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MISIONEROS EN CAMINO: Domingo IV de Pascua - Ciclo A: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”
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jueves, 10 de abril de 2008

Domingo IV de Pascua - Ciclo A: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”


1.- No siempre es el salmo la pieza bíblica más comentada en las homilías. Pero este salmo 22 que es, sin duda, uno de los más bellos del salterio y emerge este cuarto domingo de pascua como una estrella de extraordinario brillo. Y es que el Señor nos lleva hacia fuentes tranquilas y con Él nada nos va a faltar. La lectura de sus versos se presenta en nuestro tiempo como un remedio anti-estrés o contra la depresión o desánimo que muchas veces nos inunda. Tenemos miedo a caminar por las cañadas oscuras de esta vida y esos caminos, real o aparentemente, llenos de dificultad, nos angustian y nos comunican sufrimiento. Además es frecuente que muchos cristianos utilicen el primer verso del salmo como jaculatoria: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”, lo cual es formidable. Pero, en fin, el Salmo es un acompañamiento más del resto de cada una de las tres lecturas del domingo. Y este cuarto de Pascua el evangelio de Juan nos cuenta que Jesús se declara como el Buen Pastor y lanza gravísimas acusaciones contra los falsos pastores.


El ejemplo pastoril es útil y muy descriptivo en sociedades agrícolas y ganaderas. Hoy lo es menos. Pero no podemos negar que todavía en muchas partes del mundo –incluso en los países desarrollados—se pueden contemplar a los rebaños con sus respectivos pastores. No ha desaparecido la práctica de buscar alimento en pleno campo para ovejas y cabras, porque, también, tiene un principio altamente ecológico. Además de limpiar los campos de los restos de la recolección anterior, sirve para mejorar la calidad de esos ganados. La cuestión es que la idea del pastor como protector y guía del rebaño es perfectamente entendible por nosotros hoy, aunque, por lejanía, no tenga el dramatismo que infiere Jesús de Nazaret a sus palabras en el relato evangélico de San Juan.

2.- Y esa es la parte nuclear del mensaje de Cristo de hoy. Pues el que no entra por la puerta del aprisco y salta la cerca es ladrón. El robo de ganado era frecuente –y lo sigue siendo—en esas comunidades ganaderas. Hay, sin duda, en las palabras del Señor una advertencia hacia los salteadores del espíritu. Dicen que los políticos engañan mucho y que solo buscan votos con sus programas electorales, para, luego, no cumplir nada. Pero, ¿no es más peligroso el embaucador religioso? Sí, porque cuando alguien cree profundamente en algunas de las verdades básicas que comporta el ejercicio de cualquier religión está inerme, está muy dispuesto a creer y seguir el camino de quien le habla. Los dramas humanos que se viven en las sectas son enormes. La tendencia al abuso, incluso al robo, de los líderes falsamente religiosos es muy frecuente. Y, probablemente, lo produce esa falta de capacidad de defensa del individuo ante algo que supone que es lo mejor.

Está claro que Juan evangelista prevenía ya a sus contemporáneos contra los abusos sectarios que en seguida surgieron en el entorno de la vida de la primitiva Iglesia. San Juan se batió el cobre contra la herejía gnóstica que negaba la humanidad de Jesucristo y condenaba la existencia normal de hombres y mujeres ya que ponía en un segundo plano lo corporal, cuando, en realidad, todo individuo es un conjunto armónico de cuerpo y alma. Pero es obvio también que ha surgido muchas disputas –demasiadas—en el seno y en la cercanía de la Iglesia por diferencias de criterios, algunos, que vistos ya a la luz de la historia, nos parecen hoy nimios, aunque, obviamente, otros no; otros son de una gravedad y de una mentira manifiesta.

3.- La enseñanza de Jesús es completa y nada equívoca. Él es la puerta. Él rodea y abarca con sus brazos amorosos todo el perímetro de la cerca del aprisco. No podemos equivocarnos. Y está claro que la Iglesia, aún con sus fallos humanos, al narrar bien la enseñanza de Cristo conforma los límites de la cerca que protege al rebaño. Luego, cada uno de nosotros, debe sentirse discípulo del Maestro y oveja del Pastor. El sentimiento ha de ser individual y colectivo. Ciertamente, un rebaño es lo más gregario que hay, pero sin el convencimiento personal, individual, no es posible formar parte libremente de nada.

4.- Tanto la primera lectura como la segunda nos presentan en estos domingos de Pascua a Pedro, el primer Papa, como protagonista. En los Hechos de los Apóstoles se van desgranando esos aconteceres que a partir de Pentecostés lanzaron a la Iglesia a su empresa milenaria, eterna. Las Cartas de Pedro son las primeras encíclicas y si leen con una cierta atención veremos como los sucesores de Pedro, en cierta medida, siguen en el fondo y en la forma esas exhortaciones petrinas. Este tiempo de Pascua nos comunica, por tanto, el inicio de la singladura eclesial. En este caso, y como no ha podido ser de otra forma, Pedro en su primera Carta nos habla del pastor y del guardián de nuestras vidas, ya no somos ovejas descarriadas.

Este tiempo de Pascua va llegando a su mitad. En la lejanía se nos presenta la Ascensión y Pentecostés como metas que van estando más cerca. Y es todo una secuencia. Jesús ascendió al cielo y nos dejó al Espíritu que iba a enseñarnos todos. El Espíritu lanza a la Iglesia a su actividad misionera permanente. Y hoy merece la pena recordar como se extendió su acción y doctrina tan rápido y por tantos lugares. Ahora que pensamos que todo en la Iglesia y en los católicos va lento y sin tono, deberíamos tomar el ejemplo de lo que se nos narra en estos domingos. Deberíamos abandonar nuestro pesimismo y nuestras pretensiones personales excesivas y confiar con fuerza, pero con sencillez, que el Señor Jesús es nuestro Único Pastor y que el Espíritu sigue siendo nuestro mejor caudal de conocimiento y formación.

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WebJCP | Abril 2007