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viernes, 31 de julio de 2009

LITURGIA VIVA: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B


1. Nuestra Hambre de Jesús
2. Pan Partido para un Mundo Nuevo

Saludo (Ver Evangelio de hoy)
Hermanos: Hemos estado buscando alimento perdurable, el verdadero pan del cielo, Jesús mismo.
Los que creen en él jamás tendrán sed.
Que Jesús nuestro Señor sea siempre nuestro alimento y nuestra bebida de vida, y que él esté siempre con ustedes.
R/ Y con tu espíritu

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)

1. Nuestra Hambre de Jesús

Jesús nos confronta hoy con esta pregunta: “Por qué me estáis buscando?” ¿Por qué buscamos nosotros a Dios, a Jesús? ¿Es únicamente por las cosas que él nos da? -- Recibimos mucho de Dios, es cierto, pero ¿buscamos a Jesús por él mismo, por lo que significa para nuestras vidas? Él es quien da sentido a nuestra vida y quien nos dice cómo podemos seguir creciendo como hermanos y hermanas suyos. Y él nos pide también que aprendamos de él a darnos a los demás, para llegar a ser, por nuestra entrega, como comida y bebida los unos para los otros. Pidámosle que nos enseñe cómo.


2. Pan Partido para un Mundo Nuevo

Hoy en día hay muchos millones y millones que padecen de hambre. Pero ¿es solo de pan, o de arroz o de su alimento básico? Como cristianos tenemos que preocuparnos por el problema del hambre en el mundo, pero no deberíamos olvidar la tremenda hambre espiritual, que anhela respeto de la dignidad personal y de los valores humanos, de justicia y de paz. Hay Alguien que vino a vivir entre la gente para satisfacer las más profundas hambres del hombre y se hizo a sí mismo pan para la vida del mundo. Es Jesús, el Señor, que está aquí en medio de nosotros. Si creemos en él y le seguimos en su camino de entrega de sí mismo, podemos trabajar por medio de él y con él para llevarle, a un mundo hambriento, el alimento eficaz que sacie toda clase de hambre.


Acto Penitencial

Pidamos ahora al Señor que perdone nuestros pecados; que esta eucaristía nos acerque más a él y suscite en nosotros sus mismos sentimientos y su mentalidad.
(Pausa)


* Señor Jesús, pan de vida, tú nos alimentas con tus palabras de vida. Señor, ten piedad de nosotros. R/ Señor, ten piedad de nosotros.

* Señor Jesús, pan de vida, tú te das a ti mismo en la eucaristía como comida y bebida. Cristo, ten piedad de nosotros. R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

* Señor Jesús, pan de vida, tú nos pides que por nuestra entrega nos convirtamos, los unos para los otros, en alimento y comida,. Señor, ten piedad de nosotros. R/ Señor, ten piedad de nosotros.


Señor, en tu bondad perdona nuestros pecados y susténtanos con tu cuerpo y con
tu sangre en nuestro caminar hacia la vida eterna. R/ Amén.

Colecta

Pidamos a Dios nuestro Padre que Jesús sea para nosotros pan de vida.
(Pausa)
Señor, Dios de vida:
Tenemos hambre de felicidad y de vida eternas
y de ver cumplidas todas nuestras esperanzas.
Sacia todas nuestras hambres
por medio de tu Hijo Jesucristo, nuestro pan de vida.
Y, cuando él nos haya colmado de sí mismo,
que nos guíe y fortalezca
para que sepamos proporcionar a un mundo que espera
el alimento de reconciliación y alegría
que solo tú puedes dar cabalmente.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor. R/ Amén.

Primera Lectura (Ex 16:2-4, 12-15): Dios Alimenta a su Pueblo.

En su marcha hacia la Tierra Prometida, el Pueblo de Dios de Israel tiene que aprender a confiar en Dios. Él se cuida de ellos y les da el maná como señal de su cuidado, cada día.

Segunda Lectura (Ef 4:17, 20-24): Llegar a Ser Nuevos en Cristo

Los cristianos no deberían dejarse llevar ya más ni por sus caprichos ni por deseos de inmediata gratificación personal, porque han llegado a ser nuevos en Cristo.
Evangelio (Jn 6:24-35): Yo Soy el Pan de Vida
Los judíos tienen hambre y ansían el pan. Jesús les dice que le busquen a él, Jesús mismo, que es el verdadero pan bajado del cielo. Él se les va a dar a sí mismo.


Oración de los Fieles (Dos opciones)

1. Tenemos Hambre de Jesús
Reunidos aquí en el nombre de Jesús nuestro Señor, traemos ante él las necesidades de su pueblo y todas las clases de hambre del mundo entero. Digámosle suplicantes:
R/ Señor, sé el alimento y la vida del mundo.


* Por la Iglesia, para que sus líderes y ministros alimenten al pueblo de Dios con el sólido y sustancioso alimento del Evangelio, roguemos al Señor.

* Por los millones de hombres y mujeres que hoy, en el mundo, no tienen bastante para comer y son demasiado pobres para llevar una vida realmente humana, para que los que viven en bienestar muestren auténtica compasión para con ellos. Compasión que les mueva a trabajar para que todos tengan una vida más decente y humana, roguemos al Señor.

* Por los cristianos divididos, para que pronto podamos partir juntos el único pan del único Señor, Jesús, roguemos al Señor.

* Por todas las comunidades cristianas, para que aprendamos a apreciar el tremendo valor de la eucaristía y sacar de ella la fuerza espiritual para entregarnos a nuestros hermanos, cercanos y lejanos, roguemos al Señor.

* Por todos nosotros, para que cada eucaristía en la que participamos se convierta en un encuentro real con el Cristo vivo; que él sacie nuestra hambre de cosas perdurables y nos ayude a amarnos más unos a otros, roguemos al Señor.


Señor Jesucristo, sé nuestro pan de vida, en la eucaristía; pero también sé la luz y la vida de todos los que te buscan, y el cumplimiento y alegría de todos los que te han encontrado. Permanece con nosotros ahora y por siempre. R/ Amén.

2. Pan Partido para un Mundo Nuevo (Del Congreso Eucarístico de Lourdes, 1981)
En memoria de tu Siervo Jesús, que partió para nosotros el pan de su amor y derramó por nosotros la sangre de su vida, y que ha hecho del servicio mutuo, del compartir y la solidaridad los signos de un mundo nuevo, te rogamos, Dios Padre nuestro, que envíes el aliento de tu Espíritu sobre nosotros, mientras decimos:
R/ Que tu nuevo mundo venga a nosotros.


* Que venga el mundo nuevo; que llegue el día en que los pobres ya no se vean en necesidad ni se sientan rechazados por la sociedad; que venga el mundo nuevo, cuando todos tengan suficiente alimento para comer. Que lleguen los días en que todos tengan un corazón de pobre según el evangelio. Roguemos al Señor.

* Que venga el mundo nuevo cuando la gente no viva ya más de pan material solamente, sino de la palabra de su Dios. Que lleguen los días en que los hombres no se callen ya más ni enmudezcan con temor, sino que abran sus corazones para alabar a su Dios. Roguemos al Señor.

* Que venga el mundo nuevo cuando todos sean llamados y acogidos como hijos de Dios. Que lleguen los días en que la misericordia se muestre a todos, porque habrá justicia, prosperidad y paz Roguemos al Señor.

* Que lleguen los días en que ya no haya más ni odio, ni rencor ni guerras; días en que los pequeños y los débiles no sean ya más despreciados, sino que puedan ser tratados como verdaderos hermanos y hermanas, viviendo en paz y trabajando todos por la misma paz y por el bienestar. Roguemos al Señor.


Padre de bondad: Danos la gracia de que el Espíritu de Jesús viva en nosotros, para que tu mundo nuevo vaya tomando forma en nosotros y siga creciendo progresivamente. Esta es nuestra súplica hoy, por mediación de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.


Oración sobre las Ofrendas

Oh Dios y Padre nuestro:
Para este banquete de acción de gracias
traemos ante ti pan y vino,
regalos que tú mismo nos has dado.
Ellos expresan nuestra vida, con sus luchas.
Te pedimos que se conviertan en signos vivos
de la presencia entre nosotros de tu Hijo,
de modo que él nos sustente
en nuestro viaje a la vida y a la gloria eternas
y nos disponga a entregarnos con él
por la vida y felicidad de todo tu pueblo.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. R/ Amén.


Introducción a la Plegaria Eucarística

Con un solo corazón y una sola voz alabemos y demos gracias al Padre porque a través
de Jesucristo ha dado sentido a nuestras vidas y nos ha prometido una vida y alegría sin fin.


Invitación al Padre Nuestro

Con las palabras de Jesús, nuestro pan de vida, pidamos a nuestro Padre del cielo
que nos dé siempre su pan, el de la eucaristía: R/ Padre nuestro...

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días.
Haznos nuevos de mente y de espíritu,
créanos de nuevo a tu imagen y semejanza
y aliméntanos con el pan de vida
mientras esperamos con alegre esperanza
la venida gloriosa de Aquél
que nos llevará a tu felicidad eterna,
nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino...

Al Partir el Pan
El pan que ahora partimos
es el pan de vida destinado a ser compartido por todos.
Fortalecidos con este alimento
trabajemos esforzadamente
para que nadie permanezca ni hambriento ni sediento.


Invitación a la Comunión

Éste es Jesús, el Señor, el verdadero pan del cielo
que sacia toda clase de hambre.
Él nos dice ahora: “Yo soy el pan de vida
Quien viene a mí ya no tendrá más hambre;
quienquiera que crea en mí no tendrá más sed.”
Dichosos nosotros invitados a este banquete de salvación.
R/ Señor, no soy digno...


Oración después de la Comunión

Oh Dios, Padre amoroso:
En el pan partido aquí para nosotros
reconocemos a Quien es la luz de vida,
Jesucristo, tu Hijo.
Danos siempre este pan;
que la eucaristía sea nuestro “pan de cada día”,
que resulta más sabroso cuando se comparte
con los que padecen cualquier clase de hambre.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. R/ Amén.


Bendición

Hermanos: El Señor mismo nos ha dicho hoy: “No trabajen por el alimento que perece, sino por el alimento que da vida.” Busquemos, pues, en nuestra vida al Señor y sus cosas de valor eterno: integridad, justicia y amor.
Que éste sea nuestro camino hacia Dios y hacia nuestros hermanos y hermanas, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. R/ Amén.

Podemos ir, como pueblo renovado por Cristo, en justicia y santidad. R/ Demos gracias a Dios.

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DESCUBRIR A DIOS EN MÍ Y AMAR A QUIENES ME NECESITAN: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B

Por Fray Marcos
Publicado por Fe Adulta

CONTEXTO

Seguimos en el capítulo 6 del evangelio de Juan, pero hemos pasado por alto el relato de la travesía del lago y la aparición de Jesús andando sobre el agua.

La lectura de hoy afronta directamente la discusión con los judíos. En el versículo 59, se dice expresamente que el encuentro tuvo lugar en la sinagoga de Cafarnaún. Lo que no está claro en el texto es si se trata de la misma multitud que comió el pan, o se trata de un número más reducido de personas.

En todo caso, se plantea una discusión larga y dura, en la que Jesús va concretando y profundizando las exigencias de su mensaje. Por parte de los oyentes se va acentuando la distancia a medida que Jesús va aquilatando el discurso.

Resumimos ese proceso:

Entusiasmo,
duda,
desencanto,
desilusión,
oposición,
rechazo,
abandono.


EXPLICACIÓN-APLICACIÓN

Jesús no contesta a la pregunta, ¿Cómo y cuándo has llegado aquí?, sino a las verdaderas intenciones de la gente. Con ello está separando lo que no tiene ninguna importancia (cómo llegó), lo que tiene una importancia relativa (el alimento material) y lo que la tiene de verdad (el compromiso humano al que quiere llevarlos).

