Publicado por DABAR
Jesús rey: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo;
para ser testigo de la verdad…”
Jesús rey: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo;
para ser testigo de la verdad…”
Jesús prefiere ser testigo que rey, y no olvidemos que pudo ser rey, pero su opción final siempre es el Padre. Asume como misión ser “testigo de la verdad” a cualquier precio. Su voluntad está con Dios y su misión con el hombre. Decide abrir el camino de Dios al hombre y del hombre a Dios. Apuesta por nosotros porque para Jesús lo primero es el Padre y el Padre es amor por el hombre. Va unido: “nadie puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama a su hermano, a quien ve”.
Dios siempre unido al hombre, siempre.
Si nuestra opción es Dios, no podemos aislarlo del hermano, porque entonces nos equivocamos de Dios. Ese no es el Dios de Jesús.
Incluso en el momento decisivo, en el instante en que su vida depende de su respuesta, la entrega incondicional de Jesús a la Verdad (sí, Verdad, con mayúscula) es absoluta y no admite condiciones: “para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad”; Jesús es testigo, Jesús es Rey del amor de Dios a los hombres.
Hay que salir a la calle, hay que salir al mundo y amar, sólo así nuestro amor podrá ser testigo de la verdad: y he dicho “nuestro amor”, no nosotros; nosotros nunca podremos ser Jesús pero podemos amar como nos enseñó para que esos momentos intensos y puntuales sean testimonio del amor de Dios al hombre; no del nuestro: ¿me explico?
Yo no podría nunca contestarle a algún Pilato: “Tú lo dices: yo soy reina”, ni siquiera que soy “testigo de la verdad”, pero puedo, gracias a la fuerza de su Espíritu, amar.
Yo no se amar a todo el mundo en todo momento, pero puedo sentir amor por un alumno más desastroso cuando en clase cruzamos una sonrisa, entonces el amor de Dios se hace presente en ese breve momento de intimidad y traspasa nuestros corazones y nos hace testigos de su amor… ¡y nosotros sin saberlo!
No, yo no puedo mantener el amor permanentemente pero puedo dejarlo traspasar en momentos puntuales de mi vida y mi entorno: con mi familia, con mis amigos, con mis compañeros de trabajo, con mis alumnos, con mis vecinos, con la cajera del súper del barrio, con la señora que limpia la escalera, con el conductor del bus urbano, con mi grupo de revisión de vida, con el dependiente del videoclub, con aquellas personas desfavorecidas a las que dedico voluntariamente mi tiempo y me ayudan en la alegría de la entrega…
No, yo no puedo mantener el amor permanentemente, pero puedo y debo estar abierta y atenta para recibirlo y lanzarlo a mi vida, cuanto más consienta en recibir, más podré ofrecer; y en este intenso ejercicio mi corazón se ensancha, crece y da gloria y gracias a Dios por su Amor.
DANIEL 7, 13 14
Mientras miraba, en la visión nocturna ví venir en las nubes del cielo una especie de hombre. Avanzó hacia el anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará.
APOCALIPSIS 1,5 8
Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquél que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso».
JUAN 18,33b 37
En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Conque ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
Contexto. El relato que nos ofrece la liturgia es del todo ininteligible. Es necesario leer en su totalidad la visión de las cuatro fieras (7, 1 28): Daniel narra su sueño (vs. 1 14) y pide su interpretación a 'uno de los servidores del anciano' (vs. 15 28).
Todo relato apocalíptico intenta desvelar o revelar (=Apocalipsis), de forma esquemática y ficticia, el sentido profundo de los acontecimientos del mundo. En el esquema, no intentemos buscar cuadros históricos completos, y la ficción es argucia del autor para salvar la 'cabeza' en etapas difíciles, dictatoriales. Por eso, hace uso de la alegoría que es necesario interpretar para captar el sentido del texto, su mensaje: Toda etapa histórica conduce a un juicio y a la instauración del reino universal de Dios.
Visión y explicación. El mar, en los relatos bíblicos, simboliza la fuente u origen del mal. En el océano habitan las bestias salvajes (cfr. Libro de Job); el mar es el elemento caótico u hostil sobre el que se cierne el espíritu o viento que lo domina, llevando a cabo la creación y liberación (Gri, 1; Ex 14).
Del océano hostil salen 'cuatro fieras gigantescas' que evocan cuatro imperios (similitud con la visión de la estatua: cap. 2). La primera, 'un león con alas de águila', representa el imperio de Babilonia. Cuando se le arrancan las alas de su poder, reflexiona y empieza a comportarse como persona, reconociendo a Dios verdadero. La segunda, 'un oso medio erguido', designa el imperio medo que ha pasado a los anales de la historia como muy cruel. Nunca está harto, siempre dispuesto a devorar (costillas entre los dientes). La tercera fiera se parece a 'un leopardo', refiriéndose al imperio persa; las cuatro alas y cabezas tal vez denoten su dominio universal. La cuarta no se describe, pero supera a las demás en crueldad. Sus dientes son de hierro (cfr. Piernas de hierro de la estatua, cap. 2) y no se conforma con descuartizar sino que patea las sobras con sus pezuñas. Simboliza el imperio griego y el de sus sucesores: los diez cuernos aluden, tal vez, al número de reyes hasta llegar a Antíoco (¬cuerno pequeño) que llega al poder, tras eliminar a tres aspirantes al mismo. Esta es la etapa histórica que le toca vivir al autor; presenta a Antíoco como un personaje altanero y fanfarrón ( boca que profiere insolencias).
