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viernes, 27 de junio de 2008

¿Quién tiene el mando en casa?

Publicado por Contracorriente

Grupo de catequistas de Castroverde.
Publicado en Id y Evangelizad nº59

Hay un altar en nuestras casas

Las casas de los antiguos romanos tenían un altar donde la familia se reunía a dar culto a sus dioses. Allí el padre de familia oficiaba como sacerdote y honraba a los antepasados de esa familia y a los dioses del hogar, unos ídolos a los que llamaban los lares. Este gesto unía a la familia y le daba una orientación: había que vivir de modo que se contentara a los dioses y no se deshonrara la memoria de los antepasados.

En la tradición cristiana que han vivido nuestros pueblos también había altares en el hogar, desde el Corazón de Jesús entronizado, a esa foto de la patrona del pueblo donde nacimos o de la Virgen del Pilar, que no sólo nos recuerda un viaje, sino que es una referencia a la hora de dedicarle una mirada y elevar una oración. Existen también los altares móviles, esas urnas con una Virgen o la Sagrada Familia que van recorriendo el pueblo para que cada día una de las familias de la comunidad tenga una oración en torno a ella.

En la actualidad estas formas de piedad parecen que van desapareciendo, las imágenes pueden seguir ahí pero a los más jóvenes rara vez les despiertan una oración. La decoración doméstica se va secularizando, pero no por eso ha dejado de haber un altar en nuestras casas. Un altar que ocupa un lugar de preferencia mucho mayor que el que tuvieron los altares del paganismo romano o de la piedad cristiana. Un altar que reúne a la familia más veces, más tiempo y con mayor atención que nunca lograron los altares domésticos en otras culturas. ¿Qué altar es ese? ¿No lo habéis descubierto ya?

Ese altar es la televisión que preside los cuartos de estar como un sagrario preside una Iglesia. Un altar que con las nuevas tecnologías se hace incluso un retablo de gran tamaño gracias a las pantallas de plasma, y que invade todos los espacios con las pequeñas pantallas que se reparten por la casa desde la cocina a cada dormitorio.

Desde este altar se predica una forma de vida que también nos exige fidelidad. ¿Quién se atreve a ser un hereje y no vestir, opinar… como se lleva? ¿Quién se atreve a no vivir según los mandamientos de esta cultura?

Desde este altar se presentan a la adoración los ídolos de la música, el deporte, la política. ¿No habéis visto como se habla en la programación deportiva de alcanzar la gloria? ¿No se pide imitar a esos ídolos como se enseña a imitar a los santos? ¿No se reparte doctrina con historias ejemplares en las series de televisión divulgando nuevos modelos de familia?

De cara a la educación de nuestros hijos esta es una cuestión muy importante. Los datos del propio Ministerio de Educación demuestran que las horas de TV-internet de los niños y adolescentes son muchas más que las horas lectivas que tienen en un año. Muchísimas más que las horas de conversación con sus padres o de educación en la fe.

DIALOGAMOS EN GRUPO:
- Quién educa entonces a nuestros hijos?
- ¿Qué consecuencias tiene para ellos, cómo se refleja en su comportamiento?
- ¿Cómo podemos recuperar los padres protagonismo en la educación?

No es difícil que cuando la familia está reunida en torno a la tele alguien pregunte ¿Quién tiene el mando? Una pregunta que se las trae porque, en realidad: ¿Quién manda en casa? ¿Quién tiene más capacidad de marcar ciertos momentos del horario, de pedir e imponer silencio?… ¿Quién es más tiempo escuchado en nuestras casas? Si nos paramos a pensarlo es posible que a todas estas preguntas encontremos una misma respuesta: LA TELEVISIÓN.

Durante unas semanas vamos a hacernos conscientes de QUIÉN TIENE EL MANDO EN CASA. Muchas veces no es ni la madre ni el padre, sino, y aunque parezca mentira, quien tiene el mando es la TELEVISIÓN. Hoy se habla de que hay una crisis de autoridad, cosa que es cierta sólo en parte. Los padres en muchas ocasiones pierden la autoridad frente a sus hijos, pero esa misma autoridad perdida la recuperan los Medios de Comunicación. Y así vemos niños que desobedecen sistemáticamente a sus padres, pero aceptan a pies juntillas todo lo que les impone la tele: modas, músicas, ídolos, formas de hablar y de relacionarse... Estas actitudes que se hacen más evidentes entre los adolescentes se empiezan a dar desde la primera infancia.

Y lo que les pasa a los niños, mucho más indefensos, ¡también nos pasa a los adultos! Es la televisión la que nos marca horarios, conversaciones, comidas...

Vamos a observar, durante esta semana cómo es nuestra forma de ver televisión, si escogemos solo los programas que verdaderamente nos interesan, si la vemos por inercia, si la utilizamos como niñera... Para eso vamos a recoger en un cuadrante las horas que vemos la TV durante una semana.

Cada noche al terminar el día nos reunimos con los niños, hacemos una pequeña oración y nos preguntamos cómo hemos usado la televisión ese día, lo apuntamos en el cuadrante que hay a continuación y tenemos un diálogo sobre lo que nos ha aportado, sobre si podríamos haber hecho otras cosas más interesantes, si nos lo pasamos mejor jugando o viendo la TV, etc.

Después de analizar el tiempo que dedicamos delante de la TV podemos acordar tomar nuestras propias medidas (Apagar la TV durante las comidas, contarles un cuento y leer por las noches, escoger los programas que queremos ver a principio de la semana y el resto del tiempo estar sin la TV encendida...)

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WebJCP | Abril 2007