Me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. La “señal” había sido una invitación a compartir, Pero ellos se fijaron sólo en la satisfacción de la propia necesi¬dad. Han vaciado el “signo” de su auténtico contenido.

Esa búsqueda de Jesús no es correcta, porque sólo pretenden seguridades para esta vida. Jesús va directamente al grano y desenmascara su intención. No le buscan a él sino el pan que les ha dado. No le buscan porque les haya abierto las puertas de un futuro más humano.

Esas palabras que Juan pone en boca de Jesús, critican la religión de todos los tiempos. Todas las religiones terminan manipulando a Dios para ponerlo a su servicio interesado. Terminan todas haciendo una oferta de seguridades, no solo para el más acá sin para el más allá.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que dura dando Vida definitiva. La propuesta de trabajar por el alimento que da Vida, es el resumen de todo su mensaje. Vale lo mismo para aquel tiempo que para hoy. Trata de advertir de la facilidad que tiene el hombre de malograr su vida enredándose en lo puramente material o dejándose llevar por lo sensible.

La búsqueda del verdadero pan exige esfuerzo. Es un sendero de lucha, de superación, de purificación, de regeneración, de muerte y nuevo nacimiento.

Ese alimento que perdura lo da Dios gratuitamente, pero por medio de Jesús. Dios ha acreditado a Jesús como conocedor de la divinidad y de la humanidad, como revelador del misterio de Dios y del hombre.

Sin alimento no se puede encontrar camino alguno. Por eso hay que escucharle cuando habla de otro tipo de comida que es la que me salva.
También hay que trabajar por el alimento que perece, pero no debe ser el objetivo último de nuestro trabajo.

Los judíos muestran un cierto interés por enterarse, pero como se demostrará más tarde, es puramente superficial. Acostumbrados a moverse a golpe de preceptos, preguntan a Jesús por las normas. No son capaces de pensar que Dios pueda dar algo por nada.

Éste es el trabajo que Dios quiere, que prestéis adhesión al que él ha enviado. Conocer lo que Dios espera de nosotros, sería el verdadero camino para llegar, pero ese interés es sólo aparente, en los judíos y en nosotros. En realidad no nos interesa demasiado lo que Dios quiera o no quiera. Lo que de verdad nos interesa es lo que nosotros esperamos de Dios. Para asegurar ese interés, nos hemos fabricado un Dios a nuestra medida...

De todas formas Jesús le dice lo que Dios espera de ellos: que crean. La eterna discusión entre fe y obras queda superada de una manera drástica: creer es la obra primera y más importante que Dios espera de nosotros.

Pero inmediatamente viene la institución y nos dice: lo que Dios quiere es esto y aquello; que no es más que lo que les interesa a los dirigentes de turno.

Jesús no vino a dar nuevas normas morales; vino a enseñarnos el camino de la Verdad y de la verdadera Vida. Lo que tengo que hacer en la práctica de cada día, lo tengo que descubrir yo, no me tiene que llegar de fuera como una programación, no tengo que ser un robot al que le han introducido un programa.

Lo que Dios quiere es que lleguemos a nuestra plenitud, y el “mapa de ruta” para llegar, está en nuestro interior, no fuera.

A Dios le importa mucho más lo que somos que lo que hacemos. Es verdad que lo que hacemos depende de lo que somos. Nosotros no podemos conocer lo que somos sino a través de lo que hacemos. Dios no necesita de nuestras obras para saber lo que somos.

Otra vez nos muestra nuestra fundamental ceguera cuando estamos preocupados por lo que Dios quiere que hagamos o dejemos de hacer. Solo una cosa es fundamen¬tal: creer.

Pero también aquí llega la institución y nos dice lo que es creer: la aceptación de una serie de verdades teóricas, y nos quedamos tan tranquilos. En la Escritura nunca se alude a le fe en este sentido; en la Biblia creer es tener confianza en...

Esto es lo que pide Jesús a sus oyentes. Pero inmediatamente tergiversamos esa confianza y la convertimos en una esperanza de que Dios cumpla nuestros deseos; en vez de confiar en lo que Dios quiere para nosotros y por lo tanto intentar descubrir esa voluntad, no como venida de fuera, sino como inserta en la raíz de nuestro propio ser.

La clave está en saber pasar de un pan a otro pan.

¿Qué señal realizas tú para que viéndola te creamos? ¿Qué obras haces? La exigencia de una señal para creer, es la mejor demostración de que no creen. Estarían dispuestos a aceptar un Mesías, semejante a Moisés, que demostrara su valía a base de prodigios (por eso querían hacerle rey). El maná estaba considerado como el mayor de los milagros. Exigen de Jesús que legitime sus pretensiones con otro prodigio igual o mayor.

Pero la Vida que Jesús promete no viene de fuera y espectacularmente. Está en cada uno y se manifiesta en lo cotidiano, como amor desinteresado, como preocupación por el otro.

No os dio Moisés el pan del cielo; no, es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Aquello no era más que un símbolo. La realidad está en Jesús, verdadero pan del cielo, que alimenta la verdadera Vida. Recordemos que los rabinos consideraban la Torah como el pan que Dios les había otorgado. Ahora es Jesús la única Ley que salva.

Danos siempre pan de ese. Reacción aparentemente sincera, pero radicalmente equivocada. Le llaman Señor, creen de alguna manera en sus palabras. Esperan que satisfaga sus anhelos, pero no le dan su adhesión, sólo buscan una salvación que les llegue de fuera sin que ellos tengan que hacer nada. Lo que intentan es aprovecharse de una persona, que se muestra salvada y que ha dado muestras de su capacidad de salvar.

Yo soy el pan de Vida. Es una de las claves de todo el discurso, pero es también el tema esencial de todo el evangelio de Juan. En el diálogo con Nicodemo: hay que nacer de nuevo. A la Samaritana le dice lo mismo: Yo te daría agua viva. En todos los grandes discursos, que encontramos en este evangelio, se hace referencia a la Vida con mayúscula.

Se trata de una realidad que no podemos explicar con palabras, ni meter en conceptos humanos. Solo a través de símbolos y metáforas podemos indicar el camino de una vivencia que es lo único que nos llevará a descubrir de qué se está hablando.

El que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mi no pasará nunca sed. La manera de convertir a Jesús en pan de Vida, no es esperando que les saque las castañas del fuego. Jesús será alimento si de verdad van a él y creen en él.

¿Qué significa, “ir a él, creer en él?” Aquí radica todo el meollo del discurso. Esto es lo que tenemos que aclarar también nosotros hoy. El resto del discurso intenta dar respuesta a esta pregunta, y el resultado fue un rechazo total.

Lo que nosotros aceptamos como cristianismo, ¿es realmente lo que esperaba Jesús? Los mandamientos los cumplían los judíos del tiempo de Jesús, sobre todo los fariseos, mucho mejor que nosotros. Cumplir una serie de ritos y ceremonias, tampoco es lo que esperaba Jesús, porque son un invento posterior.

Lo que pretendía, era que los seres humanos descubrieran que se podía vivir desde una perspectiva diferente, que alcanzar la plenitud humana significaba descubrir lo que Dios es en cada uno de nosotros y una vez descubierto ese don total (Vida), respondiéramos de la misma manera, amando; no a Dios, sino a los demás, que son los que me necesitan.

Es verdad que lo que propone Jesús está en contra de toda lógica racional. Nos está diciendo, que el pan que da vida no es el pan que se recibe y se come, sino el pan que se da. Si te conviertes en pan como él, entonces, ese darte, se convertirá en Vida.

Jesús no invita a buscar la propia perfección, sino a desarrollar la capacidad de darse a sí mismo. Buscando su perfección el hombre edifica su propio pedestal, para colocar allí su falso yo. Sólo dándose, superará el individualismo egoísta y alcanzará unidad y plenitud.


Meditación-contemplación

“El que viene a mí no pasará hambre,
el que cree en mí nunca pasará sed”.
Pasar hambre o tener sed es carencia de vida fisiológica.
Pero es una gran metáfora aplicada a la Vida espiritual.
La Vida espiritual también necesita de alimento.
……………….

Juan presenta a Jesús como el alimento que da Vida.
Para que alimente, hay que comerlo y beberlo,
pero sobre todo, tengo que asimilarlo,
descubriendo dentro de mí, lo que le dio a él esa Vida.
…………………..

Esa Vida es la misma Vida de Dios que se nos ha comunicado.
Como Jesús, tenemos que descubrirla
y dejar que nos atraviese desde lo hondo del ser.
Esa Vida es un don, pero tenemos que aceptarlo personalmente.
…………………..

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Evangelio Misionero del Día: Sábado 01 de Agosto de 2009. XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO


Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 1-12

La fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: «Éste es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, su hija, también llamada Herodías, bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y ésta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

El costo de ser profeta
San Mateo 14, 1-12
“Su bandeja fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha”


Ante la persona de Jesús siempre se toma alguna posición. En el texto de ayer vimos la reacción de las personas familiarizadas con Jesús desde pequeños, hoy vemos la reacción de uno que ni siquiera lo ha visto, uno –por así decir- extraño a Jesús: el rey Herodes, rey (con título de Tetrarca) de la región donde Jesús está evangelizando.

Con el rey Herodes como protagonista tenemos hoy el segundo cuadro de la galería de las experiencias de fe. Pero de nuevo tenemos la antítesis de la fe: un hombre que no comprende la identidad de Jesús (dice: “Ese es Juan el Bautista, él ha resucitado...”), que saca conclusiones rápidas acerca de Jesús (“... por eso actúan en él fuerzas milagrosas”). Para Herodes la persona de Jesús es el fantasma de su víctima.

El texto de hoy lo podemos leer desde tres ángulos:

1. La evangelización llega al rey. El evangelio no sólo llega a los ambientes populares sino que resuena también en el palacio del rey (“Se enteró el rey Herodes de la fama de Jesús”). Esta es la evangelización que toca las estructuras del poder, los centros de decisión. Y también aquí encontramos resistencias para que el nombre de Jesús sea aceptado de manera que todos se descubran amados, perdonados y salvados. El evangelio llega allí donde pueden incubarse actitudes de sometimiento del otro para generar un hombre nuevo, no centrado en sí mismo sino en el servicio (ver Mt 20,25-26).

2. La falsa idea que el rey se hace de Jesús. Las “fuerzas milagrosas” de Jesús tienen su explicación –según Herodes- en un eventual resurrección de Juan Bautista y no en la novedad del Reino predicada por Jesús y de la cual el Bautista había sido el precursor y el último de sus profetas (ver 11,13). El rey no es capaz de dar un paso adelante en el itinerario histórico-salvífico. La actitud de Herodes ante Jesús concuerda mucho con el sentir popular que se expresará más adelante cuando Jesús pregunte qué es lo que la gente piensa de él (ver Mt 16,13-14).

3. El pecado del rey. Cuando Herodes escucha hablar de Jesús lo que emerge en su conciencia es la historia de su pecado (“lo que sucedió es que...”, v.3): el asesinato de Juan Bautista víctima de su negativa para cambiar su vida de pecado (14,4), de su miedo a la impopularidad (14,5) y de su estupidez como gobernante (14,7 y 9). La historia del martirio de Juan en realidad le hace un juicio al rey, poniéndose así de relieve para nosotros los lectores, cómo es un modo de pensar y de actuar incompatible con el evangelio.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué cobertura tiene mi acción evangelizadora? ¿Me preocupo por llevar la Palabra hasta los centros de decisión que hay hoy? ¿Qué es lo que Jesús quiere transformar allí?

2. ¿Quién era Jesús para Herodes? ¿Quién es Jesús para mí?

3. ¿Qué me enseña la historia del martirio de Juan? ¿Cuál es mi pecado que me puede llevar a hacer a otros “víctimas” de mis errores?

“Mirad a los hombres, vuestro prójimo, imagen de la Santísima Trinidad, hecho para compartir su Gloria, con el universo a su servicio, miembros de Jesucristo, rescatados a toda costa de tantos dolores, oprobios y sangre. Mirad su inmensa miseria (…).