El océano desata en nuestro inundo todo su poder hostil, a través de estas cuatro fieras salvajes. La sucesión de los imperios no ha hecho mejor a la humanidad, y la situación que vive el autor es dramática. Precisamente en este momento crítico, Daniel presenta a un anciano con vestido blanco (= teofanía: vs. ) 12), dispuesto a juzgar a la humanidad ('tronco' = tribunal) antes de instaurar su reino definitivo. La vestidura blanca y su limpísima caballera indican poder y victoria, sabiduría, justicia e integridad. Con poder sobre cualquier imperio, se dispone a juzgar todas las acciones, inscritas en el libro de la vida, y purifica, castiga con fuego. Incontables son los que llevan a término sus órdenes. Durante el juicio, sólo la bestia más arrogante, la cuarta, es arrojada al fuego y consumida; a las otras tres sólo se les quita el poder. Así empieza una etapa donde impera la razón sobre la violencia, arrogancia y soberbia.
En este contexto se inserta nuestra lectura, en la que se narra cómo Daniel ve en el cielo a alguien 'como un hombre', es decir a un ser humano (≠ a las bestias). Con frecuencia, se designa a esta figura 'hijo de hombre', pero no se trata de ningún ser divino, como se suele afirmar, sino humano porque los que reciben el poder y el reino eterno son los 'santos del Altísimo' (=los hombres fieles al Dios de Israel, vs. 18. 27). Ellos poseerán el poder y el reino eterno que nunca será destruido. Estos fieles, imagen divina, serán los guardianes del nuevo imperio.
Reflexiones. Las cuatro fieras se suceden en la historia, pero no humanizan... ni mejoran la existencia humana; incluso la empeoran creciendo en ferocidad. Enviando una quinta o una sexta... no se resuelve el problema. Así, el bajo cifrado de las bestias pide una voz humana en contrapunto. El hombre es de otra categoría: es imagen de Dios y está llamado a dominar las fieras (Gn l). Lo que el hombre ha de realizar en la historia para que la vida de los hombres sea... humana, no inhumana y feroz... ésta es la misión, sencilla y, profunda, del capítulo...' (Alonso Schökel L., Los Libros Sagrados, Daniel.... págs. 70 ss).
El texto no es mesiánico, pero autores posteriores vieron en el cuerno y en el pueblo de los santos un símbolo del Anticristo y del Mesías, respectivamente. Como el Mesías es compendio de todo el pueblo elegido, así el cuerno es símbolo de toda violencia y brutalidad humana.
Estas líneas son parte de la introducción del Apocalipsis. Es una doxología en los versículos 5 y 6 que se prolonga en los siguientes en un tono de exaltación parecida.
Como en toda doxología lo importante no es tanto su contenido doctrina o teórico sino lo que nos propone. En la Biblia no sólo may mensajes intelectuales, sino lenguaje vital en todas sus formas y es como un instrumento que se nos da para usarlo en el mismo sentido en que fue escrito, apropiándonos de las actitudes que allí se expresan.
Aquí estamos ante una de las formas más radicales de relación con Dios: la adoración y la alabanza, el reconocimiento de su grandeza. Y, como en otros muchos lugares del NT, el Señor Jesús es objeto también de esa actitud.
Naturalmente la base de todo es el reconocimiento de los hechos salvadores, en concreto la función salvadora de Jesucristo, mencionando sus efectos hacia nosotros.
Hay una acumulación de títulos referidos a Jesús, Testigo fiel, primogénito de entre los muertos, príncipe de los reyes de la tierra. Sus referentes son diferentes, unas veces relacionados con Dios y otras con los seres humanos. Pero la intención es subrayar la grandeza del Señor en todos los aspectos.
En el contexto polémico del Apocalipsis se alude también (v. 7) a los efectos turbadores que la presencia del Señor Jesús tiene sobre los que no le han aceptado. Pero es preciso entender esas palabras en el contexto general de la salvación universal.
Texto. Este último domingo del ciclo litúrgico se cierra con un texto del final del evangelio de Juan, entresacado del interrogatorio de Pilato, máxima autoridad romana en Judea, a Jesús, presunto reo judío, acusado por los dirigentes judíos. Se trata del primer interrogatorio. La práctica judicial romana, en efecto, preveía un interrogatorio inicial del acusado, que para los no romanos consistía en un proceso simplificado de exploración.
La pregunta inicial de Pilato (¿eres tú el rey de los judíos?) refleja la acusación judía: sonaba a rebelión política y supone que los sumos sacerdotes recriminaban a Jesús el hacerse pasar falsamente por el Mesías en el sentido del libertador nacional.
La contrapregunta de Jesús sobre si Pilato le interroga por su propia cuenta, provoca la réplica del juez romano. Este quiere dejar en claro que la acusación parte de las autoridades judías. El término gente, que Pilato emplea, no se puede extender a todo el pueblo judío, que ciertamente no había entregado a Jesús; se trata más bien de su representación en el sanedrín, probablemente los ancianos, que Juan no menciona nunca, pero que, junto a los sumos sacerdotes, componían la influyente ala saducea del sanedrín, principal responsable del proceso contra Jesús.
Para el juez romano lo único importante es saber lo que ha hecho Jesús. La pregunta al respecto da ocasión a Jesús para defenderse contra la incriminación del sanedrín.
