(A)
Hace dos mil años, alguien se presentó ante el mundo como la persona capaz de cambiar la historia con un mensaje nuevo: "El Mandamiento del Amor y del Servicio". Su estilo de vida fue único, y su mensaje un camino seguro para construir la convivencia entre todos los hombres.
Su arma: el amor. Su poder: el servicio y el perdón. Su ejército: un grupo de gentes sencillas del pueblo. Su Reino: un mundo en el que al fin se pueda vivir en paz y en solidaridad.
Este es Jesús de Nazaret, al que recordaremos hoy en esta Fiesta de Cristo-Rey. El Rey que no ha venido a ser servido sino a servir al mundo y a los hombres.
Vamos a celebrarlo en esta Eucaristía.
(B)
Sed todos bienvenidos a esta celebración en la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo.
En el mensaje de Jesús, que hoy escuchamos, hay una invitación a vivir en la verdad ante Dios, ante uno mismo y ante los demás: “Yo he venido para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”.
Si basamos nuestra vida en esta verdad, es seguro que lograremos un mundo más humano. Vamos a pedir luz en esta Eucaristía.
Puestos de pie recibimos al sacerdote cantando el canto de entrada.
(C)
Reunidos como estamos, para celebrar la Eucaristía, en este domingo de Cristo, Rey del Universo, vamos a tratar de experimentar la misericordia de Dios con cada una de las personas, contigo, conmigo. Y, también, vamos a pedirle un corazón misericordioso para que nadie nos resulte indiferente, especialmente, ningún marginado por la sociedad.
Puestos de pie recibimos al sacerdote cantando el canto de entrada.
Saludo del Sacerdote
Que Dios Padre, Cristo, su Hijo y Rey de la humanidad y la Fuerza del Espíritu estén con todos nosotros ...
Pedimos perdón
(A)
Hoy es el día apropiado para pedir perdón a Dios por nuestros deseos de triunfalismos, y por las ansias de dominio y de poder.
* Muchas veces nos gusta mandar, tener autoridad, pero, no precisamente, para servir a los demás . Por eso : Señor, ten piedad...
* Muchas veces nos gusta ocupar puestos de categoría y que se fijen en nosotros, y nos olvidamos de los demás. Por eso : Cristo, ten piedad...
* Muchas veces depreciamos a los demás y los consideramos inferiores a nosotros. Por eso : Señor, ten piedad...
(B)
Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, “para ser testigo de la verdad”. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Pedimos hoy perdón, por nuestra falta de verdad a la hora de vivir nuestra fe.
- Tú, Jesús, Señor por tu amor a los hambrientos, sedientos, desnudos, forasteros, enfermos, encarcelados. Señor, ten piedad.
- Tú, Jesús, que nos enseñas a rechazar la violencia y a trabajar por la paz y la justicia. Cristo, ten piedad.
- Tú, Jesús, que viste en cada persona, la dignidad sagrada que en ella se encierra. Señor, ten piedad.
El Señor tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleva a la vida eterna.
Escuchamos la Palabra
Monición
El pueblo de Dios, aunque desanimado, sueña con un Mesías Salvador que ha de venir.
Monición al Evangelio
Jesús es el rey que ha venido a dar testimonio de la verdad. Pero su reinado es el del servicio y la entrega a los demás.
Homilías
(A)
Con frecuencia la vida se convierte en un juego de naipes, en el que triunfa el as. La diferencia está en que para unos el as mayor es el as de oro; para otros, el de espadas y el de bastos; y no faltan quienes eligen el de copas.
As de oros para los que ponen sus esfuerzos en almacenar riquezas a toda costa y sin reparar en el sufrimiento de los demás ni en delicadezas de conciencia; as de oro con el que se piensa que se pueden ganar todas las partidas, incluso la partida de la felicidad.
As de espadas y de bastos para quienes todo lo quieren conseguir con la fuerza, a garrotazos, con violencia, con secuestros, con odios, guerras y crímenes.
As de copas para los que tratan de ahogar en vino y licores, en fiestas y comilonas los sinsabores diarios y amarguras que sienten porque su vida no tiene sentido.
Para muchos, ¿cómo puede tener sentido su vida si no creen en Dios?
No es con estos ases con los que hay que buscar la felicidad.
La beata Teresa de Calcuta contaba: «El otro día vino un australiano. Entregó un buen donativo y añadió: "Quiero también entregarme yo mismo". Desde entonces viene con frecuencia a la casa del moribundo para afeitar a los enfermos y ofrecerles conversación. Este hombre no sólo entregó dinero sino también su tiempo, algo de su vida. Ahora vive más contento y feliz”.
Hermanos, busquemos un servicio que hacer, una pena que consolar, una desgracia que aliviar, una conversación que ofrecer, y nos sentiremos más contentos.
Busquemos un tiempo que compartir, una esperanza que dar, una sonrisa, una palabra amable que impartir, y viviremos más felices.
La vida no es un juego de naipes. Para un cristiano la vida debe consistir en servir a los demás. Al fin y al cabo Jesús vino al mundo a servir. Por eso se le llama «el hombre para los demás”.
Pilato, cuya lápida fue encontrada en el año 1961 en las ruinas romanas de Cesarea de Filipo, allá en Palestina, le preguntó a Jesús si era rey. A lo que Jesús contestó que su reino no era de este mundo.
Y realmente el reino de Jesús no tiene nada que ver con los palacios. El reino de Jesús es el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, del amor, la justicia y la paz. Es el reino que tenemos que construir en este mundo, pero del que gozaremos plenamente en la gloria.
Cuando nombran a un rey se invita a los embajadores; hay desfiles y bandas de música. A los reyes que viven en palacios se les respeta y se les teme porque tienen poder.
Pero en la cruz se nos presenta un rey con una corona de espinas. Y cuando los discípulos querían ser los primeros, Jesús les dice: Un momento. El que quiera ser el primero que sea el servidor de todos.
Hermanos, en este mundo los primeros son primeros muchas veces para pisotear los derechos más sagrados de los demás. Para Jesús ser rey significa servir. Y Jesús ha sido el servidor. Por eso les lava los pies a sus discípulos. Jesús estuvo en la cruz precisamente porque era el servidor de todos.
Jesús es rey, pero no como los reyes de este mundo. No reina en los palacios sino en los corazones.
(B)
Hoy la Iglesia nos pone como final del Año Litúrgico la Fiesta de Cristo Rey. Y el próximo Domingo comenzamos el nuevo Año Litúrgico con el Adviento.
El evangelio nos ha presentado a Jesús, como un rey extraño.
