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jueves, 19 de noviembre de 2009

Palabra para la Misión: El Reino de un Dios crucificado, que no fracasa


XXXIV (último) Domingo del Tiempo Ordinario
Solemnidad de JESUCRISTO REY del universo
Año B – 22.11.2009 / Por Euntes

Daniel 7,13-14 / Salmo 92 / Apocalipsis 1,5-8
Juan 18,33-37

Reflexiones

¡Qué extraña forma de proclamarse Rey! El Cristo de la Pasión, en diálogo con el procurador romano (Evangelio), posee las insignias de un rey: una corona sobre la cabeza, un bastón en la mano, una capa roja, las reverencias de los soldados... ¡Son los signos de un rey derrotado! Los jefes religiosos, la gente en la plaza, los soldados romanos ya están convencidos: lo han destruido, pueden cantar victoria. Pilato sigue perplejo ante la serenidad de un hombre que, en esas condiciones, insiste en llamarse rey, aunque no de un reino de este mundo. Pilato no puede entender este lenguaje, y menos aún el tema de la verdad (v. 36-37). Sus preguntas inquisitivas tienen un sentido político: le basta haber averiguado que ese hombre, en tal estado, no constituye una amenaza para el imperio de Roma. Hoy también, el signo del hombre-Dios crucificado, pegado a la pared, está lejos de constituir una amenaza. Por el contrario, ¡es un beneficio objetivo! Lo entiende serenamente cualquier persona mínimamente informada, que tiene un corazón recto y libre de ideologías.

Será el mismo Pilato, representante del imperio más poderoso del mundo, quien reconocerá la realeza de Cristo, con aquella inscripción sobre la cruz: “Jesús Nazareno, el rey de los Judíos” (Jn 19,19). Jesús encarna el verdadero “hijo de hombre”, aquel misterioso personaje -¡preludio de un nuevo pueblo!- anunciado por el profeta (I lectura), que recibe de Dios poder real sobre todos los pueblos, naciones y lenguas, un reino que “no tendrá fin” (v. 14). El pueblo de Daniel, por el momento, experimenta la opresión, pero no renuncia a sueños grandiosos para el futuro. El pueblo del nuevo Reino tendrá como punto de convergencia a Cristo. Lo han atravesado, pero es el Alfa y la Omega (II lectura).

Jesús no renuncia a su título de rey, pero lo libera de las cosas vanas de los reinos de este mundo y lo enriquece con contenidos nuevos, evangélicos: el que es el primero debe servir a los demás; no hace alianzas con los ricos y poderosos, pero escoge estar al lado de los últimos; no da órdenes, pero obedece; no mata a nadie, pero muere Él por todos; lo que importa no es ser servido, sino hacerse servidor. (*)

Pilato muestra ante todos al hombre, al rey derrotado, coronado de espinas... Jesús ha proclamado varias veces su identidad, su Evangelio. El que quiso, lo entendió. Ahora Jesús está allí, ante todos, espera en silencio. Cada cual debe dar su respuesta personal, hacer su opción de vida: escoger el camino fácil del poder y de las riquezas, o triunfar haciéndose discípulos humildes y pobres de un rey derrotado, crucificado y resucitado. ¡Por amor! Seguir los pasos de un rey derrotado puede parecer un fracaso, sin embargo, ¡el Reino de Dios no fracasa! El Papa lo ha recordado hablando a los obispos de Suiza (7.XI.2006), comentando en forma amplia y creativa la parábola de los invitados al banquete (cf. Lc 14,15-24). A pesar de los continuos rechazos por parte de la libertad humana, Dios no fracasa. Él busca siempre nuevos caminos para realizar su plan de salvación para toda la familia humana.

En esta obra de salvación Dios quiere involucrar a muchos amigos y comprometerlos para la Misión en el mundo entero. Las modalidades y los tiempos son múltiples. Junto con las iniciativas que dan visibilidad a la obra evangelizadora (congresos, sínodos, documentos, publicaciones…), están el trabajo capilar y escondido de misioneros y misioneras; la presencia continua de sacerdotes y de laicos educadores y catequistas; los gestos generosos de chicos y jóvenes; el soporte de los enfermos, que ofrecen oraciones y sufrimientos; el compromiso por la promoción de la justicia y de los derechos de las personas más humildes; y muchas otras iniciativas que, si bien son limitadas y ocultas, sirven para renovar y sostener el ardor misionero por el Reino de Dios.


Palabra del Papa

(*) “Durante su Pasión, Jesús reivindicó una singular realeza ante Pilato, que lo interrogó explícitamente: "¿Tú eres rey?", y Jesús respondió: "Sí, como dices, soy rey" (Jn 18, 37); pero poco antes había declarado: "Mi reino no es de este mundo" (Jn 18, 36). En efecto, la realeza de Cristo es revelación y actuación de la de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con amor y con justicia... El reino de Cristo no es de este mundo, pero lleva a cumplimiento todo el bien que, gracias a Dios, existe en el hombre y en la historia. Si ponemos en práctica el amor a nuestro prójimo, según el mensaje evangélico, entonces dejamos espacio al señorío de Dios, y su reino se realiza en medio de nosotros. En cambio, si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo no puede menos de ir hacia la ruina”.
Benedicto XVI
Angelus en la fiesta de Cristo Rey, 23.XI.2008



Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 22/11: Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.
- 22/11: S. Cecilia, mártir romana. - Jornada Internacional de la Música.
- 23/11: S. Columbano, abad (+615), nacido en Irlanda, misionero itinerante en Francia, Suiza e Italia, fundador de numerosos monasterios.
- 23/11: B. Miguel Agustín Pro (1891-1927), jesuita mexicano, martirizado durante la persecución en contra de la Iglesia. Junto con él, cabe recordar a muchos otros mártires de aquel período.
- 24/11: S. Andrés Dung Lac (+1839), sacerdote, y otros compañeros mártires en Vietnam. Juan Pablo II en 1988 canonizó a 117 de ellos: obispos, sacerdotes, laicos martirizados en diferentes lugares, modos y tiempos.
- 24/11: BB. Pedro Kibe Kasui (1587-1639), jesuita japonés, y 187 compañeros mártires, asesinados entre 1603 y 1639; de ellos, cuatro eran sacerdotes y todos los otros laicos, entre los cuales también mujeres y niños. Este tercer grupo de mártires japoneses (después de los de 1597 y 1622) han sido beatificados en Nagasaki el 24 de noviembre de 2008.
- 26/11: S. Leonardo de Puerto Mauricio (1676-1751), sacerdote franciscano, itinerante, entregado a las misiones populares. Él tuvo la idea de la práctica del Viacrucis.
- 26/11: B. Santiago Alberione (1884-1971), fundador de la Familia Paulina (una decena de instituciones), para una presencia del Evangelio en los medios de comunicación social y para la promoción de las vocaciones.
- 26/11: Memoria del Card. Charles Lavigerie (1825-1892), obispo de Argel, fundador de los Misioneros de África (Padres Blancos).

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WebJCP | Abril 2007