Jesús explica al gobernador romano, habituado a la idea del poder político, que él no ha maquinado rebelión alguna que pretendiera imponerse con las armas, pues de haber sido así, también su guardia habría combatido para que no fuera entregado al sanedrín. El Reino de Jesús no tiene su origen en el marco de la existencia visible, sino en el mundo invisible y transcendente. El representante del imperio romano se ve enfrentado cada vez más a una realidad que no comprende.
Mas como Jesús habla de un reino suyo, Pilato le espeta la pregunta: Conque, ¿tú eres rey? La traducción litúrgica interpreta la respuesta de Jesús en sentido afirmativo: Tú lo dices: soy rey. Pero no cabe excluir una interpretación de la respuesta en sentido evasivo-negativo: Tú (no yo) dices que soy rey. En cualquier caso, Jesús deja meridianamente claro que su razón de ser en este mundo es la de ser testigo de la verdad. La verdad a la que Jesús se refiere es Dios, su insondable y maravillosa vida en favor de los hombres.
Comentario. Inmerso en un trágico proceso de errores y malentendidos humanos, Jesús se reitera en lo afirmado sobre él en la primera página del cuarto evangelio: A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que es Dios y vive en íntima unión con el Padre, nos lo ha dado a conocer (Jn 1,18). La realeza de Jesús consiste, pues, en darnos a conocer a Dios, en desvelar su rostro de Padre, que incluso la religión había velado.
Por tener su origen en Dios, esta realeza no es de este mundo, es decir, no es de origen humano, pero toda ella se realiza en este mundo. La razón de ser de la realeza de Jesús somos nosotros, los humanos, buscadores necesitados de algo absoluto.
Lo inesperado de la realeza de Jesús es que adquiere consubstancialmente la forma de la impotencia frente al poderío de la política. Los modos humanos de vivir tienen más poder que la realeza de Jesús. ¿Tendrán también más fuerza de convicción? La respuesta a esta pregunta está en manos únicamente de los seguidores de Jesús.
Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Cristo Rey. Sí por esas casualidades, a la hora de la predicación -o mejor- de la reflexión, a los cristianos se nos diera por subtitular nuestras fiestas litúrgicas, podríamos decir que en esta oportunidad celebramos el día en que el poder fue subvertido por el poder o también, y esto para entendernos mejor e ir entrando en tema, el día en que la realeza como expresión de todo poder humano, sirvió a la causa de la humanidad.
Dos subtítulos que expresados en pasado hablan por un lado, de una realidad comenzada pero aún no terminada y por otro, de las ironías por las que a veces transitamos los cristianos. Sobre lo segundo -en estas líneas lo menos importante- basta con decir que paradójicamente mucho de lo que a esta solemnidad aún vinculamos, tiene más que ver con un modo de pensar y vivir lo cristiano que en nada se parece al sentido auténticamente evangélico que tendría que tener la fecha en cuestión. Nos referimos con esto, a aquellos retazos sutiles, pero todavía vigorosos, de cristiandad que, tanto a nivel jerárquico como de Pueblo de Dios más de a pie, se nos cuelan en ocasiones como estas.
Pero yendo a lo primero, a lo que realmente sigue haciendo válida la fiesta de hoy, tenemos que el reino que Jesús nos trae, precisamente por no ser de este mundo, puede poner patas para arriba a este mundo nuestro. En este sentido, decíamos que celebramos la subversión del poder y las relaciones egoístas que se derivan de él. Poder y relaciones que no queremos o no atinamos a cambiar. Con lo cual, contemplando la escena que nos propone Juan, escena donde se condena a un “revolucionario anti-sistema” que ni siquiera niega la acusación que el contubernio -Pilato – Sumos Sacerdotes- le hace, los cristianos honestamente podríamos preguntarnos si tal como el procurador romano, entendemos que Jesús precisamente es rey de un reinado que está más allá de nuestras opciones personales y sociales egoístas.
En efecto, Pilato parece haber entendido que Jesús es rey, de hecho se lo pregunta. Rey de un reinado alternativo, distinto de aquel al que él representa. Pero nosotros ¿entendemos esto? O preferimos una vez más, amparándonos en que la oferta de salvación de Dios viene del más allá, desvincular el reino de la historia, hacerlo algo ajeno al día a día, a lo cotidiano. En otras palabras, dándole al hecho del reino del servicio y no de la dominación, poca o ninguna relación con la historia humana: sentido que evidentemente no es el que Jesús dio a su propuesta.
Él nos enseña, así lo vivió de hecho, a construir la llegada del reino a la vida de cada día. Que venga a este mundo decimos a diario en el Padrenuestro. Pero asumir esto, nos supondría una opción radical, subversiva. Esa que Pilato y los Sumos Sacerdotes no estuvieron dispuestos a realizar porque su elección fue la del poder y la violencia de este mundo.
Celebrar a Cristo Rey no es sólo entonces reconocer la realeza de Cristo, la concentración en el Hijo de Dios de unas potestades más allá de la historia. Celebrar a Cristo Rey, es entender y optar por una historia y una globalidad de la existencia humana tal como las vividas por Jesús: desde la pasión por el hombre y la historia de los hombres, cambiando, rompiendo pacíficamente con todo aquello que nos deshumaniza personal y socialmente.