Y es que el Reino de Dios no es como los de este mundo. Es totalmente distinto. En este Reino de Dios se dan cosas muy extrañas: no hay autoridad, ni poder, ni fuerza, sino servicio y ayuda desinteresada, solidaridad, perdón y amor. No hay superiores ni inferiores, sino igualdad y fraternidad: todos hermanos. No hay ricos ni pobres, sino comunidad de bienes. No hay ni enchufes ni recomendaciones.
Jesús quería que su Reino fuese así. Dedicó toda su vida a construir este tipo de reino en la tierra; para esto vino al mundo y por él empeñó su vida hasta la muerte. Esta fue también su última voluntad y nos invita a todos a hacer realidad ese Reino con el que Él soñó y por el que no dudó ni un momento en entregar su propia vida. Y este Reino quiere que sea una realidad aquí en la tierra, no en el más allá, no en la otra vida, sino en esta.
El Mensaje de Jesús, las Leyes de su Reino, intentan transformar las bases de la sociedad y montar una nueva, y sobre nuevos pilares.
Frente al deseo de amontonar dinero, Jesús nos hablará de repartir, de compartirlo.
Frente al deseo de poder y de mando, Jesús nos dirá que Él no ha venido a ser servido, sino a servir. La autoridad debe estar al servicio de los demás.
Frente al deseo de ser famoso y tener un prestigio, Jesús nos hablará de igualdad, de que nadie es más que otro.
Estos son los pilares de la nueva sociedad, del Reino de Dios.
Hacer un mundo nuevo desde los cimentos. Un mundo basado en el amor universal; no en el poder, la fuerza, ni en el dinero, ni el prestigio.
Pero, ¿quién le ha hecho caso? ¿quién le ha seguido? ¿dónde está ese Reino?. La iglesia que formamos los cristianos de hoy, no es lo que Jesús buscaba para el mundo. Estamos muy lejos y muy desviados del camino que Él inició.
Ese Reino de Dios está casi sin estrenar después de 2000 años. Digo casi, porque hay que reconocer que, gracias a Dios, hay personas que dentro y fuera de la iglesia, sí están haciendo realidad el Reino de Dios, porque están dedicadas en cuerpo y alma a hacer el bien, sin esperar recompensa alguna. Personas entregadas, sinceras y honradas, serviciales, sacrificadas. Personas que luchan por la justicia y por la paz; que no buscan su interés personal, sino el bien de todos los que les rodean.
Eso es hacer el Reino de Dios; construir en la tierra el Reino. Hay que reconocer que no son muchas personas. Debiéramos ser todos los que nos tenemos por cristianos y nos decimos seguidores de Jesús. Entonces, sí, sólo entonces la Iglesia sería de verdad el Reino de Dios, la Iglesia que Jesús quiso formar.
Después de tantos siglos ya es hora de que seamos cristianos tal y como Él nos pide. Vamos a intentarlo.
(C)
EL REINO DE CRISTO
Cristo Rey
Para esto he venido al mundo Jn 18, 33-37
Con frecuencia, frases como ésta en que Jesús afirma que su reino «no es de este mundo» han servido para reforzar una visión del cristianismo como una religión que no debe inmiscuirse absolutamente en las cosas de este mundo. En el fondo se piensa que cuanto más entregado vive uno al reino de Cristo, menos se debe comprometer en asuntos políticos, económicos o sociales.
De hecho, es una de las típicas citas que se aportan cuando se desea descalificar o cuestionar intervenciones eclesiales de incómodas repercusiones en el orden socio-político.
Y sin embargo, ni la salvación es algo que sucede sólo en el otro mundo, ni ser cristiano es sólo buscar para sí mismo y para los demás un estado de felicidad con Dios más allá de la muerte.
Ciertamente, el reino de Cristo no pertenece al sistema injusto de este mundo. Jesús no pretende ocupar ningún trono de este mundo apoyándose en la fuerza de las armas. No disputa el poder a ningún rey adversario.
Su realeza tiene otro origen y fundamento completamente distintos. Su reinado no se impone con armas, poder o dinero. Es un reinado que crece desde el amor y la justicia de un Dios Padre de todos.
Pero, Jesús es un rey que «ha venido a este mundo», pues este reino de amor y justicia debe crecer ya en medio de los hombres, sus instituciones, sus luchas y sus problemas.
Por eso, Jesús toma siempre muy en serio la realidad de este mundo. No es del mundo, pero ni huye del mundo ni invita a nadie a huir de él.
Todo esto no son disquisiciones sin consecuencias. En concreto, Jesús, al no ser del mundo, toma distancias respecto a los distintos grupos influyentes en el pueblo judío, y no emplea nunca las armas, la diplomacia, el dinero, el poder para imponer su reinado a nadie.
Pero, al mismo tiempo, hace de su opción en favor de los marginados y desheredados de esta tierra el signo distintivo de que llega ya el amor y la justicia del reino de Dios a este mundo injusto.
Una iglesia, preocupada por -no ser del mundo- deberá estar atenta a tomar distancia de los poderes influyentes y a no caer en la falsa ilusión de fortalecer el reino de Cristo defendiendo posiciones con diplomacia, poder, dinero o armas.
Al mismo tiempo, si quiere «estar en el mundo» como Jesús, deberá escuchar las acertadas palabras de Juan Pablo II a los obispos españoles: «Donde esté el hombre padeciendo dolor, injusticia, pobreza o violencia, allí debe estar la voz de la Iglesia con su vigilante caridad y con la acción de los cristianos».
(D)
El Reino de Dios
El Reino de Dios es una de las expresiones más usadas en el Evangelio. El Reino de Dios es el mensaje fundamental de toda la vida de Jesús. Usó nada menos que 15 parábolas para aclararnos esto del Reino. Podemos afirmar que Jesús dedicó toda su vida a hacer de este mundo el Reino de Dios. Desde luego debemos reconocer que este Reino no tiene nada, absolutamente nada que ver con los reinos de la tierra. Más bien es todo lo contrario, lo más opuesto a los reinos de aquí.
Para empezar, la autoridad no es un poder, ni un título de honor, sino un servicio que se presta desinteresada y generosamente. Los que quieran ser primeros, que lo demuestren poniéndose a ser los primeros servidores; porque los últimos, es decir, los más pobres y necesitados, éstos deben ser los primeros en ser atendidos y ayudaos.
No hay categorías, todos iguales y hermanos. A nadie se le impone nada; solo hay una ley, igual para todos: amar, amar sin medida y a todos La pertenencia a este reino es totalmente libre y gratuita. No se quiere esclavos, sino personas libres y que actúen sintiéndose libres de toda obligación exterior. Solo el amor.
