Objetivo: Nuestra conversión al Señor exige la entereza de todo nuestro corazón, buena tierra que dé fruto abundante.
Elementos simbólicos: Una jarra de cristal con agua. Un recipiente amplio con tierra dentro. Varios cirios o velones rojos y cerillas.
Ideas introductorias:
• Estamos en Adviento, preparándonos a celebrar la llegada del Señor, el abrazo del amor de Dios Padre y el abrazo de su Amor en todos nuestros hermanos.
• El Nacimiento de Jesús es la encarnación del amor de Dios en el corazón de la Humanidad.
• Ese Jesús proclama la venida del Reino de Dios a este mundo (Mt 4,17).
• Vale la pena tener esperanza en ese Reino de Dios Padre. Es nuestra plenitud. Sólo así el corazón de la humanidad rebosará de Amor. Amor que proviene de fiarnos en El.
• Estas son las exigencias de vivir en esperanza: esmerarnos en caminar desde la Fe; estar en vela (1Tes 5,6); paciencia en las pruebas (1Tes 1,4); sobriedad y desasimiento (1Cor 7,29); amor fraterno (1P 4,7); oración.
• Esta es la Gran Esperanza Cristiana. Ven, Señor de Esperanza y de Luz (se enciende el Cirio o un velón).
• Cantemos ahora, guiados por esa luz y esperanza, al Señor que viene: Esperando, esperando. (C. Gabarain)
Saludo: Comenzamos llenos de esperanza: En el nombre del Padre...
Oración:
Señor Dios y Padre nuestro: Tú no eres un Dios oculto a nuestras vidas. Tú estás cerca de nuestros corazones. Es tu Amor el que nos hace amarnos. Es tu Vida la que nos anima a vivir en plenitud. Es tu Alegría plena, la que nos hace celebrar tu próxima venida. Danos fe y sensibilidad para acogerte, seguirte y amarte. Llena de tu Luz nuestra pobre humanidad. Ven, Señor, ¡ven!
Presentación de la experiencia:
• Hoy nos conviene tener muy presente la gran Parábola del Sembrador. A través de ella, el Señor desea que su Palabra tenga vida y de frutos en nosotros. Por eso, nos pone en alerta para que preparemos nuestro corazón con tierra buena.
• Por eso, hemos querido poner ante nuestros ojos este hermoso recipiente lleno de buena tierra. Hagamos una reflexión en nuestro interior: ¿Qué clase de tierra necesito en mi corazón? ¿Qué valores evangélicos quiero hacer florecer y fructificar?
Proclamación de la Palabra de Dios: Rm 8,31-39 y Lc 8, 1-15; entre ambas lecturas se puede cantar: Todos unidos…
Ideas para el Animador:
• Meditemos un poco estas preciosas preguntas para reafirmar nuestra esperanza cristiana.
• Si Dios está a nuestro favor ¿quién podrá estar contra nosotros?
• Si Dios entregó a su Hijo a la muerte por nosotros, ¿cómo no habrá de darnos El todas las cosas?
• ¡Dios es quien nos salva! ¿Quién se atreverá a condenarnos?
• Si Cristo está al lado del Amor de Dios, ¿quién podrá arrebatarnos el Amor de Cristo?
• Oramos desde muy dentro de nuestro corazón, primero en el silencio de nuestro sagrario personal, y luego, quienes queramos, puestos de pie, acudimos a recoger una vela, y al tiempo que encendemos del cirio, colocándonos alrededor, expresamos con corazón de tierra buena nuestra esperanza hecha fe y amor...
Confesión general: Yo confieso…
Confesiones individuales: Es el momento de hacerlas, quienes así lo deseen; mientras se puede cantar: Ven, ven Señor, no tardes…
Peticiones:
• Señor, ilumina nuestra tierra: que por tu justa voluntad seamos causa de luz y no de oscuridad. Todos: Amén.
• Señor, ilumina el corazón de las personas: que por la fuerza de tu amor, seamos testigos de la esperanza.
• Señor, reafirma nuestra fe en tu Palabra, para que seamos comunidad de esperanza y salvación entre los hermanos.
Canto final: Padrenuestro (Cantado, con gesto manual).
Resumen y bendición final: No apaguemos la luz de la esperanza y de la salvación. Nos acompaña el Señor con su perdón y su bendición: La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo esté con todos vosotros. Amén
DIOS HABLA
JEREMIAS 33, 14 16
Mirad que llegan días -oráculo del Señor-, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legitimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: «Señor nuestra justicia».
1 TESALONICENSES 3,12 4,2
Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos, y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre. En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.
LUCAS 21,25-28.34 36
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA
Los capítulos 32 y 33 de Jeremías se escriben en torno al año 587. El reino de Judá ha sufrido ya una primera deportación a Babilonia. Pero Jerusalén permanece aún en pie, símbolo de la permanece fidelidad de Dios para con su pueblo, por lo que una parte del pueblo y sus dirigentes religiosos y políticos siguen confiados en falsas promesas, como si la suerte del pueblo asociada a la del templo fuera eterna, segura, inatacable.
Jeremías les disuade de toda esperanza de salvación; todo está a punto de caer; los enemigos cercan sus murallas ‘está ya a meced del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la peste’. Y sin embargo les anima a no interrumpir su trabajo; él mismo se compra un campo, la herencia de un primo suyo. Y promete el Señor un nuevo pacto con su pueblo y que se reanudará la vida ordinaria, de comprar y vender, de cultivar campos y que den sus frutos, y ‘os mostraré cosas grandes, inaccesibles que desconocías’.