Dios, Padre nuestro, que quisiste fundar todas las cosas en Jesucristo, Rey del Universo; haz que la creación se vea libre de toda esclavitud y de toda injusticia, para que así se haga realidad tu Reino y podamos glorificarte sin fin.
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Te ofrecemos, Padre, el pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo; y te pedimos que tu Hijo conceda a todos los pueblos los bienes de la unidad, la justicia y la paz.
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En este día grande, y en todo momento, Señor, es bueno darte gracias y reconocerte como origen de todo lo noble que, aunque a veces parezca escondido, estás en la vida de los hombres. En este día, al final del ciclo litúrgico, muestras tu realeza en Jesús, nues¬tro hermano, que nunca dudó en acercarse a cuantos lo necesita¬ban, en denunciar la injusticia, en consolar a cuantos estaban tris¬tes. A este Jesús, Rey nuestro, quisiéramos seguir y hacer presente, Señor.
Sigue llamándonos, Dios Padre, a hacer presente cada día el reino de la verdad, de la paz, de la entrega. Sigue mostrándonos a Jesús, el Camino. Sigue llamando a nuestra conciencia dormida para que en este mundo seamos tus testigos.
Unidos a todas las personas de buena voluntad te reconocemos y glorificamos
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Después de participar en esta Eucaristía te pedimos, Padre, que los que luchamos por construir tu Reino, no quedemos nunca defraudados y podamos disfrutarlo contigo, cuando lleguemos junto a Ti.
MONICIÓN DE ENTRADA
La Realeza de Cristo no siempre ha sido bien interpreta¬da; ya Pilato, en su tiempo, tuvo que escuchar de Jesús su disconformidad con ser tomado como un rey al estilo con¬vencional.
Aquí, en la Eucaristía, nosotros confesamos que la rea¬leza de Cristo se realiza, sobre todo, en la Cruz, en la que Él entregó su vida por los hombres. donde muchos sólo ven fracaso y muerte, nosotros confesamos que está el triunfo de la Vida.
SALUDO
Queridos hermanos, el amor y la paz de Dios nuestro Padre, que nos ofrece a todos el Reino de Vida, esté‚ siempre con todos vosotros.
ACTO PENITENCIAL
La realeza de Cristo pretende mostrarnos la Verdad del amor de Dios, que nos perdona y nos hace hijos suyos. Nos presentamos ante El arrepentidos de nuestros pecados.
-Tú nos traes un Reino de vida en plenitud, aunque noso¬tros seguimos sembrando muerte a nuestro alrededor. Señor, ten piedad.
-Tú nos traes un Reino de libertad, aunque nosotros segui¬mos empleando la opresión y la esclavitud. Cristo, ten piedad.
-Tú nos traes un Reino de verdad, aunque nosotros segui¬mos empleando la mentira, el engaño y la hipocresía. Señor, ten piedad.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El profeta Daniel anuncia al pueblo judío la llegada de un día en el que, gracias, a un enviado de Dios, todos los pueblos de todas las naciones vivirán en justicia y en paz.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 92)
El señor reina, vestido de majestad.
El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder.
El señor reina, vestido de majestad.
Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno.
El señor reina, vestido de majestad.
Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.
El señor reina, vestido de majestad.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
El poder de Dios no lo convierte en su ser terrible o leja¬no; Dios invierte su poder en enviarnos a su propio Hijo para que, hecho uno de nosotros, nos muestre a todos la senda de la libertad y de la vida.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
En el interrogatorio ante Pilato, Jesús manifiesta su con¬dición de Rey; pero deja bien claro que su realeza es de otra categoría. El Reino de Pilato se hace con las armas y la vio¬lencia; el Reino de Dios se construye con el servicio, el amor, la justicia y la paz.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Con el propósito de trabajar por conseguir ese Reino que pedimos, presentamos a Dios nuestro Padre nuestras oraciones diciendo: Venga a nosotros tu Reino, Señor.
-Para que la Iglesia sea en todo momento servidora del Reino de Dios entre los hombres. Oremos.
-Para que el Señor nos haga testigos de los signos de su Reino, curando a los enfermos, dando pan a los hambrien¬tos, devolviendo la esperanza a los que la han perdido. Oremos.
-Para que nunca olvidemos que el Reino no es una simple lucha social, ni un Reino del más allá, sino el trabajo para hacer presente el amor de Dios entre nosotros, ya aquí y ahora. Oremos.
-Para que todos nosotros, nuestros familiares y nuestros ami¬gos nos reunamos un día con Dios nuestro Padre y disfru¬temos del Reino en toda su plenitud. Oremos.
Oración: Sabemos, Padre, que debemos trabajar por tu Reino; y también sabemos que sólo Tú nos lo puedes dar; por eso te pedimos, con todos los creyentes de todos los tiem¬pos, y con las palabras de tu Hijo, que venga a nosotros tu Reino. Por Jesucristo.
Entrada: Himno a Jesucristo del disco “12 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI”; Lauda Ierusalem; Cristo es el camino del disco “Dios es amor”; Gloria, honor a Ti del disco “Un solo Señor” de Deiss.
Gloria: de la Misa de Angelis.
Salmo: LdS.
Aleluya: El Señor es nuestro rey (1CLN-515).
Ofertorio: Busca primero el reino de Dios del disco “Ven, Señor, Jesús”.
Santo: de Palazón (de la Misa “Alrededor de tu mesa”).
