Notable es que la liturgia de esta fiesta relacione de modo tan íntimo al Dios que celebramos con el pueblo que Él se eligió.
Hay dos preguntas en la primera lectura, una después de la otra: ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que te hablaba desde el fuego como la oíste tú, y pudo sobrevivir? Y continua así: ¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros...? Y como si fuera poco -insisto- en la fiesta de nuestro Dios, de su misterio más íntimo, la antífona del salmo es: ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!
Ahora pregunto yo: ¿no significará esto que este pueblo elegido por Dios tiene en el misterio que lo funda, lo establece su propio ejemplo y le muestra también como debe ser?
No será que los cristianos debemos tener un modo trinitario de ser. Ahora puede preguntar otro: ¿Modo trinitario? ¿qué es? Parece dificilísimo. Sí, no nos resulta fácil. Cuando hablo de trinitario modo de ser quiero decir esto: El Padre Dios no es un rey autocrático que todo decide y manda diferentes y bondadosos emisarios para hacer el bien por todo el mundo. Nosotros creemos que el Padre se abre en un maravilloso y absoluto amor hacia su Hijo. Ese es un amor sin reservas, sin guardarse nada, tan grande que debe llamarse infinito, tan infinito que es una Persona: el Espíritu. Esa es la intimidad de Dios. El Padre dialoga sin escondite. El Hijo se abre en confianza absoluta. El Espíritu activamente goza de esta divina corriente.
Nosotros fuimos creados por este Dios. Este Dios es el por amor, sin reservas nos llamó a ser. Hasta mi ser más personal tiene esta dimensión trinitaria. Aunque no nos resulta tan fácil dialogar con nosotros mismos, está en nuestra esencia profundamente arraigado.
Es el mismo Dios que en su intimidad es como una familia, nos llama a ser no-solitarios sino hombres y mujeres de comunión. El diálogo tan difícil con la esposa, con el novio, con el cuñado, es nuestra posibilidad más connatural. Y sin embargo tan común nos parece esa autoafirmación que deja tan poco lugar al modo de ser del otro. Sí, el diálogo es trabajoso pero el camino está abierto desde su misma definición; el palo en la rueda, la palabra por detrás, la falta maliciosa de sinceridad están por definición destinados al fracaso.
Tal vez pueda uno sentir una fugaz gloria, pero será tan fugaz...¡Cuánto más madura es la palabra sin miedos! ¡Cuánto mejor es animarnos a pensar diferente, a sentir diferente y animarnos en nuestras diferencias a hacer nuestro camino común! Pienso: Pero esto no es de este mundo. Tal vez no. Pero cuando veo lo que sucede a nivel internacional en los diferentes conflictos no puedo dejar de ver que siempre la autoafirmación se continúa en aplastar al otro sin reconocer sus elementales derechos.
Escuchar al Otro, escuchar al otro; comunicarme hacia el Otro, comunicarme hacia el otro me permitirán reconocerlo, reconocerlo y reconocerme: maravilloso proyecto de crecimiento. Dios nos bendiga.
Hay dos preguntas en la primera lectura, una después de la otra: ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que te hablaba desde el fuego como la oíste tú, y pudo sobrevivir? Y continua así: ¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros...? Y como si fuera poco -insisto- en la fiesta de nuestro Dios, de su misterio más íntimo, la antífona del salmo es: ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!
Ahora pregunto yo: ¿no significará esto que este pueblo elegido por Dios tiene en el misterio que lo funda, lo establece su propio ejemplo y le muestra también como debe ser?
No será que los cristianos debemos tener un modo trinitario de ser. Ahora puede preguntar otro: ¿Modo trinitario? ¿qué es? Parece dificilísimo. Sí, no nos resulta fácil. Cuando hablo de trinitario modo de ser quiero decir esto: El Padre Dios no es un rey autocrático que todo decide y manda diferentes y bondadosos emisarios para hacer el bien por todo el mundo. Nosotros creemos que el Padre se abre en un maravilloso y absoluto amor hacia su Hijo. Ese es un amor sin reservas, sin guardarse nada, tan grande que debe llamarse infinito, tan infinito que es una Persona: el Espíritu. Esa es la intimidad de Dios. El Padre dialoga sin escondite. El Hijo se abre en confianza absoluta. El Espíritu activamente goza de esta divina corriente.
Nosotros fuimos creados por este Dios. Este Dios es el por amor, sin reservas nos llamó a ser. Hasta mi ser más personal tiene esta dimensión trinitaria. Aunque no nos resulta tan fácil dialogar con nosotros mismos, está en nuestra esencia profundamente arraigado.
Es el mismo Dios que en su intimidad es como una familia, nos llama a ser no-solitarios sino hombres y mujeres de comunión. El diálogo tan difícil con la esposa, con el novio, con el cuñado, es nuestra posibilidad más connatural. Y sin embargo tan común nos parece esa autoafirmación que deja tan poco lugar al modo de ser del otro. Sí, el diálogo es trabajoso pero el camino está abierto desde su misma definición; el palo en la rueda, la palabra por detrás, la falta maliciosa de sinceridad están por definición destinados al fracaso.
Tal vez pueda uno sentir una fugaz gloria, pero será tan fugaz...¡Cuánto más madura es la palabra sin miedos! ¡Cuánto mejor es animarnos a pensar diferente, a sentir diferente y animarnos en nuestras diferencias a hacer nuestro camino común! Pienso: Pero esto no es de este mundo. Tal vez no. Pero cuando veo lo que sucede a nivel internacional en los diferentes conflictos no puedo dejar de ver que siempre la autoafirmación se continúa en aplastar al otro sin reconocer sus elementales derechos.
Escuchar al Otro, escuchar al otro; comunicarme hacia el Otro, comunicarme hacia el otro me permitirán reconocerlo, reconocerlo y reconocerme: maravilloso proyecto de crecimiento. Dios nos bendiga.








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