Pero no les va a ahorrar ni uno de los sufrimientos que se les avecinan. Desatado el pecado sobre el pueblo, cargarán con sus consecuencias. ‘No hicieron caso de la voz del Señor’, ‘nada de lo que les mandaba hicieron’… ‘le volvieron la espalda, pero no la cara (¡encima insolentes!), ‘pusieron ídolos abominables en mi templo’, ‘hicieron pasar el fuego a sus hijos e hijas en honor de Moloch’.
Y sin embargo constantemente les anima porque el Señor ‘os reunirá, los traerá de todos los países’, ‘Volverá a pactar con ellos’, ‘les haré volver a este lugar y los haré vivir en seguridad’; ‘serán mi pueblo y yo seré su Dios y les daré un solo corazón y una conducta cabal’…
Finalmente el oráculo que hoy escuchamos es el broche de oro. No son promesas vanas: “Haré brotar para David un vástago, un germen, un brote verde legítimo, auténtico (ningún espejismo) para David, que hará justicia y derecho”.
Leído este texto en nuestros días cobra una viveza ineludible. Pero ¿dónde está ese ‘vástago’, esa gema, ese nuevo ‘Mesías’? ¿Será Obama? (Buena persona sin duda, pero ¡otra vez falsos e impotentes ‘salvadores’!). El nuevo y eterno salvador tiene un nombre (tan vilipendiado, profanado, escarnecido y violentado): Justicia.
TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net
SEGUNDA LECTURA
Como en otras cartas paulinas, la última sección de 1 Tesalonicenses hace varias exhortaciones prácticas, aunque mezcladas con otras consideraciones
El talante general de estos versículos es el de motivar esa exhortación ética desde diversos puntos de vista.
El comienzo (vv. 3,11-13) es una oración/deseo de que el Señor conceda la fuerza y la gracia de vivir en la forma que se insinuará más abajo Tal es la raíz del comportamiento ético, no un esfuerzo voluntarístico o ascético, sino la aceptación y vivencia del don de Dios.
En ese comportamiento ocupa, como sabemos un lugar excepcional el amor mutuo universal. Pablo no insiste en ellos, por demasiado obvio, pero lo recuerda.
Hay una alusión a la vuelta del Señor que en aquel momento se creía cercana. Era comprensible, desde esa perspectiva, que sirviese como motivación de una conducta cristiana, como las varias exhortaciones evangélicas a esperar la venida del Señor portándose bien.
Aunque, evidentemente, haya cambiado tal forma de ver las cosas – Jesucristo glorioso no ha llegado todavía de forma colectiva – esas palabras conservan la verdad de que tenemos que vivir mirando hacia delante en todos los aspectos y no sólo hacia el pasado. Si abrimos el significado de presentarse santos e irreprensibles ante Dios no sólo hacia lo individual, sino hacia lo comunitario, cabe pensar en una construcción del mundo y de la realidad según el plan de Dios en cada momento histórico y conforme a las circunstancias de cada momento que van avanzando y cambiando. No ha lugar un “cualquiera tiempo pasado fue mejor” ni una enemistad con el mundo moderno, sino pensar que en todo esto también esa presente el Señor Jesús hasta que vuelva.
Por último las exhortaciones general de 4,1-2 recuerdan que los ejemplos humanos – aquí se menciona el del propio Pablo – animan a los cristianos en ese camino comenzado.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
EVANGELIO
1. Observaciones a la traducción litúrgica.
Las gentes: Son los gentiles. En la mentalidad judía de la época de Jesús la humanidad se dividía en judíos y gentiles o gentes.
Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad: en la traducción falta este último término. Los hombres: aquí son las gentes o gentiles.
Lo que se le viene encima al mundo: Aquí el mundo es la oikumene: la totalidad de la tierra habitada, la humanidad entera, compuesta de judíos y gentiles.
Las potencias del cielo: Son los astros.
El Hijo del Hombre: título mesiánico, veladamente sugerente, usado por Jesús para referirse a sí mismo. Sus orígenes se encuentran en Daniel 7,13-14 y en el libro de Enoc.
Se acerca vuestra liberación: el final de los males y horrores de los que son víctima los discípulos. El término liberación es exclusivo de Lucas entre los evangelistas.
Aquel día: el día de la venida del Mesías.
2. Texto
Diferenciemos dos partes. La primera es descriptiva, informativa. Está basada en el empleo de la tercera persona: habrá signos, quedarán sin aliento, verán. Son los vs.25-27. La segunda es persuasiva, tratando de involucrar al oyente/lector. Está basada en el empleo de la segunda persona: alzad la cabeza, tened cuidado, estad despiertos, manteneos en pie. Son los vs.28-36.
La primera parte habla de cataclismos cósmicos y de maremotos, de estupor y de miedo. En lenguaje realista, en línea con profetas como Isaías, Ezequiel, Joel, Ageo. Todo ello enmarcando la llegada poderosa, majestuosa del Hijo del Hombre. Más allá de la mayor o menor literalidad del lenguaje, lo que Jesús expresa con él y, consiguientemente, el mensaje que ese lenguaje transmite es el siguiente: el final de una etapa para la humanidad y el comienzo de otra enteramente nueva. El orden de cosas actual no es indefinido. El Hijo del Hombre, que tiene de Dios y de Hombre, será el artífice del cambio.
Levantaos, alzad la cabeza: así se abre la segunda parte del texto. Se acabó para vosotros el tiempo de la postración, del hundimiento. Palabras directas de Jesús a sus discípulos, a los que por seguirle lo están pasando mal. Palabras que buscan abrir al discípulo a un horizonte de certeza.
¿Qué hacer hasta que este horizonte de certeza esté tan próximo que pueda ya tocarse? A esta pregunta responden las advertencias o recomendaciones a partir del tened cuidado hasta el final del texto.
3. Comprensión actualizante
El Señor Jesús vendrá un día y nadie podrá quedar indiferente ese día. Vendrá en su actual realidad de Jesús resucitado. Una realidad que el texto envuelve en poder y gloria. Nada que ver con el poder y la gloria al uso humano.