No confundamos este Reino de Dios con la iglesia. No, la iglesia no es el Reino de Dios. Solo es un medio para la construcción del Reino. Este es mucho más amplio, más universal, más sencillo que la misma iglesia. Puede uno pertenecer a la iglesia y no al Reino y puede uno no pertenecer a la iglesia y ser miembro con todo derecho del Reino.
¿En qué consiste entonces el Reino de Dios?.Sencillamente, en construir una solidaridad entre todos; en hacer a todos felices; en vivir todos en paz; que nadie sea más que nadie; que no haya oprimidos por ninguna razón o motivo; que todos vivamos para todos, formando una gran comunidad universal unida en el amor: una gran familia de hermanos que ponen en común todo lo que son y todo lo que tienen.
Así es como empezaron los primeros cristiano, según nos cuentan los Hechos de os Apóstoles.
¿ Es una utopía? ¿Es algo imposible?. No, no es imposible. Dios está empeñado en que esto sea una realidad y cuenta con nosotros para ello. No le defraudemos. Saldremos todos ganando.
El Reino de Dios no es el cielo
Para empezar, debo decir que el Reino del Dios, del que se nos habla en el evangelio, no es el cielo; no está después de esta vida. No es esa la idea de reino que tiene Jesús. Cuando Jesús nos habla del Reino de Dios, nos está hablando de una realidad en la tierra y en la vida de cada uno. Cuando Jesús reza el padre Nuestro, no le pide al Padre: “Llévanos a tu Reino del cielo;”. Le está pidiendo algo muy diferente: “Venga a nosotros tu Reino; Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Al rezar pues nosotros, no le estamos pidiendo a Dios que nos lleve a su Reino, sino que esta tierra sea su Reino; que venga su reino de paz, justicia, amor; y que venga aquí, a la tierra.
Jesús no vino a salvar “almas” para el cielo; ni a apartarnos de esta tierra y preocuparnos exclusivamente del cielo. Jesús amó profundamente la tierra y ama profundamente a las personas que viven en la tierra. Él nos habla con frecuencia de que no es un Dios de muertos, sino de vivos. Su Reino no es para el más allá, para los que mueren, sino que es un reino para esta vida. Toda su misión consiste en mejorar la vida de las personas; para que haya justicia, paz amor entre todos nosotros.
Pero, también entenderíamos mal el Reino de Dios, si pensamos que se trata de mejorar únicamente la calidad de vida: comodidad, progreso material, bienestar económico...Esto es necesario y hay que luchar por conseguirlo para todos. Esto debe ser la base para que se de luego la fraternidad universal. Todo esto debe estar amasado en el amor.
No basta con dar de comer; hay que hacerlo con amor y por amor.
Porque la vida humana, aun con un nivel económico holgado, sin amor no vale nada,
La fe, sin amor, nos hace fanáticos.
La amabilidad, sin amor, nos hace hipócritas y falsos.
El bienestar, sin amor, nos hace egoístas y avariciosos.
Sólo el amor nos hace a todos personas .humanas, que nos diferenciamos de los demás seres de la creación, que actúan por instinto y con el único afán de la supervivencia. y conservación
(E)
Con este domingo cerramos el año litúrgico. Y hoy la Iglesia nos propone que reconozcamos a Cristo como Señor de nuestras vidas, pues eso significa esta fiesta de Cristo Rey.
Durante todo un año hemos celebrado, conmemorado y recordado el misterio de nuestra salvación, que es lo mismo que decir, el misterio del amor de Dios al Hombre. Todo ha sido descubrir ese amor del Padre que se ha desbordado hacia la humanidad. Un amor que ha tomado cuerpo y carne en Jesús. Un amor que nos llama e invita a aceptar a Cristo como el camino, la ver¬dad y la vida. Un amor que nos hace a todos hermanos, miembros del Cuerpo de Cristo, partícipes de su divinidad ahora y para siempre.
Hoy contemplamos la historia de aquel niño que nació olvidado de todos los poderes de este mundo, la historia de aquella vida entregada en servicio a los demás, entregada hasta la última gota de sangre en la cruz, que rechazó todo po¬der y autoridad de este mundo, aquella vida cuyo único objetivo fue anunciar la verdad de un Padre Dios bueno y misericordioso. Y contemplamos con estupor los atributos de la realeza de Cristo. Su trono: la cruz. Su corona: las espinas. Su manto real: la sangre corriendo por su espalda. Y su sentencia: el perdón. Y nos preguntamos qué tiene que ver la realeza de Cristo con la realeza y el poder de este mundo: porque el poder de Cristo es servicio y no opresión, su riqueza está en desprenderse y no en robar a los demás, su gobierno es ofrecimiento y no imposición, su autoridad no le viene de nadie sino que surge del ejemplo y coherencia de su vida, su esplendor y gloria no le viene por el título de rey sino por su humildad y obediencia al Padre.
Sí, Jesús es Rey y Señor del Universo, porque El es el origen y la meta, alfa y omega, todo se ha hecho por El y en El. El es el abrazo de Dios a toda la creación. En El la humanidad ha recuperado la imagen y semejanza con Dios que perdió en el origen.
Cuando en la cruz, se burlaban de El diciéndole que se salvase a sí mismo si realmente era Dios y Jesús callaba, ahí precisamente, Jesús nos da su último testimonio de cómo hay que vivir y morir siendo plenamente humanos: porque el Hombre no puede salvarse a sí mismo sin contar con Dios.
Ese fue el pecado de nuestros padres y ese es nuestro pecado. Construir nuestra vida, pretender ser felices, sin contar con Dios y a costa de nuestros hermanos.
En el supremo suplicio, en el último momento, Jesús es confirmado como Rey y Señor porque acepta su condición de Hijo, su condición de ser humano, dejando la última palabra sobre su vida y sobre su historia al Padre.
Y ahí en la Cruz, asumiendo todo lo más bajo y negativo de nuestra historia, las últimas palabras de este Rey son de perdón y misericordia con el ladrón que comparte su suplicio. “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
Y en ese ladrón, estamos representados todos nosotros, todos los que en nuestra vida hemos robado, herido, mentido, saqueado y odiado. Todos nosotros, que en la prueba, en esos momentos en que vemos que se hunde nuestra vida, en el dolor o en la enfermedad y la muerte, todos nosotros que hemos reconocido en Jesús al Señor y le gritamos “acuérdate de mí, Señor”.
Y nosotros también escuchamos de sus labios las mismas palabras de entonces, en esta des¬pedida del año litúrgico. “Vosotros también estaréis conmigo en el Paraíso”. Que así sea.
Oración de los fieles
(A)
Vamos a aprovechar para pedir que el Reino de Dios, Reino de justicia, de amor y de paz, llegue a todos:
1- Para que la Iglesia, el Papa y los Pastores que la dirigen, dejando de lado antiguos privilegios, se pongan al servicio de la Humanidad. Roguemos al Señor.