Si considerarais atentamente la obligación que tenéis de centraros en el honor de Jesucristo y la salvación de los hombres, veríais qué deber es para vosotros el estar listos para todo trabajo y esfuerzo a fin de llegar a ser aptos instrumentos de la gracia de Dios”
(Carta de San Ignacio de Loyola a los hermanos de Coimbra)

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jueves, 30 de julio de 2009

La Iglesia de Latinoamérica opta por los indígenas

Por Juan Ignacio Cortés
Publicado por Vida Nueva

A principios de junio, el estallido de violencia en Bagua, localidad de la Amazonía peruana, sacó a la luz una silenciosa y dramática lucha que se libra desde hace decenios en la cuenca amazónica. ¿Quiénes son los protagonistas? Los pueblos indígenas y las empresas que buscan explotar los inmensos recursos naturales de sus tierras. ¿Qué está en juego? Derechos humanos, sabiduría ancestral, el medio ambiente del planeta y miles de millones de dólares. El panorama no es halagüeño para los que creen en otras sociedades posibles, no dominadas sólo por el afán de lucro. Pero hay lugar para su esperanza. Y en ello tiene mucho que ver la Iglesia.

No se puede negar el papel de sanción moral de la conquista de América Latina que tuvo la Iglesia en siglos pasados. La evangelización de los pueblos justificó y camufló el ardor guerrero y depredador de los conquistadores. Pero las cosas han cambiado. En gran parte, porque el concepto de evangelización también lo ha hecho.

Un buen ejemplo es el testimonio del hermano Carlo Zacquini, misionero de la Consolata, al que conocí en Boa Vista, la capital del Estado brasileño de Roraima, en 2003. En casi 40 años de presencia entre los yanomami, había contribuido decisivamente a crear organizaciones indígenas y a que el Estado reconociera y protegiese el territorio ancestral yanomami. Sin embargo, aseguraba que no había bautizado a ningún indio. Qué sentido tenía, pues, su trabajo entre ellos, le pregunté. Con la mayor paz del mundo, respondió: “Nuestra presencia busca, sobre todo, que sobrevivan. Bueno, no sólo que sobrevivan, sino que tengan vida y vida en abundancia, como dice el Evangelio”.

Este ideal de presencia generosa de la Iglesia en medio de los pueblos indígenas no es una cuestión personal. La Iglesia latinoamericana en su conjunto lo acepta y proclama, como refleja el documento final de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en el santuario de la Virgen de Aparecida (Brasil), en mayo de 2007. Ese documento profundiza en la línea abierta por el Episcopado latinoamericano en Santo Domingo, en 1992. Ya ahí se fijaban los dos objetivos fundamentales a los que debería encaminarse la acción de la Iglesia entre los pueblos indígenas: llevar a cabo una evangelización inculturada y defender sus derechos.

Según Rodolfo Valenzuela, obispo de Vera Paz (Guatemala) y responsable de la Sección Pueblos Originarios, del Departamento de Cultura y Educación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), “la evangelización debe respetar los modos culturales y no pretender la implantación del cristianismo en su modo europeo, occidental, sino el surgir del cristianismo en cada cultura, partiendo de sus pensamientos, expresiones y valores”.

Esta opción indigenista se ha abierto paso no sin dificultad. En 1997, un documento de la Articulación Ecuménica Latinoamericana de Pastoral Indígenas (AELAPI), organización que reunía a agentes de pastoral de diversas confesiones cristianas, constataba las dificultades que tenía o había tenido la opción por los indígenas en la Iglesia. “Muchos agentes de pastoral o comisiones nacionales de pastoral indígena vivieron momentos de tensión con sus superiores… Había cierta resistencia de sectores de las Iglesias respecto a una pastoral o evangelización inculturada y liberadora”.

indigenas-catedral-quitoFormación de líderes

Sin duda, esas tensiones aún existen, pero el compromiso de la Iglesia latinoamericana con la defensa de los derechos de los indígenas se ve en multitud de ejemplos. La tarea ha desbordado las fronteras del asistencialismo religioso y local y ha optado por la estrategia de la formación de líderes y la conservación y valorización de las culturas indígenas. Iniciativas como el CAAAP han sido decisivas en lo primero. Un buen ejemplo de lo segundo lo tenemos en Ecuador. Allí opera la editorial Abya Yala, una de las más prestigiosas de Sudamérica en lo que a temas indígenas se refiere. Creada por el P. Juan Botasso y ligada a instituciones misioneras, ha sido distinguida con numerosos premios. Tiene más de 1.600 títulos de 2.000 autores, 320 de los cuales son indígenas. Ecuador es, precisamente, uno de los países de la cuenca amazónica en los que el trabajo de la Iglesia al lado de los indígenas tiene una trayectoria más larga.

Y un referente indiscutible: Leónidas Proaño. El llamado “obispo de los indios” fue titular de Riobamba durante 31 años. Muy adelantado a su tiempo, impulsó en 1957 un proyecto de reparto de tierras de la diócesis entre las comunidades indígenas. Su ejemplo fue la semilla para que la Conferencia Episcopal de Ecuador cuente con un activo Departamento Nacional de Pastoral Indígena, desde 1985, para “evangelizar las Culturas de los Pueblos Indígenas, con respeto afectivo y práctico hacia su entidad, cosmovisión y valores propios”, y para “escuchar sus justas aspiraciones, promover su formación integral y acompañar pastoralmente sus organizaciones”.

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XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35): “El que viene a mí no pasará hambre ni sed”



Éx 16,2-4.12-15: “Yo haré llover pan del cielo”
Sal 77, 3-4.23-25.54: “Danos, Señor, el pan de la vida”
Ef 4, 17.20-24: “Vístanse de la nueva condición humana”
Jn 6,24-35: “El que viene a mí no pasará hambre ni sed”

La primera lectura, del Éxodo, nos recuerda cómo el desierto es la carencia de todo. A toda persona le llega de vez en cuando su desierto: la situación crítica en la que parece que no se encuentran soluciones de ayuda para sobrevivir a tan crítica situación. Al pueblo de Israel le era muy provechoso el tener que estar en el desierto donde todo falta, para que pudiera experimentar el portentoso modo que Dios tiene para ayudar a los que en Él confían. En el desierto el Pueblo de dios aprende a experimentar la condición de “pobre”, de “necesitado de todo” del auxilio de Dios. Esto le será útil para el crecimiento de su fe y de su esperanza en las ayudas milagrosas. En la península del Sinaí hay un arbusto llamado “tamarisco”. Produce una secreción dulce que gotea desde las hojas hasta el suelo. Por el frío de la noche se solidifica y hay que recogerla de madrugada antes de que el sol la derrita. ¿Sería esto lo que Dios le proporcionó a su pueblo, multiplicándolo claro está, de manera prodigiosa? Lo cierto es que los israelitas consideraron siempre la aparición de este alimento como una demostración de la intervención milagrosa a favor de su pueblo. Lo llamaron “maná”, porque los niños al comerlo preguntaban: “¿qué es esto?, “lo que en su idioma se dice: “Man-ah?”. También es llamado por los salmos “pan del cielo” (Sal 78) y el libro de la Sabiduría dice que, “sabía a lo que cada uno deseaba que supiera” (Sab16,20). Jesús dirá que el Verdadero Pan bajado del cielo será su cuerpo y su sangre. O sea que este maná milagroso del desierto era un símbolo y aviso de lo que iba a hacer Dios más tarde con sus elegidos, dándoles como alimento el cuerpo de su propio Hijo divino.

La segunda lectura continuada de la carta a los Efesios pide a los creyentes que se dejen renovar por el Espíritu Santo y pasen de un modo de obrar no digno del ser humano, a un modo de obrar digno de quien tiene fe en Cristo. Pide que abandonemos nuestro estilo anterior de vida pecaminosa y marchemos en adelante por un nuevo camino de vida cristiana. Se nos invita a no dejarnos guiar por esta “vaciedad de criterios”. En estos pocos versículos continúa la exhortación a buscar la unidad y a vivir dignamente la propia vida cristiana, guiada y fundamentada en un verdadero conocimiento de Cristo. Pablo desarrolla este argumento jugando con la antítesis del ser humano viejo y el ser humano nuevo (Col 3,9-10; 1Cor 5,7-8). Elegir la novedad, lo nuevo, es elegir a Cristo. Esto significa romper con el viejo ser humano pecaminoso, con el pecado del mundo, para estar dispuestos a una continua renovación en el Espíritu, a vivir en la justicia y santidad y ser justos y rectos. Este texto es una clara respuesta a quienes piensan que el cristianismo simplemente es una cosa del pasado.

El evangelio de hoy, de Juan, el discurso del pan de vida, se desenvuelve en tres afirmaciones lógicamente sucesivas, y la primera que presenta este texto es: el real o verdadero “pan del cielo” no es el maná dado una vez por Moisés, contrariamente a lo que la gente pensaba (v.31). Es literalmente el pan que ha bajado del cielo. Dios, no Moisés, es quien da este pan (v.32). Jesús ha realizado signos para revelar el sentido de su persona (domingo anterior), pero la gente sólo lo han entendido en la línea de sus necesidades materiales (6,26.12). Jesús ha querido llevarnos a la comprensión de su persona, porque sólo a través de la fe pueden entender quien es él y sólo así podrá donarse a ellos como comida: pero para hacer esto es necesario trabajar o procurar por un alimento y una vida que no tienen término y que son dones del Hijo del hombre (v.27). Los judíos piensan de inmediato en las obras (v.28; Rm 9,31-32), pero Jesús replica que sólo una obra deben cumplir: creer en él (v.29; Rm 3,28), reconocer que tienen necesidad de él, como se tiene necesidad del alimento material. Al considerar la exigencia de Jesús muy grande es por lo que piden una demostración de los que afirma realizando una señal que al menos se compare con aquellas realizadas por Moisés (vv. 30-31), pues aquellas que acaba de realizar (6,2) no se consideran suficientes. Jesús responde afirmando que es más que Moisés, pues en él (Cristo) se realiza el don de Dios que no perece. Su pan se puede recoger (6,13), el maná se pudrió (Ex 16,20).

“Yo soy el pan de vida” es una fórmula de fuerza extraordinaria, parecida a aquellas otras que sólo a Jesús se podría atribuir: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el buen pastor”... el que viene a Jesús no tendrá hambre ni sed, no necesita de otras fuentes de gozo para saciar sus anhelos y aspiraciones. Jesús es fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego y de paz. Jesús es el lugar y fundamento de la donación de la vida que Dios hace al ser humano. En Jesucristo, Dios está por completo a favor del ser humano, de tal modo que en él se le abre su comunión vital, su salvación y su amor, y en tal grado que Dios quiere estar al lado del ser humano como quien se da y comunica sin reservas. En la comunión con el revelador –Cristo- se calma tanto el hambre como la sed de vida que agitan al ser humano.


Para la revisión de vida

- ¿Es capaz nuestra fe de descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra existencia?.
Nuestro corazón busca la felicidad pero ¿dónde solemos hacerlo: en las migajas pasajeras que ofrece el mundo o en el pan de vida eterna?.
¿Soy de los que buscan más el pan material que el pan que lleva a la eternidad?.


Para la reunión de grupo

- Investigar la “tipología del maná” recorriendo los textos de Ex 16; Nm 11,4-9. 31-33).
- Leer algo más del maná y las codornices como fenómenos objetivos y naturales.
- ¿Qué otras interpretaciones ha recibido el milagro del maná? (cf. Filón de Alejandría).

Para la oración de los fieles
-Para que vivamos con confianza la seguridad de que a través de las vicisitudes de la historia, en medio del caos, siempre se manifiesta
una Fuerza misteriosa que auto-organiza las fuerzas en concurso y crea una nueva posibilidad, superior, para continuar ascendiendo y convergiendo.
-Para que todos los cristianos tengamos siempre hambre y sed de Cristo, hambre y sed de que se realice su Utopía, y nos alimentemos en la mesa de la palabra y del pan de vida para tener fuerzas para llevarla a término.
-Por los aquí presentes, para que la misma fe que nos ha hecho adorar la Eucaristía, el “pan vivo bajado del cielo”, nos haga reconocer a Cristo en nuestros hermanos, especialmente en los más necesitados.


