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MISIONEROS EN CAMINO: II Domingo de Adviento (Lucas 3, 1-6) - Ciclo C:Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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martes, 1 de diciembre de 2009

II Domingo de Adviento (Lucas 3, 1-6) - Ciclo C:Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Vino la Palabra de Dios
Publicado por DABAR

Vino la Palabra de Dios sobre Juan. Como la mayoría de las cosas importantes de la vida, la Palabra vino. No es que Juan no la buscara, porque parece que el chico era amigo de andar en solitario, de charla con Alguien más allá de la vista. Pero, aún buscando algo, lo que fuera, le llegó la Palabra, y eso fue lo que marcó su vida.

Juan es el hombre-anuncio por definición. Su trabajo fue abrir caminos, allanar obstáculos y dejar todo listo para cuando llegara otro. No sabía Juan quién iba a ser ése, pero tampoco le daba mucha importancia. A él le bastaba con preparar el camino, sin pararse a recoger frutos ni aplausos. Igual que los hombres-anuncio de las historietas, embutidos en un armazón de madera pintada que proclama las bondades de tal o cual producto, seguramente sin poder probarlo nunca, le abría puertas al que viniera detrás. Pero hay una diferencia: Juan fue el primero en cambiar de vida, en practicar lo que predicaba. Y se implicó tanto que se jugó la vida. Y la perdió.

Eso es lo que pasa cuando viene la Palabra. La vida cambia, las prioridades se ordenan y todo se vuelve más verdadero. Dicen que también pasa con la enfermedad, la ruina y otros terribles avatares de la vida. Y no sé qué grado de felicidad puede proporcionar el trastoque de la Palabra para diferenciarse de los demás trastornos. Pero ha habido, a lo largo de la historia, tantos y tantos casos de adhesión a la Palabra de Dios, que no es cuestión ahora de ponerse a dudar.

El mensaje de Juan a sus contemporáneos es sencillo: cambiad y veréis la salvación de Dios. Parece que la salvación de Dios vendrá si y sólo si cambiamos. Una vez elevados los valles y descendidos los montes, vendrá Dios a instalarse cómodamente entre nosotros. ¡Pues vaya bicoca! ¿Otra vez a hacer nosotros el trabajo duro? ¿Y para qué la salvación de Dios si ya habremos enderezado lo torcido y alisado lo escabroso?

No parece ésta la buena lectura. Probemos con otra. Imaginemos a Juan diciendo: Preparaos para el perdón de los pecados. Dejad de mirar si la estatura moral del vecino es alta o baja: queredle como es y ayudadle a ser lo que tiene que ser. Poned a un lado el retorcimiento del ojo y el juicio del corazón y acoged al extranjero como al propio. Sed rectos en vuestras relaciones y honrados en vuestros negocios. Convertid lo propio en común. Sólo entonces estaréis capacitados para ver ese Reino de Dios que habita en vosotros, y del que no tenéis conciencia porque estáis muy ocupados en ahondar zanjas y levantar separaciones. Porque Dios os quiere como propios, os conoce desde que crecíais en el vientre de vuestras madres y quiere que viváis disfrutando del amor que Él os tiene.

Todos verán la salvación de Dios. Todos los que sepan mirar sin pecado, sin malicia, sin segundas intenciones. Todos los que, -al decir de Pablo- sepan “crecer en amor y en sensibilidad para apreciar los valores”.

Jerusalén se quitará el luto, Los discípulos de Pablo llegarán al día de Cristo limpios e irreprochables. Y los contemporáneos de Juan verán la salvación de Dios. A todos ellos les vendrá la Palabra. A todos por igual. Y de igual manera nos va a llegar, a todos, la Navidad, cuando la Palabra nos viene hecha carne y presencia a nuestras vidas.

Éste es el tiempo de buscar la buena mirada para reconocer la Palabra cuando venga. Para que nos pille preparados y dispuestos. Para que no nos vuelva a pasar que nos llegue y no la sepamos reconocer.

A. GONZALO
aurora@dabar.net


DIOS HABLA

BARUC 5, 1 9
Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad». Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente, a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios. A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real. Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados, y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios. Ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel con alegría, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

FILIPENSES 1, 4 6.8 11
Hermanos: Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Esta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús. Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús. Y ésta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

LUCAS 3, 1 6
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios».





EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
Es frecuente en la Biblia, particularmente en el AT encontrar autores que utilizan la historia como ‘género literario’ para hablar a sus contemporáneos. Un recurso casi inevitable de cuantos con los años vamos acumulando experiencia y sabiendo que ‘la historia es maestra de la vida’. Que un buen recurso pedagógico para uno mismo y para los demás es echar mano de la experiencia.

Así hay que leer el pequeño libro de Baruch, anónimo autor cobijado bajo un hermoso seudónimo, el nombre del secretario, íntimo colaborador del profeta Jeremías, con quien identificó mensaje y vida.

Este profeta evoca la etapa del Destierro a Babilonia. Época paradigmática, si las hay, en la historia de Israel. Un punto de inflexión profunda. La debacle del antiguo régimen político-religioso y el renacer de sus cenizas Israel, supuso el establecimiento de en una nueva escala de valores religiosos en su relación con Dios Adonai. El ‘judaísmo’ fue una revolución religiosa profunda de la que nosotros creyentes cristianos somos aún deudores: la Palabra, la conciencia y responsabilidad personal, la vida como reflejo de la fe…

Y la esperanza. La vida del pueblo de Dios, del creyente, será siempre una actitud de esperanza. La verdadera ‘tierra prometida’ no es un paraíso evocado hacia el pasado o esperado para el futuro. La esperanza es el hoy y el aquí. Suele decirse que lo mejor de la fiesta es la víspera, el día de la preparación. Y efectivamente ‘preparar la fiesta’ es ya disfrutarla, es festejar, reír, porque ya es la fiesta que viene; y sin el resquemor de la tarde del domingo ‘que ya se termina’.

De ahí ese martilleo profético constante: Preparad, allanad, trabajad, estad despiertos, anunciad la justicia, paz en la justicia… “La pequeña esperanza que cada mañana nos da los buenos días” (Pèguy).

Por eso estos textos de adviento no son repetición. Son la permanente esperaza que provoca la conversión, la reforma de la vida y la sociedad, el trabajo de erradicar de raíz el pecado; esa actitud constante de rebajar y allanar, enderezar e igualar… Y cada día vemos la salvación de Dios ¿O no percibimos en torno la alegría, la luz, la justicia, las misericordias…? Entonces no tenemos ojos para el “Reino de Dios que ya está en medio de nosotros”.

TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net


SEGUNDA LECTURA

El primer párrafo, después del saludo, en esta carta es una buena muestra del tono de grandes secciones de este escrito: es muy personal y afectivo, además de profundamente afectivo. Y un tanto retorcido y con temas mezclados, como es típico de Pablo.

Se ha suprimido la acción de gracias del v. 3, lo cual suprime también la introducción y motivación que el Apóstol hace de su oración por los filipenses. Naturalmente es un ejemplo de cómo un pastor puede y debe rezar por sus fieles, pero desparece el matiz personal tan importante en esta carta.

Da gracias y ora por la entrega de los filipenses a la causa del evangelio, la cual es obra de Dios, pero no de una manera mágica o automática, puesto que ellos colaboran a la evangelización hasta en términos pecuniarios, como han hecho hasta ahora (cfr. Flp 4,15-16). Dios, por su parte, no fallará en el llevar a cabo la obra comenzada.

Pasa luego sin transición explícita, al afecto que Pablo tiene a los miembros de la comunidad. No se avergüenza de ello sino que lo dice abiertamente.

Añade Pablo un alusión a su oración para que el amor crezca en los filipenses y, consiguiente, en todo cuanto esa actitud trae consigo en cuanto a la conducta cristiana, teórica y práctica.