Esta venida es palabra dada y comprometida por Jesús. Del valor que demos a la palabra de Jesús dependerá el crédito que demos a esa venida suya con poder y gloria. El que esto escribe da a la palabra de Jesús el máximo valor que darse pueda a una palabra: total y absoluto.
Entramos así en el medio en que se mueve la segunda parte del texto. Este medio no es otro que los discípulos, es decir, quienes dan a la palabra de Jesús valor y crédito incuestionables. ¿Para qué les dice Jesús que va a venir? ¿Para meterles miedo? ¿Para atormentarlos? En absoluto. Para poner fin a las penas y calamidades derivadas de su condición de discípulos. Para erradicar de ellos la sensación de parias que hayan podido experimentar por su condición de discípulos. Para afianzarlos en su enorme estatura humana.
¿Y qué pide Jesús a sus discípulos mientras esa venida suya llega? Que las múltiples ocupaciones de la vida no les hagan perder de vista la perspectiva de su venida. Que jamás duden de esa venida, por más que pueda parecerles que nunca llega.
Hoy, los discípulos somos los que damos crédito a la palabra de Jesús y seguimos a Jesús, quien nos pide lo mismo que pedía entonces: que las ocupaciones de la vida no nos acaparen hasta el punto de hacernos perder el norte. Este norte es la venida real y verdadera de Jesús a dar sentido públicamente a nuestras vidas de discípulos suyos. Jesús nos sigue pidiendo que jamás dudemos de esa venida suya gloriosa.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
NOTAS PARA LA HOMILIA
Una vez más estamos a las puertas del Adviento, tiempo ante el que convendría recordar dos cosas. La primera y más importante, que se trata fundamentalmente de un tiempo de espera vigilante, por lo tanto no de un tiempo de temores y embotamientos. Algo que si bien puede parecernos más que obvio, a la hora de la verdad -creemos que hay que reconocer- distamos mucho de vivirlo así.
La segunda, que todas las referencias literarias a este tiempo como fin de una época, si bien aluden a un hecho observable, el de que todo lo que comienza tiene un término, más que vincularse a la idea generalizada entonces de que la hora final del mundo estaba próxima (cosa que los propios acontecimientos demostraron como un error de perspectiva) buscan proyectar la mirada hacia un futuro del que se espera llegue la liberación. Cuestión que evidentemente vuelve sobre lo que decíamos es la clave de este tiempo: la esperanza.
Esperanza que como valor, actitud e incluso virtud, a los cristianos en más de una ocasión nos ha significado ser causa de duras interpelaciones. Quizás porque esta hermana menor, tal como la llamaba Péguy, como virtud entre la fe y el amor, sea la más visceralmente compartida con la humanidad. Esto en tanto acción por un bien arduo que aún no tenemos, como definían los clásicos a la esperanza.
De ahí que no pocas veces se nos inquiriese acerca de nuestro sentido sobre aquella. Así, ante la tentación de una “fuga mundi”, de dejarlo todo para el futuro o el más allá desde la certeza de una liberación final, se nos ha recordado una y otra vez aquello de ser realistas.
Que vivir de recuerdos es remontarse a un pasado que ya no existe, pero que dejarnos llevar por ensoñaciones acerca del futuro, es ir hacia lo que aún no existe. De este modo, el mundo ha recordado a la fe, muchas veces contra el gusto de esta, que hay que enfrentarse con lucidez y valentía al momento presente, aparente única realidad que tenemos ante nosotros. En el fondo, nos ha devuelto al sentido realista de la espera… al levantaos, alzad la cabeza…
Sin embargo, el sentido realista de la espera cristiana tampoco coincide plenamente con el del mundo. Máxime cuando el mundo, tal como el que hoy nos toca vivir, presume de abundancia satisfecha. Abundancia que ha confundido la felicidad con el bienestar y por eso no se rebela frente a las injusticias, sufrimientos y demás absurdos del presente. Abundancia que pretende el lujo de no esperar nada mejor.
Por eso, entre lo que el mundo nos recuerda -el presente- y lo que el mundo mismo omite -un futuro mejor- los cristianos debemos recordarnos una vez más que porque queremos ser realistas hasta el final, no podemos aferrarnos a la realidad tal como es, ni podemos instalarnos es esta vida como algo definitivo.
Espera vigilante decíamos al principio, sin temores ni embotamientos. Pues según esperemos, así seremos: creyentes o escépticos, creadores o conservadores, comprometidos o frívolos. Por eso, la verdadera esperanza ni embota ni adormece, sino que desinstala y pone en pie. La esperanza cristiana no es la espera pasiva de los no comprometidos, ni la espera interesada de los bien situados, sino la espera creadora de los comprometidos con una sociedad más justa y fraterna.
¿Cuál es entonces nuestra esperanza hoy, como personas, como Iglesia, como sociedad?
SERGIO LOPEZ
sergio@dabar.net
PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS
Son numerosas las parroquias y comunidades que semanalmente se reúnen para compartir la Palabra utilizando dabar, permitidme recordaros que el precio de suscripción se reduce en función del número de ejemplares que se envían (y que resulta más económico que la fotocopia), y pensamos que podrían ser muchas más. Por eso, nuestra pequeña hoja, siguiendo el espíritu fundacional de ser instrumento al servicio de la Palabra para sacerdotes, religiosos y seglares, hemos considerado la conveniencia de ampliarlo al comienzo de este nuevo año litúrgico con este pequeño apartado, con la esperanza de que sea una ayuda y un servicio más. Gracias.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación (Lc 21, 28b)
Preguntas y cuestiones
Que no haya venido todavía el Señor Jesús, ¿es motivo de desánimo o de esperanza activa?