Oración comunitaria

Dios Padre bueno que en Jesús de Nazaret nos has presentado verdaderamente el pan del cielo, aumenta nuestra fe para que, recibiéndolo, sacie el hambre de Verdad que hay dentro de cada ser humano.

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Fuga de católicos en adolescentes y jóvenes: un reto que la Iglesia debe asumir

Publicado por Forum Libertas

Según el Barómetro de junio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), aunque el 76,1% de los españoles se declara católico, un 57,8% de ellos no va casi nunca a misa. Adolescentes y jóvenes son los que en mayor grado abandonan la práctica católica, ya que entre los 18 y los 24 años sólo un 6,6% acuden a la iglesia con asiduidad.
Sin embargo, algo que no reflejan la mayoría de encuestas, al tomar como límite los 18 años, es que es en las edades más tempranas, entre los 13 y los 17 años, donde se produce el abandono más preocupante de la práctica religiosa; un reto que la Iglesia debe asumir.

Los datos se pueden ver en la siguiente tabla, elaborada a partir del avance de resultados del Barómetro del CIS del mes de
junio.

Cuando hablamos de cifras totales, a la hora de definirse en materia religiosa, mientras un 76,1% se declaran católicos, un 14,5% del total de 2.482 encuestados dice ser no creyente, un 5,4% ateo, y un 2% creyentes de otra religión. Al mismo tiempo, en la frecuencia de asistencia a misa, de los 1.939 encuestados que se declaran católicos, el Barómetro muestra ese 57,8% que no van casi nunca a misa, un 14,3% que lo hacen varias veces al año, un 9,4% alguna vez al mes, un 14,6% casi todos los domingos y festivos, y un 2,5% varias veces a la semana.
Esta segunda cuestión también ha incluido a quienes se definen como creyentes de otra religión.

Caída de católicos

En la primera parte de la tabla, teniendo en cuenta que la esperanza de vida en España se sitúa alrededor de los 80 años,
podemos observar que son los encuestados en la franja de 65 años y + los que se declaran católicos en mayor medida (93,9%),
seguidos de los de la franja 55-64 (84,8%).

Si comparamos estos porcentajes con los que muestra la franja de 18-24 (59,8%), podemos deducir la gran caída de católicos que se está produciendo y que se prevé continúe en el futuro, ya que estamos hablando de diferencias de entre 25 y 34,1 puntos.
La tendencia natural a recuperar las prácticas religiosas a edades avanzadas no justifica esa gran diferencia que muestran los datos de la encuesta; una diferencia que tiene su razón de ser en una cuestión puramente generacional. De esta manera, los que se declaran católicos podrían descender proximadamente hasta 20 puntos en los próximos 20 ó 25
años.
En sentido inverso, por ejemplo, se puede ver que los que se declaran ateos a los 18-24 años (9,3%), se reducen al 2,4% en la
franja de 55-64 años y al 0,8 en la de 65 y + años.

Católicos, pero sin ir a misa

Por otra parte, en la segunda parte de la tabla se puede ver que sólo un porcentaje moderado de los que se declaran
católicos pone sus pies en los templos para asistir a misa, y ese porcentaje se reduce a la mínima expresión si se trata de cumplir con el precepto de todo buen católico. Así, aún sumando los que asisten varias veces a la semana con lo que lo hacen casi todos
los domingos y festivos, únicamente el 17,1% de los católicos son practicantes habituales; incluso con los que van alguna vez al mes sólo suman el 26,5%. O sea, la masa real de católicos se sitúa entre el 17 y el 26% aproximadamente de los que dicen serlo.

Pero, es en la franja de edad más baja de las analizadas donde se puede observar una auténtica ‘fuga’ de católicos. Únicamente el 0,7% va a misa varias veces a la semana; el 5,9% casi todos los domingos; y el 4,6% alguna vez al mes.
Si comparamos estos porcentajes con los que muestras las franjas de más eda, es decir 55-64 años (4,1%, 17,3% y 13,6%, respectivamente); y 65 y + años (4,1%, 32,2% y 13,1%), se observa claramente ese fenómeno de ‘descatolización’ de los jóvenes.

Y es que los más jóvenes se sitúan por debajo del 50% de la práctica como católicos del total de edades, y a años luz (cuatro veces menos) de la media de las franjas de edad más avanzadas.

El principal problema, en la preadolescencia

En cualquier caso, el problema, con ser grande, no estriba tanto en el hecho en sí de la diferencia como en que esas diferencias no se van a recuperar.
Otra cuestión fundamental del problema es que, como decíamos al inicio de esta información, los sondeos sobre la práctica religiosa están realizados normalmente a partir de los 18 años, y no reflejan la verdadera magnitud del problema, que se plasma ya en la preadolescencia, entre los 13 y los 17 años.
Es en estas edades cuando la buena práctica del católico se abandona cada vez con mayor frecuencia. Ya existen encuestas al respecto que muestran que la clave para entender el descenso de católicos practicantes está en la preadolescencia.
En cualquier caso, se podría afirmar que, en su conjunto, el no practicante en su sistema de valores apenas se diferencia del indiferente.

Tres causas

Ante todo ello, cabe preguntarse qué es lo que falla; y la respuesta tiene tres posibles explicaciones:

1. La llamada escuela religiosa en gran parte, ya que no evangeliza.
2. Las estructuras de acogida de la iglesia diocesana: la mayoría de vocaciones después de la primera comunión se pierden.
Causas: los propios padres; aunque tampoco la Iglesia hace ofertas válidas para los más jóvenes, para que puedan vivir la aventura de su adolescencia en un ámbito religioso y con plenitud.
3. La iglesia doméstica, o sea la familia. Si no hay reorientación y continúa la misma tendencia, España se situará en prácticas del
orden del 10%, insuficientes para hacer funcionar la actual iglesia.

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31 de Julio: Día de San Ignacio de Loyola

Publicado por Jesuitas de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, "hombre dado a las vanidades del mundo", "con un grande y vano deseo de ganar honra" (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que "cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre". (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: "Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas". (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los "Ejercicios Espirituales".

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería "conocer mejor, para imitarlo y seguirlo", a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como "Ignatius".

En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?". (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de "cosas de Dios". Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa "a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas". Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan "Compañía de Jesús". Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio "sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto..." (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: "He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: 'quiero que tomes a éste como servidor', y Jesús me dijo: 'quiero que nos sirvas' ".

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera "Fórmula del Instituto" es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.

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Evangelio Misionero del Día: Viernes 31 de Julio de 2009. XVII SEMANA DEL T. O.

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 54-58

Al llegar a su pueblo, Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.
«¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?»
Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia» .
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.


Compartiendo la Palabra
Publicado por CELAM - CEBIPAL

Jesús, motivo de escándalo
San Mateo 13, 54-58
“Y se escandalizaban a causa de Él”


Con el texto de hoy comenzamos una nueva etapa en nuestro caminar de la mano del Evangelio de Mateo. Una vez que se ha expuesto cuál es la nueva visión que caracteriza a un discípulo de Jesús, éste es interrogado por su experiencia de fe. Desde aquí hasta Mt 17,22, vamos a encontrar una serie de cuadros evangélicos en los cuales cada uno de nosotros se verá confrontado sobre la dinámica, la profundidad y la expresión concreta de su relación con Jesús.

Nuestra galería de cuadros abre justamente con la antítesis: la falta de fe en Jesús. Sus propios coterráneos “se escandalizaban a causa de él” (13,57). Es interesante notar que en la actitud de la gente se da un vuelco radical: (1) se maravillaban (13,54) aunque luego (2) se escandalizaban (13,57).

Por otra parte, quienes viven este cambio de actitud ante Jesús no son las personas lejanas, los pecadores, los paganos, etc., sino precisamente aquellas personas que más estaban familiarizadas con el Señor: lo conocían desde niño en la pequeña aldea de Nazareth, allí no era ningún extraño, incluso se podía identificar bien a cada uno de los de su familia.

¿Cuál es el escándalo que cierra el corazón a la fe entre las personas más cercanas a Jesús? Está en no ver en Jesús nada más que un hombre, una persona común y corriente, y por lo tanto un fabulador que ofrece cosas que sería incapaz de realizar.

¿Por qué sucede esto? Es lo que se podría llamar el “escándalo de la encarnación”: la humanidad plena de Jesús puede llevar quien lo trata a una familiaridad tal con Él de manera que, como decimos hoy, ya “no le significa”, es decir, no consigue penetrar el misterio de su persona. La familiaridad excesiva lleva a la rutina, la rutina a la superficialidad en el trato, la superficialidad a las resistencias ante lo nuevo del otro y, entonces, la resistencia cierra a la fe.

Es lo mismo que nos sucede con alguna frecuencia en las relaciones humanas: fijamos a las personas con “etiquetas” y les negamos la oportunidad de mostrarnos algo más de sí mismas. En la vida espiritual esto es peor ya que con Dios corremos el riesgo de caer en la actitud de la gente de Nazareth, esto es, caer en la rutina espiritual, perder el encanto y el sabor de los asuntos del Señor que es eternamente novedad, su misterio es sorprendente.

La fe supone fascinación del Otro que se descubre y se expresa en la apertura a la novedad que siempre está por revelarse. Si queremos conocer a Jesús es necesario que nos dejemos sorprender y que la maravilla que nos causan sus palabras y sus obras sea la pista para descubrir su verdadero origen en Dios y el gran valor de la obra que quiere realizar entre nosotros permanentemente.

Esta apertura de la fe es condición para que su actuar tenga efecto en y entre nosotros.

Digámosle hoy a Jesús: “Que todo mi ser se abra más a ti, Señor, para que tú obres más en mi”.



Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Soy de las personas que se relacionan con los demás a partir de “etiquetas”, negándole a los otros la oportunidad de revelarnos algo nuevo de sí mismas?

2. ¿Estoy siempre abierto a Jesús? ¿Me dejo sorprender y fascinar por él? ¿Descubro la novedad de su presencia salvadora en mi historia y en la historia de los otros?

3. ¿Qué voy a hacer para profundizar en el conocimiento de Jesús y abrir las puertas de mi fe para que él haga obras nuevas en mí?


Los ejercicios ignacianos: una experiencia de la Palabra
“He predicado los Ejercicios (de san Ignacio) un centenar de veces; si en algún lugar es posible experimentar la alegría cristiana es aquí; aquí se entiende, si es posible entender, qué es la existencia cristiana en su fuente original: escucha de la Palabra que invita a la liberación caminando hacia la respuesta deseada”
(Hans Urs Von Balthasar)

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miércoles, 29 de julio de 2009

CATEQUESIS: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B: Yo soy el pan de vida


Publicado por Catequistas.org

1. Lecturas de la palabra de Dios

Se hace recuerdo en esta jornada dominical de la misión que Jesús realiza con sus seguidores y con todos los hombres. El pastor bueno que conoce y cuida a sus ovejas.

Primera lectura. Jeremías 23- 1-6

Por eso se elige una lectura del Profeta Jeremías en que se recuerda la posible existencia de pastores malos que abandonan a las ovejas y no se preocupan de que los enemigos no destrocen el rebaño.

¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal! –es oráculo del Señor –.
Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones –oráculo del Señor –.
Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán.
Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna –es el oráculo del Señor – .
Llegarán los días –es oráculo del Señor – en que suscitaré para David un germen justo; reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país.
En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo llamará con este nombre: "El Señor es nuestra justicia".


Segunda lectura. Efesios 2. 13-18

San Pablo recuerda a los Efesios que Jesús está vivo y está cercano. Que es el Señor es el que protege y el que ilumina a sus seguidores.