Comunión: Christus Vincit; Tu reino es vida (1CLN-511); Alabad al Señor (Popular, CB-5)
Final: Anunciaremos tu reino (1CLN-402)
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net
Dios siempre unido al hombre, siempre.
Si nuestra opción es Dios, no podemos aislarlo del hermano, porque entonces nos equivocamos de Dios. Ese no es el Dios de Jesús.
Incluso en el momento decisivo, en el instante en que su vida depende de su respuesta, la entrega incondicional de Jesús a la Verdad (sí, Verdad, con mayúscula) es absoluta y no admite condiciones: “para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad”; Jesús es testigo, Jesús es Rey del amor de Dios a los hombres.
Hay que salir a la calle, hay que salir al mundo y amar, sólo así nuestro amor podrá ser testigo de la verdad: y he dicho “nuestro amor”, no nosotros; nosotros nunca podremos ser Jesús pero podemos amar como nos enseñó para que esos momentos intensos y puntuales sean testimonio del amor de Dios al hombre; no del nuestro: ¿me explico?
Yo no podría nunca contestarle a algún Pilato: “Tú lo dices: yo soy reina”, ni siquiera que soy “testigo de la verdad”, pero puedo, gracias a la fuerza de su Espíritu, amar.
Yo no se amar a todo el mundo en todo momento, pero puedo sentir amor por un alumno más desastroso cuando en clase cruzamos una sonrisa, entonces el amor de Dios se hace presente en ese breve momento de intimidad y traspasa nuestros corazones y nos hace testigos de su amor… ¡y nosotros sin saberlo!
No, yo no puedo mantener el amor permanentemente pero puedo dejarlo traspasar en momentos puntuales de mi vida y mi entorno: con mi familia, con mis amigos, con mis compañeros de trabajo, con mis alumnos, con mis vecinos, con la cajera del súper del barrio, con la señora que limpia la escalera, con el conductor del bus urbano, con mi grupo de revisión de vida, con el dependiente del videoclub, con aquellas personas desfavorecidas a las que dedico voluntariamente mi tiempo y me ayudan en la alegría de la entrega…
No, yo no puedo mantener el amor permanentemente, pero puedo y debo estar abierta y atenta para recibirlo y lanzarlo a mi vida, cuanto más consienta en recibir, más podré ofrecer; y en este intenso ejercicio mi corazón se ensancha, crece y da gloria y gracias a Dios por su Amor.
CONCHA MORATA
concha@dabar.net
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DIOS HABLA
DANIEL 7, 13 14
Mientras miraba, en la visión nocturna ví venir en las nubes del cielo una especie de hombre. Avanzó hacia el anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará.
APOCALIPSIS 1,5 8
Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquél que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso».
JUAN 18,33b 37
En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Conque ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA
PRIMERA LECTURA
Contexto. El relato que nos ofrece la liturgia es del todo ininteligible. Es necesario leer en su totalidad la visión de las cuatro fieras (7, 1 28): Daniel narra su sueño (vs. 1 14) y pide su interpretación a 'uno de los servidores del anciano' (vs. 15 28).
Todo relato apocalíptico intenta desvelar o revelar (=Apocalipsis), de forma esquemática y ficticia, el sentido profundo de los acontecimientos del mundo. En el esquema, no intentemos buscar cuadros históricos completos, y la ficción es argucia del autor para salvar la 'cabeza' en etapas difíciles, dictatoriales. Por eso, hace uso de la alegoría que es necesario interpretar para captar el sentido del texto, su mensaje: Toda etapa histórica conduce a un juicio y a la instauración del reino universal de Dios.
Visión y explicación. El mar, en los relatos bíblicos, simboliza la fuente u origen del mal. En el océano habitan las bestias salvajes (cfr. Libro de Job); el mar es el elemento caótico u hostil sobre el que se cierne el espíritu o viento que lo domina, llevando a cabo la creación y liberación (Gri, 1; Ex 14).
Del océano hostil salen 'cuatro fieras gigantescas' que evocan cuatro imperios (similitud con la visión de la estatua: cap. 2). La primera, 'un león con alas de águila', representa el imperio de Babilonia. Cuando se le arrancan las alas de su poder, reflexiona y empieza a comportarse como persona, reconociendo a Dios verdadero. La segunda, 'un oso medio erguido', designa el imperio medo que ha pasado a los anales de la historia como muy cruel. Nunca está harto, siempre dispuesto a devorar (costillas entre los dientes). La tercera fiera se parece a 'un leopardo', refiriéndose al imperio persa; las cuatro alas y cabezas tal vez denoten su dominio universal. La cuarta no se describe, pero supera a las demás en crueldad. Sus dientes son de hierro (cfr. Piernas de hierro de la estatua, cap. 2) y no se conforma con descuartizar sino que patea las sobras con sus pezuñas. Simboliza el imperio griego y el de sus sucesores: los diez cuernos aluden, tal vez, al número de reyes hasta llegar a Antíoco (¬cuerno pequeño) que llega al poder, tras eliminar a tres aspirantes al mismo. Esta es la etapa histórica que le toca vivir al autor; presenta a Antíoco como un personaje altanero y fanfarrón ( boca que profiere insolencias).