¿Cabe enfocar el mundo moderno con sus avances en tantos campos científicos, sociales, etc. desde una perspectiva positiva?.
¿Y qué nos pide Jesús a sus discípulos, hoy, mientras esa venida suya llega?
PARA LA ORACION
Dios, Padre nuestro, al comenzar este Adviento te pedimos que avives en nosotros el deseo de conocer y seguir cada vez más y mejor a Cristo, para que nuestras obras sean conforme a tu voluntad y así alcancemos un día la plenitud de tu Reino.
--------------------------
Acepta, Padre, la ofrenda de estos frutos que de ti hemos recibido y que esta celebración fraternal sea un adelanto del banquete de tu reino.
---------------------------
Te damos gracias Padre Santo, por Cristo, Señor nuestro. Quien al venir por primera vez en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; te damos gracias porque sigue viniendo a nuestro encuentro y así nos podamos incorporar al dinamismo salvador y nos da aliento para mantenernos en la tensión de la promesa, que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
--------------------------------
Padre, que fructifique en nosotros esta celebración de la Eucaristía; que estemos vigilantes para descubrir los verdaderos valores del hombre y trabajemos por ellos con todas nuestras fuerzas.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
Estrenamos Adviento y estrenamos, por tanto, una nueva oportunidad de Dios para reflexionar sobre nosotros y sobre nuestra sociedad y tomar decisiones para cambiar.
Esperamos en el Señor, confiamos en su venida; pero también trabajamos para facilitarle las cosas, para que su presencia en el mundo sea más palpable cada día para los hombres, pues no en vano nosotros somos sus manos, su voz, su corazón, sus instrumentos de trabajo en esa tarea de hacer que venga a nosotros su Reino.
Con estos sentimientos comenzamos un nuevo Adviento y la celebración de la Eucaristía.
SALUDO
Hermanos, el Dios Padre de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, este siempre con todos vosotros.
ACTO PENITENCIAL
-Tú has plantado tu tienda entre nosotros para construir el nuevo mundo, la nueva sociedad de hermanos, hijos de un mismo Padre. Señor, ten piedad.
-Tú nos llamas a estar atentos y vigilantes, interpretando los signos de los tiempos para que todos alcancen tu salvación. Cristo, ten piedad.
-Tú nos enseñas a no tener miedo, a superarlo confiando en ti, a mantenernos en pie ante ti mientras llegas con gloria y con poder. Señor, ten piedad.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Jeremías anuncia la llegada de alguien que implantará en el pueblo la justicia y el derecho. Los cristianos confesamos que Jesús es esa persona; pero su tarea tiene que ser prolongada por la nuestra. ¿Quién se dedica en serio hoy a implantar entre nosotros el derecho y la justicia?
SALMO RESPONSORIAL (Sal. 24)
A ti, Señor, levanto mi alma.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
A ti, Señor, levanto mi alma.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza.
A ti, Señor, levanto mi alma.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo nos recuerda en este fragmento de su carta a la comunidad cristiana de Tesalónica que uno de los aspectos fundamentales de la vida del cristiano es percibida como don de Dios, no como puro esfuerzo de voluntariedad.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
En este texto que vamos a escuchar no nos encontramos ante la crónica de un futuro anunciado sino ante la magia de un futuro mejor; evocación y sugerencia no de fin de mundo sino del fin de un mundo injusto y egoísta, como es el que hacemos nosotros.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Hermanos, el Señor ha venido ya; pero nosotros tenemos que hacer presente la salvación que Él nos trae en nuestro aquí y ahora histórico; pidámosle que Él nos ayude a realizar esa tarea diciendo: Señor, envíanos tu Espíritu.
-Para que la Iglesia mantenga y ayude a mantener viva la esperanza en medio de los problemas y las dificultades. Oremos.
-Para que terminemos con el mal ejemplo que frecuentemente damos al hablar del servicio al hermano y preocuparnos sólo de nuestros intereses egoístas. Oremos.
-Para que consigan la libertad cuantos se encuentran perseguidos, oprimidos o esclavizados. Oremos.
-Para que surjan entre nosotros hombres y mujeres que luchen sinceramente por implantar el derecho y la justicia. Oremos.
-Para que cuantos recordamos su primera venida, merezcamos participar en el triunfo de su vuelta gloriosa. Oremos.
-Para que nuestra comunidad (parroquial) muestre con las obras el amor salvador de Dios. Oremos.
Oración: Dios, Padre nuestro, que nos llamas a estar vigilantes, concédenos, a los que confiamos en tu amor, mantenernos firmes en la esperanza. Por JNS.
BENDICIÓN FINAL
-El Señor Jesús, cuyo nacimiento nos disponemos a festejar con alegría, se muestre propicio con todos vosotros. Amén.
-El Señor Jesús os colme de los consuelos temporales a los que lucháis por alcanzar el Reino de Dios. Amén.
-El Señor Jesús os mantenga firmes en la fe y en la esperanza, para que podáis celebrar con gozo su vuelta gloriosa. Amén.
-Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. Amén.
CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada: Ven, ven Señor no tardes (1 CLN 9); Vamos a preparar (del disco "Preparad los caminos"); La virgen sueña caminos (de Erdozán).
Acto penitencial: Del disco "Dios es amor" con el canto Señor, ten piedad.
Salmo: LdS.
Aleluya: Antífona antes del evangelio (1 CLN J 1) .
Ofertorio: Rorate o el canto Cristo fue sincero (del disco "Cristo libertador").
Santo: (1 CLN I 2).
Aclamación al memorial: (1 CLN J l).
Comunión: Cerca está el Señor (1 CLN 73 l); Tan cerca de mi (CB 185) (del disco "Baja a Dios de las nubes" de Luis Alfredo Díaz.