“Hermanos: Ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo.
Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la enemistad.
Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu.”

Tercera lectura Marcos 6. 30-34

Los Apóstoles se reunieron para descansar con Jesús y le dieron cuenta de sus peregrinaciones y de los frutos obtenidos en sus correrías apostólicas.

“En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo: "Venid vosotros solos a un lugar tranquilo para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron. Y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo reto.

Ocurre que a veces vamos cansados y no abrimos el corazón. Vamos a oir la Palabra, no a escucharla. A veces nos ocurre que caemos en la tentación de la rutina y cuando comenzamos a leer el Evangelio, ya sabemos de qué va, y ya no escuchamos, ya no estamos abiertos a lo que la Palabra de Dios, lo que el corazón de Dios, quiere entregarnos en ese día, en ese momento.

Por eso decía el Señor que el Reino de los cielos es de los niños, de los que se hacen como niños. Sólo ellos son capaces de decirle que sí y de aceptar con ingenua docilidad lo que dice el maestro. Son capaces de decirle al Señor: Otra vez, Señor, vuelve a decirme las mismas cosas. Volver a leer la Palabra del Señor y de decirle de nuevo al Señor: Otra vez, Señor. Es la mejor disposición para entender los misterio de Jesús. Porque abren el corazón, abren todas las ventanas de su ser para acoger lo que el Señor le dice.

Es verdad que al final también podríamos repetir la Palabra de Dios casi literalmente. Pero también en esa actitud la Palabra del Señor pasará a nuestro corazón como un gran tesoro y nos dará vida en abundancia.

El Señor nos urge a nosotros que creemos en Jesús, que lo hemos descubierto, a nosotros de cuya vida forma parte el Señor consciente y voluntariamente, y lo hemos dejado acceder a nuestro corazón y que hemos decidido caminarlo con El, a nosotros el Señor nos llama, a tener esa pasión por la Palabra de Dios, esa pasión por Dios, ese amor apasionado por Dios, que nos lleve a convivir con El, a aprender de El, a poner en práctica su Palabra, y a hacer presente nuestra visión del mundo



2. Comentario

El episodio que narra el Evangelio resalta, por una parte, la situación en que pueden encontrarse todos los que se dedican al apostolado: cansancio por el esfuerzo, desánimo por los resultados, desconcierto por lo proyectos que son fáciles de perfilar pero más difíciles de realizar. Jesús sabe lo que hay en el corazón y en la mente de los hombres y también de aquellos discípulos que regresaban de la misión. Y les decía “Venid y descansad un poco”.

Estaban cansados – diríamos, coloquialmente hablando - , cansados de tanto trabajar, de ir de un lado a otro. No cansados anímicamente, sino cansados físicamente. Desde aquí podemos entender que el Señor también nos exhorta de manera sencilla a recordar la tarea y la misión que tenemos todo cristiano de anunciar el Evangelio. Pero no dice que debemos hacerlo de forma humana, de quien lo hace de manera continua y de modo familiar. Son buenas las campañas fogosas que sirven para anunciar el Reino de Dios. Pero es mejor la callada y sencilla tarea cotidiana que va llevando el mensaje evangélico día a dia, hora a hora, a todos aquellos que nos rodean.

Porque nuestro mundo, los hombres de nuestro tiempo, necesitan escuchar la Palabra de Dios. Pero sobre todo necesitan ver testigos que la viven y la convierte en estilo de vida. Es importante recuperar la vida, recuperar el amor, recuperar la paz y la serenidad en la vida tranquila de quien hace del amor un lenguaje continuo de gestos y no lo reduce a una proclama pasajera de adhesión o de admiración

Muchas personas buscan, están en una actitud de búsqueda, pero siguen caminos errados porque lo hacen a través de las ofertas que hace la sociedad, y no encuentran aquello que buscan. En otras circunstancias, otros desalentados, desanimados, ya no buscan, ya han dejado de buscar y simplemente se han acomodado en el tiempo presente viviendo o sobreviviendo más bien. Es decir se entregan a la rutina, se dejan llevar de la corriente de la vida. Hasta son capaces de hacer actos de culto, plegarias, eucaristías, incluso obras de caridad sin otra motivación de la tendencia a repetir lo que muchas veces antes han hecho.

La fe cristiana necesita periodos de renovación, cambios de estilo y de lenguaje. La Iglesia no da la pauta con el cambio de estilo en cada parte del año: quiere alegría de Navidad, pero que la Navidad no dure todo el año. Quiere tiempos de esperanza en el Adviento o de penitencia en la Cuaresma, pero no todo el año debe ser esperar o mortificarse. Quiere alegrías pascuales, pero no todo el año está cantando aleluyas.

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El Señor nos invita a descansar, por que antes nos envió a trabajar. Quiere serenidad, pero también quiere esfuerzos ocasionales, sinceros, intensos y abiertos a la vida.

Hoy urge actualizar la tarea evangelizadora de todos los aman al Señor. Hay mucha gente indiferente que está esperando una invitación a revivir su fe lánguida. Es importante la labor de los sacerdotes y de los religiosos. Pero no menos importante es la tarea de los laicos en la vida cotidiana. La tarea evangelizadora en el seno del propio hogar, en medio del barrio en que se vive, en la fábrica o en el taller, en el campo de labranza o en el mercado. Allá donde cada uno se encuentra en cada momento es donde Jesús quiere que hagamos gala de llevar vida de solidaridad, de justicia y de fidelidad a la conciencia.

En el seno de la propia familia la tarea es urgente y la más importante. Pero no lo es menos en el trabajo de la escuela, en la solidaridad con la parroquia, en la vecindad y ante las necesidades urgentes que pueden padecer algunos de los que encontramos por la calle.

Necesitamos tener, como Jesús y los discípulos, el coraje del Evangelio para anunciarlo, para llevar esa Palabra de salvación y de vida hasta a donde nos sea posible alcanzar, por el bien de ellos y también por el nuestro. Porque, cuando la Palabra de Dios se comparte, se enraíza más fuertemente en nuestro corazón y, si está más enraizada, también dará más frutos en nuestra vida y en la vida de los demás.

Es importante que no nos cansemos de anunciar el Evangelio, que llegue el final del día y podamos decirle al Señor aquello que decía Jesús: «He hecho lo que se me ha mandado» (Lc. 17, 10). Entonces comprobaremos que nuestro corazón es más ancho y dilatado y que nuestra vida tiene un mayor sentido.

Además, el Evangelio nos permite observar a los habitantes del lugar al que somos enviados. Y los somos a todo el mundo, a todas las naciones de la tierra. Ello significa que debemos saber adaptarnos con amor y con habilidad. Es interesante observar que mucha gente les siguió una vez que quisieron irse a descansar y Jesús tuvo compasión de los que querían escuchar su palabra y ser testigos de sus obras.

El evangelistas da la causa de esta compasión de Jesús. Es que ellos “andaban como ovejas sin pastor, buscando alguien que alimentara y diera sentido a sus vidas”. En nuestro tiempo acontece algo parecido. También hay mucha gente que desearía encontrar a un Jesús liberador, que dé sentido a su vida y de respuestas a sus interrogantes vitales.

Nosotros también hemos de ir corriendo al encuentro de Jesús, porque es El, es la relación con El, la amistad con Dios y la unión con El, su enseñanza, su Palabra la que va a darnos razón y punto de nuestra fe, de nuestro amor y de nuestra esperanza.

A veces tenemos la sensación de saberlo todo y que ya no existe nada nuevo en la Palabra de Dios para nosotros. Comenzamos a leer un fragmento del Evangelio... ya conocemos el final. Lo hemos oído en la Eucaristía una y otra vez, lo hemos oído en homilías, comentado una y otra vez y lo hemos leído comentado en múltiples lecturas. Pero, en realidad, no sabemos todavía casi nada.

Es verdad que conocemos la Palabra del Señor, la hemos leído varias veces, la hemos escuchado otras varias, pero cada vez que la leamos, cada vez que nos disponemos a escucharla, cada vez que vamos a buscarla, con hambre, con deseo, como estas personas de las que nos habla el Evangelio, descubriremos ese algo nuevo, esa vida nueva que se nos da más allá de las palabras y a través de ellas. Una persona puede repetirle a otra cincuenta mil veces: Te quiero; pero cada vez que lo dice, le dice algo más que las meras palabras. Y aquél que lo escucha, escucha algo más que las mismas palabras.

Así nos ocurre a nosotros con la Palabra del Señor. Si como estas personas fuéramos corriendo a buscarlo, con hambre, sabiendo que El es nuestra esperanza, sabiendo que en El se encuentra la respuesta de nuestra vida, sabiendo que El es todo para nosotros...

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3. Esquema directivo para una Catequesis

3. Modelo de Catequesis

1. Experiencia

Se puede dramatizar una conversación con Jesús. Uno de los niños se pone un turbante en la cabeza y se viste con algún paño que le cubra todo el cuerpo. Después de leer el texto del Evangelio, simula que se encuentra con los demás compañeros, que hacen de apóstoles y que narran a Jesús lo que les ha pasado en su viaje por las ciudades de las cercanías donde fueron para anunciar la palabra de Dios.


2 Reflexión

Después de escuchar las cosas que dicen los catequizandos o los alumnos el educador va precisando las cosas, limando las exageraciones y centrando las diversas sentencias.
Dejar claro que Jesús quiso preparar a los Apóstoles pora cuando él se fuera. Las consignas que les deba valdrían a sus seguidores para todos los siglos posteriores.


3 Acción

Buscar cada uno una frase dicha por Jesús y recogida del Evangelio. Elegir la que más vaya y se refleje las frases que se escriben en el Evangelio de esta jornada. Que sea un consejo para hacer el bien, para enseñar a otros, para ayudar y para hacer buenos cristianos a los que la escuchen con interés
Se pueden lograr varias frases por persona, pero una de ellas hay que escribirla con letra grande en una hoja de papel.

4. Participación


Después , con la hoija escrita en papel, se compone un programa de acción apostólica. Se discute cual puede ser la primera, la segunda, la tercera, la ultima. Y cada escolar o catequizando se va poniendo de pie , alrededor. Al fin cada uno pronuncia en alta voz y sin parar el “MENSAJE PARA LOS APOSTOLES”, frase que el profesor o catequista puede tener escrita y oculta en mejor papel y con cierto arte. Así se hace una plan de vida apostólica que algún día recordarán los niños por haber sido protagonistas en su redacción.

5. Interiorización

Será muy bonito que para terminar cada uno, antes de sentarse, convierte la frase en una plegaria. Empieza el profesor o catequista: Señor Jesús. Acogemos y te prometemos cumplir este programa apostólica que hemos preparado. Y cada uno va añadiendo la frase hecha en forma de oración y en plural. Te pedimos… Te prometemos




4. Ejercicios para la catequesis.

- Para Pequeños

Dibujar y colorear un paisaje en el que aparezca Jesús en un campo. Inventar lo que Jesús le está diciendo a cualquier discípulo que habla, en el grupo de figuras. Puede ser pregunta, sugerencia, afirmación, consejo…

Para medianos

Preparar una arenga o una homilía para decirla en una aldea a la que uno llega enviado por Jesús. El alumno o catequizando tiene que pensar qué dice, a quién lo dice, cuándo lo dice, cómo lo dice.
Si acaso, parece duro el que un escolar diga una arenga, se puede hacer por grupos de tres… Preparan previamente lo que van a decir y luego lo dicen. Los demás hacen de jueces sobre la forma y sobre el fondo… y ofrecen una calificación sobre cada grupo o persona que interviene en el encuentro.

Para mayores

Los escolares puede analizar algunos fragmentos evangélicos por grupos. Se juntan de tres en tres y, con el texto del Evangelio, se buscan ocasiones o fragmentos en que Jesús habla directamente a los Apóstoles y les ofrece consejos o consignas. Eligen el mejor fragmento. Lo disponen para exponerlo ante los demás compañeros.
Es interesante hacerlo en forma de con curso: se trata de dilucidar cuál es el mejor hallazgo poniendo como destinatarios chicos jóvenes que quieren colaborar con Jesús en el conocimiento del Evangelio por parte de todo el mundo



5. Complementos para la reflexión

Términos del Diccionario de Catequesis.