Pablo tiene presentes, a la vez, el pasado y el futuro. Habla de la adhesión al evangelio por parte de los destinatarios y de su colaboración a la fe. Pero tal actitud y tal vida ha de ir creciendo hasta el día del encuentro total y definitivo con el Señor Jesús de cada uno y de todos. No insiste en el tema de parusía, porque si, como es posible, Filipenses es una carta algo más tardía, ya no se da la expectativa de la inminencia de la parusía. Pero el encuentro con Dios y con su Hijo en el Espíritu ciertamente nos aguarda a todos y es una motivación más para vivir lo que ya se tiene.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net




EVANGELIO

1. Aclaraciones

Emperador, gobernador: Ninguno de estos dos títulos aparece en el texto griego, que emplea más bien los términos genéricos liderar- mandar, liderazgo- mandato.
Virrey: Tampoco este título está en el texto original, que emplea el término tetrarca, cuyo significado original era el de gobernante de la cuarta parte de un territorio, para pasar posteriormente a significar gobernante de un territorio dividido en partes.
Iturea, Traconítide, Abilene: Partes del territorio situado al noreste de Galilea; en su mayoría pertenecientes hoy a Siria.
Herodes (Antipas): Hijo de Herodes el Grande y Maltace. Herodes (Filipo o Felipe): Hijo de Herodes el Grande y Cleopatra. Lisanias: de los tres, el gobernante con menos referencias seguras. Anás y Caifás suegro y yerno respectivamente, presentados por Lucas como dos sumos sacerdotes mancomunados. Desierto: zona árida, escarpada y prácticamente deshabitada al oeste del Mar Muerto.
Vino la Palabra de Dios sobre…: fórmula literaria estereotípica acuñada, en el Antiguo Testamento, para expresar la inspiración o llamada de Dios a alguien para ser profeta. Fórmula literaria de vocación profética.
Bautismo de conversión: bautismo como símbolo externo de un cambio interno.

2. Texto

El texto se abre con un solemne período literario, que tiene su culmen en la frase vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Un séxtuple sincronismo político-religioso sirve de humus histórico a la figura también histórica de Juan (nombre), hijo de Zacarías (apellido), llamado por Dios para ser profeta. Marco internacional, marco regional; gobernante mundial, gobernantes locales civiles, gobernantes locales religiosos.
En este marco bien concreto emerge Juan, el hijo de Zacarías. Y lo hace en lo que se conoce como desierto de Judea, terreno escarpado, árido, muy poco habitado. Aquí hizo Dios a Juan profeta.
Contiguo a ese desierto está el río Jordán. Arriba y abajo de este río anduvo Juan proclamando abiertamente, en síntesis apretada, la necesidad de un bautismo de conversión para perdón de los pecados. Fundamental: conversión, es decir, cambio en el pensar y en el proceder. Signo visible de la conversión: bautismo. Finalidad: perdón de los pecados.
El texto se cierra con una larga cita entresacada del libro del profeta Isaías. En ella ve el evangelista una acertada formulación de la tarea de Juan: voz pidiendo cambio ante la llegada del Señor. En el contexto del tercer evangelio el Señor no es otro que Jesús, el salvador de todos y para todos.

3. Comprensión actualizante

El Salvador de todos y para todos va a venir el 25 de diciembre. Todos, en cualquier parte del mundo, podremos vivir esa venida. Nadie está excluido, porque este Salvador lo es de todos.
Podremos vivirla a condición de un cambio en nosotros o, tal vez, a condición de algo previo al cambio: a condición de que tomemos conciencia de que tenemos necesidad de cambiar.
El cambio está en función de la persona que va a venir. No es lo mismo prepararse pare recibir a un futbolista que prepararse para recibir a Dios. ¿Nos hemos parado a pensar en nuestra preparación para recibir a Jesús, Dios-con-nosotros? ¿Qué tipo de cambio nos pide el Dios que viene? Dediquemos algún tiempo a lo largo de esta segunda semana de adviento a dar una respuesta a ambas preguntas.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

El Adviento apunta directamente al acontecimiento de nuestra salvación. Las lecturas que se leen estos días tanto en las misas de la feria como en las de los domingos, nos traen los oráculos de salvación contenidos en las escrituras de los profetas. Parten de la situación de amargura y dolor del pueblo para poner en él la esperanza de que Dios mismo lo salvará, de que Dios mismo saldrá en su rescate. Así se anuncia el regreso de Babilonia, la reconstrucción de la muy amada ciudad santa de Jerusalén, la reconstrucción del también admirado templo del judaísmo, la vuelta al país que Dios un día les dio. En su dolor, el pueblo puede caer en el desánimo y la depresión. Puede temer, incluso, su total dispersión y su desaparición. Vuelto a la esclavitud, como antaño en Egipto, no es fácil pensar en una salida, en un regreso cuando sus dominadores se están haciendo los dueños de toda la región. ¿En qué quedará la identidad y la fe de Israel? “Salvación”. Ésa es la palabra que esperan oír; ése es el acontecimiento que esperan que ocurra. La palabra salvación tiene un contenido liberador, un contenido que da sentido a la existencia, un contenido que alimenta la esperanza futura para superar el trauma del presente.