2- Para que los pueblos vivan en paz, las personas con dignidad, sin estar sometidas ni manipuladas. Roguemos al Señor.
3- Para que se respeten los derechos humanos, y los gobernantes se den cuenta de que su cargo es para servir y no para aplastar ni para dominar a las personas. Roguemos al Señor.
4- Por todos nosotros, para que se respeten nuestros derechos, pero a la vez sepamos respetar y servir a los demás y colaborar para que se implante el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
Señor, que el mundo sea tu Reino
Reino de justicia de amor y de paz.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
(B)
Creemos que Dios escucha siempre nuestra oración, por eso le presentamos las necesidades del mundo. Y le pedimos: "Venga a nosotros tu Reino”
1.- Para que todos los miembros de la Iglesia, compartamos las alegrías y esperanzas; las penas e inquietudes de la humanidad, construyendo un reino de justicia y de paz en el mundo. OREMOS...
o 1.-Por la Iglesia de Jesús, para que sigamos siempre los pasos de aquél que no vino a ser servido sino a servir. OREMOS...
2.- Para que allí dónde, cualquier persona, esté padeciendo dolor, injusticia, pobreza o violencia, se oiga la voz de los seguidores de Jesús con su compromiso de servicio y de misericordia. OREMOS...
3.- Para que los gobernantes se esfuercen en el bien común de todos los ciudadanos, especialmente de los más débiles y marginados. OREMOS...
o 3.- Para que nuestros gobernantes actúen con verdadero espíritu de servicio, y entre todos encontremos soluciones para una paz estable. OREMOS...
o 3.-Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como quería Jesús, acepten el poder como un servicio más universal y más eficaz. OREMOS...
5.- Para que todos los cristianos dediquemos un tiempo para la lectura personal del Evangelio, con calma y con sosiego. OREMOS...
6.-Para que Jesús, el que "pasó haciendo el bien" y "se humilló pasando por uno de tantos" sea nuestro modelo, nuestro guía y -en ese sentido, sí- nuestro rey y nuestra fuerza. OREMOS...
Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, te la dirige con el deseo de crecer cada día más en el Reino de Jesucristo, nuestro Señor.
(C)
Sabemos que Dios siempre escucha nuestra oración sincera; con confianza acudimos a Él y le decimos: ¡Venga a nosotros tu Reino!
Por la Iglesia, de la que formamos parte, para que se le reconozca por su entrega a los necesitados y por su denuncia de toda injusticia personal y social. Oremos.
Por los cristianos, para que al celebrar el Reinado de Jesús nos comprometamos con el servicio a los pobres y humildes. Oremos.
Por quienes rigen pueblos y naciones, para que descubran que el poder es servicio a las necesidades de todos. Oremos.
Por nuestra comunidad parroquial, para que al llenarnos de gozo en esta fiesta de Cristo Rey renovemos nuestro deseo de seguir a Jesús en todo momento. Oremos.
Oración: Concédenos, Señor, lo que más y mejor nos ayude a vivir en tu presencia. Por Jesucristo.
Ofrendas
PRESENTACIÓN DE UN GLOBO TERRÁQUEO
Señor, yo te traigo hoy este globo terráqueo. Es el símbolo de nuestro mundo dividido en mil países, pueblos, culturas y lenguas. Sin embargo, nosotros reconocemos tu único señorío que aúna los intereses y los deseos de los hombres. Te ofrecemos, así, la unidad de la humanidad, por la que nos comprometemos todos a luchar.
PRESENTACIÓN DE UN RELOJ
Por mi parte, Señor, te ofrezco este reloj, símbolo del tiempo e instrumento para su medición. Pero hoy te lo traigo como imagen de tu señorío sobre la historia. Tú la diriges y, sentado a la derecha del Padre, la atraes hasta Ti como a su único sentido. Haznos colaboradores tuyos, para que en Ti todo logre su plenitud.
PRESENTACIÓN DE UN BALANZA
Señor, aquí tienes una balanza, que es un instrumento para pesar las cosas. Sin embargo, en la iconografía clásica era representación del juicio final, pues en ella Tú pesabas nuestras almas. Hoy te la ofrezco como símbolo de mi confianza. Mi vida y mi persona están en Ti y no descansarán hasta que gocen de Ti en tu Reino. Mi confianza no me hace temer tu juicio, pues bien sé que es mi salvación.
Plegaria Eucarística
Te damos gracias, Padre,
porque nos enviaste a Cristo, Rey del Universo,
Pastor Bueno que sigue las huellas
de las ovejas dispersas,
Pastor que cuida nuestras heridas y debilidades.
Te damos gracias,
porque, también entre nosotros
hay personas que nos ayudan y consuelan,
nos guían en la vida y nos perdonan.
Nos acompañan en las horas de tristeza y dolor,
y saben alegrarse con nosotros en los momentos felices.
Ayudan a implantar en el mundo el Reino de Cristo:
Reino de verdad y vida,
Reino de servicio y humildad,
Reino de justicia, amor y de paz.
Ahora nos unimos a los ángeles, a los santos,
y a todas las personas de buena voluntad
para alabarte diciendo:
Santo, Santo, Santo ...
Padre Nuestro
Todos los domingos y otras muchas veces rezamos el Padre Nuestro y decimos: "Venga a nosotros tu Reino ...". Hoy vamos a rezarlo para que llegue a todos este Reino de Dios. Juntos decimos: Padre Nuestro ...
Nos damos la Paz
El Reino de Dios es un Reino de Paz. Dios quiere la Paz, pero nosotros nos empeñamos en romperla. Hablamos de Paz, pero nos esforzamos poco para que sea una realidad en nuestra vida social. Que el gesto de la paz de esta Fiesta de Cristo - Rey, sea un verdadero deseo de trabajar para que la paz llegue.
- Que la Paz del Señor esté con todos nosotros ...
- Como amigos y hermanos nos damos la Paz .
Compartimos el Pan
Estamos participando en la Celebración de la Fiesta de Cristo - Rey. Entre nosotros, las fiestas se completan con la comida de amigos. Jesús nos invita ahora a su Mesa a participar en su Banquete.
No vamos a defraudarle.
-Dichosos nosotros por haber sido invitados a esta Comunión.
- Señor, no soy digno de que entres en mi casa ...
Despedida
Amigos: que el haber celebrado con gozo la fiesta de Cristo Rey, nos haga volver a nuestra vida cotidiana para demostrar que Él reina en nuestros corazones. Que su Espíritu nos ayude a ser capaces de transformar la sociedad, para que ésta sea cada día más justa y solidaria con todos los hombres, especialmente con los más pobres. ¡Feliz semana, construyendo Reino!
