Publicado por Para la Oración
Hola:
Desgraciadamente, creo que aún no vivimos en la era del Espíritu. Sí quiero creer que vamos caminando, muy despacito, en esa dirección. Pero, de momento, cuando miro a la sociedad y cuando me miro a mí mismo, descubro más señales y más vestigios del hombre viejo que del hombre nuevo. Aunque cause tristeza reconocerlo, yo creo que hay que admitir que el hombre y la mujer de hoy está más esclavizados por el cuerpo, que dominado por el Espíritu. Hoy domina, y se ve inmediatamente en casi todos los medios de comunicación, el culto al cuerpo, al goce inmediato y pasajero, al éxito fácil, al poder y al dinero. ¿Dónde están esas lenguas de fuego, esas divinas llamaradas, que incendien en amor a Dios y al prójimo a nuestros gobernantes, a nuestros empresarios, a nuestros científicos e intelectuales, al hombre y mujer de la calle y a ti mismo?
Esa es la tarea para orar estos días de Pentecostés: incendiar el mundo con el fuego del amor, de la paz, del perdón, de la comunión y solidaridad universal, del verdadero Espíritu del Resucitado. Si tú y cada uno de los cristianos, hemos vivido ya nuestro Pentecostés particular, deberemos perder el miedo y salir a la calle con valentía, demostrando con nuestras palabras y con nuestro comportamiento que es el Espíritu de Jesús el que nos guía. Sólo así podremos celebrar con dignidad la fiesta de Pentecostés. ¡Camina hacia la era del Espíritu! Con esta esperanza ponte hoy en oración, rezando: ¡Ven, Espíritu divino!
En la mañana de Pentecostés, cuando los discípulos del Resucitado estaban reunidos en el mismo lugar, se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar cada uno en la lengua que el Espíritu les sugería. Estaban tan llenos del Espíritu que todas las palabras que decían y todos los gestos que hacían eran voz del Espíritu. Cuando la madre Teresa de Calcuta se acercaba a un enfermo, este inmediatamente la entendía, porque la veía llena del Espíritu y veía que le hablaba y le atendía con la voz y con el amor del Espíritu. El Espíritu siempre crea comunidad y comunión, porque el Espíritu es como una luz que penetra las almas y fuente del mayor consuelo; riega la tierra en sequía y sana el corazón enfermo. Preocúpate por tener el alma llena del Espíritu, para que las palabras que digas en cada momento sean palabras del Espíritu. Así, todos los que te oigan hablar te entenderán en su propia lengua.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu. Es decir, que para ser buena o buen cristiano da igual que tengas oficios y cargos más altos o más bajos, que seas más guapo o más feo, que hayas estudiado un poco más o un poco menos. Si todo lo que dices y haces, lo dices y haces en nombre del Espíritu y movido por el Espíritu, todo contribuirá al bien común. Lo importante es que realices con la mayor dignidad posible la función que te ha sido encomendada. No te van a juzgar por los muchos o pocos dones que hayas recibido del Espíritu, sino por el uso que hagas de esos dones recibidos.
11 de Mayo, Pentecostés, Ciclo A
Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.
Pentecostés tiene que ver con el viento recio del Espíritu, con las llamas de amor en el Espíritu –“como llamaradas”-, con el vino embriagador del Espíritu –“están llenos de mosto”-, con una comunidad creciente –“estaban todos juntos”-, con una llamada a la unidad y al entendimiento universal –“los oímos hablar en nuestras lenguas nativas”-. Son distintos signos y manifestaciones del Don de Dios.
1Cor 12,3-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu.
El Espíritu es rico en dones y carismas, que se distribuyen de manera diferente, pero conjuntada. El que está tocado por el Espíritu nunca rivaliza, siempre armoniza. Los dones y carismas se dividen para conjuntarse y complementarse, como si de un coro se tratara.
Jn 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
El Espíritu Santo es fruto de la Pascua. Jesús Resucitado lo comunica a sus discípulos, “exhalando su aliento sobre ellos”. El Espíritu es el aliento de Jesús, la vida de Jesús. Por eso no puede haber oposición entre el Espíritu Santo y Jesucristo. Hay compenetración. Jesucristo nos habla del Espíritu y el Espíritu nos habla de Jesucristo.
Cuando los discípulos recibieron el Espíritu, se hicieron más “cristianos”. Aprendamos de ellos.
* Algunas preguntas, por si ayudan a la oración personal... y de grupo:
• Sería aconsejable preguntarnos qué reacción causa en nosotros la palabra “Espíritu”. Busca algunos sinónimos...
• Escuchamos hablar mucho del Espíritu (de la oración, de la espiritualidad, del compromiso, de los Ejercicios...). Pero, ¿es este –siempre- el Espíritu que nos presenta la Biblia?
• ¿En qué podemos notar, experimentar, que el Espíritu nos acompaña?