. Predicación. Anuncio. Misión. Mensaje. Servicio. Vocación. Iluminación. Inspiración. Llamamiento. Don. Embajada. Disposición. Lenguaje. Comunicación

Libros interesantes

Comunidades para evangelizar. Fernando Gonzalo-Bilbao. Madrid. PPC 2007
El ecumenismo hoy. Jesús Lasanta. Madrid., Nueva Utopía. 2001
El crucificado resucitado: resurrección de Jesús y fe de los discípulos. Franco Giuliano Brambilla. Salamanca. Sígueme. 2003
De Jesús al cristianismo. El Nuevo Testamento y la fe cristiana. Michael White. 2007

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Evangelio Misionero del Día: Jueves 30 de Julio de 2009. XVII SEMANA DEL T. O.

Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 47-53

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?»
«Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Ser discípulos del reino
Mateo 13,47-53
“Se parece al dueño de casa que sacad de su tesoro cosas nuevas y viejas”


El evangelio de hoy nos presenta dos pequeñas parábolas que nos ilustran muy bien en qué consiste el reino de los cielos: la red y el letrado que se ha hecho discípulo del reino.

La parábola de la red empieza con una mirada universal. La red es una y “echada en el mar atrapa peces de toda especie” (47). Es como si Jesús quisiera recordarnos que el Reino de los cielos está abierto a todos. No se trata aquí de una red selectiva en la cual sólo entran algunos peces.

Posteriormente Mateo nos habla de pescadores y de selección. Ellos escogen y apartan los buenos de los malos. Los primeros los ponen en cestas y los segundos los tiran. Esto nos hace recordar la comparación de Jesús citada en Mateo 25,31-46 hablando del juicio final cuando coloca a las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. A este punto es importante recordar que el don de la salvación es ofrecido a todos. También nos lo confirma el hecho de que la red la sacan solamente cuando está llena.

Jesús aplica esta parábola a aquello que sucederá al fin del mundo con los malos que serán echados al horno de fuego.

Antes de continuar su discurso Jesús, como queriendo captar la atención de sus oyentes, pregunta: “¿Lo han entendido todo? (51) y ellos le responden que sí. A la respuesta afirmativa de quienes lo escuchan Jesús añade la última parábola que nos aclara muchos aspectos.

Empieza con una afirmación bien interesante. Habla de “un letrado que se ha hecho discípulo del reino” (52). Es interesante ver cómo Jesús, en esta parábola, ya no habla de una comparación con el reino de los cielos, sino con uno que se ha hecho discípulo del reino. Si pasamos esta expresión por las parábolas anteriores podríamos afirmar que discípulo del reino es:
1. Quien ha dejado que la semilla de la Palabra de Dios caiga en su vida como en un terreno fértil y produzca ciento, sesenta y treinta por ciento.
2. Quien creciendo junto a la cizaña se ha mantenido como buen trigo que al final es llevado a los graneros del reino.
3. Quien dejando que en su corazón crezca la Palabra de Dios, se ha hecho árbol frondoso capaz de ser casa para otros
4. Quien como buena levadura es capaz de fermentar la masa del pueblo donde se encuentra.
5. Quien se desprende con alegría de todo lo que tiene, para adquirir el verdadero tesoro y la perla fina
6. Quien así obra será como el pescado bueno escogido y metido en la cesta.

¿Que es lo que hace de particular quien se ha hecho discípulo del reino? El texto nos dice que “se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas”. (52). Es interesante esta afirmación. No solamente saca cosas ‘nuevas’ rechazando lo que de alguna forma podría llamar ‘viejo’. Es el equilibrio de quien sabe aprovechar todo sin aferrarse ni a las tradiciones antiguas ni a las novedades del momento. Sabe que todo esto puede servir para hacerse ‘discípulo del reino’.



Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿A qué se refiere Jesús cuando habla de peces buenos y malos? ¿Qué hace con cada uno de ellos?

2. Según mi modo de proceder, ¿a dónde iría a parar yo, a la cesta de los peces buenos o al fuego?

3. ¿Cuáles son las tradiciones o las novedades a las cuales nos aferramos en la familia o en la comunidad o que más rechazamos?

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ENDEPA: 25 años de acompañamiento a pueblos indígenas

El sábado 8 de agosto, de 9 a 12, en la Casa de las Hijas de San José, Avellaneda 2344, en el barrio porteño de Caballito, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen celebrará sus 25 años de acompañamiento a los pueblos indígenas.
“Queremos reconocer que, aunque nuestro acompañamiento haya sido frágil, con debilidades e incertidumbres, el Señor nos ha regalado con poder ser testigos -en la vida y en la fe- de que hoy, los pueblos indígenas están de pie, afirmándose en su identidad y en sus derechos”, se dice en la convocatoria.
Tras el reencuentro de los delegados, se celebrará la Eucaristía, que, se anticipa, “centrará nuestra experiencia de camino, el ofrecer nuestras debilidades, ‘nuestras flores y espinas’, la vida de tantas comunidades y pueblos, la memoria de hermanas y hermanos que ya partieron; los anhelos y esperanzas de que nuestras acciones pastorales se centren cada día más en acompañar, caminar junto a los pueblos indígenas del modo más apropiado”.+

AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

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América Latina: alto riesgo social

Publicado por Cuatro Decididos

La región llega a esta crisis con fortalezas macroeconómicas pero con marcados déficit sociales. Las prioridades deben estar claras: hay que garantizar el trabajo, la educación, la sanidad y la dignidad del pueblo

América Latina creció un 4,8% en 2005, un 5,6% en 2006, un 5,7% en 2007, y un 4,6% en 2008. A consecuencia de una crisis que no generó, sino de la que es una víctima más, sus economías decrecerán en 2009 un 0,3% según CEPAL o un 0,6% de acuerdo al Banco Mundial. Será una caída muy fuerte. Se está produciendo por diversas vías. En cinco de sus mayores economías las exportaciones cayeron un tercio entre agosto y diciembre de 2008. Los flujos de inversiones pueden caer a menos de la mitad en este año. El turismo está siendo afectado.

Están bajando las remesas migratorias. Son del 18% al 24% del Producto Bruto de Honduras, Guyana, Haití, Jamaica y El Salvador, y del 6,6% al 12,1% del de Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Bolivia y Ecuador. Se redujeron en el último año un 8% en Guatemala, y un 11% en México, Por ejemplo, las remesas desde España fueron en 2008 un 7,1% menores al año anterior.

La región ha llegado a esta crisis con fortalezas macroeconómicas pero con marcados déficits sociales. Más de un tercio de su población es pobre y la desigualdad es la peor de todos los continentes. La combinación de la crisis con estas vulnerabilidades puede ser explosiva si no se adoptan las políticas más adecuadas.

Entre los posibles efectos sociales de la crisis se hallan:

1. Aumentará la desocupación. La tasa de desempleo urbano puede crecer según la OIT, que ha ido aumentando sus proyecciones negativas desde el 7,5% al 8,4% y luego al 8,8%. Serían entre 2,3 millones y 3,2 millones de nuevos desocupados, que elevarían el total a 18,2 millones o 19,1 millones.

2. Los más afectados serán los jóvenes.En nueve países analizados la tasa de desempleo juvenil más que duplica la tasa de desocupación total. Aun en una de las economías más prósperas como la de Chile, el 20,2% de los jóvenes está desocupado. En Colombia los desempleados jóvenes son 978.000, el 50% del total nacional. En Perú, son el 22%. Uno de cada cuatro jóvenes latinoamericanos está fuera del mercado laboral... y del sistema educativo.

La crisis puede agravar aún mucho más la situación de los jóvenes. Eso ya está sucediendo en Estados Unidos. Un estudio del Center for Labor Market del pasado mayo concluye: "Cuanto más joven, más será expulsado del mercado de trabajo". En la medida en que se reducen los puestos de trabajo disponibles están quedando fuera los jóvenes, los pobres y los de menos educación. También se está produciendo el fenómeno de que los jóvenes graduados con título universitario están ingresando en trabajos que no requieren más calificación que uno secundario, desplazando así a sus pares menos educados.

3. Las mujeres pueden ser más discriminadas laboralmente. Ya previamente a la crisis, en 2006, la tasa de desocupación femenina era un 56% superior a la masculina, y sus ingresos un 72% de los de los hombres. Pero en esta crisis esas brechas se están agudizando. Entre otras actúan las estructuras machistas que siguen viendo al hombre como el sostén real del hogar y desvalorizan el rol laboral logrado con tanto esfuerzo por la mujer.

Las mujeres verán también aumentadas sus responsabilidades familiares por las dificultades económicas. En un mercado laboral mucho más tenso y disputado se hará aún más difícil la situación de las mujeres solas jefas de hogar, que son un pilar de la familia en la región. Como media, un 33% de los hogares están dirigidas por ellas. En el caso de Nicaragua es un 40%, en México un 26%. La CEPAL estimó que sin la barrera de protección que significan las trabajadoras al frente de hogares, la pobreza sería un 10% mayor en América Latina.

También puede producirse como ha sucedido en crisis recientes en diversos países de la región un aumento de las ya muy altas tasas de violencia doméstica, que van del 10% al 38% según el país. El estrés socioeconómico agudo que implica la crisis para muchas familias puede ser un disparador de estas conductas aberrantes que recién empiezan a ser denunciadas y sancionadas como corresponde.

4. Elevación del número de trabajadores pobres. La OT proyecta que en un escenario pasivo, si no hay respuestas públicas de envergadura, el número de trabajadores con empleo pero cuyos sueldos serán menores que el umbral de la pobreza puede subir en cinco millones en 2009.

5. Crecimiento de la vulnerabilidad en salud y protección social. La cobertura social de la región es limitada. Casi cuatro de cada 10 ocupados urbanos carecen de protección en salud y seguridad social. El crecimiento del trabajo informal por la crisis aumentará la población vulnerable.

Por otro lado, a pesar de progresos, la región tiene indicadores comprometidos en mortalidad infantil (multiplica por 10 la de los países nórdicos) y mortalidad materna (multiplica por 15 la de Canadá). Pueden potenciarse por el aumento de la pobreza en sus diversas expresiones.

6. Los riesgos en deserción escolar. América Latina tiene 110 millones de personas que no terminaron la primaria, y sólo uno de cada dos jóvenes termina la secundaria. En la crisis puede aumentar significativamente el trabajo infantil que lleva al abandono de la escuela en los primeros niveles. Hay 18 millones de niños menores de 14 años que trabajan. También el ingreso temprano al mercado de trabajo de los jóvenes de menores recursos puede llevar a acortar sus años de estudio, en un mundo en donde es fundamental para las personas aumentar su capital educativo.

7. El fortalecimiento de las "trampas de la pobreza". El Banco Mundial estima que habrá seis millones nuevos de pobres en América Latina en este año. Muchos de ellos estarán encerrados en "trampas" que sólo políticas públicas agresivas pueden romper.

El círculo perverso que se produce es conocido. Siendo niños de hogares pobres, deberán trabajar, abandonarán la escuela, sólo podrán acceder a empleos marginales, carecerán de protección social y reproducirán la pobreza. Un alto porcentaje de los niños nacidos en hogares donde sus padres no terminaron la primaria tampoco la finalizan. En México, en 2008, mostrando como funcionan estas "trampas", el 83% de los ocupados con primaria incompleta no tenían seguridad social, frente al 45% en la población global.

La región tiene a pesar de sus avances macroeconómicos un fuerte talón de Aquiles social. Sus desigualdades agudas inciden en los altos niveles de pobreza. Lo ilustra el siguiente dato: a pesar de producir alimentos que podrían abastecer varias veces a su población, el 16% de los niños está desnutrido. De 2005 a 2007, aun siendo época de bonanza económica, al subir el precio de los alimentos el total de personas desnutridas creció fuertemente, en seis millones llegando a los 51 millones. En América Latina el tema no es la producción, sino el acceso a los alimentos.