La Bendición...
Su arma: el amor. Su poder: el servicio y el perdón. Su ejército: un grupo de gentes sencillas del pueblo. Su Reino: un mundo en el que al fin se pueda vivir en paz y en solidaridad.
Este es Jesús de Nazaret, al que recordaremos hoy en esta Fiesta de Cristo-Rey. El Rey que no ha venido a ser servido sino a servir al mundo y a los hombres.
Vamos a celebrarlo en esta Eucaristía.
(B)
Sed todos bienvenidos a esta celebración en la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo.
En el mensaje de Jesús, que hoy escuchamos, hay una invitación a vivir en la verdad ante Dios, ante uno mismo y ante los demás: “Yo he venido para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”.
Si basamos nuestra vida en esta verdad, es seguro que lograremos un mundo más humano. Vamos a pedir luz en esta Eucaristía.
Puestos de pie recibimos al sacerdote cantando el canto de entrada.
(C)
Reunidos como estamos, para celebrar la Eucaristía, en este domingo de Cristo, Rey del Universo, vamos a tratar de experimentar la misericordia de Dios con cada una de las personas, contigo, conmigo. Y, también, vamos a pedirle un corazón misericordioso para que nadie nos resulte indiferente, especialmente, ningún marginado por la sociedad.
Puestos de pie recibimos al sacerdote cantando el canto de entrada.
Saludo del Sacerdote
Que Dios Padre, Cristo, su Hijo y Rey de la humanidad y la Fuerza del Espíritu estén con todos nosotros ...
Pedimos perdón
(A)
Hoy es el día apropiado para pedir perdón a Dios por nuestros deseos de triunfalismos, y por las ansias de dominio y de poder.
* Muchas veces nos gusta mandar, tener autoridad, pero, no precisamente, para servir a los demás . Por eso : Señor, ten piedad...
* Muchas veces nos gusta ocupar puestos de categoría y que se fijen en nosotros, y nos olvidamos de los demás. Por eso : Cristo, ten piedad...
* Muchas veces depreciamos a los demás y los consideramos inferiores a nosotros. Por eso : Señor, ten piedad...
(B)
Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, “para ser testigo de la verdad”. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Pedimos hoy perdón, por nuestra falta de verdad a la hora de vivir nuestra fe.
- Tú, Jesús, Señor por tu amor a los hambrientos, sedientos, desnudos, forasteros, enfermos, encarcelados. Señor, ten piedad.
- Tú, Jesús, que nos enseñas a rechazar la violencia y a trabajar por la paz y la justicia. Cristo, ten piedad.
- Tú, Jesús, que viste en cada persona, la dignidad sagrada que en ella se encierra. Señor, ten piedad.
El Señor tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleva a la vida eterna.
Escuchamos la Palabra
Monición
El pueblo de Dios, aunque desanimado, sueña con un Mesías Salvador que ha de venir.
Monición al Evangelio
Jesús es el rey que ha venido a dar testimonio de la verdad. Pero su reinado es el del servicio y la entrega a los demás.
Homilías
(A)
Con frecuencia la vida se convierte en un juego de naipes, en el que triunfa el as. La diferencia está en que para unos el as mayor es el as de oro; para otros, el de espadas y el de bastos; y no faltan quienes eligen el de copas.
As de oros para los que ponen sus esfuerzos en almacenar riquezas a toda costa y sin reparar en el sufrimiento de los demás ni en delicadezas de conciencia; as de oro con el que se piensa que se pueden ganar todas las partidas, incluso la partida de la felicidad.
As de espadas y de bastos para quienes todo lo quieren conseguir con la fuerza, a garrotazos, con violencia, con secuestros, con odios, guerras y crímenes.
As de copas para los que tratan de ahogar en vino y licores, en fiestas y comilonas los sinsabores diarios y amarguras que sienten porque su vida no tiene sentido.
Para muchos, ¿cómo puede tener sentido su vida si no creen en Dios?
No es con estos ases con los que hay que buscar la felicidad.
La beata Teresa de Calcuta contaba: «El otro día vino un australiano. Entregó un buen donativo y añadió: "Quiero también entregarme yo mismo". Desde entonces viene con frecuencia a la casa del moribundo para afeitar a los enfermos y ofrecerles conversación. Este hombre no sólo entregó dinero sino también su tiempo, algo de su vida. Ahora vive más contento y feliz”.
Hermanos, busquemos un servicio que hacer, una pena que consolar, una desgracia que aliviar, una conversación que ofrecer, y nos sentiremos más contentos.
Busquemos un tiempo que compartir, una esperanza que dar, una sonrisa, una palabra amable que impartir, y viviremos más felices.
La vida no es un juego de naipes. Para un cristiano la vida debe consistir en servir a los demás. Al fin y al cabo Jesús vino al mundo a servir. Por eso se le llama «el hombre para los demás”.
Pilato, cuya lápida fue encontrada en el año 1961 en las ruinas romanas de Cesarea de Filipo, allá en Palestina, le preguntó a Jesús si era rey. A lo que Jesús contestó que su reino no era de este mundo.
Y realmente el reino de Jesús no tiene nada que ver con los palacios. El reino de Jesús es el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, del amor, la justicia y la paz. Es el reino que tenemos que construir en este mundo, pero del que gozaremos plenamente en la gloria.
Cuando nombran a un rey se invita a los embajadores; hay desfiles y bandas de música. A los reyes que viven en palacios se les respeta y se les teme porque tienen poder.
Pero en la cruz se nos presenta un rey con una corona de espinas. Y cuando los discípulos querían ser los primeros, Jesús les dice: Un momento. El que quiera ser el primero que sea el servidor de todos.
Hermanos, en este mundo los primeros son primeros muchas veces para pisotear los derechos más sagrados de los demás. Para Jesús ser rey significa servir. Y Jesús ha sido el servidor. Por eso les lava los pies a sus discípulos. Jesús estuvo en la cruz precisamente porque era el servidor de todos.
Jesús es rey, pero no como los reyes de este mundo. No reina en los palacios sino en los corazones.
(B)
Hoy la Iglesia nos pone como final del Año Litúrgico la Fiesta de Cristo Rey. Y el próximo Domingo comenzamos el nuevo Año Litúrgico con el Adviento.
El evangelio nos ha presentado a Jesús, como un rey extraño.
Y es que el Reino de Dios no es como los de este mundo. Es totalmente distinto. En este Reino de Dios se dan cosas muy extrañas: no hay autoridad, ni poder, ni fuerza, sino servicio y ayuda desinteresada, solidaridad, perdón y amor. No hay superiores ni inferiores, sino igualdad y fraternidad: todos hermanos. No hay ricos ni pobres, sino comunidad de bienes. No hay ni enchufes ni recomendaciones.