Final: Anunciando tu venida de Palazón (2 CLN 614).
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net
Elementos simbólicos: Una jarra de cristal con agua. Un recipiente amplio con tierra dentro. Varios cirios o velones rojos y cerillas.
Ideas introductorias:
• Estamos en Adviento, preparándonos a celebrar la llegada del Señor, el abrazo del amor de Dios Padre y el abrazo de su Amor en todos nuestros hermanos.
• El Nacimiento de Jesús es la encarnación del amor de Dios en el corazón de la Humanidad.
• Ese Jesús proclama la venida del Reino de Dios a este mundo (Mt 4,17).
• Vale la pena tener esperanza en ese Reino de Dios Padre. Es nuestra plenitud. Sólo así el corazón de la humanidad rebosará de Amor. Amor que proviene de fiarnos en El.
• Estas son las exigencias de vivir en esperanza: esmerarnos en caminar desde la Fe; estar en vela (1Tes 5,6); paciencia en las pruebas (1Tes 1,4); sobriedad y desasimiento (1Cor 7,29); amor fraterno (1P 4,7); oración.
• Esta es la Gran Esperanza Cristiana. Ven, Señor de Esperanza y de Luz (se enciende el Cirio o un velón).
• Cantemos ahora, guiados por esa luz y esperanza, al Señor que viene: Esperando, esperando. (C. Gabarain)
Saludo: Comenzamos llenos de esperanza: En el nombre del Padre...
Oración:
Señor Dios y Padre nuestro: Tú no eres un Dios oculto a nuestras vidas. Tú estás cerca de nuestros corazones. Es tu Amor el que nos hace amarnos. Es tu Vida la que nos anima a vivir en plenitud. Es tu Alegría plena, la que nos hace celebrar tu próxima venida. Danos fe y sensibilidad para acogerte, seguirte y amarte. Llena de tu Luz nuestra pobre humanidad. Ven, Señor, ¡ven!
Presentación de la experiencia:
• Hoy nos conviene tener muy presente la gran Parábola del Sembrador. A través de ella, el Señor desea que su Palabra tenga vida y de frutos en nosotros. Por eso, nos pone en alerta para que preparemos nuestro corazón con tierra buena.
• Por eso, hemos querido poner ante nuestros ojos este hermoso recipiente lleno de buena tierra. Hagamos una reflexión en nuestro interior: ¿Qué clase de tierra necesito en mi corazón? ¿Qué valores evangélicos quiero hacer florecer y fructificar?
Proclamación de la Palabra de Dios: Rm 8,31-39 y Lc 8, 1-15; entre ambas lecturas se puede cantar: Todos unidos…
Ideas para el Animador:
• Meditemos un poco estas preciosas preguntas para reafirmar nuestra esperanza cristiana.
• Si Dios está a nuestro favor ¿quién podrá estar contra nosotros?
• Si Dios entregó a su Hijo a la muerte por nosotros, ¿cómo no habrá de darnos El todas las cosas?
• ¡Dios es quien nos salva! ¿Quién se atreverá a condenarnos?
• Si Cristo está al lado del Amor de Dios, ¿quién podrá arrebatarnos el Amor de Cristo?
• Oramos desde muy dentro de nuestro corazón, primero en el silencio de nuestro sagrario personal, y luego, quienes queramos, puestos de pie, acudimos a recoger una vela, y al tiempo que encendemos del cirio, colocándonos alrededor, expresamos con corazón de tierra buena nuestra esperanza hecha fe y amor...
Confesión general: Yo confieso…
Confesiones individuales: Es el momento de hacerlas, quienes así lo deseen; mientras se puede cantar: Ven, ven Señor, no tardes…
Peticiones:
• Señor, ilumina nuestra tierra: que por tu justa voluntad seamos causa de luz y no de oscuridad. Todos: Amén.
• Señor, ilumina el corazón de las personas: que por la fuerza de tu amor, seamos testigos de la esperanza.
• Señor, reafirma nuestra fe en tu Palabra, para que seamos comunidad de esperanza y salvación entre los hermanos.
Canto final: Padrenuestro (Cantado, con gesto manual).
Resumen y bendición final: No apaguemos la luz de la esperanza y de la salvación. Nos acompaña el Señor con su perdón y su bendición: La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo esté con todos vosotros. Amén
DIOS HABLA
JEREMIAS 33, 14 16
Mirad que llegan días -oráculo del Señor-, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legitimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: «Señor nuestra justicia».
1 TESALONICENSES 3,12 4,2
Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos, y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre. En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.
LUCAS 21,25-28.34 36
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA
Los capítulos 32 y 33 de Jeremías se escriben en torno al año 587. El reino de Judá ha sufrido ya una primera deportación a Babilonia. Pero Jerusalén permanece aún en pie, símbolo de la permanece fidelidad de Dios para con su pueblo, por lo que una parte del pueblo y sus dirigentes religiosos y políticos siguen confiados en falsas promesas, como si la suerte del pueblo asociada a la del templo fuera eterna, segura, inatacable.
Jeremías les disuade de toda esperanza de salvación; todo está a punto de caer; los enemigos cercan sus murallas ‘está ya a meced del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la peste’. Y sin embargo les anima a no interrumpir su trabajo; él mismo se compra un campo, la herencia de un primo suyo. Y promete el Señor un nuevo pacto con su pueblo y que se reanudará la vida ordinaria, de comprar y vender, de cultivar campos y que den sus frutos, y ‘os mostraré cosas grandes, inaccesibles que desconocías’.
Pero no les va a ahorrar ni uno de los sufrimientos que se les avecinan. Desatado el pecado sobre el pueblo, cargarán con sus consecuencias. ‘No hicieron caso de la voz del Señor’, ‘nada de lo que les mandaba hicieron’… ‘le volvieron la espalda, pero no la cara (¡encima insolentes!), ‘pusieron ídolos abominables en mi templo’, ‘hicieron pasar el fuego a sus hijos e hijas en honor de Moloch’.