La crisis requerirá prestar máxima atención a lo social. Las ideas de ajuste ortodoxo practicadas en décadas anteriores pueden ser fatales, acentuar todas las tendencias referidas y generar altísimos niveles de conflictividad.

Entre otras áreas, hará falta mucha política contracíclica: invertir fuertemente en obra pública, potenciar el mercado interno, proteger a la pequeña y mediana empresa, extender el crédito, blindar las inversiones en educación y salud, encarar especialmente el desempleo joven y las discriminaciones de género, ampliar la cobertura social...

¿Cómo financiarlo? Hay mucho terreno a explorar, desde los elevados niveles de evasión fiscal, pasando por la posibilidad de rehacer el anacrónico pacto fiscal actual, hasta el gasto militar, que creció un 30,54% en los últimos 10 años.

Se necesitará, asimismo, junto a política pública de calidad, responsabilidad social a escala de la empresa privada, movilizar el voluntariado y aumentar sustancialmente los niveles de concertación social.

Una ciudadanía cada vez más activa exige que, a diferencia de los ochenta y los noventa, esta vez las prioridades deben estar claras. En primer lugar, debe quedar garantizado el derecho al trabajo y la dignidad de las grandes mayorías de la población que están en serio riesgo.

Bernardo Kliksberg, economista y asesor de Gobiernos y organizaciones internacionales, es coautor junto al premio Nobel Amartya Sen del libro Primero la gente (Deusto, 2008).

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B



Monición de entrada

(A)

Hermanos, nos reunimos para celebrar con alegría nuestra fe.
Venimos con el deseo y la necesidad de alimentarnos con su Palabra y con su Cuerpo. El Señor nos recordará y dirá con fuerza que sólo Él es el alimento que puede saciar todas nuestras necesidades.
Vamos a comenzar nuestra celebración con ganas. Pidamos al Señor que nos abra nuestra mente y nuestro corazón para que seamos capaces de reconocer que sólo su Cuerpo puede alimentarnos en profundidad y para siempre.

(B)

Jesús tuvo compasión de las gentes y multiplicó los panes y los peces en el desierto para que todos quedaran saciados.
Las gentes entusiasmadas comentan: "Este es el Profeta que tenía que venir", y le siguen.
Jesús les echa en cara su actitud y les dice: " Os aseguro, me seguís no por haber visto signos, sino porque habéis comido hasta saciaros".
Es natural que deseemos satisfacer nuestras necesidades elementales: comida, bebida, vestido, cobijo, etc.. Pero si no tenemos más aspiraciones, si no ponemos nuestra ilusión en buscar la justicia, la paz, la libertad, la solidaridad, es porque somos poco humanos.
La persona que sólo siente necesidad de alimentarse materialmente, es poca cosa, y es fácilmente domesticable.
Ganar más, para vivir mejor será su meta y el gran engaño de su vida. Es que, muchas veces para ganar más tendrá que renunciar a sí mismo, tendrá que renunciar a los valores superiores de amor, paz, solidaridad.

Saludo del Sacerdote

Que el Dios del Amor, de la Paz, de la Libertad y la Solidaridad
esté con todos vosotros

Pedimos perdón

(A)

Es el momento del perdón. Somos egoístas pidiendo, y somos egoístas siguiendo a Jesús sólo cuando queremos sacar provecho. Este es el momento de pedir perdón:

* Somos egoístas y queremos que Dios se acomode a nuestros caprichos: SEÑOR, TEN PIEDAD...
* Somos egoístas y acudimos a Dios cuando tenemos que pedir, o queremos sacar provecho: CRISTO, TEN PIEDAD...
* Somos egoístas y Jesús nos puede preguntar: ¿Me seguís porque comisteis hasta saciaros?: SEÑOR, TEN PIEDAD...

(B)

Somos pequeños y limitados, pero aun así, somos queridos de Dios. Pedimos perdón con confianza.

- Tú, que en los problemas de cada día nos das tu ánimo permanente. Señor, ten piedad.
- Tú, que nos ofreces una vida nueva, orientada hacia el amor, la justicia, la paz y la fraternidad. Cristo, ten piedad.
- Tú, el único capaz de quitarnos el hambre, de colmar nuestras aspiraciones de verdad y de amor. Señor, ten piedad.


Escuchamos la Palabra

Monición a la lectura

“¿Qué es esto?” preguntan los israelitas al ver el maná. El don de Dios no se reconoce fácilmente, si no es Dios mismo quien nos abre los ojos para poderlo reconocer. El pueblo había sido liberado de la esclavitud, pero todavía no habían sido alimentados con el Pan que sacia nuestro hambre para siempre.

Monición al Evangelio

Jesús nos dice que no basta con encontrar solución a la necesidad material, sino que tenemos que aspirar a nuestra plenitud como personas. Jesús nos invita a trabajar para conseguir el alimento que dura, el que puede darnos la vida en plenitud. Esa vida plena sólo podemos hallarla en Él.
Alimentándonos con su Cuerpo y viviendo en adhesión permanente con Él.
Sólo Él puede darnos vida eterna.


Homilías

(A)

El domingo pasado veíamos a Jesús dando de comer a los que le seguían. Hoy le vemos molesto porque le siguen. Y es que le siguen, no por haber comprendido el sentido del signo que ha realizado: solidarizarse con ellos, alimentándoles. Le siguen porque han saciado su hambre y siguiéndole pueden buscarse una vida más fácil y llenar su estómago con facilidad.
Jesús tuvo compasión de la gente y les dio de comer en el desierto hasta que quedaron saciados.
Entonces quisieron hacerle su jefe, su rey. Pero Jesús dejó a las multitudes y se fue a la otra orilla del lago.
Las gentes le siguen, consiguen dar con El y Jesús les dice. "Os aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido hasta saciaros".
Jesús les había dado de comer, pero su intención no era solamente el saciar su hambre. Quería mostrarles un signo del Reino de Dios: un Reino de Amor, de Solidaridad y de Comprensión. Así quería enseñarles cómo debe ser el comportamiento entre nosotros.
Sin embargo, ellos no le comprendieron y le siguieron en plan egoísta. Por eso Jesús se queja de que le sigan, y se queja con amargura.
A nosotros nos puede pasar lo mismo. Movilizar a un pueblo, por un trozo de pan es fácil si carece de todo. Movilizar a un pueblo para alcanzar mayores cotas de bienestar material es fácil.
Pero esto es sólo el primer paso. El problema surge si queremos dar un paso más. Si queremos avanzar más allá de lo puramente material.
Si queremos explicar que además del alimento material necesitamos otras cosas para poder vivir en esta sociedad: Explicar que necesitamos el cariño, la libertad, la solidaridad; explicar que debemos superar nuestro egoísmo y preocuparnos de los demás. Eso es ya otro asunto.
Jesús dio pan a los hambrientos para saciar su hambre, pero también para que sintieran necesidad de ayudar a los demás, para que sintieran hambre de solidaridad.
Jesús, primero llenó sus estómagos, pero después quiso que aprendieran el sentido del ejemplo: "haced vosotros lo mismo."
Un muchacho aportó algo en favor de la comunidad y llegó para todos.
Si todos aportamos algo, entonces saciaremos el hambre y nos sentiremos felices, porque hemos hecho algo en favor de los demás.
Cada uno con lo nuestro, tal vez no podemos vivir, pero uniendo los pocos de cada uno, con la colaboración de todos llegará la felicidad para todos y también el alimento.
Porque el problema no es producir más sino repartir mejor y así llegará para todos. Es lo que nos enseña Jesús hoy.

(B)

Jesús, tras la multiplicación de los panes, se retira de nuevo al monte huyendo de la intención que tenían de proclamarlo rey. La ausencia de Jesús hace que la gente le busque. Al encontrarlo se entabla un diálogo con ellos que a la vez que servirá para revelar al Padre y a su enviado, el Hijo, y para desvelar las secretas intenciones de los que le siguen.
En la vida ordinaria conocemos «fidelidades interesadas». Detrás del seguimiento a alguien más de una vez lo que hay es «búsqueda de algo». La «paga» de nuestras necesidades o ambiciones la encontramos en el vasallaje que damos a alguno. No falta gente que busca interesadamente poder o riqueza y esto le obliga a «cambiar de chaqueta» según le conviene. Hoy dicen una cosa, mañana otra; poco importa, con tal de conseguir lo que persiguen. Algo de esto achaca Jesús a la gente: «Me buscáis no porque los signos os interroguen, sino porque comisteis hasta saciaros», les argumenta Jesús de sopetón. Y añade: «Trabajad por lo que perdura». ¿Qué es lo que perdura? «Que creáis en el que Dios ha enviado». En un momento Jesús ha centrado el tema. No vale seguirle por curiosidad ni por interés; no vale seguirle porque o cuando necesitamos algo que no alcanzamos con nuestra manos, no vale acordarnos de Dios, como dice el refrán, «cuando truena». Jesús rechaza de un plumazo un seguimiento interesado o cuando nos interesa, mientras el resto de la vida «nos las apañamos nosotros sin Dios» tan ricamente... Quedan así deslegitimadas muchas posturas ante Dios que sólo son «cuando me apetece, cuando le necesito». El Dios de Jesús no es para «llenar huecos» o «cubrir necesidades»; es para saciar el hambre más profunda que tenemos dentro. Dios, dicho de otra manera, no es útil; Dios es necesario.
El seguimiento de Jesús exige fidelidad y aceptación: fe en Él, acogerle como don del Padre continuamente... «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre». Esta es la revelación a la que conduce el diálogo con la muchedumbre.
Llegar a «necesitar a Dios» es un largo camino. Más bien hoy lo que muchos dicen es que no necesitan a Dios para nada. Se mantienen en un terreno superficial de necesidades básicas que la sociedad del bienestar colma. Esto produce una especie de adormecimiento general de la persona. Hay que atravesar muchas capas para llegar al corazón y darse cuenta de que «en el fondo, somos radicalmente necesidad», que es mucho más que necesitar esto o lo otro. Un Dios a medida de nuestras necesidades puede que nos resulte muy necesario en un momento dado, pero no será nunca el Dios verdadero. Dios tiene preparado para nosotros el pan de nuestra hambre y el vino de nuestra sed: Cristo Jesús es el proyecto de Dios, el alimento de nuestras vidas, el pan del cielo.
No nos vendrá mal rezar: «Danos siempre de ese pan».

(C)

Es un tópico hablar hoy de consumismo. Nos parece lo más normal. Se siguen abriendo nuevos centros comerciales e hipermercados. Los restaurantes multiplican sus ofertas. Cada vez es mayor la profusión de productos que uno puede elegir y el número de cadenas que puede seleccionar. Todo está ahí a nuestra disposición: objetos, servicios, viajes, música, programas, vídeos. Ya no son las religiones ni los pensadores los que marcan las pautas de comportamiento o el estilo de vida. La «nueva sociedad» está dirigida cada vez más por la moda consumista. Hay que disfrutar de lo último que se nos ofrece, conocer nuevas sensaciones y experiencias. La lógica de «satisfacer deseos» lo va impregnando todo desde niños.
Está naciendo lo que el profesor G. Lipotvesky llama el «individuo-moda», de personalidad y gustos fluctuantes, sin
lazos profundos, atraído por lo efímero. Un individuo sin mayores ideales ni aspiraciones, ocupado sobre todo en disfrutar, tener cosas, estar en forma, vivir entretenido y relajarse. Un individuo más interesado en conocer el parte meteorológico del fin de semana o los resultados deportivos que el sentido de su vida.
No hemos de demonizar esta sociedad. Es bueno vivir en nuestros días y tener tantas posibilidades para alimentar las diversas dimensiones de la vida. Lo malo es quedarse vacío por dentro, atrapado sólo por «necesidades superficiales». Dejar de hacer el bien para buscar sólo el bienestar, vivir ajenos a todo lo que no sea el propio interés, caer en la indiferencia, olvidar el amor.
No es superfluo recordar en nuestra sociedad la advertencia de Jesús: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna». El mismo Lipotvesky, que tanto subraya en sus obras los aspectos positivos de la moda consumista, no duda en recordar que «el hombre actual se caracteriza por la vulnerabilidad». Cuando el individuo se alimenta sólo de lo efímero se queda sin raíces ni consistencia interior. Cualquier adversidad provoca una crisis, cualquier
problema adquiere dimensiones desmesuradas. Es fácil caer en la depresión o el sinsentido. Sin alimento interior la vida corre peligro. No se puede vivir sólo de pan. Se necesita algo más.

