LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: La palabra
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

lunes, 26 de mayo de 2008

La palabra

por Enrique Pinti
Publicado en LNR del 25 de mayo de 2008

Quien calla, otorga; quien habla de más, como buen comedido, siempre termina mal. "No aclares que oscurece" o "una imagen vale más que mil palabras", frases hechas que han gozado de cierta popularidad, son expresiones que tratan de relativizar –cuando no de negar– el valor de la palabra. Y aquí vuelven a surgir las aclaraciones siempre necesarias. No es lo mismo palabra que palabrerío, como no es lo mismo ser conversador que charlatán, ni verborrágico que embaucador. Se mezclan tanto las aguas que terminan metidos en la misma bolsa de desprestigio justos y pecadores.
La palabra es un don que los humanos tenemos como elemento precioso para comunicarnos socialmente. Lo que no quiere decir que necesariamente nos vamos a entender. La comunicación es enunciado; el entendimiento es razonamiento y pacto. Los idiomas de los que no pueden hablar por algún impedimento congénito son señas y códigos creados para que el puente con los otros no se corte, pero el mudo tiene que esforzarse mucho para emitir opiniones y discutir cuestiones de toda índole. Como siempre, el ser humano encuentra la forma de hacerlo, y muchos supuestos discapacitados se comunican a puro sentimiento mejor que algunos "parlantes", pero la palabra oral o escrita no puede reemplazarse fácilmente.
Esta mala prensa de la palabra se debe a muchos y diversos factores. En la primera fila de responsables están los políticos, que con sus falsas promesas –que vienen envueltas en discursos de brillante oratoria y hueca retórica– destruyen la fe de los pueblos y generan la desconfianza cuasi atávica que la masa siente ante el reiterado engaño. "Hechos y no palabras" o "mejor que decir es hacer", han sido algunas de las frases de gobernantes usadas como llave maestra para abrir la caja fuerte del apoyo popular.
Los charlatanes de feria, que van desde tenorios seductores hasta señoritas ligeras de manos para desplumar viejos verdes, son otros especímenes que no hacen honor al valor de la palabra. El embuste, la mentira y la defraudación moral se disfrazan con palabras salameras o con elogios interesados para que bajemos la guardia y seamos estafados en nuestra buena fe.
Cuentos del tío, venta de buzones, operaciones inmobiliarias totalmente truchas y testamentos de tíos ricos falsificados o hechos firmar aprovechando deterioros mentales de locura senil, son otras "joyitas" en los pasillos del museo del horror y la mentira.
Sin embargo, la palabra sigue siendo lo único que tenemos para explicar quiénes somos, qué queremos, qué nos falta o qué nos sobra. La palabra no necesita pilas, ni enchufes, ni cargadores, ni transformadores de corriente ni programas, y el único virus que la amenaza es la propia ignorancia, la falta de ejercicio y la pesimista creencia de que no sirve para nada.
Con la palabra –como con la energía atómica, las drogas o la tecnología de punta– se pueden hacer cosas maravillosas o cosas terribles, pero sin ella no se puede vivir.
No hay que archivar ese instrumento maravilloso. Los perros moviendo la cola y parándose en dos patas para manifestar su amor, o gruñendo y mostrando los colmillos para mostrar su enojo, son encantadores y se hacen entender con esos ojitos de carnero degollado con los que nos miran pidiendo afecto (y si es comida, mejor), pero nosotros les hablamos y la devolución que nos dan es como si nos entendieran. Algo debe de valer la palabra para que hasta los "supuestos irracionales" nos comprendan. La palabra es irrenunciable, y no usarla o tenerla prohibida es una de las peores cosas que nos pueden pasar.

0 comentarios:


WebJCP | Abril 2007