Y sin embargo constantemente les anima porque el Señor ‘os reunirá, los traerá de todos los países’, ‘Volverá a pactar con ellos’, ‘les haré volver a este lugar y los haré vivir en seguridad’; ‘serán mi pueblo y yo seré su Dios y les daré un solo corazón y una conducta cabal’…
Finalmente el oráculo que hoy escuchamos es el broche de oro. No son promesas vanas: “Haré brotar para David un vástago, un germen, un brote verde legítimo, auténtico (ningún espejismo) para David, que hará justicia y derecho”.
Leído este texto en nuestros días cobra una viveza ineludible. Pero ¿dónde está ese ‘vástago’, esa gema, ese nuevo ‘Mesías’? ¿Será Obama? (Buena persona sin duda, pero ¡otra vez falsos e impotentes ‘salvadores’!). El nuevo y eterno salvador tiene un nombre (tan vilipendiado, profanado, escarnecido y violentado): Justicia.
TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net
SEGUNDA LECTURA
Como en otras cartas paulinas, la última sección de 1 Tesalonicenses hace varias exhortaciones prácticas, aunque mezcladas con otras consideraciones
El talante general de estos versículos es el de motivar esa exhortación ética desde diversos puntos de vista.
El comienzo (vv. 3,11-13) es una oración/deseo de que el Señor conceda la fuerza y la gracia de vivir en la forma que se insinuará más abajo Tal es la raíz del comportamiento ético, no un esfuerzo voluntarístico o ascético, sino la aceptación y vivencia del don de Dios.
En ese comportamiento ocupa, como sabemos un lugar excepcional el amor mutuo universal. Pablo no insiste en ellos, por demasiado obvio, pero lo recuerda.
Hay una alusión a la vuelta del Señor que en aquel momento se creía cercana. Era comprensible, desde esa perspectiva, que sirviese como motivación de una conducta cristiana, como las varias exhortaciones evangélicas a esperar la venida del Señor portándose bien.
Aunque, evidentemente, haya cambiado tal forma de ver las cosas – Jesucristo glorioso no ha llegado todavía de forma colectiva – esas palabras conservan la verdad de que tenemos que vivir mirando hacia delante en todos los aspectos y no sólo hacia el pasado. Si abrimos el significado de presentarse santos e irreprensibles ante Dios no sólo hacia lo individual, sino hacia lo comunitario, cabe pensar en una construcción del mundo y de la realidad según el plan de Dios en cada momento histórico y conforme a las circunstancias de cada momento que van avanzando y cambiando. No ha lugar un “cualquiera tiempo pasado fue mejor” ni una enemistad con el mundo moderno, sino pensar que en todo esto también esa presente el Señor Jesús hasta que vuelva.
Por último las exhortaciones general de 4,1-2 recuerdan que los ejemplos humanos – aquí se menciona el del propio Pablo – animan a los cristianos en ese camino comenzado.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
EVANGELIO
1. Observaciones a la traducción litúrgica.
Las gentes: Son los gentiles. En la mentalidad judía de la época de Jesús la humanidad se dividía en judíos y gentiles o gentes.
Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad: en la traducción falta este último término. Los hombres: aquí son las gentes o gentiles.
Lo que se le viene encima al mundo: Aquí el mundo es la oikumene: la totalidad de la tierra habitada, la humanidad entera, compuesta de judíos y gentiles.
Las potencias del cielo: Son los astros.
El Hijo del Hombre: título mesiánico, veladamente sugerente, usado por Jesús para referirse a sí mismo. Sus orígenes se encuentran en Daniel 7,13-14 y en el libro de Enoc.
Se acerca vuestra liberación: el final de los males y horrores de los que son víctima los discípulos. El término liberación es exclusivo de Lucas entre los evangelistas.
Aquel día: el día de la venida del Mesías.
2. Texto
Diferenciemos dos partes. La primera es descriptiva, informativa. Está basada en el empleo de la tercera persona: habrá signos, quedarán sin aliento, verán. Son los vs.25-27. La segunda es persuasiva, tratando de involucrar al oyente/lector. Está basada en el empleo de la segunda persona: alzad la cabeza, tened cuidado, estad despiertos, manteneos en pie. Son los vs.28-36.
La primera parte habla de cataclismos cósmicos y de maremotos, de estupor y de miedo. En lenguaje realista, en línea con profetas como Isaías, Ezequiel, Joel, Ageo. Todo ello enmarcando la llegada poderosa, majestuosa del Hijo del Hombre. Más allá de la mayor o menor literalidad del lenguaje, lo que Jesús expresa con él y, consiguientemente, el mensaje que ese lenguaje transmite es el siguiente: el final de una etapa para la humanidad y el comienzo de otra enteramente nueva. El orden de cosas actual no es indefinido. El Hijo del Hombre, que tiene de Dios y de Hombre, será el artífice del cambio.
Levantaos, alzad la cabeza: así se abre la segunda parte del texto. Se acabó para vosotros el tiempo de la postración, del hundimiento. Palabras directas de Jesús a sus discípulos, a los que por seguirle lo están pasando mal. Palabras que buscan abrir al discípulo a un horizonte de certeza.
¿Qué hacer hasta que este horizonte de certeza esté tan próximo que pueda ya tocarse? A esta pregunta responden las advertencias o recomendaciones a partir del tened cuidado hasta el final del texto.
3. Comprensión actualizante
El Señor Jesús vendrá un día y nadie podrá quedar indiferente ese día. Vendrá en su actual realidad de Jesús resucitado. Una realidad que el texto envuelve en poder y gloria. Nada que ver con el poder y la gloria al uso humano.
