LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: marzo 2009
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

domingo, 29 de marzo de 2009

Evangelio Misionero del Día: Lunes 30 de Marzo de 2009

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 1-11

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y Tú, ¿qué dices?».
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «Aquél de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.
Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó:
«Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?»
Ella le respondió:
«Nadie, Señor».
«Yo tampoco te condeno -le dijo Jesús-. Vete, no peques más en adelante».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Barranco

Dicen que la única vez que sabemos que Jesús escribió algo, fue en esta ocasión. Me pregunto qué pondría en el suelo. No acierto a imaginármelo, pero fue lo suficientemente claro para que los que estaban allí entendieran algo más de su concepto de la persona y de la compasión. A lo mejor no eran más que garabatos, o listas de pecados, o de perdones…o quizás nada de eso.

Atravesamos nuestra vida de juicios y valoraciones sobre las otras personas. Miramos desde el prisma de nuestras pobres miserias y rencores, desde nuestro concepto de la justicia, del castigo o del perdón.

Una cosa me preocupa cada vez más: la verdad se encuentra tan de nuestra parte, que los demás sólo pueden estar en el error. Esa especie de endiosamiento que nos convierte en distintos y radicalmente situados en el sitial de la sabiduría.
Los contemporáneos de Jesús conocían probablemente el episodio que se nos cuenta en el libro de Daniel. No juzgaban por apariencia, en este caso. Habían visto el pecado de la mujer, y la llevaban para matarla. Al hombre ni se le cita, su castigo era menor. La mujer, desposeída de dignidad, era la que cargaba con todo el peso de la culpa. Jesús va más allá, como siempre. Se pone del lado de la persona débil y les hace caer en la cuenta de su enorme debilidad: nadie está libre de errores, de culpas, de pecados. La mirada de Dios es benevolente porque nos vuelve sobre nosotros para poder entender con misericordia los errores de los otros.

Se necesitan muchas dosis de perdón, y este sólo puede salir de un corazón reconciliado. Una persona que haya vivido en profundidad la densidad del perdón, sobre todo del que proviene de Dios, puede mirar con bondad al otro, aunque sepa reconocer el mal que ha hecho. Jesús no justifica el mal realizado por la mujer, le pide que no peque más, sino que la acoge para que pueda darse en ella el cambio, la transformación interior. Camino largo y difícil el que nos propone el maestro, pero gratificante. Al final, quien es capaz de realizar la proeza de perdonar, obra el milagro del cambio interior del otro y del suyo propio. Si fuéramos capaces de mirar así, y de sentirnos mirados así, el mundo podría ser capaz de hacer llegar el alba del nuevo mundo que todos esperamos que aparezca.

SEGUIR LEYENDO

sábado, 28 de marzo de 2009

¿Has pensado en vivir ayudando a los demás?

SEGUIR LEYENDO

Los católicos tienen que rever la celebración de la Semana Santa


Publicado por AICA

"Si hay un tema que los católicos tienen que rever, es la celebración de la Semana Santa. Ha pasado con la Semana Santa lo que suele pasar con algunos árboles. Toda la vitalidad de sus raíces se van en frondosidad de ramas y hojas y no dan fruto”, dijo el obispo emérito de Viedma, monseñor Miguel Esteban Hesayne, en su homilía del domingo.

Señaló que “con el correr de los siglos se fue perdiendo la raíz cristiana” porque “para recuperar en el Pueblo de Dios la fe en la Muerte y Resurrección de Jesús, se fue solemnizando el anuncio de la fe pascual en un despliegue de largas ceremonias”.

El prelado recordó que “desde el Concilio Vaticano II se viene haciendo un gran esfuerzo pastoral para recuperar la centralidad fontal de la Pascua del Señor en la vida cotidiana del Pueblo de Dios”.

En ese sentido precisó que “no bastan cambios litúrgicos” sino que “Jesús será pascua cotidiana de los cristianos, en tanto en cuanto, las parroquias se vayan transformando en una red de comunidades cuyos integrantes se nutran de la Biblia y de la Eucaristía”.

Agregó que el mundo necesita una Iglesia que se nutra en estas dos mesas “para dejar de ser cómplice de una sociedad que arrincona a los que no pueden competir y exalta la felicidad del tener con afán de máximo lucro. Porque una Iglesia bien alimentada en estas dos mesas engendra cristianos que sacuden la apatía y la pasividad ante la muerte prematura de la niñez desnutrida, enfermos carentes de atención médica y ancianos desvalidos”.

“El llamado a conversión que Jesús hace hoy a su Pueblo, es que no se organicen misas para ponerlas a disposición de quienes quieran cumplir con sus obligaciones religiosas. Porque Él, desde la última Cena, ha entregado a la Iglesia la Eucaristía para que la gente pueda vivir su muerte y resurrección (Pascua) y así ser capaz de construir un mundo justo en fraterna solidaridad glorificando a Dios, Padre de la Humanidad”, concluyó.+

SEGUIR LEYENDO

Evangelio Misionero del Día: Domingo 29 de Marzo de 2009 - V Domingo de Cuaresma - ciclo B

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo Según san Juan 12, 20-33

Había unos griegos que habían subido a Jerusalén para adorar a Dios durante la fiesta de la Pascua. Éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. Él les respondió:
«Ha llegado la hora
en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.
Les aseguro que
si el grano de trigo que caen en la tierra no muere,
queda solo;
pero si muere,
da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá;
y el que no está apegado a su vida en este mundo,
la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme
que me siga,
y donde Yo esté, estará también mi servidor.
El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.
Mi alma está ahora turbada.
¿Y qué diré:
“Padre, líbrame de esta hora?”
¡Si para eso he llegado a esta hora!
¡Padre, glorifica tu Nombre!»
Entonces se oyó una voz del cielo: «Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar».
La multitud, que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel».
Jesús respondió:
«Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes.
Ahora ha llegado el juicio de este mundo,
ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera:
y cuando Yo sea levantado en alto sobre la tierra,
atraeré a todos hacia mí».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

No hay escena del Evangelio que no tenga su emoción propia. Pero pocas le ganarán en interés a aquella subida de Jesús a Jerusalén desde Betania, pocos días antes de morir, tal como nos la cuenta el Evangelio de este Domingo.
La gente se apiña alrededor de Jesús. Cuanto más le odian sus enemigos, más interés despierta. Y ahora, mientras Jerusalén empieza a hervir de peregrinos, venidos de todas partes para la Pascua, se acercan también unos griegos, creyentes en el Dios de Israel. No se atreven a presentarse solos, y le piden a Felipe:
- Queremos ver a Jesús.
Felipe y Andrés se lo dicen al Señor:
- Maestro, hay aquí unos griegos que te quieren ver y hablar contigo.
Jesús se emociona secretamente. Piensa:
- Tengo que ir a ellos, a los del mundo pagano, y no encerrarme en las fronteras de Israel. Pero esto exige antes mi muerte. No saldré, mientras no muera.
Y exclama ante todos los que le rodean:
- Ha llegado la hora de ser yo glorificado. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero, si muere sembrado bajo la tierra, produce mucho fruto. Quien ama su vida, la pierde; pero si pierde la vida en este mundo, la guarda para la vida eterna.
Y viendo la lucha que se le echa encima por Satanás, dice valiente:
- Ahora el príncipe de este mundo, el demonio, será arrojado fuera. Y yo, al ser levantado en la cruz, atraeré todos a mí.
¿Hemos captado todas las afirmaciones de Jesús en tan pocas palabras? Son de una riqueza inmensa. Suscitadas por la ilusión de unos extranjeros, que sueñan con ser parte del pueblo elegido, el Señor les responde abriéndoles el corazón. Y la manifestación de este su deseo ¡Queremos ver a Jesús!, es, un grito conmovedor que revuelve dichosamente las entrañas del alma...
¡Queremos ver a Jesús!, empiezan por decir esos griegos.
Gran parte del mundo moderno, harta de líderes que le han engañado o le defraudan, vuelve la mirada a Jesús. Intuye en Él algo diferente de los demás. Sin darse cuenta de ello, va siguiendo el impulso del Espíritu, que lo guía secretamente hacia el Salvador. Ese mundo nos pide a nosotros con verdaderos gritos:
- ¡Traednos a Jesús, que también nosotros queremos verlo!
Nos lo pide especialmente el mundo misional. Cuando la Iglesia nos pide aportar nuestro esfuerzo para la evangelización del mundo pagano, no hace otra cosa que afinar nuestro oído para escuchar y entender ese clamor angustioso. ¿Se nos puede pedir a nosotros, creyentes, algo más grande que dar a conocer Jesús a tantos hermanos, que lo reclaman también para ellos?...
Muchos hermanos que nos rodean nos repiten igualmente: ¡Queremos ver a Jesús!
Tienen fe, pero la tienen muy amortiguada. Aman a Jesucristo, pero de una manera muy tibia. Piden remedio en sus angustias, pero no se deciden a confiarse a Jesucristo, única esperanza suya. Y nuestro apostolado no es otra cosa que presentar a Jesús, hacerlo ver, hacerlo conocer, hacerlo amar. Si mostramos Jesucristo a quienes viven alrededor nuestro, les habremos hecho el más espléndido de los regalos.
¡Queremos ver a Jesús, nos decimos a nosotros mismos, los que decimos conocerle y amarle desde siempre.
Nuestra ilusión más grande es ir creciendo en el conocimiento, en el amor y en la entrega a Jesús. Porque Él es el ideal, la meta, el fin y el premio de nuestra existencia. Jesús llena nuestra vida entera, desde el principio hasta el fin.
Esto nos llevará, ya lo sabemos, a caer en la tierra como el grano de trigo o del maíz, que se habrá de podrir para poder dar mucho fruto. Es decir, nos exigirá sacrificios, renuncias. Seguir a Jesús, dar Jesús a los demás, trabajar por Él, no resulta muchas veces tan fácil.
Pero esta entrega generosa es la condición indispensable para hacer algo por Jesucristo. Y esto, sin miedos de ninguna clase. El enemigo está vencido de antemano.
El mundo se lo disputan palmo a palmo entre Satanás y Jesucristo. Pero Jesucristo nos ha asegurado la victoria:
- El príncipe de este mundo va a ser echado fuera... Al mundo lo tengo yo vencido...
Y añadirá Juan en su carta con aire de triunfo:
- ¡Esta es la victoria de nuestra fe!...
El cristiano que ama a Jesucristo, que lo ve continuamente con los ojos de la fe, que lo adivina presente en su Eucaristía, sacia esa sed inmensa que nos consume a todos los creyentes, y ese cristiano llega a sentirse el ser más feliz.
De este modo le dirige a Jesús la plegaria con que acaba el famoso himno eucarístico de Santo Tomás de Aquino: Jesús, a quien ahora veo oculto tras los velos sacramentales, te pido se haga pronto realidad lo que más ansío: que, dejándome ver claramente tu faz, sea completamente feliz al contemplar tu gloria...
¡Queremos verte, Jesús!
Colma Tú las ansias inmensas de nuestro corazón.
Sin ti, ¿adónde iríamos a parar? Contigo, ¿que nos puede faltar?... Con el sentido cantar, te decimos: “ Véante mis ojos, dulce Jesús bueno, véante mis ojos, muérame yo luego”...