(D)

Cuando Jesús ve ante sí a la muchedumbre que había saciado y que le había buscado con anhelo, le reprocha: “Sé que me buscabais no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido pan hasta hartaros”. Precisamente porque les había hartado con pan y pescado, por eso le quieren proclamar rey; porque esperaban que les iba a resolver los problemas de alimento... Por eso Jesús huyó de ellos. Aquella muchedumbre le ocurrió lo que dice el refrán oriental: Cuando el dedo señala la luna, el tonto se queda mirando el dedo.
No han entendido que la multiplicación de los panes es un signo que hace referencia a una realidad que está más allá del hecho en sí. es como el dedo de la luna. Lo importante es mirar la luna. Es como si alguien, después de haber participado en casa de un amigo de una comida de amistad, le dijera: “Cuánto te agradezco que me hayas llenado el estómago. A ver si me invitas muchas veces”.
Jesús explica el sentido del signo: Vosotros sois un nuevo pueblo de Dios que peregrina a través del desierto; y a vosotros se os da el verdadero maná y el agua viva. Yo soy el verdadero pan vivo bajado del cielo; yo soy el agua viva. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará nunca sed.
El Evangelista Juan señala que al final de la explicación, se produjo la gran desbandada. Sólo quedó un pequeño grupo. Jesús llega a preguntar a los apóstoles: ¿También vosotros queréis marcharos?. Pedro, en nombre de todos, responde: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.”
Parece que la gente lo único que quería resolver era la cuestión del estómago. Otras cuestiones espirituales, el sentido de la vida, el compartir, la solidaridad... le traían sin cuidado... No les interesaba escuchar a un profeta que invitaba a salir del egoísmo y a caminar por la senda de la libertad y del amor.
Esta desbandada, nos recuerda la de nuestros días, la de los que, de hecho se han alejado de la vivencia religiosa, sobre todo en España. En los últimos 20 años la práctica religiosa se ha reducido en un 50 %...
Dios apenas resulta rentable, Dios no es ya útil, y entonces, de forma casi inconsciente, se prescinde de Él. Las muchedumbres desilusionadas de hoy sólo esperan de Él panes y peces. A veces se vuelven a Él ocasionalmente cuando la necesidad aprieta...
Es encomiable que nosotros estemos aquí esta mañana por gracia del Espíritu, sin buscar favores terrenos, ni siquiera con la intención de ir pagando a plazos una vivienda maravillosa en el cielo, ni por evitar un pecado mortal..., sino gratuitamente para encontrarnos con el Padre, para escuchar su palabra, para alimentarnos de Él, para celebrar nuestra fraternidad, para alabar, bendecir, dar gracias y reconfortarnos para seguir alegres y animosos en la lucha de cada día.
Muchos se preguntan hoy: ¿Para qué sirve la fe? Yo les suelo contestar que para todo y para nada. Para nada a nivel temporal. Ciertamente Dios no te dará salud, ni riqueza, ni poder, ni bienestar. Quizás, más bien, te invitará a desprenderte de lo que te encadena. Pero, al mismo tiempo, la fe, la vivencia cristiana, lo da todo.
Recordemos la famosa pintada de los jóvenes del 68: Nos habéis llenado la barriga, pero no nos habéis dado razones para vivir. El pragmatismo es una de las tentaciones que acosan permanentemente y hoy quizás más que nunca. Se tiende a medir todo por la utilidad, por la producción, por el consumo...
¿Para qué sirve la religión?.. Es como preguntarnos: ¿Para qué sirve la relación entre padres e hijos, la relación entre amigos? ¿Para qué sirve la honradez? ¿Para que sirve contemplar una puesta de sol? ¿Para qué sirve escuchar una sinfonía?
Desde el punto de vista utilitarista, la religión no sirve para nada. Sirve, en todo caso, para ponernos en actitud de servicio ante Dios en las personas de los demás, sobre todo de los pobres...
La religiosidad utilitarista, adulterada, pone a Dios al servicio del hombre; la religiosidad auténtica, la verdadera fe cristiana pone al hombre al servicio de Dios.
¿No es una satisfacción encontrarse con Dios y con los hermanos?
¿No es una tremenda deshumanización olvidarnos de nuestro padre o madre porque se han hecho viejos y ya no pueden ayudarnos económicamente, o no podemos sacar nada de ellos o no nos pueden prestar ningún servicio?
Creo que algo que ha contribuido al desprestigio del cristianismo ha sido el mercantilismo que ha rodeado la práctica religiosa de muchos creyentes: con votos y promesas, con compraventas de favores de santos... Este mercantilismo es francamente repugnante...
Porque si algo es el Evangelio es pura gratuidad...
Por eso, para que la fe y nuestras celebraciones tengan fuerza testimonial es preciso que resaltemos en ellas los aspectos gratuitos: la oración desinteresada de alabanza, de ofrecimiento, de acción de gracias, de perdón. Es preciso fomentar el gozo de hacer el bien porque sí..,
He aquí el testimonio conmovedor de un convertido: “Jesús no sólo no ha venido a darme nada a nivel temporal, sino que ha venido a pedirme: tiempo, dinero, servicios a favor de los demás. Pero, a otro nivel, Jesús ha venido a dármelo todo. Él ha llenado de sentido mi vida. Es, justamente, la fe la que me ha dado lo que hace tiempo buscaba sin saberlo”. Este creyente no sigue a Jesús por el pan con minúscula, sino por el Pan con mayúscula. El Señor nos dice a todos, en contraposición con los criterios humanos, lo que no tiene precio es, justamente, lo que vale.


Oración de los fieles

(A)

Presentamos a Dios Padre nuestra oración, que quiere ser humilde y llena de confianza, la oración de los hijos a favor de los hermanos:

1.- Por la Iglesia de Dios, para que, alimentada con su Palabra y el Cuerpo de Cristo, trabaje incansablemente por la salvación de todos los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR
2.- Por el Papa, los Obispos, los sacerdotes y cuantos desarrollan en la Iglesia un ministerio pastoral, para que sus vidas estén llenas de la dignidad que precisa la presidencia de la Eucaristía y los servicios a la Iglesia. ROGUEMOS AL SEÑOR
3.- Por cuantos pasan hambre o cualquier otra necesidad en su cuerpo o en su espíritu, para que hallen en Cristo y en sus seguidores los remedios necesarios. ROGUEMOS AL SEÑOR
4.- Por todas las parroquias y comunidades cristianas, para que tengan como raíz la celebración eucarística y se edifiquen y desarrollen en torno a este Sacramento. ROGUEMOS AL SEÑOR
5.- Por todos nosotros, para que encontremos en Cristo, Palabra y Pan de Vida, la fuerza necesaria que nos sustente en nuestras vidas y nos mantenga en su seguimiento. ROGUEMOS AL SEÑOR

(B)

Vamos a pedir por todos. Es el momento de la oración universal. Vamos a pedir que llegue a todos el pan que alimenta y el pan del cariño y de la solidaridad.

1.- Para que no falte pan a los que tienen hambre, ni hambre a los que tienen pan: Roguemos al Señor.
2.- Por los que están saciados, para que sientan el hambre y sed de justicia y sean solidarios con los necesitados: Roguemos al Señor.
3.- Por los pobres, necesitados y abandonados, para que vean una mano amiga que se solidarice con su necesidad: Roguemos al Señor.
4.- Por todos nosotros, para que luchemos sin desmayo en favor de la justicia, la verdad, la libertad; y no nos falte nunca el
alimento: Roguemos al Señor. .

Todo esto te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(C)

Confiamos que Dios Padre siempre escucha la oración de las personas cuando acudimos a El con sencillez. Le pedimos que acoja ahora nuestras necesidades, diciendo: ¡Escúchanos, Señor!

1.- Por la Iglesia, para que sepamos mostrar el Mensaje de Dios de un modo adecuado a nuestro tiempo, y hagamos crecer en la vida de las personas la esperanza y la alegría. Oremos.
2.- Por todos los que viven entregados a los demás, para que nunca se dejen vencer por las dificultades o la incomprensión de las gentes. Oremos.
3.- Por todos nosotros, para que no nos quedemos mirando al cielo sino a la tierra, y trabajemos por la justicia y el bien de las personas. Oremos.
4.- Por nuestra comunidad (parroquial) para que trabajemos en una auténtica iniciación cristiana que ayude a las personas a descubrir a Dios Padre, Oremos.

Acoge, Señor, nuestra oración y concédenos cuanto necesitamos para vivir como verdaderos discípulos de tu Hijo. Que vive y reina.

Ofrendas

(Hoy el rito es eminentemente sencillo. Consistirá en preparar la mesa del altar; de lo que se encargarán, como hemos hecho otras veces, dos de las mujeres de la comunidad, mientras el resto está en silencio. Concluido, otras dos mujeres presentan una hogaza de pan y una jarra de vino. Mientras tanto, todos cantan...)

Señor, tu Palabra hoy ha desencadenado en nosotros una serie de actitudes y sentimientos importantes: el reconocimiento de nuestro pecado, la confesión de fe, la súplica y ahora esta ofrenda que te presentamos. Lo hemos dicho ya de alguna manera en la canción, pero queremos repetirte de palabra nuestro compromiso de extender en nuestras vidas el amor que Tú nos tienes y que nos das a través de la mesa de la Palabra y de tu Eucaristía.


Prefacio

Te damos gracias, Señor,
porque sacias de favores a todos los humanos.
Tú abres tu mano generosa
para colmar a todos de frutos abundantes.
Preparas una Mesa
con los manjares de la Paz y de la Fiesta;
y haces rebosar las copas
para que brindemos por Tu Reino.
Nos ofreces también tu Palabra:
a tu Hijo Jesús.
que sacia nuestras necesidades
y nos anima y nos alienta
para saciarnos de justicia amor y solidaridad.
Él quiere que le imitemos y le sigamos .
En su Mensaje de ayuda y comprensión.
Ahora nos unimos a los santos,
y a las personas de buen corazón
para entonar un himno de alabanza diciendo:

Santo, Santo, Santo...


Padre Nuestro

Una vez más vamos a rezar el Padre Nuestro y vamos a pedir a Dios que nos dé el pan de cada día. Pero también vamos a decirle que vamos a hacer su voluntad y que vamos a perdonar a los que nos ofenden. Juntos decimos: Padre Nuestro...

Nos damos la paz

El que tiene hambre no puede vivir en paz. Pero cuando estamos saciados surgen entre nosotros peleas y discordias aún más duras, Es que seguimos a Jesús, pero buscamos nuestro provecho, Así no podemos tener paz.
- Que la paz del Señor esté con todos nosotros
- Como amigos y hermanos nos deseamos la paz...

Compartimos el Pan

Jesús se nos entrega como alimento para nuestras vidas. Él no quiere solamente saciarnos, sino ayudarnos a seguirle, a ser solidarios y a vivir en paz.
- Dichosos nosotros, por haber sido invitados a esta Mesa.
- Señor, no soy digno de que entres en mi casa...

Bendición

¡Dichoso quien ACOGE a Jesús en su vida, porque tendrá el ALIMENTO que perdura!
Que la Bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros…

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WebJCP | Abril 2007