Esta venida es palabra dada y comprometida por Jesús. Del valor que demos a la palabra de Jesús dependerá el crédito que demos a esa venida suya con poder y gloria. El que esto escribe da a la palabra de Jesús el máximo valor que darse pueda a una palabra: total y absoluto.
Entramos así en el medio en que se mueve la segunda parte del texto. Este medio no es otro que los discípulos, es decir, quienes dan a la palabra de Jesús valor y crédito incuestionables. ¿Para qué les dice Jesús que va a venir? ¿Para meterles miedo? ¿Para atormentarlos? En absoluto. Para poner fin a las penas y calamidades derivadas de su condición de discípulos. Para erradicar de ellos la sensación de parias que hayan podido experimentar por su condición de discípulos. Para afianzarlos en su enorme estatura humana.
¿Y qué pide Jesús a sus discípulos mientras esa venida suya llega? Que las múltiples ocupaciones de la vida no les hagan perder de vista la perspectiva de su venida. Que jamás duden de esa venida, por más que pueda parecerles que nunca llega.
Hoy, los discípulos somos los que damos crédito a la palabra de Jesús y seguimos a Jesús, quien nos pide lo mismo que pedía entonces: que las ocupaciones de la vida no nos acaparen hasta el punto de hacernos perder el norte. Este norte es la venida real y verdadera de Jesús a dar sentido públicamente a nuestras vidas de discípulos suyos. Jesús nos sigue pidiendo que jamás dudemos de esa venida suya gloriosa.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
NOTAS PARA LA HOMILIA
Una vez más estamos a las puertas del Adviento, tiempo ante el que convendría recordar dos cosas. La primera y más importante, que se trata fundamentalmente de un tiempo de espera vigilante, por lo tanto no de un tiempo de temores y embotamientos. Algo que si bien puede parecernos más que obvio, a la hora de la verdad -creemos que hay que reconocer- distamos mucho de vivirlo así.
La segunda, que todas las referencias literarias a este tiempo como fin de una época, si bien aluden a un hecho observable, el de que todo lo que comienza tiene un término, más que vincularse a la idea generalizada entonces de que la hora final del mundo estaba próxima (cosa que los propios acontecimientos demostraron como un error de perspectiva) buscan proyectar la mirada hacia un futuro del que se espera llegue la liberación. Cuestión que evidentemente vuelve sobre lo que decíamos es la clave de este tiempo: la esperanza.
Esperanza que como valor, actitud e incluso virtud, a los cristianos en más de una ocasión nos ha significado ser causa de duras interpelaciones. Quizás porque esta hermana menor, tal como la llamaba Péguy, como virtud entre la fe y el amor, sea la más visceralmente compartida con la humanidad. Esto en tanto acción por un bien arduo que aún no tenemos, como definían los clásicos a la esperanza.
De ahí que no pocas veces se nos inquiriese acerca de nuestro sentido sobre aquella. Así, ante la tentación de una “fuga mundi”, de dejarlo todo para el futuro o el más allá desde la certeza de una liberación final, se nos ha recordado una y otra vez aquello de ser realistas.
Que vivir de recuerdos es remontarse a un pasado que ya no existe, pero que dejarnos llevar por ensoñaciones acerca del futuro, es ir hacia lo que aún no existe. De este modo, el mundo ha recordado a la fe, muchas veces contra el gusto de esta, que hay que enfrentarse con lucidez y valentía al momento presente, aparente única realidad que tenemos ante nosotros. En el fondo, nos ha devuelto al sentido realista de la espera… al levantaos, alzad la cabeza…
Sin embargo, el sentido realista de la espera cristiana tampoco coincide plenamente con el del mundo. Máxime cuando el mundo, tal como el que hoy nos toca vivir, presume de abundancia satisfecha. Abundancia que ha confundido la felicidad con el bienestar y por eso no se rebela frente a las injusticias, sufrimientos y demás absurdos del presente. Abundancia que pretende el lujo de no esperar nada mejor.
Por eso, entre lo que el mundo nos recuerda -el presente- y lo que el mundo mismo omite -un futuro mejor- los cristianos debemos recordarnos una vez más que porque queremos ser realistas hasta el final, no podemos aferrarnos a la realidad tal como es, ni podemos instalarnos es esta vida como algo definitivo.
Espera vigilante decíamos al principio, sin temores ni embotamientos. Pues según esperemos, así seremos: creyentes o escépticos, creadores o conservadores, comprometidos o frívolos. Por eso, la verdadera esperanza ni embota ni adormece, sino que desinstala y pone en pie. La esperanza cristiana no es la espera pasiva de los no comprometidos, ni la espera interesada de los bien situados, sino la espera creadora de los comprometidos con una sociedad más justa y fraterna.
¿Cuál es entonces nuestra esperanza hoy, como personas, como Iglesia, como sociedad?
SERGIO LOPEZ
sergio@dabar.net
PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS
Son numerosas las parroquias y comunidades que semanalmente se reúnen para compartir la Palabra utilizando dabar, permitidme recordaros que el precio de suscripción se reduce en función del número de ejemplares que se envían (y que resulta más económico que la fotocopia), y pensamos que podrían ser muchas más. Por eso, nuestra pequeña hoja, siguiendo el espíritu fundacional de ser instrumento al servicio de la Palabra para sacerdotes, religiosos y seglares, hemos considerado la conveniencia de ampliarlo al comienzo de este nuevo año litúrgico con este pequeño apartado, con la esperanza de que sea una ayuda y un servicio más. Gracias.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación (Lc 21, 28b)
Preguntas y cuestiones
Que no haya venido todavía el Señor Jesús, ¿es motivo de desánimo o de esperanza activa?