SEGUIR LEYENDO

Grabacion oculta al párroco de Valdealmenaras - V Domingo de Cuaresma - Ciclo B: (Jn 12,20-33)

Por Juan Masiá Clavel sj
Publicado por Vivir y Pensar en la Frontera

Estaba el párroco Nicanor acurrucado en el presbiterio el sábado por la noche, a solas con el Maestro. Micrófonos de RD, listos para el Domingo, grabaron por casualidad la conversacion siguiente:

Párroco Nicanor: Señor, hoy ayuno y hago penitencia y mañana, quinto domingo de cuaresma, les invito a mortificarse a propósito del evangelio del grano de trigo que muere.

Jesús de Nazaret: No exageres, Nicanor, sabes que no me gusta el dolor por el dolor.

N. Pero a nosotros nos enseñaron que cuanto más sufres, más merito tienes, que ese es el “Camino”, el de la cruz que nos salva, como dijo cierto santo beatificado a la fuerza por un Papa no muy grande, pero sí muy fuerte...

J. ¡Ojo!, Nicanor, querrás decir que te salvas a pesar de la cruz, no por la cruz; lo que a mi me salvó fue la vida definitiva en la que me introdujo el Espíritu de Abba.

N. Pero Tú, Señor, abrazaste la cruz con gozo y sin esfuerzo.

J. Bueno, lo del gozo es un tanto relativo. Y, desde luego, trabajito me costó, que es mucho salmo y muy fuerte lo del 21, y no me salía entonarlo... Ya habria preferido que Abba no me dejara desamparado. Y lo peor de todo, ver alli cerca a la madre y a mis queridisimos Juan y Magdalena, aguantando desgarrados a pie de cruz... se me clavaba eso más que las espinas... no alcanzaban hasta lo alto y yo no podia desclavarme y abrazarles como me lo pedía el cuerpo.

N. Pero Tú sabias que después venía la resurrección.

J. No, Nicanor eso lo dicen los teólogos romanos, que se olvidan de lo que significa que os precedi en la fe como “pionero de salvación “(Hebr. 2,10) y “pionero y consumador de la fe” (Heb. 12, 2; en ambos casos la palabrita griega, perdona la pedantería, es “arjegós”, que Alonso Shökel atinó a traducir como “pionero”). Más vale que leas a Pagola. A Ratzinger, tan agustiniano siempre, le cuesta asumirlo y hace malabarismos escolásticos para hablar de mi conciencia, como si temiese decir que yo tuve fe. Tienes que olvidar muchas teologias medievales: que si el sacrificio redentor, que si había que pagar infinitos euros de compensación por la culpa, que si el Siervo de Yavé merece más cuanto más sufre, como dicen al son de las guitarras los de cierto Camino espiritual de moda en tu tierra, o que hay que saborear el sadismo de Mel Gibson en su pelicula...

N. Maestro, me has chafao la homilia de mañana. Pero ya comprenderás que yo no sé decir más que lo de siempre, mientras la gente se impacienta y mira el reloj; la mayoria que viene a misa son mayores y los micrófonos no resuelven el problema del oido, no te imaginas lo dificil que lo tenemos cada domingo. Asi que, no hay más remedio que abreviar y... repetir lo de siempre. En mi pulpito te queria yo ver mañana...

J. Pues mira, Nicanor, en vez de lo de siempre, diles que hay vida y esperanza para siempre. Diles que el Espíritu de Abba, que me introdujo a mí desde la muerte en esa Vida verdadera, hará lo mismo con todos y cada uno de ellas y ellos cuando mueran. Diles que yo no soy un mitrado gruñón y regañón como ciertos eclesiásticos profetas de calamidades.

N. Lo intentaré, maestro. Pero si graban mi homilía y me denuncian al cancerbero, al cardenal de la Doctrina y su hosco portavoz, ¿qué hago?

J. Pues les recomiendas que lean el evangelio y hablen conmigo cada noche antes de acostarse.

N. De acuerdo, Señor, pero lo pongas como lo pongas, el caso es que el evangelio que toca para mañana es el del grano de trigo que muere. Me dejas hecho un lío.

J. Aún no has entendido, Nicanor. Esa comparación no era para negar la vida, ni atormentaros. Era un autorretrato de lo que pasó conmigo en la Pasión y entrada en la Fuente de la Vida. El grano de trigo no fenece, sino se abre para que broten raíces hacia abajo y tallo hacia arriba; no perece, sino se transforma para fructificar. Morir no es desaparecer, sino dejar que se abra la envoltura, para que vuele la crisálida convertida en mariposa; morir es expandirse, para entrar en la fuente de la vida que lo llena todo en todo.

N. Tienes razón, Jesús. Si les digo esto, quizás se animarán.

J. Naturalmente, hombre, como que esa es tu misión. El papel de mi iglesia no es ser gendarme de moralismos, sino pregonera de esperanzas. No es hacer campañas negativas y condenatorias, sino animar a vivir hasta la muerte y más allá de la muerte.

(Aqui sonó una interferencia y se cortó la comunicación. Al recuperar la onda apareció en pantalla la pagina web del cielo con el rostro del cura Martin Descalzo que cantaba asi: )

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura.”

SEGUIR LEYENDO

Tercera predicación de Cuaresma 2009: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”

Por Raniero Cantalamessa ofm cap
Predicador del Papa

1. ¿Una era del Espíritu Santo?

"Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte... El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece; mas si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justificación. Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros".

Son cuatro versículos del capítulo octavo de la Carta a los Romanos sobre el Espíritu Santo y en ellos resuena seis veces el nombre de Cristo. La misma frecuencia se mantiene en el resto del capítulo, si consideramos también las veces que hay referencias a Él con el pronombre o con el término Hijo. Este hecho es de importancia fundamental; nos dice que para Pablo la obra del Espíritu Santo no sustituye a la de Cristo, sino que la prosigue, la cumple y la actualiza.

El hecho de que el recién elegido presidente de los Estados Unidos, durante su campaña electoral, haya aludido tres veces a Joaquín de Fiore, ha vuelto a suscitar el interés por la doctrina de este monje del medioevo. Pocos de los que hablan de él, especialmente en Internet, saben o se preocupan de saber qué dijo exactamente este autor. Toda idea de renovación eclesial o mundial se pone bajo su nombre con desenvoltura, hasta la idea de un nuevo Pentecostés para la Iglesia invocado por Juan XXIII.

Una cosa es cierta. Sea o no atribuible a Joaquín de Fiore, la idea de una tercera era del Espíritu que sucedería a la del Padre en el Antiguo Testamento y de Cristo en el Nuevo es falsa y herética, porque ataca el corazón mismo del dogma trinitario. Bien distinta es la afirmación de san Gregorio Nacianceno, quien distingue tres fases en la revelación de la Trinidad: en el Antiguo Testamento, se ha revelado plenamente el Padre y se ha prometido y anunciado el Hijo; en el Nuevo Testamento, se ha revelado plenamente el Hijo y ha sido anunciado y prometido el Espíritu Santo; en el tiempo de la Iglesia, se conoce finalmente por completo el Espíritu Santo y se goza de su presencia [1].

Sólo por haber citado en un libro mío este texto de san Gregorio, acabé también en la lista de los seguidores de Joaquín de Fiore, pero san Gregorio habla del orden de la manifestación del Espíritu, no de su ser o de su actuar, y en tal sentido su afirmación expresa una verdad incontestable, acogida pacíficamente por toda la tradición.

La tesis llamada joaquimita la excluye de raíz Pablo y todo el Nuevo Testamento. Para estos el Espíritu Santo no es sino el Espíritu de Cristo: objetivamente porque es el fruto de su Pascua; subjetivamente porque es Él quien lo infunde en la Iglesia, como dirá Pedro a la multitud el día mismo de Pentecostés: "Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís" (Hechos 2, 33). El tiempo del Espíritu es por ello co-extensivo al tiempo de Cristo.

El Espíritu Santo es el Espíritu que procede primariamente del Padre, que ha descendido y se ha "posado" en plenitud en Jesús, "historificándose" y acostumbrándose en Él -dice san Ireneo- a vivir entre los hombres, y que en Pascua-Pentecostés desde Él es infundido en la humanidad. Otra prueba de todo esto es precisamente el grito "Abbà" que el Espíritu repite en el creyente (Ga 4,6) o enseña a repetir al creyente (Rm 8, 15). ¿Cómo puede el Espíritu gritar Abbà al Padre? No es generado desde el Padre, no es su Hijo... Puede hacerlo -observa san Agustín- porque es el Espíritu del Hijo y prolonga el grito de Jesús.