El océano desata en nuestro inundo todo su poder hostil, a través de estas cuatro fieras salvajes. La sucesión de los imperios no ha hecho mejor a la humanidad, y la situación que vive el autor es dramática. Precisamente en este momento crítico, Daniel presenta a un anciano con vestido blanco (= teofanía: vs. ) 12), dispuesto a juzgar a la humanidad ('tronco' = tribunal) antes de instaurar su reino definitivo. La vestidura blanca y su limpísima caballera indican poder y victoria, sabiduría, justicia e integridad. Con poder sobre cualquier imperio, se dispone a juzgar todas las acciones, inscritas en el libro de la vida, y purifica, castiga con fuego. Incontables son los que llevan a término sus órdenes. Durante el juicio, sólo la bestia más arrogante, la cuarta, es arrojada al fuego y consumida; a las otras tres sólo se les quita el poder. Así empieza una etapa donde impera la razón sobre la violencia, arrogancia y soberbia.
En este contexto se inserta nuestra lectura, en la que se narra cómo Daniel ve en el cielo a alguien 'como un hombre', es decir a un ser humano (≠ a las bestias). Con frecuencia, se designa a esta figura 'hijo de hombre', pero no se trata de ningún ser divino, como se suele afirmar, sino humano porque los que reciben el poder y el reino eterno son los 'santos del Altísimo' (=los hombres fieles al Dios de Israel, vs. 18. 27). Ellos poseerán el poder y el reino eterno que nunca será destruido. Estos fieles, imagen divina, serán los guardianes del nuevo imperio.
Reflexiones. Las cuatro fieras se suceden en la historia, pero no humanizan... ni mejoran la existencia humana; incluso la empeoran creciendo en ferocidad. Enviando una quinta o una sexta... no se resuelve el problema. Así, el bajo cifrado de las bestias pide una voz humana en contrapunto. El hombre es de otra categoría: es imagen de Dios y está llamado a dominar las fieras (Gn l). Lo que el hombre ha de realizar en la historia para que la vida de los hombres sea... humana, no inhumana y feroz... ésta es la misión, sencilla y, profunda, del capítulo...' (Alonso Schökel L., Los Libros Sagrados, Daniel.... págs. 70 ss).
El texto no es mesiánico, pero autores posteriores vieron en el cuerno y en el pueblo de los santos un símbolo del Anticristo y del Mesías, respectivamente. Como el Mesías es compendio de todo el pueblo elegido, así el cuerno es símbolo de toda violencia y brutalidad humana.
DABAR
SEGUNDA LECTURA
Estas líneas son parte de la introducción del Apocalipsis. Es una doxología en los versículos 5 y 6 que se prolonga en los siguientes en un tono de exaltación parecida.
Como en toda doxología lo importante no es tanto su contenido doctrina o teórico sino lo que nos propone. En la Biblia no sólo may mensajes intelectuales, sino lenguaje vital en todas sus formas y es como un instrumento que se nos da para usarlo en el mismo sentido en que fue escrito, apropiándonos de las actitudes que allí se expresan.
Aquí estamos ante una de las formas más radicales de relación con Dios: la adoración y la alabanza, el reconocimiento de su grandeza. Y, como en otros muchos lugares del NT, el Señor Jesús es objeto también de esa actitud.
Naturalmente la base de todo es el reconocimiento de los hechos salvadores, en concreto la función salvadora de Jesucristo, mencionando sus efectos hacia nosotros.
Hay una acumulación de títulos referidos a Jesús, Testigo fiel, primogénito de entre los muertos, príncipe de los reyes de la tierra. Sus referentes son diferentes, unas veces relacionados con Dios y otras con los seres humanos. Pero la intención es subrayar la grandeza del Señor en todos los aspectos.
En el contexto polémico del Apocalipsis se alude también (v. 7) a los efectos turbadores que la presencia del Señor Jesús tiene sobre los que no le han aceptado. Pero es preciso entender esas palabras en el contexto general de la salvación universal.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
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EVANGELIO
Texto. Este último domingo del ciclo litúrgico se cierra con un texto del final del evangelio de Juan, entresacado del interrogatorio de Pilato, máxima autoridad romana en Judea, a Jesús, presunto reo judío, acusado por los dirigentes judíos. Se trata del primer interrogatorio. La práctica judicial romana, en efecto, preveía un interrogatorio inicial del acusado, que para los no romanos consistía en un proceso simplificado de exploración.
La pregunta inicial de Pilato (¿eres tú el rey de los judíos?) refleja la acusación judía: sonaba a rebelión política y supone que los sumos sacerdotes recriminaban a Jesús el hacerse pasar falsamente por el Mesías en el sentido del libertador nacional.
La contrapregunta de Jesús sobre si Pilato le interroga por su propia cuenta, provoca la réplica del juez romano. Este quiere dejar en claro que la acusación parte de las autoridades judías. El término gente, que Pilato emplea, no se puede extender a todo el pueblo judío, que ciertamente no había entregado a Jesús; se trata más bien de su representación en el sanedrín, probablemente los ancianos, que Juan no menciona nunca, pero que, junto a los sumos sacerdotes, componían la influyente ala saducea del sanedrín, principal responsable del proceso contra Jesús.
Para el juez romano lo único importante es saber lo que ha hecho Jesús. La pregunta al respecto da ocasión a Jesús para defenderse contra la incriminación del sanedrín.
