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MISIONEROS EN CAMINO: XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A : PROGRAMA DE VIDA, HORIZONTES
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martes, 10 de junio de 2008

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A : PROGRAMA DE VIDA, HORIZONTES

LA HOMILÍA JOVEN
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Supongo, mis queridos jóvenes lectores, que nunca habéis estado en el Sinaí. Para empezar, os diré que se trata de una península ocupada por un desierto, que recibe el mismo nombre. Es un desierto inmenso, casi todo él de montañas de roca hiriente. Entre las formaciones que se alzan, se forman amplios valles de superficie arenosa, donde es posible detenerse y, en el caso del pueblo de Israel que huía de Egipto, acampar incluso. Otros no lo son tanto y corre por ellos, en momentos de tempestad, rápidas corrientes de agua, capaces de llevarse por delante todo lo que encuentran. Entre los centenares o millares de montañas que allí hay, se levanta el que recibe el nombre de Gbel Musa o montaña de Moisés, de 2285m de altitud. Lo he subido varias veces. La tradición señala que fue en su cima donde Moisés recibió las piedras en las que estaba escrita la Ley. Llegar a la cúspide supone unas dos horas y media de camino. Se practica por la noche, para no sufrir los rayos de sol, especialmente hirientes en este lugar y para poder contemplar el maravilloso espectáculo de la salida del sol. Poco antes de las seis de la mañana ocurre el fenómeno y van descubriéndose a la vista del peregrino, las inmensas montañas que se colorean de tonos rosáceos o azulados, según varía la incidencia de los rayos solares. Al pie de este monte se extiende una suave explanada donde pudo acampar, por largo tiempo, el pueblo escogido y ser el estadio nacional donde acontecieron tantos prodigios. No fueron competiciones deportivas lo que allí ocurrió. Fue lugar apto para grandes pactos y enseñanzas. He visto volar por el Sinaí alguna águila. Se dice de ella que incita a sus polluelos a saltar desde el nido al vacío, para que pierdan el miedo. Lo que está comprobado es que la madre observa a su hijito y si ve que no sabe volar y se estrellaría, vuela ella rápida y se sitúa debajo, extendiendo las alas para que repose en ellas el inexperto, aterrice suavemente y no muera. Valiéndose de este hecho, en este lugar y refiriéndose a este proceder, como parábola, Dios se declara protector de su pueblo. Un pueblo que recibirá sus favores, pero al que se le exigirá valentía y lealtad. No es un dios protector de holgazanes, ni miedosos. Serán pueblo sacerdotal y nación santa. Si esto se les dijo a ellos, y la historia da fe de que lo fue, mucho más se realizó para nosotros a partir de Cristo. A Él fuimos incorporados y de Él recibimos las mayores dignidades que se puedan imaginar, capaces de atravesar la frontera de la vida y podérnoslas llevar a la eternidad.

2.- En el capítulo décimo de San Mateo, del que este domingo leemos un trozo, se presenta el programa de vida más joven de los que en el Evangelio aparecen. Desearía, y esta semana rezaré especialmente para que sea realidad, que lo analizaseis con valentía. Jesús os invita a contemplar las necesidades que hay en el mundo. Lo hace bajo una imagen sacada de la agricultura. No olvidéis que estas palabras se pronunciaban en Galilea, que era y es, el granero de Israel. Vosotros os lo plantearéis de otra manera. Seguramente apelaréis al hambre, a la falta de alfabetización, a las necesidades sanitarias, a la ignorancia religiosa, a la ausencia de Fe y de Gracia. Una vez conscientes de estas carencias que se sufren, observad que Jesús escoge a algunos. No dice: esto deben iniciarlo y llevarlo a término todos, no. Llama a algunos por su nombre. Hoy hace lo mismo. Nosotros, vosotros mis queridos jóvenes lectores, somos de los elegidos. Nuestros oídos, masculinos o femeninos, deben escuchar su voz. Habla en el silencio y la soledad. Buscad rincones donde haya ambas cosas. Cerrad los ojos. Preguntaos si está pronunciando vuestro nombre. Cuando creáis oírlo, no tengáis miedo a decirle que sí, que estáis presentes y decididos a colaborar con Él.

3.- Olvidad por un rato los futuros que habéis imaginado para vosotros, en los que entraban los triunfos deportivos, las ocupaciones de prestigio, o los sueldos elevados. El éxito de los atletas olímpicos, los galardones de los famosos o el dinero de los mejores ejecutivos, se gasta y desaparece. Muchas veces llevan primero al desencanto, después a la desazón, para acabar en situaciones depresivas. Poneos a vosotros mismos ejemplos conocidos que os lo demuestren. Si pertenecéis a algún grupo cristiano, podríais dedicar alguna reunión a hacer una lista entre todos, de estos conceptos, conjuntamente.

Convencidos de que los logros deportivos, los éxitos populares, o las fortunas más grandes, no procuran la felicidad, empezad la lectura de este capítulo décimo. Leedlo entero. No os limitéis al fragmento inicial de este domingo o a otros de posteriores semanas. Y, mis queridas jóvenes lectoras, recordad que, aunque los nombres de los apóstoles sean, en este capítulo, masculinos, en otros lugares aparecerán algunos femeninos, son aquellas que le acompañaban ayudándole. Sin olvidar a María, la de Mágdala, que llegaría a ser apóstol de los mismos apóstoles, aquellos que en este fragmento son los escogidos.

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WebJCP | Abril 2007