2. El Espíritu como guía en la Escritura

Después de esta premisa, vamos al versículo del capítulo octavo de la Carta a los Romanos sobre el que desearía detenerme hoy: "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios" (Rm 8,14).

El tema del Espíritu Santo-guía no es nuevo en la Escritura. En Isaías todo el camino del pueblo en el desierto se atribuye a la guía del Espíritu. "El Espíritu del Señor los guió a descansar" (Is 63, 14). Jesús mismo "Jesús fue llevado (ductus) por el Espíritu al desierto" (Mt 4,1). Los Hechos de los Apóstoles nos muestran una Iglesia que, poco a poco, es "conducida por el Espíritu". El mismo proyecto de san Lucas de hacer que, al evangelio, le sigan los Hechos de los Apóstoles, tiene el objetivo de mostrar cómo el mismo Espíritu que había guiado a Jesús en su vida terrena ahora guía a la Iglesia, como Espíritu "de Cristo". ¿Va Pedro hacia Cornelio y los paganos? Es el Espíritu quien se lo ordena (Cf. Hch 10,19;11,12); en Jerusalén, ¿los apóstoles toman decisiones importantes? Es el Espíritu quien las ha sugerido (15, 28).

La guía del Espíritu se ejerce no sólo en las grandes decisiones, sino también en las cosas pequeñas. Pablo y Timoteo quieren predicar el Evangelio en la provincia de Asia, pero "el Espíritu Santo se lo había impedido"; intentan dirigirse hacia Bitinia, pero "no lo consintió el Espíritu de Jesús" (Hch 16, 6 s.). Se comprende después el porqué de esta guía tan apremiante: el Espíritu Santo empujaba de este modo a la Iglesia naciente a salir de Asia y asomarse a un nuevo continente, Europa (Cf. Hch 16,9).

Para Juan, la guía del Paráclito se ejerce sobre todo en el ámbito de la conciencia. Es Aquel que "guiará" a los discípulos hacia la verdad completa (Jn 16,3); su unción "enseña toda cosa", hasta el punto que quien la posee no necesita de otros maestros (Cf. 1 Jn 2, 27). Pablo introduce una importante novedad. Para él, el Espíritu Santo no es sólo "el maestro interior"; es un principio de vida nueva (¡"los que son guiados por Él son hijos de Dios"!); no se limita a indicar qué hay que hacer, sino que también da la capacidad de hacer lo que manda.

En ello, la guía del Espíritu se diferencia esencialmente de la de la Ley que permite ver el bien que hay que cumplir, pero que deja a la persona a solas con el mal que no quiere (Cf. Rm 7, 15 ss.). "Si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley" (Ga 5,18), había dicho el Apóstol anteriormente, en la Carta a los Gálatas (Ga 5,18).

Esta visión paulina de la guía del Espíritu, más profunda y ontológica (en cuanto toca el ser mismo del creyente), no excluye la más común de maestro interior, de guía en el conocimiento de la verdad y de la voluntad de Dios, y en esta ocasión es precisamente de lo que querría hablar.

Se trata de un tema que ha tenido un amplio desarrollo en la tradición de la Iglesia. Si Jesucristo es "el camino" (odòs) que lleva al Padre (Jn 14, 6), el Espíritu Santo -decían los Padres- es "la guía a lo largo del camino" (odegòs) [2]. "Este es el Espíritu -escribe san Ambrosio-, nuestra cabeza y guía (ductor et princeps), que dirige la mente, confirma el afecto, nos atrae adonde quiere y orienta hacia lo alto nuestros pasos" [3]. El himno Veni creator recoge esta tradición en los versos: "Ductore sic te praevio vitemus omne noxium": contigo como guía todo mal evitaremos. El Concilio Vaticano II se comprende en esta línea cuando habla "del Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor" [4].

3. El Espíritu guía a través de la conciencia

¿Dónde se explica esta guía del Paráclito? El primer ámbito u órgano es la conciencia. Hay una relación estrechísima entre conciencia y Espíritu Santo. ¿Qué es la famosa "voz de la conciencia" más que una especie de "repetidor a distancia" a través del cual el Espíritu Santo habla a cada hombre? "Mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo", exclama san Pablo, hablando de su amor por los connacionales israelitas (Cf. Rm 9, 1).

A través de este "órgano", la guía del Espíritu Santo se extiende también fuera de la Iglesia, a todos los hombres. Los paganos "muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia" (Rm 2, 14 s.). Precisamente porque el Espíritu Santo habla en todo ser razonable a través de la conciencia -decía san Máximo el Confesor-, "vemos a muchos hombres, también entre los bárbaros y los nómadas, orientarse a una vida decorosa y buena, y despreciar las leyes violentas que desde los orígenes les habían gobernado" [5].

La conciencia es también una especie de ley interior, no escrita, diferente e inferior respecto a la que existe en el creyente por la gracia, pero no en desacuerdo con ella, dado que proviene del mismo Espíritu. Quien no posee más que esta ley "inferior", pero la obedece, está más cerca del Espíritu que quien posee aquella superior que viene del bautismo, pero no vive de acuerdo con ella.

En los creyentes esta guía interior de la conciencia está como potenciada y elevada por la unción que "enseña acerca de todas las cosas -y es verdadera, no mentirosa-" (1 Jn 2, 27), o sea, guía infaliblemente si se le presta atención. Precisamente comentando este texto, san Agustín formuló la doctrina del Espíritu Santo como "maestro interior". ¿Qué quiere decir -se preguntaba- "no necesitáis que ninguno os instruya"? ¿Tal vez que el cristiano solo ya sabe todo por su cuenta y que no necesita leer, formarse, escuchar a nadie? Pero si así fuera, ¿con qué fin habría escrito el apóstol esta carta suya? La verdad es que hay necesidad de escuchar a maestros externos y a predicadores externos, pero sólo entenderá y se aprovechará de lo que dicen aquel a quien le habla en lo íntimo el Espíritu Santo. Esto explica por qué muchos escuchan la misma predicación y la misma enseñanza, pero no todos comprenden de igual forma [6].

¡Qué consoladora seguridad de todo ello! La palabra que un día resonó en el Evangelio: "¡El maestro está aquí y te llama!" (Jn 11, 28), es verdadera para cada cristiano. El mismo maestro de entonces, Cristo, que habla a través de su Espíritu, está dentro de nosotros y nos llama. Tenía razón san Cirilo de Jerusalén al definir al Espíritu Santo como "el gran didascalo, esto es, maestro, de la Iglesia" [7].

En este ámbito íntimo y personal de la conciencia, el Espíritu Santo nos instruye con las "buenas inspiraciones" o las "iluminaciones interiores" de las que todos hemos tenido alguna experiencia en la vida. Son impulsos a seguir el bien y a rechazar el mal, atracciones y propensiones del corazón que no se explican naturalmente, porque con frecuencia van en dirección contraria a la que querría la naturaleza.

Basándose en este componente ético de la persona, precisamente algunos eminentes científicos y biólogos de la actualidad han llegado a superar la teoría que contempla el ser humano como resultado casual de la selección de la especie. Si la ley que gobierna la evolución es sólo lucha por la supervivencia del más fuerte, ¿cómo se explican ciertos actos de puro altruismo y hasta de sacrificio de uno mismo por la causa de la verdad y de la justicia? [8].

4. El Espíritu guía a través del magisterio de la Iglesia

Hasta aquí, el primer ámbito en el que se ejerce la guía del Espíritu Santo, el de la conciencia. Existe un segundo, que es la Iglesia. El testimonio interior del Espíritu Santo se debe conjugar con el exterior, visible y objetivo, que es el magisterio apostólico. En el Apocalipsis, al término de cada una de las siete cartas, oímos la advertencia: "El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias" (Ap 2, 7 ss.).

El Espíritu habla también a las Iglesias y a las comunidades, no sólo a los individuos. San Pedro, en Hechos, reúne ambos testimonios -interior y exterior, personal y público- del Espíritu Santo. Acaba de hablar a las multitudes de Cristo entregado a la muerte y resucitado, y aquellas se sintieron "compungidas" (Cf. Hch 2, 37); lo mismo hace ante los jefes del sanedrín, y estos se enfurecieron (Cf. Hch 4, 8 ss). Mismo tema, mismo predicador, pero efecto completamente distinto. ¿Cómo es eso? La explicación se encuentra en estas palabras que el apóstol pronuncia en esa circunstancia: "Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo que ha dado Dios a los que le obedecen" (Hch 5, 32).

Dos testimonios deben unirse para que pueda brotar la fe: el de los apóstoles que proclaman la palabra y el del Espíritu que permite acogerla. La misma idea se expresa en el evangelio de Juan cuando, hablando del Paráclito, Jesús dice: "Él dará testimonio de mí y también vosotros daréis testimonio" (Jn 15, 26).

Es igualmente fatal pretender prescindir de una o de otra de las dos guías del Espíritu. Cuando se descuida el testimonio interior, se cae fácilmente en el legalismo y en el autoritarismo; cuando se descuida el exterior, apostólico, se cae en el subjetivismo y en el fanatismo. En la antigüedad, rechazaban el testimonio apostólico, oficial, los gnósticos. Contra ellos, san Ireneo escribía las conocidas palabras:

"A la Iglesia se le ha confiado el Don de Dios, como el soplo a la criatura plasmada... De él no son partícipes los que no siguen a la Iglesia... Separados de la verdad, se agitan en cada error dejándose zarandear por él; según el momento, piensan cada vez de modo distinto sobre los mismos temas, sin tener jamás un criterio estable" [9].