Jesús explica al gobernador romano, habituado a la idea del poder político, que él no ha maquinado rebelión alguna que pretendiera imponerse con las armas, pues de haber sido así, también su guardia habría combatido para que no fuera entregado al sanedrín. El Reino de Jesús no tiene su origen en el marco de la existencia visible, sino en el mundo invisible y transcendente. El representante del imperio romano se ve enfrentado cada vez más a una realidad que no comprende.
Mas como Jesús habla de un reino suyo, Pilato le espeta la pregunta: Conque, ¿tú eres rey? La traducción litúrgica interpreta la respuesta de Jesús en sentido afirmativo: Tú lo dices: soy rey. Pero no cabe excluir una interpretación de la respuesta en sentido evasivo-negativo: Tú (no yo) dices que soy rey. En cualquier caso, Jesús deja meridianamente claro que su razón de ser en este mundo es la de ser testigo de la verdad. La verdad a la que Jesús se refiere es Dios, su insondable y maravillosa vida en favor de los hombres.
Comentario. Inmerso en un trágico proceso de errores y malentendidos humanos, Jesús se reitera en lo afirmado sobre él en la primera página del cuarto evangelio: A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que es Dios y vive en íntima unión con el Padre, nos lo ha dado a conocer (Jn 1,18). La realeza de Jesús consiste, pues, en darnos a conocer a Dios, en desvelar su rostro de Padre, que incluso la religión había velado.
Por tener su origen en Dios, esta realeza no es de este mundo, es decir, no es de origen humano, pero toda ella se realiza en este mundo. La razón de ser de la realeza de Jesús somos nosotros, los humanos, buscadores necesitados de algo absoluto.
Lo inesperado de la realeza de Jesús es que adquiere consubstancialmente la forma de la impotencia frente al poderío de la política. Los modos humanos de vivir tienen más poder que la realeza de Jesús. ¿Tendrán también más fuerza de convicción? La respuesta a esta pregunta está en manos únicamente de los seguidores de Jesús.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
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NOTAS PARA LA HOMILIA
Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Cristo Rey. Sí por esas casualidades, a la hora de la predicación -o mejor- de la reflexión, a los cristianos se nos diera por subtitular nuestras fiestas litúrgicas, podríamos decir que en esta oportunidad celebramos el día en que el poder fue subvertido por el poder o también, y esto para entendernos mejor e ir entrando en tema, el día en que la realeza como expresión de todo poder humano, sirvió a la causa de la humanidad.
Dos subtítulos que expresados en pasado hablan por un lado, de una realidad comenzada pero aún no terminada y por otro, de las ironías por las que a veces transitamos los cristianos. Sobre lo segundo -en estas líneas lo menos importante- basta con decir que paradójicamente mucho de lo que a esta solemnidad aún vinculamos, tiene más que ver con un modo de pensar y vivir lo cristiano que en nada se parece al sentido auténticamente evangélico que tendría que tener la fecha en cuestión. Nos referimos con esto, a aquellos retazos sutiles, pero todavía vigorosos, de cristiandad que, tanto a nivel jerárquico como de Pueblo de Dios más de a pie, se nos cuelan en ocasiones como estas.
Pero yendo a lo primero, a lo que realmente sigue haciendo válida la fiesta de hoy, tenemos que el reino que Jesús nos trae, precisamente por no ser de este mundo, puede poner patas para arriba a este mundo nuestro. En este sentido, decíamos que celebramos la subversión del poder y las relaciones egoístas que se derivan de él. Poder y relaciones que no queremos o no atinamos a cambiar. Con lo cual, contemplando la escena que nos propone Juan, escena donde se condena a un “revolucionario anti-sistema” que ni siquiera niega la acusación que el contubernio -Pilato – Sumos Sacerdotes- le hace, los cristianos honestamente podríamos preguntarnos si tal como el procurador romano, entendemos que Jesús precisamente es rey de un reinado que está más allá de nuestras opciones personales y sociales egoístas.
En efecto, Pilato parece haber entendido que Jesús es rey, de hecho se lo pregunta. Rey de un reinado alternativo, distinto de aquel al que él representa. Pero nosotros ¿entendemos esto? O preferimos una vez más, amparándonos en que la oferta de salvación de Dios viene del más allá, desvincular el reino de la historia, hacerlo algo ajeno al día a día, a lo cotidiano. En otras palabras, dándole al hecho del reino del servicio y no de la dominación, poca o ninguna relación con la historia humana: sentido que evidentemente no es el que Jesús dio a su propuesta.
Él nos enseña, así lo vivió de hecho, a construir la llegada del reino a la vida de cada día. Que venga a este mundo decimos a diario en el Padrenuestro. Pero asumir esto, nos supondría una opción radical, subversiva. Esa que Pilato y los Sumos Sacerdotes no estuvieron dispuestos a realizar porque su elección fue la del poder y la violencia de este mundo.
Celebrar a Cristo Rey no es sólo entonces reconocer la realeza de Cristo, la concentración en el Hijo de Dios de unas potestades más allá de la historia. Celebrar a Cristo Rey, es entender y optar por una historia y una globalidad de la existencia humana tal como las vividas por Jesús: desde la pasión por el hombre y la historia de los hombres, cambiando, rompiendo pacíficamente con todo aquello que nos deshumaniza personal y socialmente.
SERGIO LÓPEZ
sergio@dabar.net
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PARA LA ORACION
Dios, Padre nuestro, que quisiste fundar todas las cosas en Jesucristo, Rey del Universo; haz que la creación se vea libre de toda esclavitud y de toda injusticia, para que así se haga realidad tu Reino y podamos glorificarte sin fin.