Jesús quería que su Reino fuese así. Dedicó toda su vida a construir este tipo de reino en la tierra; para esto vino al mundo y por él empeñó su vida hasta la muerte. Esta fue también su última voluntad y nos invita a todos a hacer realidad ese Reino con el que Él soñó y por el que no dudó ni un momento en entregar su propia vida. Y este Reino quiere que sea una realidad aquí en la tierra, no en el más allá, no en la otra vida, sino en esta.
El Mensaje de Jesús, las Leyes de su Reino, intentan transformar las bases de la sociedad y montar una nueva, y sobre nuevos pilares.
Frente al deseo de amontonar dinero, Jesús nos hablará de repartir, de compartirlo.
Frente al deseo de poder y de mando, Jesús nos dirá que Él no ha venido a ser servido, sino a servir. La autoridad debe estar al servicio de los demás.
Frente al deseo de ser famoso y tener un prestigio, Jesús nos hablará de igualdad, de que nadie es más que otro.
Estos son los pilares de la nueva sociedad, del Reino de Dios.
Hacer un mundo nuevo desde los cimentos. Un mundo basado en el amor universal; no en el poder, la fuerza, ni en el dinero, ni el prestigio.
Pero, ¿quién le ha hecho caso? ¿quién le ha seguido? ¿dónde está ese Reino?. La iglesia que formamos los cristianos de hoy, no es lo que Jesús buscaba para el mundo. Estamos muy lejos y muy desviados del camino que Él inició.
Ese Reino de Dios está casi sin estrenar después de 2000 años. Digo casi, porque hay que reconocer que, gracias a Dios, hay personas que dentro y fuera de la iglesia, sí están haciendo realidad el Reino de Dios, porque están dedicadas en cuerpo y alma a hacer el bien, sin esperar recompensa alguna. Personas entregadas, sinceras y honradas, serviciales, sacrificadas. Personas que luchan por la justicia y por la paz; que no buscan su interés personal, sino el bien de todos los que les rodean.
Eso es hacer el Reino de Dios; construir en la tierra el Reino. Hay que reconocer que no son muchas personas. Debiéramos ser todos los que nos tenemos por cristianos y nos decimos seguidores de Jesús. Entonces, sí, sólo entonces la Iglesia sería de verdad el Reino de Dios, la Iglesia que Jesús quiso formar.
Después de tantos siglos ya es hora de que seamos cristianos tal y como Él nos pide. Vamos a intentarlo.
(C)
EL REINO DE CRISTO
Cristo Rey
Para esto he venido al mundo Jn 18, 33-37
Con frecuencia, frases como ésta en que Jesús afirma que su reino «no es de este mundo» han servido para reforzar una visión del cristianismo como una religión que no debe inmiscuirse absolutamente en las cosas de este mundo. En el fondo se piensa que cuanto más entregado vive uno al reino de Cristo, menos se debe comprometer en asuntos políticos, económicos o sociales.
De hecho, es una de las típicas citas que se aportan cuando se desea descalificar o cuestionar intervenciones eclesiales de incómodas repercusiones en el orden socio-político.
Y sin embargo, ni la salvación es algo que sucede sólo en el otro mundo, ni ser cristiano es sólo buscar para sí mismo y para los demás un estado de felicidad con Dios más allá de la muerte.
Ciertamente, el reino de Cristo no pertenece al sistema injusto de este mundo. Jesús no pretende ocupar ningún trono de este mundo apoyándose en la fuerza de las armas. No disputa el poder a ningún rey adversario.
Su realeza tiene otro origen y fundamento completamente distintos. Su reinado no se impone con armas, poder o dinero. Es un reinado que crece desde el amor y la justicia de un Dios Padre de todos.
Pero, Jesús es un rey que «ha venido a este mundo», pues este reino de amor y justicia debe crecer ya en medio de los hombres, sus instituciones, sus luchas y sus problemas.
Por eso, Jesús toma siempre muy en serio la realidad de este mundo. No es del mundo, pero ni huye del mundo ni invita a nadie a huir de él.
Todo esto no son disquisiciones sin consecuencias. En concreto, Jesús, al no ser del mundo, toma distancias respecto a los distintos grupos influyentes en el pueblo judío, y no emplea nunca las armas, la diplomacia, el dinero, el poder para imponer su reinado a nadie.
Pero, al mismo tiempo, hace de su opción en favor de los marginados y desheredados de esta tierra el signo distintivo de que llega ya el amor y la justicia del reino de Dios a este mundo injusto.
Una iglesia, preocupada por -no ser del mundo- deberá estar atenta a tomar distancia de los poderes influyentes y a no caer en la falsa ilusión de fortalecer el reino de Cristo defendiendo posiciones con diplomacia, poder, dinero o armas.
Al mismo tiempo, si quiere «estar en el mundo» como Jesús, deberá escuchar las acertadas palabras de Juan Pablo II a los obispos españoles: «Donde esté el hombre padeciendo dolor, injusticia, pobreza o violencia, allí debe estar la voz de la Iglesia con su vigilante caridad y con la acción de los cristianos».
(D)
El Reino de Dios
El Reino de Dios es una de las expresiones más usadas en el Evangelio. El Reino de Dios es el mensaje fundamental de toda la vida de Jesús. Usó nada menos que 15 parábolas para aclararnos esto del Reino. Podemos afirmar que Jesús dedicó toda su vida a hacer de este mundo el Reino de Dios. Desde luego debemos reconocer que este Reino no tiene nada, absolutamente nada que ver con los reinos de la tierra. Más bien es todo lo contrario, lo más opuesto a los reinos de aquí.
Para empezar, la autoridad no es un poder, ni un título de honor, sino un servicio que se presta desinteresada y generosamente. Los que quieran ser primeros, que lo demuestren poniéndose a ser los primeros servidores; porque los últimos, es decir, los más pobres y necesitados, éstos deben ser los primeros en ser atendidos y ayudaos.
No hay categorías, todos iguales y hermanos. A nadie se le impone nada; solo hay una ley, igual para todos: amar, amar sin medida y a todos La pertenencia a este reino es totalmente libre y gratuita. No se quiere esclavos, sino personas libres y que actúen sintiéndose libres de toda obligación exterior. Solo el amor.
No confundamos este Reino de Dios con la iglesia. No, la iglesia no es el Reino de Dios. Solo es un medio para la construcción del Reino. Este es mucho más amplio, más universal, más sencillo que la misma iglesia. Puede uno pertenecer a la iglesia y no al Reino y puede uno no pertenecer a la iglesia y ser miembro con todo derecho del Reino.