Cuando todo se reduce a la escucha personal, privada, del Espíritu, se abre el camino a un proceso irrefrenable de divisiones y subdivisiones, porque cada uno cree que tiene razón; y la propia división y multiplicación de las denominaciones y de las sectas, a menudo en oposición entre sí en puntos esenciales, demuestra que no puede ser en todos el mismo Espíritu de verdad el que habla, porque de otra forma estaría Él en contradicción consigo mismo.

Esto, como se sabe, es el peligro al que está más expuesto el mundo protestante, habiendo erigido el "testimonio interno" del Espíritu Santo como único criterio de verdad, contra todo testimonio externo, eclesial, a no ser sólo la Palabra escrita [10]. Algunas franjas extremas irán tan lejos como para desgajar la guía interior del Espíritu Santo también de la palabra de la Escritura; existirán entonces los diversos movimientos de "entusiastas" y de "iluminados" que han atravesado la historia de la Iglesia, tanto católica como ortodoxa y protestante. El punto de llegada más habitual de esta tendencia, que concentra toda la atención en el testimonio interno del Espíritu, es que inadvertidamente el Espíritu... pierde la mayúscula y termina por coincidir con el simple espíritu humano. Es lo que ocurrió con el racionalismo.

Pero debemos reconocer que existe también el riesgo opuesto: el de absolutizar el testimonio externo y público del Espíritu, ignorando el individual que se ejerce a través de la conciencia iluminada por la gracia. En otras palabras, el de reducir la guía el Paráclito al único magisterio oficial de la Iglesia, empobreciendo así la variada acción del Espíritu Santo.

Prevalece fácilmente, en este caso, el elemento humano, organizativo e institucional; se favorece la pasividad del cuerpo y se abre la puerta a la marginación del laicado y a la excesiva clericalización de la Iglesia. Sin contar con que, también por esta ruta, se puede recaer en el subjetivismo y en el sectarismo, asumiendo, de la tradición y del magisterio, sólo la parte que corresponde a la propia elección ideológica o política.

Igualmente en este caso, como siempre, debemos volver a encontrar la totalidad, la síntesis, que es el criterio verdaderamente "católico". Lo ideal es una sana armonía entre la escucha de lo que el Espíritu me dice a mí, singularmente, y lo que dice a la Iglesia en su conjunto, y a través de la Iglesia a cada uno.

5. El discernimiento en la vida personal

Vamos ahora a la guía del Espíritu en el camino espiritual de cada creyente. Se sitúa bajo el nombre de discernimiento de espíritu. El primer y fundamental discernimiento de espíritu es el que permite distinguir "el Espíritu de Dios" del "espíritu del mundo" (Cf. 1 Co 2, 12). San Pablo brinda un criterio objetivo de discernimiento, el mismo que había dado Jesús: el de los frutos. Las "obras de la carne" revelan que cierto deseo viene del hombre viejo, pecaminoso; "los frutos del Espíritu" revelan que viene del Espíritu (Cf. Ga 5, 19-22). "La carne de hecho tiene deseos contrarios al Espíritu y el Espíritu tiene deseos contarios a la carne" (Ga 5, 17).

Sin embargo a veces este criterio objetivo no basta, porque la elección no es entre el bien y el mal, sino entre un bien y otro bien, y se trata de ver qué es lo que Dios quiere en una circunstancia precisa. Sobre todo para responder a esta exigencia, san Ignacio de Loyola desarrolló su doctrina sobre el discernimiento. Invita a mirar sobre todo una cosa: las propias disposiciones interiores, las intenciones (el "espíritu") que están detrás de una elección.

San Ignacio sugirió los medios prácticos para aplicar estos criterios [11]. Uno es el siguiente. Cuando se está ante dos posibles opciones, es útil detenerse primero en una, como si hubiera que seguirla sin duda; permanecer en tal estado durante uno o más días; entonces valorar las reacciones del corazón frente a tal elección: si da paz, si armoniza con el resto de las propias elecciones, si algo en ti te alienta en esa dirección, o, al contrario, si el tema deja un poso de inquietud... Repetir el proceso con la segunda hipótesis. Todo en un clima de oración, de abandono a la voluntad de Dios, de apertura al Espíritu Santo.

Una disposición habitual de fondo a realizar, en cualquier caso, la voluntad de Dios, es la condición más favorable para un buen discernimiento. Jesús decía: "Mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn 5, 30).

El peligro, en algunas formas modernas de entender y practicar el discernimiento, es acentuar hasta tal punto los aspectos psicológicos, que se olvide que el agente primario de todo discernimiento es el Espíritu Santo. Hay una profunda razón teológica en ello. El Espíritu Santo es Él mismo la voluntad sustancial de Dios, y cuando entra en un alma "se manifiesta como la voluntad misma de Dios para aquel en quien se halla" [12].

El fruto concreto de esta meditación podría ser una renovada decisión de confiarse en todo y para todo a la guía interior del Espíritu Santo, como en una especie de "dirección espiritual". Está escrito que "cuando la Nube se elevaba de encima de la Morada, los israelitas levantaban el campamento. Pero si la Nube no se elevaba, ellos no levantaban el campamento" (Ex 40, 36-37). Tampoco nosotros debemos emprender nada si no es el Espíritu Santo -de quien la nube, según la tradición, era figura- quien nos mueve y sin haberle consultado antes de cada acción.

Tenemos el ejemplo más luminoso de ello en la propia vida de Jesús. Jamás emprendió nada sin el Espíritu Santo. Con el Espíritu Santo fue al desierto; con el poder del Espíritu Santo regresó e inició su predicación; "en el Espíritu Santo" eligió a sus apóstoles (Cf. Hch 1,2); en el Espíritu oró y se entregó a sí mismo al Padre (Cf. Hb 9, 14).

Santo Tomás habla de esta conducción interior del Espíritu como de una especie de "instinto propio de los justos": "Igual que en la vida corporal el cuerpo no es movido más que por el alma que lo vivifica, así en la vida espiritual cada movimiento nuestro debería provenir del Espíritu Santo" [13]. Es así como actúa la "ley del Espíritu"; es lo que el Apóstol llama "dejarse guiar por el Espíritu" (Ga 5, 18).

Debemos abandonarnos al Espíritu Santo como las cuerdas del arpa a los dedos de quien las toca. Como buenos actores, tener el oído atento a la voz del apuntador escondido, para recitar fielmente nuestra parte en el escenario de la vida. Es más fácil de cuanto se piensa, porque nuestro apuntador nos habla dentro, nos enseña toda cosa, nos instruye en todo. Basta a veces un simple vistazo interior, un movimiento del corazón, una oración. De un santo obispo del siglo II, Melitón de Sardes, se lee este bello elogio que desearía que se pudiera repetir de cada uno de nosotros después de morir: "En su vida hizo todo movido por el Espíritu Santo" [14].

[Traducción del original italiano por Marta Lago]

--------------------------------------------------

[1] Cf. S. Gregorio Nazianzeno, Discursos, XXXI, 26 (PG 36, 161 s.).

[2] S. Gregorio Nisseno, Sobre la fe (PG 45, 1241C): cf. Ps.-Atanasio, Diálogo contra los macedonios, 1, 12 (PG 28, 1308C).

[3] S. Ambrosio, Apología de David, 15, 73 (CSEL 32,2, p. 348).

[4] Gaudium et spes, 11.

[5] S. Máximo Confesor, Capítulos varios, I, 72 (PG 90, 1208D).

[6] Cf. S. Agustín, Sobre la primera carta de Juan, 3,13; 4,1 (PL 35, 2004 s.).

[7] S. Cirilo de Jerusalén, Catequesis, XVI, 19.

[8] Cf. F. Collins, The Language of God

[9] S. Ireneo, Contra las herejías, III, 24, 1-2.

[10] Cf. J.-L. Witte, Esprit-Saint et Eglises séparées, in Dict.Spir. 4, 1318-1325.

[11] Cf. S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, cuarta semana (ed. BAC, Madrid 1963, pp. 262 ss).

[12] Cf. Guillermo de San Thierry, Lo specchio della fede, 61 (SCh 301, p. 128).

[13] Santo Tomás, Sobre la Carta a los Gálatas, c.V, l. 5, n.318; l. 7, n. 340.

[14] Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, V, 24, 5.

SEGUIR LEYENDO

V Domingo de Cuaresma - Ciclo B: CON EL SEÑOR JESÚS HACIA SU VIERNES SANTO (Jn 12,20-33)


1.- Nos acercamos paso a paso, hombro con hombro, con el Señor Jesús a su Viernes Santo. Si hubiéramos estado junto a Él muy posiblemente nos hubiéramos dormido en el Huerto mientras Él moría de tristeza. O habríamos huido tratando de ganar en velocidad a los apóstoles que le traicionaron en manos de los enemigos que venían a buscarlo.

Ninguno hubiéramos sido capaces de poner nuestro brazo sobre sus hombros cuando le hubiéramos oído decir esas palabras del Evangelio de hoy: “Padre, líbrame de esta hora…” Jesús necesitó compañía en su soledad y no la encontró en nosotros.

Jesús aceptó esa soledad en el sufrimiento, como había aceptado, como hombre el cansancio de los caminos, el hambre y la sed. Y como iba a aceptar la muerte, como parte de su condición humana.

El Señor sabía de ese largo miserere de dolores humanos, la incertidumbre de la enfermedad, la angustia de una familia sin futuro y sin pan, la soledad de los ancianos desamparados por los hijos, escuadrones de niños abandonados en las calles, pérdida de su ser querido entre el amasijo de hierros abrasados en accidente.

El Señor Jesús sabía que como hermano mayor no podía abandonarnos en la estacada del dolor, pero también sabía que, en las verdaderas tristezas de la vida, no valen razones, como Él mismo experimentó, y por eso prefirió ahogarse en nuestras lágrimas, para que supiéramos que si no había razones al menos le teníamos a Él como compañero de dolor.