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Te ofrecemos, Padre, el pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo; y te pedimos que tu Hijo conceda a todos los pueblos los bienes de la unidad, la justicia y la paz.
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En este día grande, y en todo momento, Señor, es bueno darte gracias y reconocerte como origen de todo lo noble que, aunque a veces parezca escondido, estás en la vida de los hombres. En este día, al final del ciclo litúrgico, muestras tu realeza en Jesús, nues¬tro hermano, que nunca dudó en acercarse a cuantos lo necesita¬ban, en denunciar la injusticia, en consolar a cuantos estaban tris¬tes. A este Jesús, Rey nuestro, quisiéramos seguir y hacer presente, Señor.
Sigue llamándonos, Dios Padre, a hacer presente cada día el reino de la verdad, de la paz, de la entrega. Sigue mostrándonos a Jesús, el Camino. Sigue llamando a nuestra conciencia dormida para que en este mundo seamos tus testigos.
Unidos a todas las personas de buena voluntad te reconocemos y glorificamos
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Después de participar en esta Eucaristía te pedimos, Padre, que los que luchamos por construir tu Reino, no quedemos nunca defraudados y podamos disfrutarlo contigo, cuando lleguemos junto a Ti.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
La Realeza de Cristo no siempre ha sido bien interpreta¬da; ya Pilato, en su tiempo, tuvo que escuchar de Jesús su disconformidad con ser tomado como un rey al estilo con¬vencional.
Aquí, en la Eucaristía, nosotros confesamos que la rea¬leza de Cristo se realiza, sobre todo, en la Cruz, en la que Él entregó su vida por los hombres. donde muchos sólo ven fracaso y muerte, nosotros confesamos que está el triunfo de la Vida.
SALUDO
Queridos hermanos, el amor y la paz de Dios nuestro Padre, que nos ofrece a todos el Reino de Vida, esté‚ siempre con todos vosotros.
ACTO PENITENCIAL
La realeza de Cristo pretende mostrarnos la Verdad del amor de Dios, que nos perdona y nos hace hijos suyos. Nos presentamos ante El arrepentidos de nuestros pecados.
-Tú nos traes un Reino de vida en plenitud, aunque noso¬tros seguimos sembrando muerte a nuestro alrededor. Señor, ten piedad.
-Tú nos traes un Reino de libertad, aunque nosotros segui¬mos empleando la opresión y la esclavitud. Cristo, ten piedad.
-Tú nos traes un Reino de verdad, aunque nosotros segui¬mos empleando la mentira, el engaño y la hipocresía. Señor, ten piedad.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El profeta Daniel anuncia al pueblo judío la llegada de un día en el que, gracias, a un enviado de Dios, todos los pueblos de todas las naciones vivirán en justicia y en paz.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 92)
El señor reina, vestido de majestad.
El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder.
El señor reina, vestido de majestad.
Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno.
El señor reina, vestido de majestad.
Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.
El señor reina, vestido de majestad.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
El poder de Dios no lo convierte en su ser terrible o leja¬no; Dios invierte su poder en enviarnos a su propio Hijo para que, hecho uno de nosotros, nos muestre a todos la senda de la libertad y de la vida.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
En el interrogatorio ante Pilato, Jesús manifiesta su con¬dición de Rey; pero deja bien claro que su realeza es de otra categoría. El Reino de Pilato se hace con las armas y la vio¬lencia; el Reino de Dios se construye con el servicio, el amor, la justicia y la paz.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Con el propósito de trabajar por conseguir ese Reino que pedimos, presentamos a Dios nuestro Padre nuestras oraciones diciendo: Venga a nosotros tu Reino, Señor.
-Para que la Iglesia sea en todo momento servidora del Reino de Dios entre los hombres. Oremos.
-Para que el Señor nos haga testigos de los signos de su Reino, curando a los enfermos, dando pan a los hambrien¬tos, devolviendo la esperanza a los que la han perdido. Oremos.
-Para que nunca olvidemos que el Reino no es una simple lucha social, ni un Reino del más allá, sino el trabajo para hacer presente el amor de Dios entre nosotros, ya aquí y ahora. Oremos.
-Para que todos nosotros, nuestros familiares y nuestros ami¬gos nos reunamos un día con Dios nuestro Padre y disfru¬temos del Reino en toda su plenitud. Oremos.
Oración: Sabemos, Padre, que debemos trabajar por tu Reino; y también sabemos que sólo Tú nos lo puedes dar; por eso te pedimos, con todos los creyentes de todos los tiem¬pos, y con las palabras de tu Hijo, que venga a nosotros tu Reino. Por Jesucristo.
CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada: Himno a Jesucristo del disco “12 Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI”; Lauda Ierusalem; Cristo es el camino del disco “Dios es amor”; Gloria, honor a Ti del disco “Un solo Señor” de Deiss.
Gloria: de la Misa de Angelis.
Salmo: LdS.
Aleluya: El Señor es nuestro rey (1CLN-515).
Ofertorio: Busca primero el reino de Dios del disco “Ven, Señor, Jesús”.
Santo: de Palazón (de la Misa “Alrededor de tu mesa”).
Comunión: Christus Vincit; Tu reino es vida (1CLN-511); Alabad al Señor (Popular, CB-5)
Final: Anunciaremos tu reino (1CLN-402)
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net








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