¿En qué consiste entonces el Reino de Dios?.Sencillamente, en construir una solidaridad entre todos; en hacer a todos felices; en vivir todos en paz; que nadie sea más que nadie; que no haya oprimidos por ninguna razón o motivo; que todos vivamos para todos, formando una gran comunidad universal unida en el amor: una gran familia de hermanos que ponen en común todo lo que son y todo lo que tienen.
Así es como empezaron los primeros cristiano, según nos cuentan los Hechos de os Apóstoles.
¿ Es una utopía? ¿Es algo imposible?. No, no es imposible. Dios está empeñado en que esto sea una realidad y cuenta con nosotros para ello. No le defraudemos. Saldremos todos ganando.
El Reino de Dios no es el cielo
Para empezar, debo decir que el Reino del Dios, del que se nos habla en el evangelio, no es el cielo; no está después de esta vida. No es esa la idea de reino que tiene Jesús. Cuando Jesús nos habla del Reino de Dios, nos está hablando de una realidad en la tierra y en la vida de cada uno. Cuando Jesús reza el padre Nuestro, no le pide al Padre: “Llévanos a tu Reino del cielo;”. Le está pidiendo algo muy diferente: “Venga a nosotros tu Reino; Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Al rezar pues nosotros, no le estamos pidiendo a Dios que nos lleve a su Reino, sino que esta tierra sea su Reino; que venga su reino de paz, justicia, amor; y que venga aquí, a la tierra.
Jesús no vino a salvar “almas” para el cielo; ni a apartarnos de esta tierra y preocuparnos exclusivamente del cielo. Jesús amó profundamente la tierra y ama profundamente a las personas que viven en la tierra. Él nos habla con frecuencia de que no es un Dios de muertos, sino de vivos. Su Reino no es para el más allá, para los que mueren, sino que es un reino para esta vida. Toda su misión consiste en mejorar la vida de las personas; para que haya justicia, paz amor entre todos nosotros.
Pero, también entenderíamos mal el Reino de Dios, si pensamos que se trata de mejorar únicamente la calidad de vida: comodidad, progreso material, bienestar económico...Esto es necesario y hay que luchar por conseguirlo para todos. Esto debe ser la base para que se de luego la fraternidad universal. Todo esto debe estar amasado en el amor.
No basta con dar de comer; hay que hacerlo con amor y por amor.
Porque la vida humana, aun con un nivel económico holgado, sin amor no vale nada,
La fe, sin amor, nos hace fanáticos.
La amabilidad, sin amor, nos hace hipócritas y falsos.
El bienestar, sin amor, nos hace egoístas y avariciosos.
Sólo el amor nos hace a todos personas .humanas, que nos diferenciamos de los demás seres de la creación, que actúan por instinto y con el único afán de la supervivencia. y conservación
(E)
Con este domingo cerramos el año litúrgico. Y hoy la Iglesia nos propone que reconozcamos a Cristo como Señor de nuestras vidas, pues eso significa esta fiesta de Cristo Rey.
Durante todo un año hemos celebrado, conmemorado y recordado el misterio de nuestra salvación, que es lo mismo que decir, el misterio del amor de Dios al Hombre. Todo ha sido descubrir ese amor del Padre que se ha desbordado hacia la humanidad. Un amor que ha tomado cuerpo y carne en Jesús. Un amor que nos llama e invita a aceptar a Cristo como el camino, la ver¬dad y la vida. Un amor que nos hace a todos hermanos, miembros del Cuerpo de Cristo, partícipes de su divinidad ahora y para siempre.
Hoy contemplamos la historia de aquel niño que nació olvidado de todos los poderes de este mundo, la historia de aquella vida entregada en servicio a los demás, entregada hasta la última gota de sangre en la cruz, que rechazó todo po¬der y autoridad de este mundo, aquella vida cuyo único objetivo fue anunciar la verdad de un Padre Dios bueno y misericordioso. Y contemplamos con estupor los atributos de la realeza de Cristo. Su trono: la cruz. Su corona: las espinas. Su manto real: la sangre corriendo por su espalda. Y su sentencia: el perdón. Y nos preguntamos qué tiene que ver la realeza de Cristo con la realeza y el poder de este mundo: porque el poder de Cristo es servicio y no opresión, su riqueza está en desprenderse y no en robar a los demás, su gobierno es ofrecimiento y no imposición, su autoridad no le viene de nadie sino que surge del ejemplo y coherencia de su vida, su esplendor y gloria no le viene por el título de rey sino por su humildad y obediencia al Padre.
Sí, Jesús es Rey y Señor del Universo, porque El es el origen y la meta, alfa y omega, todo se ha hecho por El y en El. El es el abrazo de Dios a toda la creación. En El la humanidad ha recuperado la imagen y semejanza con Dios que perdió en el origen.
Cuando en la cruz, se burlaban de El diciéndole que se salvase a sí mismo si realmente era Dios y Jesús callaba, ahí precisamente, Jesús nos da su último testimonio de cómo hay que vivir y morir siendo plenamente humanos: porque el Hombre no puede salvarse a sí mismo sin contar con Dios.
Ese fue el pecado de nuestros padres y ese es nuestro pecado. Construir nuestra vida, pretender ser felices, sin contar con Dios y a costa de nuestros hermanos.
En el supremo suplicio, en el último momento, Jesús es confirmado como Rey y Señor porque acepta su condición de Hijo, su condición de ser humano, dejando la última palabra sobre su vida y sobre su historia al Padre.
Y ahí en la Cruz, asumiendo todo lo más bajo y negativo de nuestra historia, las últimas palabras de este Rey son de perdón y misericordia con el ladrón que comparte su suplicio. “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
Y en ese ladrón, estamos representados todos nosotros, todos los que en nuestra vida hemos robado, herido, mentido, saqueado y odiado. Todos nosotros, que en la prueba, en esos momentos en que vemos que se hunde nuestra vida, en el dolor o en la enfermedad y la muerte, todos nosotros que hemos reconocido en Jesús al Señor y le gritamos “acuérdate de mí, Señor”.
Y nosotros también escuchamos de sus labios las mismas palabras de entonces, en esta des¬pedida del año litúrgico. “Vosotros también estaréis conmigo en el Paraíso”. Que así sea.
Oración de los fieles
(A)
Vamos a aprovechar para pedir que el Reino de Dios, Reino de justicia, de amor y de paz, llegue a todos:
1- Para que la Iglesia, el Papa y los Pastores que la dirigen, dejando de lado antiguos privilegios, se pongan al servicio de la Humanidad. Roguemos al Señor.