Cuando nuestro hogar, arrasado por la tragedia de la muerte y el dolor, queda como piso abandonado y desalquilado, no nos olvidemos que cuando el huracán del Viernes Santo se llevó la vida del Hijo, el hogar de su Madre María quedó como frío guardamuebles sin sentido y sin calor.

2.- El Señor, nuestro hermano mayor, con gritos y lágrimas de que nos habla la Carta a los Hebreos, nos quiere decir que nos estamos solos en nuestras soledades, que su Pasión no ha acabado porque Él mismo sufre y llora con nosotros.

Es la historia de aquel que arrastraba su dolor por la arena de la playa y, en un grito de queja, se encara con el Señor y le espeta: “Tu decías que nunca me encontraría solo en el camino de la vida y ahora que te necesito miro atrás no veo más que mis propias pisadas: ¿dónde estás Tú? Y el Señor, con paciencia de padre, le contesta: “no, hijo, esas pisadas en la arena son las mías, porque desde comenzaste a sufrir te llevo en mis brazos”.

Nunca estamos solos: “yo estaré con vosotros hasta el final de los siglos. La compañía en la soledad y el dolor que buscó y no encontró en nosotros, el Señor nos la promete y nos la da.

3.- La silenciosa compañía en la pena y el dolor es la mayor muestra de verdadera amistad, mucho más que la compañía entre copas de champán. Dios nos promete en Jeremías meter su ley en nuestro pecho, escribirla en nuestros corazones, quitarnos el corazón de piedra y darnos un corazón de carne.

Un corazón de carne que como el de Jesús sufra con nuestra propia carne, sepa llorar con el hermano, estar, simplemente, estar…Dejarse morir en el mismo surco donde muere de pena el corazón del hermano y ese grano de trigo perdido en el surco dará el consuelo de la cercanía, del calor humano, de la carne de Dios hecha compañía.

SEGUIR LEYENDO

V Domingo de Cuaresma - Ciclo B: Comentario Seglar al Evangelio (Jn 12,20-33)

Publicado por Ciudad Redonda

DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
El mercado siempre está presente. En épocas de crisis como las que vivimos ahora los del primer mundo, (aunque el tercer mundo y muchas personas de este primer mundo llevan en crisis toda su existencia); pues en esta época hay un ambiente de tristeza, de inseguridad, de miedo, de negociar, etc. Y hacemos lo mismo con nuestras relaciones, con nuestros sentimientos, mercadear, negociar. Muchas veces hemos escuchado y nosotros también lo hemos dicho: cada pareja negocia su vida, sus formas, sus organizaciones, su historia. Aunque no es el tipo de negocio que se da en la empresa, en la economía, parece que negociar se convierte en ir cediendo cosas, ámbitos de nuestra vida individual, tareas a cambio de otras tareas, o incluso negociar tiempos, de tal manera que, a veces, también escuchamos que una parte de la pareja pierde o pone más carne en el asador, mientras que otros se reservan. Quizás sea sólo un tema de modos de hablar,o quizás sea algo más serio, donde el amor se queda en un segundo plano. Lo que nosotros nos hemos planteado es que si nuestro templo se destruyera, es decir, nuestras cosas, nuestras formas, nuestro hogar, ¿lo reconstruiríamos? ¿en cuánto tiempo? Llegamos a la conclusión de que sólo Jesús puede reconstruir, sólo el amor puede levantar, sólo el poder de Dios destruye lo podrido y reconstruye la vida.

DESDE EL TERCER MUNDO
(matrimonio con un hijo, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a comunidad cristiana)
El evangelio del domingo nos lleva a revisar nuestras actitudes y opciones de forma radical. No debemos olvidar por qué y para qué estamos en este
país. Es importante que no descuidemos nuestra espiritualidad; en esta misión, trabajo y espiritualidad deberían ir unidos, y si nos descuidamos a
nosotros mismos como templo de Dios, el proyecto se resiente. Estamos aquí para ser templo de Dios.
Asimismo, debemos ir al fondo de las cosas y de las personas, no quedarnos con lo superficial y lo que se ve a primera vista. No debemos buscar el
propio interés en las acciones que llevamos a cabo, ni en las relaciones con la gente; debemos actuar según el interés de Dios, que se deja ver a través nuestro.

DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer,casada,con dos hijas, de baja laboral, enferma de cáncer)
Qué importa lo que la gente piense de ti! "Él te conoce y sabe lo que hay dentro de cada hombre".
En estos tiempos en los que las apariencias se apoderan de nuestra vida, es importante pensar en nuestro interior, en nuestros pensamientos y también en nuestras acciones. Actuar de manera coherente y genuina en todos los ámbitos de nuestra vida es la mejor manera de ser templos de Dios. Seguir con Fe el camino de la cruz, es decir, sobrellevar todas las preocupaciones y sinsabores de cada día con la mayor fuerza, resignación, y, a veces alegría, es la prueba inequívoca de que Dios habita en nosotros y nos manifiesta su amor. "Porque Él sabe lo que hay dentro de cada hombre" y yo quiero estar cerca de Ti.

DESDE LO SOCIAL
(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
Este acto de Jesús (quizás el más escándaloso y el que más choca con esa idea de cordero manso que la historia le ha asignado) no pretende denunciar sólo un culto hipócrita y vacio. Es necesario recordar que los cambistas y mercaderes de ganado y palomas erán un verdadero poder económico y financiero de la época. Jesús se enfrento a esta poder que exprimía a todo el pueblo, y en especial a los más pobres, de una forma contundente. Su Dios, no era el dios de los poderes económicos y financieros, era el Dios de los humildes y explotados. Había y hay que derribar esos poderes que se sustentan en el débil para dar más poder y dinero al fuerte. Creo que esta denuncia profética de Jesús en el Templo (centro de culto, de poder y de las finanzas de la epoca) es desgraciadamente hoy más actual que nunca. Un poder económico y financiero que, por su ansia de lucro y avaricia, lleva a la ruina a muchos trabajadores y empresas. Un poder político alineado con ese poder económico a quien tanto debe. Hoy más que nunca, Jesús hubiera derribado las "mesas" (=bancos, cajas, fondos de inversión, gobierno) de este sistema capitalista o egoísta que emplea miles de millones para premiar esa avaricia y que no ve la sangrante hambre que sigue machacando a este mundo. Billones para los ya ricos, hambre para los ya pobres. Jesús lo pone todo patas arriba. ¿Seremos capaces de poner nuestras vidas patas arriba? ¿Seremos capaces de apostar por un mundo al servicio y en solidaridad constante con los últimos y destronar a estos poderosos que sirven al más inhumano egoísmo?

DESDE EL TRABAJO
(matrimonio, dos hijas, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
Jesús echó a todos los que estaban vendiendo en el templo, a todos los trabajadores. Jesús no se enfadó porque trabajaran, se enfadó porque trabajaban en el templo. Quizás deba preguntarme, ¿cómo quiere Jesús que yo trabaje? ¿de qué forma? ¿con qué objetivo? Él no quiere que mi trabajo ocupe lugares que deben estar dedicados a otras cosas, mi trabajo no debe ocupar el tiempo de oración ni debe ocupar el tiempo de familia.
Hace unas semanas recibí la lamentable noticia de que un trabajador de una empresa vecina había muerto por un paro cardíaco mientras trabajaba fuera de su horario laboral dejando a una familia sin padre. Debemos escoger con conciencia cuánto tiempo trabajamos, con qué actitud, con qué objetivo.

DESDE LA ANCIANIDAD
(matrimonio,trabajan en residencia de ancianos, pertenecen a comunidad cristiana)
Cuando nuestro pelo comienza a blanquear nos damos cuenta que hemos pasado la vida intentanto agradar, y para ello cumplimos, pero sin implicarnos mucho.
Jesús nos dice este domingo que debemos revelarnos, que la fe no es algo que "nos guste", es una vivencia, una forma de ser y que, por actuar así, no siempre caeremos bien, pero que debemos gritarlo a los cuatro vientos y que tenemos que defenderla y protegerla frente a todos los que quieran hacer de ella un instrumento para su beneficio.


PARA REZAR
(hombre, casado, trabaja, con un hijo)

Que no sea mi vida, Padre, un sinfín de cosas por hacer, de pasos que dar,
de asuntos pendientes de resolver...
Que no sea mi vida una sucesión de ruidos, de preocupaciones, de soluciones...
Señor, que mis pasos tengan destino, tengan sentido...
Que mis acciones sean obras y no proyectos por terminar...
Que cada momento sea único, porque incomparable es un instante vivido en la intensidad de amar y sentirse amado.
Y que en todo ello estés Tú, Padre mío...
Tú, que sólo pides mi corazón,
que no reserve yo mi alma,
que no llene mi fe de obligaciones sino de generosidad,
que no llene mi camino de ritos sino de encuentros profundos,
que me alimente de oración, que descanse en el templo para acelerar los pasos,
que no invente silencios, sino que los viva plenamente para descubrirme ante Ti y en mi.
Que no me conforme con aquello que me encuentro, con lo que se me da hecho,
sino que me impulse la inquietud de seguirte, de ser coherente, de entregarme, de mostrarte y testimoniarte al mundo desde
lo que soy y desde lo que hago, al modo de Jesús.

SEGUIR LEYENDO

MORIR es entregar la vida a los demás, en el día a día - V Domingo de Cuaresma - Ciclo B: (Jn 12,20-33)

Por Fray Marcos
Publicado por Fe Adulta


CONTEXTO

Estamos en el capítulo 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Jesús hace un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felipe y Andrés. Versa, como el domingo pasado sobre la vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte.

También hoy hace referencia a ser levantado en alto, pero aquí para atraer a todos hacia él. Los “griegos” que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Juan en este relato en muy claro: los “judíos” rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.