Hola:
Desgraciadamente, creo que aún no vivimos en la era del Espíritu. Sí quiero creer que vamos caminando, muy despacito, en esa dirección. Pero, de momento, cuando miro a la sociedad y cuando me miro a mí mismo, descubro más señales y más vestigios del hombre viejo que del hombre nuevo. Aunque cause tristeza reconocerlo, yo creo que hay que admitir que el hombre y la mujer de hoy está más esclavizados por el cuerpo, que dominado por el Espíritu. Hoy domina, y se ve inmediatamente en casi todos los medios de comunicación, el culto al cuerpo, al goce inmediato y pasajero, al éxito fácil, al poder y al dinero. ¿Dónde están esas lenguas de fuego, esas divinas llamaradas, que incendien en amor a Dios y al prójimo a nuestros gobernantes, a nuestros empresarios, a nuestros científicos e intelectuales, al hombre y mujer de la calle y a ti mismo?
Esa es la tarea para orar estos días de Pentecostés: incendiar el mundo con el fuego del amor, de la paz, del perdón, de la comunión y solidaridad universal, del verdadero Espíritu del Resucitado. Si tú y cada uno de los cristianos, hemos vivido ya nuestro Pentecostés particular, deberemos perder el miedo y salir a la calle con valentía, demostrando con nuestras palabras y con nuestro comportamiento que es el Espíritu de Jesús el que nos guía. Sólo así podremos celebrar con dignidad la fiesta de Pentecostés. ¡Camina hacia la era del Espíritu! Con esta esperanza ponte hoy en oración, rezando: ¡Ven, Espíritu divino!
En la mañana de Pentecostés, cuando los discípulos del Resucitado estaban reunidos en el mismo lugar, se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar cada uno en la lengua que el Espíritu les sugería. Estaban tan llenos del Espíritu que todas las palabras que decían y todos los gestos que hacían eran voz del Espíritu. Cuando la madre Teresa de Calcuta se acercaba a un enfermo, este inmediatamente la entendía, porque la veía llena del Espíritu y veía que le hablaba y le atendía con la voz y con el amor del Espíritu. El Espíritu siempre crea comunidad y comunión, porque el Espíritu es como una luz que penetra las almas y fuente del mayor consuelo; riega la tierra en sequía y sana el corazón enfermo. Preocúpate por tener el alma llena del Espíritu, para que las palabras que digas en cada momento sean palabras del Espíritu. Así, todos los que te oigan hablar te entenderán en su propia lengua.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu. Es decir, que para ser buena o buen cristiano da igual que tengas oficios y cargos más altos o más bajos, que seas más guapo o más feo, que hayas estudiado un poco más o un poco menos. Si todo lo que dices y haces, lo dices y haces en nombre del Espíritu y movido por el Espíritu, todo contribuirá al bien común. Lo importante es que realices con la mayor dignidad posible la función que te ha sido encomendada. No te van a juzgar por los muchos o pocos dones que hayas recibido del Espíritu, sino por el uso que hagas de esos dones recibidos.
11 de Mayo, Pentecostés, Ciclo A
Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.
Pentecostés tiene que ver con el viento recio del Espíritu, con las llamas de amor en el Espíritu –“como llamaradas”-, con el vino embriagador del Espíritu –“están llenos de mosto”-, con una comunidad creciente –“estaban todos juntos”-, con una llamada a la unidad y al entendimiento universal –“los oímos hablar en nuestras lenguas nativas”-. Son distintos signos y manifestaciones del Don de Dios.
1Cor 12,3-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu.
El Espíritu es rico en dones y carismas, que se distribuyen de manera diferente, pero conjuntada. El que está tocado por el Espíritu nunca rivaliza, siempre armoniza. Los dones y carismas se dividen para conjuntarse y complementarse, como si de un coro se tratara.
Jn 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
El Espíritu Santo es fruto de la Pascua. Jesús Resucitado lo comunica a sus discípulos, “exhalando su aliento sobre ellos”. El Espíritu es el aliento de Jesús, la vida de Jesús. Por eso no puede haber oposición entre el Espíritu Santo y Jesucristo. Hay compenetración. Jesucristo nos habla del Espíritu y el Espíritu nos habla de Jesucristo.
Cuando los discípulos recibieron el Espíritu, se hicieron más “cristianos”. Aprendamos de ellos.
* Algunas preguntas, por si ayudan a la oración personal... y de grupo:
• Sería aconsejable preguntarnos qué reacción causa en nosotros la palabra “Espíritu”. Busca algunos sinónimos...
• Escuchamos hablar mucho del Espíritu (de la oración, de la espiritualidad, del compromiso, de los Ejercicios...). Pero, ¿es este –siempre- el Espíritu que nos presenta la Biblia?
• ¿En qué podemos notar, experimentar, que el Espíritu nos acompaña?








Adelante
Sigue Conociendo
INICIO





0 comentarios:
Publicar un comentario