ídolos del proceso histórico y cultura de hoy; asumir completar, purificar y dinamizar la "Religiosidad Popular", sin olvidar que esta religión popular es lo más cercano que ha habido en el cristianismo latinoamericano a una "inculturación del Evangelio".
COMPROMISO
Reflexionando desde Deut. 30, 15-20, esclarecer a sols o en grupo o en comunidad qué se entiende por "Cultura de la vida" y "Cultura de la muerte" a nivel de vivencias personales, opciones familiares y estructuras sociales (buscar y analizar hechos actuales y concretos).
Buscar, analizar y dar a conocer los artículos de la Constitución Argentina reformada (1994) que tratan de los aborígenes de nuestro país.
Programar con tiempo el "mes misionero" (octubre) animando y reproponiendo los grandes temas de Santo Domingo: "Nueva Evangelización, Promoción Humana, Cultura Cristiana" (talleres, mensajes radiales, afiches parroquiales, etc.), para que nuestras parroquias sean más abiertas más flexibles, más misioneras.
Organizar un encuentro o taller con los jóvenes de la zona para contribuir en la formación de la conciencia crítica frente a los medios de comunicación social.
ORACIÓN
Había un hombre que tenía una doctrina, una gran doctrina que llevaba en el pecho (junto al pecho, no dentro del pecho), una doctrina escrita que guardaba en el bolsillo interno de su chaleco. La doctrina creció. Y tuvo que meterla en un arca de cedro, en un arca como la del Antiguo Testamento. Y el arca creció. Y se comió el arca de cedro al hombr y a la doctrina escrita que guardaba en el bolsillo interno de su chaleco.
Luego vino otro hombre que dijo: el que tenga una doctrina, que se la coma antes de que se la coma el templo; que la vierta, que la disuelva en su sangre, que la haga carne de su cuerpo... y que su cuerpo sea blsillo, arca y templo.
(León Felipe)"








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