EXPLICACIÓN

Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Juan es como una gran lente que concentrara todos sus rayos en la “hora”. Por tres veces se ha repetido en el texto la palabra “hora”; y otras tres veces aparece el adverbio “ahora”. No se trata de un tiempo cronológico, sino de una actitud, manifestada en la muerte de cruz. Llegada la “hora”, se manifiesta la gloria-amor de Dios y de “este Hombre”.

Reflejar lo que es Dios en su entrega total, será la mayor honra del hijo. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tienen que descubrirla ahora en “el Hombre”.

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Declaración rotunda y central en el mensaje de Jesús. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte.

La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse deshaciéndose. La muerte del falso yo es la condición, para que la verdadera Vida se libere. La verdadera potencialidad está latente hasta que es capaz de la entrega-amor total.

La incorporación de todos a la Vida, va a ser el fruto de su donación en la muerte. El fruto no va a depender de la comunicación más o menos exacta de un mensaje. Dependerá de la manifestación del amor total. El amor es el verdadero mensaje.

“Si no muere, permanece él sólo”. El fruto será la nueva comunidad de los que aman. Esta idea de morir para producir fruto, es original de Juan; no se encuentra en los sinópticos.

Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia. Solo desaparece lo accidental para ser alimento de lo esencial. En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy.

La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida espiritual. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado y "plenificado".

Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este, es conservarse para una Vida definitiva. La meta del ser humano es el amor. Si el amor no es total, renunciamos a la meta. El amor tiene que superar este último obstáculo, el apego a lo más querido, la vida biológica. Entregar la vida por amor no es malograrla, sino llevarla a su completo éxito.

No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados.

La muerte no es el fin de la vida, sino su plenitud. Ser consciente de esto, lleva a la total libertad. Perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar. El evangelista tiene muy claro cuál es el sentido de la muerte de Jesús, que no coincide con el sentido que se le ha dado después.

El que quiera colaborar conmigo, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también mi colaborador. “Diakonos” significa servir, pero por amor. “Doulos” es servidor, pero como esclavo. Traducir por servir y servidor, no deja claro el sentido que el texto quiere dar.

Jesús invita a seguirlo en el camino que acaba de trazar, dar la vida. Seguir a Jesús es seguir la misma suerte. Los judíos, no eran capaces de ir a donde él está. Seguir a Jesús es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu.

El lugar de Jesús es el de la plenitud del amor. Lo manifestará en la “hora”. Allí entregando su vida, hará presente el Amor total, que es Dios. No se trata de seguirle en la muerte física; mucho menos en el género de muerte que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.

En Juan 15,13 dice: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”. Pero el texto griego no dice “bios” ni “zoe”, sino “psijes” que no significa vida biológica, sino vida síquica, es decir lo específicamente humano. El amor se manifiesta poniendo todo lo que eres al servicio de los demás.

Ahora me siento fuertemente agitado; ¿Qué voy a decir? “Padre líbrame de esta hora” ¡Pero, si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, podemos descubrir la auténtica humanidad del Jesús Joánico. Nos está diciendo, que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo.

Se trata del signo supremo de la muerte al “ego”. Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de “hombre”. Su parte sensitiva protesta vigorosamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.

Ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Juan. Todos nos tenemos que sentir, no sólo llamados, sino empujados hacia la misma meta.


APLICACIÓN


Muerte y vida se entremezclan y se confunden en el evangelio de Juan. Para entender este lenguaje, hay que tener muy claro que está hablando de dos clases de muerte y dos clases de vida.

Una es la Vida con mayúscula (la espiri­tual y definitiva) como opuesta a la vida con minúscula (la biológica). Y una es la muerte espiritual a todo lo que es terreno, caduco, transitorio, (pasiones, apetitos, apegos y deseos); y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre.

La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso “yo”, sí, porque es el único camino hacia la Vida. La vida interior, la vida divina, la vida de Dios en nosotros, es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana que está más allá de la vida biológica, y de las satisfacciones sensoriales terrenas. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu.

Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. La Meta está en el descubrimiento de que yo existo en la medida que me dé a los demás, que la razón de mi existencia la encontraré en la entrega y en el servicio.

El dolor que causa el renunciar a la satisfacción de la parte inferior de mi ser, la interpreta el evangelio como muerte, y sólo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si nos empeñamos en salvar una perderemos la otra. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica, nunca alcanzaremos la espiritual.

Estamos aquí para vivir muriendo. Aceptar la muerte es darse cuenta de nuestra limitación fundamental como criatu­ras, como seres vivos, como animales, y descubrir la posibilidad de ser más en lo que tenemos de específicamente humano. Estoy aquí para llevar a la materia hacia el espíritu, para poner Vida donde sólo había vida (muerte).

El gran secreto, revelado en el evangelio, es que el hombre que vive biológicamente, puede acceder a otra realidad que llamamos Vida. Esta es la verdadera meta de un ser humano. El objetivo del hombre es esa Vida con mayúscula, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física.

Si enfocamos todas nuestras energías en la vida terrena, nunca descubriremos la vida espiritual. Esto es lo que el evangelio llama perder la vida. Se malgasta la terrena y no se alcanza la espiritual. El que se empeñe en salvar a toda costa su vida biológica, terminará perdiéndola. Pero dará pleno sentido a esta vida si descubre que puede acceder a otro nivel y encontrar la verdadera Vida.




Meditación-contemplación


Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…
Se trata de una condición que no podemos soslayar.
Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,
tenemos que desgastarnos y consumirnos.

…………………

La vela solo cobra sentido cuando está encendida,
pero si está encendida, se consume.
La rosa al esparcir su fragancia, entrega algo de sí mismo,
y así está manifestando su verdadero ser.

--------


La vida es movimiento y por lo tanto, energía desplegada.
Puedo consumirla en beneficio del ego (falso yo),
y entonces la malogro.
Puedo consumirla en beneficio de los demás,
y entones consumarla dándole plenitud.

SEGUIR LEYENDO

Movilizaciones ante la reunión del G-20

Publicado por FAST

A raíz de la convocatoria realizada a nivel mundial en el Foro Social Mundial de Belem (Brasil) y en el marco de la Semana de Acción Global (28 de marzo al 4 de abril), el próximo sábado 28 de marzo tendrán lugar diferentes movilizaciones de reivindicación por la reunión en Londres de altos representantes de los gobiernos del conocido como G-20.

La Alianza Española contra la Pobreza, que agrupa a numerosas organizaciones y colectivos sociales, incluyendo ONGD, organizaciones ecologistas, sindicales, juveniles, feministas, religiosas…; hace suyas las convocatorias que se han realizado desde distintos foros para el 28 de marzo, haciendo un llamamiento a los gobiernos del G-20 para que aprovechen esta oportunidad y aceleren sus esfuerzos para poner fin a la pobreza y las causas que la generan, se comprometan con la justicia económica global e impulsen las acciones necesarias para cumplir y superar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el año 2015.

La Alianza considera que esta crisis económico-financiera agravará aún mas la situación de los más empobrecidos y nos alejará del objetivo de erradicar la pobreza extrema en el mundo, compromiso adquirido por los 189 Jefes de Estado y de Gobierno reunidos al amparo de Naciones Unidas en el año 2000, cuando se comprometieron a cumplir los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año 2015.

Consideramos un error que el marco de discusión, propuestas y resoluciones no sea las Naciones Unidas; y que sea el denominado G-20 quien diseñe estrategias interesadas, dejando fuera de este foro de discusión a la gran mayoría de los países, marginando la voz del conjunto de los pueblos. Por ello, pedimos que en el seno de la reunión de Londres se impulsen los siguientes cambios:

* La erradicación de la pobreza mundial y de la desigualdad como máxima prioridad política en estos momentos de crisis.
* El compromiso de que todos los “planes de salvamento” estén sujetos a estrictas condiciones ambientales y sociales que conduzcan nuestra economía hacia un nuevo paradigma basado en la satisfacción universal de las necesidades básicas en paz con el planeta y no en la acumulación y el crecimiento constante.
* La toma de medidas concretas y contundentes en la lucha contra los paraísos fiscales y otras fórmulas de evasión fiscal, incluida la obligación a que acaten estrictamente las normas internacionales.
* Un compromiso firme por el trabajo digno para toda la población y la exigencia del cumplimiento de los convenios de la OIT.
* La cancelación de todas las deudas de los países empobrecidos, especialmente aquellas consideradas ilegítimas.
* El compromiso de que todos los países miembros de la OCDE y del G20 acuerden un calendario para alcanzar el 0,7% de la renta nacional destinado a ayuda oficial al desarrollo; y que esta ayuda sirva realmente para la erradicación de la pobreza, sin que se desvíe a otros fines ni genere nueva deuda.
* Acción coordinada de los países enriquecidos y empobrecidos para salir de la recesión bajo un modelo que satisfaga universalmente las necesidades humanas en paz con el planeta y desde la perspectiva de lo público.
* Garantizar que todos los gobiernos den prioridad a la financiación en el gasto que va destinado a cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
* Regulación del sistema financiero internacional y creación de los organismos de supervisión y control que garanticen que no crea más desigualdades en el planeta.
* Garantizar una atención particular para identificar y responder a las necesidades específicas de las personas más afectados por la crisis financiera y económica, en particular las mujeres y comunidades marginadas. Así como su participación efectiva en los espacios de toma de decisiones respecto a la crisis.
* La apuesta por construir una Economía Verde, es decir, que centre la producción y el en criterios racionales y sostenibles, que renuncie al crecimiento como máxima y que base su obtención de energía y de recursos en fuentes renovables.
* Garantizar el control democrático de la economía.
* Aumentar la inversión y fortalecer la prestación pública de servicios esenciales.

