Publicado por Caritas Panamá
Deuteronomio 7, 6-11. 1
Juan 4, 7-16.
Mateo 11, 25-30.
¿De dónde viene esto de hablar, precisamente, del corazón de Jesús ? ¿Por qué, precisamente, hablar del “corazón” y no de cualquier otra parte de la persona de Jesús ?Porque, para el ser humano, el corazón designa el lugar en donde están las fuerzas vitales, decirle a alguien : “te amo con todo mi corazón”, tiene sentido. Es una forma de decirle a alguien : “te amo con lo esencial mío, te amo con todo mi ser”. Decirle a alguien “corazón”, es decirle : “eres algo esencial para mí”.
Decir que vamos a hablar del corazón de Cristo es una forma bien gráfica de decir que Dios nos revela el sentimiento que lo mueve. Es una forma de decir que Dios es amor. Es una forma de decir que conocemos lo esencial de Dios y que lo esencial de Dios no es otra cosa que el amor. El que ama conoce a Dios porque lo que hace que Dios sea Dios es que Dios es amor.
Esto, desde luego, tiene una consecuencia inmediata : ni los cristianos ni los sacerdotes somos defensores de la Ley, sino del amor ; no somos defensores de la Ley, sino de la misericordia. Puesto que somos, cristianos en general y sacerdotes, mensajeros de Dios, somos mensajeros del amor, no de la Ley.
Sabemos muy bien, por nuestra experiencia diaria, que hay palabras que dividen y que hay palabras que unen. Amor es una palabra que habla de unión; amor es una palabra que une.
Nada más bello se puede decir de Dios, que decir que Dios es amor. Nada más profundo se puede decir del amor, que decir que el amor es Dios.
El corazón es, por oposición a la cara (a la que vemos con sólo abrir los ojos), lo escondido, lo que corresponde a los sentimientos. Decimos de alguien que tiene cara de bueno, o buena cara, pero mal corazón, o que tiene un corazón duro. Así, pues, mientras el hombre, el ser humano, tenga corazón tendrá que hablar del corazón, y precisamente con la palabra “corazón”. Dios, en Cristo Jesús, tiene corazón humano, sabe lo que encierra el corazón humano, comprende el corazón humano. El Dios que nosotros adoramos es comprensible y agarrable solamente en lo humano, porque nuestro Dios está encarnado y no le podemos quitar la carne.
Contra todo lo que parece decirnos cada día la vida moderna, el amor no es simplemente dos en una cama. No se debiera poder decir : “hagamos el amor”, como si el amor fuera una cosa, como si el amor fuera cosificable. El amor es una actitud total, el amor es para vivirlo, el amor es para inspirar, llenar, mover la vida toda, la vida entera. El amor debe llenar de vida todo lo que es vida. Eso es lo que significa que Dios es amor, y que el corazón de Dios está lleno de amor y solamente de amor.
Finalmente, el corazón de Jesús nos garantiza, como idea teológica, que la última palabra de Dios en el mundo y hacia el mundo es el amor, y no la cólera ; el amor y no la Ley ; el amor y no la pura justicia.







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