Ante el desafío de las «muertes» que se presentan en el mundo de hoy, está el mensaje de vida plena y de esperanza de Jesús que nuestros misioneros anuncian con su testimonio de vida.Jesús, Vida para el mundo de hoyDesde su aparición en el mundo, el hombre lucha constantemente por salvar y cuidar su vida. Es un instinto natural de supervivencia que, contrariamente a lo que pasa en los otros animales, se extiende más allá de la muerte física. Cristo, Hijo de Dios encarnado, se propone como respuesta efectiva al anhelo de vida propio de la humanidad de todos los tiempos: «… yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud» (Jn 10, 10).
Aún frente al desafío de la muerte, Cristo tiene, mejor dicho es una respuesta de resurrección: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí aunque muera, vivirá» (Jn 11, 25). Se trata de un nuevo acto creacional gratuito de Dios Padre, quien regenera la vida por medio del Hijo: «Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere» (Jn 5,21).
En el mundo de hoy existen diferentes tipos de muertes, que si bien dejan seguir latiendo el corazón humano, no por eso son menos efectivas y dramáticas. Para todas estas muertes Cristo se propone como posibilidad de resurrección
* Muerte de la trascendencia: hoy en día la humanidad parece renunciar a su dimensión trascendente, aceptando la reducción al materialismo. Cristo se propone como "puente" para una nueva relación con Dios, una relación personal y de amor: «Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de éf» (Jn 4, 9).
* Muerte de la dignidad: en muchos casos, las situaciones de extrema pobreza, de marginalización y de discriminación matan a la dignidad humana. Cristo es la resurrección de esta "muerte", regalando al hombre la dignidad de Hijo de Dios: «Ustedes ahora son hijos, por que Dios ha mandado a nuestros corazones el espiritu de su propio Hijo que clama al Padre: ¡Abbá! o sea: ¡Papá! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo, y siendo hijo, Dios te da la herencia» (Gal 5, 6-7).
* Muerte de la verdad: se está difundiendo siempre más, un relativismo frente a la realidad, tendiente a justificar un individualismo exasperado. La hipocresía constituye un modus vivendi aceptado por la sociedad, como regla de comportamiento. Jesucristo, enviando su Espíritu, resucita la verdad en el corazón del hombre: «Y cuando venga él, el Espiritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad El no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir» (In 16, 13).
* Muerte de la libertad: ingenuamente el hombre está convencido de estar en una fase de rápido progreso, gracias a la superación de tabúes y de restricciones, y siempre más seguido se encuentra esclavo de modas, vicios y adicciones que dominan su vida diaria. Cristo se ofrece como camino de libertad verdadera: «Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres» (Jn 8; 36).
* Muerte de la voluntad: en nuestra sociedad, la relaciones humanas se encuentran afectadas por un nuevo "virus" que se llama "indiferencia". Se evidencia siempre más, sobre todo en los jóvenes una profunda incapacidad de asumir compromisos definitivos. Jesu-cristo se propone como ejemplo de decisión y fidelidad hasta la muerte: «Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1).
* Muerte de la justicia: si bien el mundo ha progresado bastante, sigue perpetrando injusticias que quedan impunes. La corrupción ha contaminado todo ámbito político y social. En muchos casos la justicia humana es impotente. Cristo es la "justicia" de Dios, la misericordia y el perdón que transforman la realidad: «Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mt 9, 13).
* Muerte de la sexualidad: la pornografía y la "confusión" de sexo están matando a la relación complementaria entre hombre y mujer. Se separa el amor del acto sexual, quitándole su esencial sentido. Je-sucristo valoriza y diviniza la sexualidad humana: «No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre dejará a su padre ya su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,4-6).
* Muerte de la palabra: la revolucionaria invención de la escritura ha ido quitándole importancia a la palabra humana, que hoy en día no parece tener alguna importancia: las promesas y los juramentos se multiplican, y son siempre menos vinculantes. La mentira domina sin oposición nuestros diálogos. Cristo se propone como la "Palabra": «En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios» (Jn 1, 1).







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