Por todo ello, nos sumamos a las personas, los colectivos y asociaciones que reclamarán y harán suyas, a través de movilizaciones en numerosas ciudades, otras soluciones y otros planteamientos de cara a la próxima reunión del G-20 en Londres.

Alianza Española contra la Pobreza

SEGUIR LEYENDO

V Domingo de Cuaresma - Ciclo B: PALABRA PARA LA MISIÓN

Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical
El desafío de ser guías para los que quieren “ver a Jesús”

Jeremías 31,31-34 / Salmo 50 / Hebreos 5,7-9
Juan 12,20-33

Reflexiones

“Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). El evangelista indica quiénes pueden dar una respuesta plena: los apóstoles, después del encuentro con el Resucitado, afirman: “Hemos visto al Señor” (Jn 20,25). Estas dos expresiones de Juan encierran todo el arco de la Misión. En la inminencia de aquella Pascua tan especial para Jesús, la llegada de algunos peregrinos griegos a Jerusalén (Evangelio) produce el efecto de una explosión luminosa sobre el misterio que se acerca. Se trata de personas de lengua y cultura helénica, convertidos o simpatizantes con el judaísmo. Eran las primicias de los pueblos paganos, llamados también ellos a ponerse en camino, para seguir los senderos del Señor, como había predicho el profeta (Is 2,3).

Esos peregrinos manifiestan un deseo que encierra un gran significado misionero: “Queremos ver a Jesús” (v. 21). La pregunta va mucho más allá de la curiosidad por conocer al famoso de moda. Llegan de lejos, pertenecen a otro pueblo, el viaje ha sido seguramente cansado, se han puesto en camino por motivos espirituales. Quieren ver a Jesús, no para darle un saludo fugaz, sino para conocer su identdad profunda, captar su mensaje de vida. Hay también otros detalles vocacionales y misioneros: para llegar a Jesús, a menudo se necesitan guías, acompañadores. Esos peregrinos buscan a intermediarios de su cultura, Felipe y Andrés, los únicos apóstoles con nombres griegos.

Jesús capta la densidad y la importancia de ese momento: su hora, la hora en que ha de ser glorificado (v. 23), la hora de la entrega de su vida, la hora de ser elevado sobre la tierra y atraer a todos hacia sí (v. 32), para que todos los pueblos lleguen a la vida en plenitud. Esa vida verdadera, que consiste en conocer –es decir, amar, acoger, contemplar- al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo (cf Jn 17,3). No es suficiente, sin embargo, cualquier vaga idea o teoría sobre Jesús, sino la comprensión amorosa del misterio del grano de trigo, que muere para dar mucho fruto (v. 24). Éste es un dato biográfico: el grano de trigo que muere es Jesús. Él está hablando de sí mismo y muestra el único camino que lleva a la vida: a través de la muerte. (*)

El momento culminante del grano de trigo que muere lo presenta con pasión la carta a los Hebreos (II lectura): por haber aceptado la muerte por amor, Jesús se ha convertido “para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna” (v. 9). Así, en el sacrificio pascual de Cristo y en la efusión del Espíritu Santo, se realiza la alianza nueva (I lectura): queda superada la antigua alianza, basada sobre las piedras de la Ley, y se abre el camino a la nueva, arraigada en el corazón y en la vida de las personas (v. 33) que se dejan conducir por el Espíritu.

Esos peregrinos griegos que piden ver a Jesús adquieren para nosotros un valor emblemático: representan a las personas y pueblos que aspiran a un cambio de calidad de vida, que buscan a Dios con corazón sincero… A veces ese deseo es explícito, muchas otras veces se trata de un deseo mudo, intuitivo, indescriptible, a menudo confuso y contradictorio, aunque siempre es un deseo o un gemido que nace de lo más profundo de la vida. Se trata de auténticos SOS del espíritu, o, si queremos, mensajes del tipo sms. Más que las palabras, a menudo hablan los gestos, las situaciones, los sufrimientos, las tragedias, los silencios...

¿Quién dará una respuesta a tantas esperas? Se necesitan personas disponibles; la respuesta es tarea para hombres y mujeres de todos los tiempos, es decir, los cristianos. No basta una respuesta teórica o la repetición de una fórmula; la respuesta misionera brota del conocimiento amoroso, de la conversión y adhesión al Señor Jesús. Los cristianos, los misioneros deben haber visto al Señor, tener un conocimiento íntimo de Él, poder afirmar lo mismo que los apóstoles después de la resurrección: “¡Hemos visto al Señor!” (Jn 20,25). “El apóstol es un enviado, pero antes es un experto de Jesús” (Benedicto XVI). Y, por lo tanto, lo puede anunciar con credibilidad y eficacia.

La comunicación misionera de la experiencia cristiana asume formas diferentes, según los tiempos, las personas, la creatividad, las tecnologías. Si miramos el calendario de los santos y evangelizadores de cada semana (ver más abajo), encontramos modelos y estilos diferentes de anunciar el Evangelio… Hoy se emplean también técnicas nuevas. En muchos ámbitos y naciones, especialmente entre los jóvenes, la Misión corre también vía sms o con mensajes de correo electrónico: llegan a muchas personas, incluidos a los no cristianas, frases del Evangelio, pensamientos espirituales, noticias sobre la Iglesia... Cuando el fuego de la misión arde en el corazón, se buscan caminos nuevos para dar una respuesta a los que quieren ver a Jesús.


Palabra del Papa

(*) “Jesús es el grano de trigo que muere. Del grano de trigo muerto empieza la gran multiplicación del pan que perdura hasta el fin del mundo. Él es el pan de vida capaz de saciar en medida sobreabundante la humanidad entera y de darle el alimento vital: el Verbo eterno de Dios, que se hizo carne y también pan, por nosotros, por medio de la cruz y la resurrección”.

Card. Joseph Ratzinger
Viacrucis en el Coliseo, Roma, Viernes Santo 25.3.2005



Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 30/3: B. Ludovico da Casoria A. Palmentieri (1814-1885), franciscano, educador; junto con otros trabajó activamente para el rescate de muchachos africanos de la esclavitud.

- 30/3: S. Leonardo Murialdo (1828-1900), sacerdote de Turín, educador, fundador del Instituto de los Josefinos para la formación de muchachos abandonados.

- 31/3/1767: Expulsión de los Jesuitas de España, de Portugal y de sus colonias en América Latina. Seis años más tarde (1773), la supresión de la Compañía de Jesús.

- 1/4: B. Lodovico Pavoni (1784-1848), sacerdote de Brescia, pionero en el campo social, fundador, entregado a la educación humana, cristiana y profesional de los muchachos.

- 2/4: S. Francisco de Paula (1416-1507), famoso por la predicación y la vida de penitencia, fundador de la Orden de los Mínimos. Pío XII lo declaró patrono de la gente del mar.

- 2/4: Beatos Diego Luis de San Vitores (1627-1672), sacerdote jesuita español, y Pedro Calungsod (1654-1672), catequista seglar, nacidos en Filipinas; ambos fueron martirizados (+1672) por odio a la fe cristiana y echados a la mar en la isla de Guam (Oceanía).

- 2/4: B. María Laura Alvarado (1875-1967), que nació y murió en Venezuela, fundadora: se consagró a los huérfanos, ancianos y pobres; murió en Maracaibo.

- 2/4: Aniversario de la muerte del Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II (1920-2005).

- 4/4: S. Isidoro (ca. 570-636), obispo de Sevilla y doctor de la Iglesia, ingenioso en las ciencias y en la organización, reconocido como el último de los Padres de la Iglesia latina.

- 4/4: S. Benito Massarari, (Sicilia, 1526-1589), llamado el Negro, descendiente de esclavos africanos, franciscano; el primer negro en ser beatificado (1743) y canonizado (1807). Es co-patrono de Palermo.

- 4/4: Recuerdo de Martin Luther King (Atlanta, USA, 1929): líder de los derechos civiles, integración racial y no-violencia-activa, Premio Nobel de la Paz (1964), asesinado en Memphis (USA) el 4 de abril de 1968.

SEGUIR LEYENDO

El libro de la consolación - V Domingo de Cuaresma - Ciclo B: (Jn 12,20-33)

Por Neptalí Díaz Villán CSsR.
Publicado por Misioneros Redentoristas

Jeremías ejerció su ministerio por un periodo aproximado de 40 años, desde su llamamiento en el decimotercer año del reinado de Josías (626 a.C.) hasta la caída de Jerusalén en el 587 a.C. En esas cuatro décadas profetizó bajo los cinco últimos reyes de Judá: Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías. Fue uno de los períodos más cruciales del pueblo.

El imperio dominante era Babilonia. Cuando el rey Joaquín llevaba sólo tres meses de mandato, por iniciativa de su padre incumplió algunos “acuerdos” con los babilonios y no aceptó someterse en todo al poder imperial. Esto desató la ira de Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien invadió Jerusalén y la destruyó con todo lo que tenía dentro, incluido el templo, por supuesto. Al verse perdido, Joaquín se entregó y fue encarcelado durante 36 años. Nabucodonosor buscó un lacayo fiel y lo encontró en Sedequías, hijo menor de Josías a quien nombró como rey de Judá.[1]

Un gran número de personas, las más competentes y productivas en sentido económico, fueron desarraigadas de su patria y llevadas a Babilonia. Otras tantas, las menos competentes, las dejaron en Israel.

En todo este proceso, el profeta Jeremías fue siempre fiel a su pueblo. No hizo parte de los exiliados sino del resto de Israel que se quedó en Judea. Por enfrentarse a los reyes, fue procesado en varias oportunidades, encarcelado y maltratado. Aunque tuvo contacto constante con el poder, no fue un “lagarto”[2] que buscara quedar bien librado sin que le importara la suerte de su gente, ni un anárquico que sistemáticamente rechazara todo lo que viniera del gobierno. Apoyó a algunos reyes cuando sus políticas buscaban el bienestar del pueblo. Sintió profundamente su dolor y se buscó darle un mensaje de consolación y ánimo, tanto a los que se quedaron como a los exiliados.