2- Para que los pueblos vivan en paz, las personas con dignidad, sin estar sometidas ni manipuladas. Roguemos al Señor.
3- Para que se respeten los derechos humanos, y los gobernantes se den cuenta de que su cargo es para servir y no para aplastar ni para dominar a las personas. Roguemos al Señor.
4- Por todos nosotros, para que se respeten nuestros derechos, pero a la vez sepamos respetar y servir a los demás y colaborar para que se implante el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
Señor, que el mundo sea tu Reino
Reino de justicia de amor y de paz.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
(B)
Creemos que Dios escucha siempre nuestra oración, por eso le presentamos las necesidades del mundo. Y le pedimos: "Venga a nosotros tu Reino”
1.- Para que todos los miembros de la Iglesia, compartamos las alegrías y esperanzas; las penas e inquietudes de la humanidad, construyendo un reino de justicia y de paz en el mundo. OREMOS...
o 1.-Por la Iglesia de Jesús, para que sigamos siempre los pasos de aquél que no vino a ser servido sino a servir. OREMOS...
2.- Para que allí dónde, cualquier persona, esté padeciendo dolor, injusticia, pobreza o violencia, se oiga la voz de los seguidores de Jesús con su compromiso de servicio y de misericordia. OREMOS...
3.- Para que los gobernantes se esfuercen en el bien común de todos los ciudadanos, especialmente de los más débiles y marginados. OREMOS...
o 3.- Para que nuestros gobernantes actúen con verdadero espíritu de servicio, y entre todos encontremos soluciones para una paz estable. OREMOS...
o 3.-Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como quería Jesús, acepten el poder como un servicio más universal y más eficaz. OREMOS...
5.- Para que todos los cristianos dediquemos un tiempo para la lectura personal del Evangelio, con calma y con sosiego. OREMOS...
6.-Para que Jesús, el que "pasó haciendo el bien" y "se humilló pasando por uno de tantos" sea nuestro modelo, nuestro guía y -en ese sentido, sí- nuestro rey y nuestra fuerza. OREMOS...
Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, te la dirige con el deseo de crecer cada día más en el Reino de Jesucristo, nuestro Señor.
(C)
Sabemos que Dios siempre escucha nuestra oración sincera; con confianza acudimos a Él y le decimos: ¡Venga a nosotros tu Reino!
Por la Iglesia, de la que formamos parte, para que se le reconozca por su entrega a los necesitados y por su denuncia de toda injusticia personal y social. Oremos.
Por los cristianos, para que al celebrar el Reinado de Jesús nos comprometamos con el servicio a los pobres y humildes. Oremos.
Por quienes rigen pueblos y naciones, para que descubran que el poder es servicio a las necesidades de todos. Oremos.
Por nuestra comunidad parroquial, para que al llenarnos de gozo en esta fiesta de Cristo Rey renovemos nuestro deseo de seguir a Jesús en todo momento. Oremos.
Oración: Concédenos, Señor, lo que más y mejor nos ayude a vivir en tu presencia. Por Jesucristo.
Ofrendas
PRESENTACIÓN DE UN GLOBO TERRÁQUEO
Señor, yo te traigo hoy este globo terráqueo. Es el símbolo de nuestro mundo dividido en mil países, pueblos, culturas y lenguas. Sin embargo, nosotros reconocemos tu único señorío que aúna los intereses y los deseos de los hombres. Te ofrecemos, así, la unidad de la humanidad, por la que nos comprometemos todos a luchar.
PRESENTACIÓN DE UN RELOJ
Por mi parte, Señor, te ofrezco este reloj, símbolo del tiempo e instrumento para su medición. Pero hoy te lo traigo como imagen de tu señorío sobre la historia. Tú la diriges y, sentado a la derecha del Padre, la atraes hasta Ti como a su único sentido. Haznos colaboradores tuyos, para que en Ti todo logre su plenitud.
PRESENTACIÓN DE UN BALANZA
Señor, aquí tienes una balanza, que es un instrumento para pesar las cosas. Sin embargo, en la iconografía clásica era representación del juicio final, pues en ella Tú pesabas nuestras almas. Hoy te la ofrezco como símbolo de mi confianza. Mi vida y mi persona están en Ti y no descansarán hasta que gocen de Ti en tu Reino. Mi confianza no me hace temer tu juicio, pues bien sé que es mi salvación.
Plegaria Eucarística
Te damos gracias, Padre,
porque nos enviaste a Cristo, Rey del Universo,
Pastor Bueno que sigue las huellas
de las ovejas dispersas,
Pastor que cuida nuestras heridas y debilidades.
Te damos gracias,
porque, también entre nosotros
hay personas que nos ayudan y consuelan,
nos guían en la vida y nos perdonan.
Nos acompañan en las horas de tristeza y dolor,
y saben alegrarse con nosotros en los momentos felices.
Ayudan a implantar en el mundo el Reino de Cristo:
Reino de verdad y vida,
Reino de servicio y humildad,
Reino de justicia, amor y de paz.
Ahora nos unimos a los ángeles, a los santos,
y a todas las personas de buena voluntad
para alabarte diciendo:
Santo, Santo, Santo ...
Padre Nuestro
Todos los domingos y otras muchas veces rezamos el Padre Nuestro y decimos: "Venga a nosotros tu Reino ...". Hoy vamos a rezarlo para que llegue a todos este Reino de Dios. Juntos decimos: Padre Nuestro ...
Nos damos la Paz
El Reino de Dios es un Reino de Paz. Dios quiere la Paz, pero nosotros nos empeñamos en romperla. Hablamos de Paz, pero nos esforzamos poco para que sea una realidad en nuestra vida social. Que el gesto de la paz de esta Fiesta de Cristo - Rey, sea un verdadero deseo de trabajar para que la paz llegue.
- Que la Paz del Señor esté con todos nosotros ...
- Como amigos y hermanos nos damos la Paz .
Compartimos el Pan
Estamos participando en la Celebración de la Fiesta de Cristo - Rey. Entre nosotros, las fiestas se completan con la comida de amigos. Jesús nos invita ahora a su Mesa a participar en su Banquete.
No vamos a defraudarle.
-Dichosos nosotros por haber sido invitados a esta Comunión.
- Señor, no soy digno de que entres en mi casa ...
Despedida
Amigos: que el haber celebrado con gozo la fiesta de Cristo Rey, nos haga volver a nuestra vida cotidiana para demostrar que Él reina en nuestros corazones. Que su Espíritu nos ayude a ser capaces de transformar la sociedad, para que ésta sea cada día más justa y solidaria con todos los hombres, especialmente con los más pobres. ¡Feliz semana, construyendo Reino!
La Bendición...








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