Dando un salto en el tiempo, el Adviento apunta también hacia la salvación en otro sentido. Cuando anuncia la venida de Jesús en la encarnación, apoya su sentido en la salvación. ¿En la salvación de qué? Del pecado, evidentemente, y de la temporalidad de la vida; es decir, de la muerte. El pueblo ya no sufre como antes, pero el pecado se ha adueñado de la porción que Dios escogió. San Pablo nos dirá que toda la creación se vio sometida a la frustración porque el pecado se coló en ella. Necesitamos, pues, una creación nueva, diferente, sin pecado para que sea reflejo de la bondad de Dios; y sin muerte, para que sea según el plan de eternidad de Dios. Así, Dios nos envía a Jesús para enseñarnos el camino que nos conduce a la superación del pecado: la conversión; y el que conduce a la eternidad: la fe en el Hijo que Dios nos ha enviado. Es la etapa final en el “tiempo” de la revelación de Dios, de su manifestación a los hombres. Desde el desierto, un hombre escogido por Dios, recibe la Palabra divina para anunciar esa llegada, para prepararla mediante la conversión y el perdón de los pecados. Juan el Bautista es la voz de Dios que señala el camino de la salvación que anuncia: conversión y perdón.

Pero esa salvación, Dios la iba a realizar en dos etapas. La primera de ellas, naciendo, un hombre más, de la Virgen María. La segunda, mediante su venida gloriosa, constituido juez y Señor de todas las naciones. Cristo es el primero de la nueva humanidad que comienza. Pero todos los demás habremos de esperar ese retorno final y definitivo en el que la muerte y el pecado sean erradicados por entero de nuestro mundo.

Y ésta es la culminación de la salvación que nos anuncia el tiempo de Adviento.

“Preparad el camino al Señor, allanad los senderos”. Es la voz que resuena ya no en el desierto, sino en los corazones de todos los que leemos y escuchamos la Palabra de Dios en este tiempo que nos prepara a la Navidad. “Todos verán la salvación de Dios”. Es la esperanza feliz y definitiva para nuestra existencia: la que trasciende esta vida temporal y este mundo temporal. Una salvación universal que, partiendo de la historia del pueblo escogido por Dios, nos lleva a conocer el amor de Dios por todas sus criaturas, por toda la humanidad. Y ella es la destinataria de la salvación que Dios nos ofrece.

JUAN SEGURA
juan@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Preparad el camino del Señor (Lc. 3,6)

Preguntas y cuestiones
El amor se concreta en hechos. ¿Va creciendo más y más nuestro amor en penetración y en sensibilidad?
¿Cómo allanamos el camino para que los hombres y mujeres de nuestra sociedad secularizada vean la salvación de Dios?




PARA LA ORACION

Señor, Dios bueno y misericordioso, que al celebrar el Adviento aumente nuestra esperanza en la venida gloriosa de tu Hijo y que, al tomar mayor conciencia de que hemos sido creados para la gloria, demos testimonio de Aquél cuya venida en la carne nos disponemos a celebrar en la próxima Navidad.
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Trayendo a tu altar nuestras ofrendas, te presentamos nuestra pobreza y nuestra debilidad. Que la fuerza de tu Espíritu los convierta para nosotros en oblación para nuestra salvación.
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Es justo y necesario que te demos las gracias, Señor, en principio por el don de la vida. Una admirable iniciativa tuya nos hizo nacer a este mundo para que, conociendo a Jesucristo tu Hijo, le prestáramos una respuesta de fe, vivamos en su Palabra, andemos según su enseñanza y demos los mismos pasos que él dio, por amor, en la obediencia y fidelidad a Ti. Así, unimos a él en esta vida temporal, viviremos también, con él resucitados, junto a Ti, por toda la eternidad. Movidos por la alegría que produce en nosotros sabernos elegidos por tu bondad para dicha tan grande, nos unimos a la iglesia del cielo para cantar tu gloria con los ángeles y los santos.
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Alimentados con el sacramento eucarístico, haz, Señor, que vivamos en la expectante alegría de tu venida en la carne y del permanente consuelo en la esperanza de tu venida gloriosa.




LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
El Adviento nos conduce hacia el Señor, hacia nuestro encuentro con él. O, mejor, hacia el encuentro suyo con nosotros. Porque suya es la iniciativa de buscarnos, de venir hacia nosotros. Como Dios buscó a su pueblo, Israel, en la historia antigua, ha buscado finalmente a su pueblo universal en Jesucristo. Juan, por la boca de Dios, nos lo anuncia para que preparemos el camino al Señor allanando sus senderos.

ACTO PENITENCIAL
-Tú, que eres anunciado por Juan para que todos vean la salvación de Dios. Señor, ten piedad.
-Tú, que vienes a nuestro encuentro por pura iniciativa tuya. Cristo, ten piedad.
-Tú, que en el envío de tu Hijo has estado grande con nosotros. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Baruc prepara el segundo éxodo de Israel. Para ello compone este bellísimo texto en el que realiza una personificación de la ciudad tan amada y santa por los deportados: su querida Jerusalén. Dios le invita a quitarse las ropas del luto y a vestirse de gloria porque sus hijos regresan a ella y todas las naciones reconocerán su esplendor.

SALMO RESPONSORIAL (Sal. 125)
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos». El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
En la mente y en la oración del Apóstol de los gentiles se encuentra la idea del “Día de Cristo”; es decir, del día de su gloria. Pablo pide en su oración por sus comunidades, por su crecimiento en la fe en Jesús y por que sus obras (sus “frutos de justicia”) les acompañen hasta el final. Madurar la fe y permanecer en ella hasta el final. Válido para todo cristiano de todos los tiempos, incluso en los tiempos difíciles como estos.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
A modo del discurso de una calenda, Lucas nos presenta a Juan el Bautista recibiendo en el desierto la palabra de Dios. Queda autentificado, pues, para ser profeta, para hablar en su nombre. Así, en la región del Jordán, predica un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. En él ve el evangelista el cumplimiento de la profecía de Isaías.

ORACIÓN DE LOS FIELES
A Dios, que se ha acercado a nosotros por medio de su Hijo Jesús, le hacemos llegar nuestra oración humilde y confiada.
-Por la Iglesia, que sea fiel en el anuncio del Evangelio que ha recibido. Roguemos al Señor.
-Por la paz y el entendimiento entre las naciones, que se abra una nueva etapa de solidaridad y acercamiento. Roguemos al Señor.
-Por los políticos y legisladores, que busquen en todo el bien del ser humano, el bien de cada individuo y de la humanidad entera. Roguemos al Señor.
-Por los que no tienen un puesto de trabajo, por sus familias, que no pierdan la esperanza y el Señor les provea en su necesidad. Roguemos al Señor.
-Por los enfermos, los crónicos, los terminales, los moribundos, que reciban el alivio de Cristo, que viene hacia ellos con todo su amor. Roguemos al Señor.
-Por todos nosotros, para que, como pide Pablo en su oración, crezcamos en la fe y permanezcamos en la justicia hasta la venida del Señor. Roguemos al Señor.
Oración: Acoge benigno, Padre, la plegaria de tus hijos necesitados. Te la expresamos en la esperanza de la venida de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina...

DESPEDIDA
No olvidemos de preparar al Señor sus caminos, de allanar sus senderos, para que, al venir, todos vean la salvación de Dios. Podemos ir en paz.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Cerca está el Señor (1 CLN73 l); Esperando al Señor de G. Fernández (De S. Pablo); Cristo nuestro Salvador (1 CLN 12).
Acto penitencial: Gregoriano (2 CLN BI).
Salmo: LdS. Aleluya: Del disco "16 Cantos para la misa".
Ofertorio: Preparad el camino al Señor (de Godspell).
Santo: (1 CLN 13).
Aclamación al memorial: (1 CLN J 2).
Comunión: El gran convite o el canto Delante de ti Señor (del disco "Cantos para participar y vivir la misa"): Gustad y ved (1 CLN O 30).
Final: Vendrá la libertad (1 CLN 12).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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WebJCP | Abril 2007