Los expatriados vivieron el desarraigo de su tierra, la separación de algunas de sus familias, el sentimiento de abandono y la imposición de una nueva cultura dominante. Muchas personas que en Jerusalén pertenecían a la élite, en Babilonia fueron obreros rasos. Allí su nombre y tradición familiar no contaba; se veía qué sabían y cómo podían explotar su conocimiento para hacer más grande y poderoso el imperio.

Quienes se quedaron en Israel se encontraron sin gente preparada ya que a los más destacados se los habían llevado. Por ese motivo fueron apareciendo nuevos “gallitos” que asumían el poder con muy poca preparación, pocos deseos de servir y muchas ganas de mandar. Esto profundizó más la crisis. Los que se fueron y los que se quedaron se vieron sin templo y sin instituciones que garantizaran su sostenimiento como pueblo. Todo era un completo desorden.

En ese momento la experiencia de Dios no se podía basar en el templo ni en las demás instituciones, porque no existían. La gente conservaba la costumbre de ir a Jerusalén, pero sólo veía ruinas. En Judea quedó el pueblo ignorante; los sacerdotes, letrados y maestros de la ley no estaban. Pero esto, en vez de ser un impedimento para encontrarse con Dios, se convirtió en una oportunidad para experimentarlo de otra manera, más cercano y más asequible.

Jeremías les propuso una nueva alianza grabada no tanto en las tablas de la ley como en el interior mismo de cada ser humano. De esta manera, para encontrarse con Dios no era necesario el templo de piedras sino la persona humana. Para conocerlo ya no eran esenciales los maestros que no estaban, sino abrir la mente y el corazón para recibir el perdón: “Porque todos me conocerán desde el mayor hasta el menor, cuando perdone sus culpas y olvide sus pecados”. (1ra lect. Jer 31,34)

Jeremías como persona nos enseña a ser files a Dios, al pueblo, y a buscar siempre el bien común, a descubrir la voz de Dios que supera nuestras estructuras religiosas, destruidas por los hombres o envejecidas por el tiempo. A estar siempre con la mente y el corazón abiertos para encontrarnos con Dios en la prosperidad o en la adversidad, en compañía o en soledad. Su experiencia nos muestra que para llegar a Dios no es esencial obedecer leyes porque están escritas, sino madurar nuestra conciencia y descubrir ahí su voz que nos cuestiona, nos transforma y nos anima a ser verdaderos hijos. Sin ser anarquistas podemos madurar como seres humanos y actuar, no porque existan leyes prohibitorias ni mandatos externos, sino por convicciones profundas que nos hagan abundar en bienes para todos los seres humanos, y siempre en favor de la vida. En palabras de Pablo Freire: “madurar hacia una concientización que no significa imposición de ninguna ideología, sino simplemente, ayudar a descubrir y a entender los mecanismos internos de la realidad”.

Sentido de la muerte de Jesús

Como sabemos, los evangelios no son una biografía de Jesús, sino una confesión de fe en el Verbo encarnado. Es decir, las comunidades cristianas que creían en Jesús, lo confesaron como su Salvador. Su vida, su muerte y resurrección, fueron salvadoras, así como la presencia de su Espíritu en medio de la comunidad.

A la luz de la resurrección y con la fuerza del Espíritu, las comunidades elaboran el evangelio para animar la vivencia auténtica de la fe. El evangelio de hoy es una interpretación de las comunidades que elaboraron el Cuarto Evangelio (o evangelio según san Juan) sobre la muerte de Jesús. No es la dulcificación de la muerte ni el ocultamiento de toda su realidad existencial, con todo el dolor que produce. Como dijo el poeta Antonio Machado: “un golpe de ataúd, es algo perfectamente serio”.

Jesús vivió el dolor serio y espantoso de la muerte, como bien lo dice la primera lectura: “Con gritos y lágrimas presentó oraciones y súplicas a aquel que podía salvarlo de la muerte”.

La muerte de Jesús no fue un designio de Dios como si se tratara de un Padre sádico que se complace al ver morir a propio su Hijo. Jesús no buscó su muerte; buscó una vida digna, que se hacia posible en el Reino de Dios. Su compromiso por el Reino hizo que quienes manejaban las estructuras que maltrataban la dignidad humana, lo vieran como enemigo y lo condenaran a muerte. No buscó la muerte, pero la asumió como consecuencia de su lucha por la vida y como paso para la victoria final.

La cruz y la muerte, como dijo Leo Boff: “fueron consecuencia de un anuncio cuestionador y de una práctica liberadora. Él no huyó, no dejó de anunciar y atestiguar, aunque esto lo llevara a tener que ser crucificado. Continuó amando a pesar del odio. Asumió la cruz en señal de fidelidad para con Dios y para con los seres humanos”.[3] Por eso la muerte de Jesús genera vida, como el grano de trigo que da fruto cuando cae en tierra y muere. Toda la vida de Jesús fue un constante entregarse, un constante “perder” la vida para ganarla.

Jesús pasó de la simple animalidad cerrada y centrada sobre sí misma, a la humanidad abierta al amor de Dios y a los hermanos. Del mero instinto de autoconservación al amor que entrega la vida. Estamos hablando del centro del mensaje de Jesús: entregar la vida por amor, ser capaz de negarse así mismo, a los intereses personales, no pocas veces egoístas de todo ser humano, para pensar en plural.[4]

Morir, en este sentido, no es solamente el último suspiro. Es toda la vida entregada por causa del Reino, que enfrenta los riesgos del compromiso y que se va desgastando hasta sucumbir en un límite último. Por esto decimos que muerte de Jesús no fue una hecatombe total o un triunfo definitivo del mal; no fue derrota, fue triunfo sobre las fuerzas desintegradoras de la humanidad.

¿Dios se glorifica con la muerte de Jesús? SÍ. Pero no porque necesite ver sangre para calmar su ira. No porque el sacrificio del hijo sea el único capaz de calmar la enorme ira de Dios causada por el pecado de los hombres, como muchas veces se ha interpretado y aún se sigue interpretando en algunas sectores de la Iglesia. ¡Dios no envió a su hijo para que lo mataran! ¿Acaso creemos en un Dios sádico? Dios envió a su hijo al mundo para dar testimonio de la verdad, para llevarnos a la verdadera vida en el amor, para que fuéramos capaces de amar y servir, y de construir nuevas relaciones entre personas y grupos. Dios se glorifica en la muerte de Jesús porque su muerte fue consecuencia lógica de su entrega por una humanidad libre y digna, porque no renunció a la verdad a pesar de correr peligro y porque fue fiel a su proyecto de salvación en defensa de los más pobres. Jesús glorificó al Padre con su muerte porque amó hasta el final, porque aún en la más cruel humillación no dejó de amar y de comprender a los seres humanos, que sin superar su animalidad no sabían lo que hacían: “perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Jesús glorificó a Dios porque vivió como vivió y murió como murió, por su fidelidad, por su entrega, por su amor.

Para el Antiguo Testamento, a quien colgaban de un madero lo consideraban maldito (Dt 21,22-23). Jesús crucificado era un maldito, pero en verdad era un bendito. Era un derrotado por el poder, pero en el fondo él lo derrotó en su propio interior. Era un perdedor, pero en el fondo era un ganador porque le ganó la batalla a la mentira, porque vivió plenamente su condición de hijo. Era una miseria, pero en verdad, nos mostró lo significaba la verdadera dignidad humana.

¿Dónde está Pilatos tu poder? ¿Dónde quedó Anás tu “dignidad” sacerdotal? ¿Dónde está muerte tu victoria? ¿Dónde está muerte tu aguijón? Aparentemente lo vencieron, pero fue él quien venció porque vivió sin codiciar, amó sin reservas y murió sin odiar. Padeció la muerte que únicamente daban a los esclavos, pero ¿acaso ha existido sobre la faz de la tierra un hombre tan libre como él?

“¡Padre, glorifica tu nombre”. Entonces se oyó una voz del cielo: “Ya lo he glorificado, y lo volveré a glorificar”.



[1] No sé si por venganza histórica o por qué, pero algo parecido pasó ahora entre Estados Unidos e Irak, la antigua Babilonia. Por supuesto, de ninguna manera justificable semejante crimen.

[2] El lagarto es un reptil que sabe camuflarse según el medio para no ser atacado y sobrevivir. El lagarto político se viste del color del que está en el poder para favorecer sus intereses. Son muy abundantes en nuestro medio estos especímenes. Decía Adorno: “La disposición a ponerse de parte del poder y a inclinarse, como norma, ante el más fuerte constituye la idiosincrasia típica de los torturadores” (ADORNO Theodor, Conferencia propalada por la Radio de Hesse el 18 de abril de 1996; se publicó en Zum Bildungsbegrif des Gegenwart, Francfort, 1967. pág 111 y sig.)

[3] BOF Leonardo, Pasión de Cristo, Pasión del mundo, Indoamerican Press Service, Bogotá 1978, pág 167-174.

[4] La realización de esta propuesta la podemos ver palpable en una mamá que renuncia a retener a su hijo para que continúe su vida y en un hijo que renuncia a retener sólo para si mismo a su mamá viuda o separada para que reconstruya su vida en pareja. En un amigo que renuncia a un paseo por ir a cuidar a su amigo que está en una clínica y un trabajador que prefiere perder su empleo antes de apoyar causas deshonestas… Muchos ejemplos podríamos citar. Todas y todos estamos invitadas e invitados a pasar del mero instinto animal al amor donativo, a ser personas capaces de servir, de renunciar a nuestros deseos meramente personales y de entregar hasta nuestra propia vida por amor.

SEGUIR LEYENDO


WebJCP | Abril 2007