¿Cabe enfocar el mundo moderno con sus avances en tantos campos científicos, sociales, etc. desde una perspectiva positiva?.
¿Y qué nos pide Jesús a sus discípulos, hoy, mientras esa venida suya llega?
PARA LA ORACION
Dios, Padre nuestro, al comenzar este Adviento te pedimos que avives en nosotros el deseo de conocer y seguir cada vez más y mejor a Cristo, para que nuestras obras sean conforme a tu voluntad y así alcancemos un día la plenitud de tu Reino.
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Acepta, Padre, la ofrenda de estos frutos que de ti hemos recibido y que esta celebración fraternal sea un adelanto del banquete de tu reino.
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Te damos gracias Padre Santo, por Cristo, Señor nuestro. Quien al venir por primera vez en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; te damos gracias porque sigue viniendo a nuestro encuentro y así nos podamos incorporar al dinamismo salvador y nos da aliento para mantenernos en la tensión de la promesa, que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
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Padre, que fructifique en nosotros esta celebración de la Eucaristía; que estemos vigilantes para descubrir los verdaderos valores del hombre y trabajemos por ellos con todas nuestras fuerzas.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
Estrenamos Adviento y estrenamos, por tanto, una nueva oportunidad de Dios para reflexionar sobre nosotros y sobre nuestra sociedad y tomar decisiones para cambiar.
Esperamos en el Señor, confiamos en su venida; pero también trabajamos para facilitarle las cosas, para que su presencia en el mundo sea más palpable cada día para los hombres, pues no en vano nosotros somos sus manos, su voz, su corazón, sus instrumentos de trabajo en esa tarea de hacer que venga a nosotros su Reino.
Con estos sentimientos comenzamos un nuevo Adviento y la celebración de la Eucaristía.
SALUDO
Hermanos, el Dios Padre de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, este siempre con todos vosotros.
ACTO PENITENCIAL
-Tú has plantado tu tienda entre nosotros para construir el nuevo mundo, la nueva sociedad de hermanos, hijos de un mismo Padre. Señor, ten piedad.
-Tú nos llamas a estar atentos y vigilantes, interpretando los signos de los tiempos para que todos alcancen tu salvación. Cristo, ten piedad.
-Tú nos enseñas a no tener miedo, a superarlo confiando en ti, a mantenernos en pie ante ti mientras llegas con gloria y con poder. Señor, ten piedad.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Jeremías anuncia la llegada de alguien que implantará en el pueblo la justicia y el derecho. Los cristianos confesamos que Jesús es esa persona; pero su tarea tiene que ser prolongada por la nuestra. ¿Quién se dedica en serio hoy a implantar entre nosotros el derecho y la justicia?
SALMO RESPONSORIAL (Sal. 24)
A ti, Señor, levanto mi alma.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
A ti, Señor, levanto mi alma.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza.
A ti, Señor, levanto mi alma.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo nos recuerda en este fragmento de su carta a la comunidad cristiana de Tesalónica que uno de los aspectos fundamentales de la vida del cristiano es percibida como don de Dios, no como puro esfuerzo de voluntariedad.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
En este texto que vamos a escuchar no nos encontramos ante la crónica de un futuro anunciado sino ante la magia de un futuro mejor; evocación y sugerencia no de fin de mundo sino del fin de un mundo injusto y egoísta, como es el que hacemos nosotros.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Hermanos, el Señor ha venido ya; pero nosotros tenemos que hacer presente la salvación que Él nos trae en nuestro aquí y ahora histórico; pidámosle que Él nos ayude a realizar esa tarea diciendo: Señor, envíanos tu Espíritu.
-Para que la Iglesia mantenga y ayude a mantener viva la esperanza en medio de los problemas y las dificultades. Oremos.
-Para que terminemos con el mal ejemplo que frecuentemente damos al hablar del servicio al hermano y preocuparnos sólo de nuestros intereses egoístas. Oremos.
-Para que consigan la libertad cuantos se encuentran perseguidos, oprimidos o esclavizados. Oremos.
-Para que surjan entre nosotros hombres y mujeres que luchen sinceramente por implantar el derecho y la justicia. Oremos.
-Para que cuantos recordamos su primera venida, merezcamos participar en el triunfo de su vuelta gloriosa. Oremos.
-Para que nuestra comunidad (parroquial) muestre con las obras el amor salvador de Dios. Oremos.
Oración: Dios, Padre nuestro, que nos llamas a estar vigilantes, concédenos, a los que confiamos en tu amor, mantenernos firmes en la esperanza. Por JNS.
BENDICIÓN FINAL
-El Señor Jesús, cuyo nacimiento nos disponemos a festejar con alegría, se muestre propicio con todos vosotros. Amén.
-El Señor Jesús os colme de los consuelos temporales a los que lucháis por alcanzar el Reino de Dios. Amén.
-El Señor Jesús os mantenga firmes en la fe y en la esperanza, para que podáis celebrar con gozo su vuelta gloriosa. Amén.
-Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. Amén.
CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada: Ven, ven Señor no tardes (1 CLN 9); Vamos a preparar (del disco "Preparad los caminos"); La virgen sueña caminos (de Erdozán).
Acto penitencial: Del disco "Dios es amor" con el canto Señor, ten piedad.
Salmo: LdS.
Aleluya: Antífona antes del evangelio (1 CLN J 1) .
Ofertorio: Rorate o el canto Cristo fue sincero (del disco "Cristo libertador").
Santo: (1 CLN I 2).
Aclamación al memorial: (1 CLN J l).
Comunión: Cerca está el Señor (1 CLN 73 l); Tan cerca de mi (CB 185) (del disco "Baja a Dios de las nubes" de Luis Alfredo Díaz.
Final: Anunciando tu venida de Palazón (2 CLN 614).
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net








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