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MISIONEROS EN CAMINO: Misión de las Hijas de la Caridad en la India
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martes, 22 de septiembre de 2009

Misión de las Hijas de la Caridad en la India


Por Sister Grace Moolan
Hija de la Caridad

Desde hace algún tiempo la Iglesia Católica en la India viene pasando un período de tremenda persecución. Los medios de comunicación han informado ampliamente a todo el mundo. Nuestro Distrito de Kondhomal, en el Estado de Orissa —bien conocido por los lectores de CAMINOS DE MISIÓN— ha sido el más castigado por la destrucción, el vandalismo y pérdida de vidas humanas. Todo ello es muy difícil de cuantificar por falta de datos del todo fiables, aun viviendo aquí.
Las revueltas se fueron intensificando desde finales del 2007 hasta octubre del 2008. Ahora estamos sufriendo las consecuencias: la mayoría de los habitantes de los poblados de la amplia zona viven refugiados en campamentos. Testigos permanentes de la devastación son las iglesias y las casas saqueadas y destruidas. Actuaciones que forman parte de un proyecto bien planificado por Hindúes fundamentalistas, contrarios a los buenos resultados de crecimiento y desarrollo de los Cristianos en la India. La Constitución del país garantiza absolutamente la libertad religiosa.
El Estado de Orissa tiene una población de unos 40 millones de habitantes. En el Distrito de Kondhomal hay unos 120.000 Cristianos. Siempre han vivido en paz y buena armonía con los demás grupos, y había buen intercambio. Unos y otros mantenían sus propias creencias y costumbres tribales. Con los medios disponibles, atendían a la transmisión de la propia cultura, educación y desarrollo social.
Hace décadas un buen número de familias Hindúes se establecieron en el Distrito para la promoción del comercio, con buenos resultados para todo el pueblo. A principios del siglo XX, vinieron misioneros Cristianos que promocionaron eficazmente la educación, la sanidad y demás servicios sociales. Éxito debido en gran parte a los misioneros de la Congregación de la Misión (Paúles) y a nosotras, las Hijas de la Caridad. Más tarde, la Comunidad Católica formó parte de la Archidiócesis de Cuttack-Bhubeneswar y en el Distrito surgieron muchas Parroquias e Instituciones Católicas. Ahí están hoy.
Poco a poco los Hindúes fundamentalistas fueron imponiendo su ideología en la buena gente, lo que preparó el camino para la división y la rivalidad entre los diferentes grupos sociales y diferentes religiones. Recurrieron a la ocupación selectiva de tierras, discriminaciones de empleos y otras diferencias sociales y económicas. Muchos cayeron en la trampa y empezaron a poner en práctica los planes de destrucción y otras actividades contra los cristianos. Cuando los cristianos mejor educados empezaron a tener mayor nivel de vida, rehusaron realizar trabajos serviles para los Hindúes, y los líderes Hindúes se sintieron amenazados.
Raikia está situada en la parte central del Distrito de Kondhomal. Cuando las Hijas de la Caridad llegaron a Raikia en 1948, había unas cuantas casas de caña y barro del pueblo tribal y de cristianos, mucha selva y una o dos familias hindúes con sus pequeñas tiendas y su pequeña iglesia.
Nuestras Hermanas comenzaron a ofrecer atención sanitaria en el Dispensario, visitas a las familias, y comenzaron a dar clases de catecismo para los católicos en los diferentes poblados. Dándose cuenta la gente de la necesidad de la educación, abrimos una Escuela Primaria que se ha convertido, con el tiempo, en un Instituto de Enseñanza Secundaria. Al ver el buen número de madres que morían al dar a luz, abrimos una casa-cuna. El papel de nuestra Casa de Sta. Catalina para la promoción del distrito entero fue muy significativo, siendo además el primer grupo en establecerse.
Hoy nuestra Comunidad mantiene los siguientes servicios: Un centro de Salud para 30 pacientes internos, un centro femenino de Educación Secundaria para 800 alumnas, una escuela media inglesa para los chicos de la localidad, casa cuna para uso de 35 huérfanos, Residencia para unas 180 estudiantes de la Educación Secundaria, otros servicios sanitarios y atención pastoral a las familias de los poblados de alrededor.
Con esta información previa puede entenderse mejor lo que significan los penosos acontecimientos que siguen, registrados día a día por Sor Mary Palamattahil y aquí recogidos abreviadamente.
El 23 de agosto (2008), a media noche llamaron para decirnos que el Swami Lokmananda había sido asesinado a tiros en la Residencia Local de Mayores. Era de esperar una fuerte reacción de los hinduistas fundamentalistas. Así fue. La noticia no tardó en extenderse por todas partes. Los tres sacerdotes de la Parroquia se refugiaron en nuestra Casa. Al día siguiente supimos que los cadáveres del Swami y de otros muertos en la Residencia de Ancianos serían llevados procesionalmente hasta Chakapad, via Raikia, a unos 100 kilómetros de distancia. Se olía el peligro. Por el camino fueron atacando y destruyendo todo lo que encontraban a su paso: Centro de Pastoral de Konchamendi e Instituciones de Servicios Sociales. Al final del día nos enteramos que las tiendas de los cristianos en el Mercado habían sido saqueadas e incendiadas.
Terminadas las ceremonias de este día, atacaron a los sacerdotes de varias parroquias. Durante el regreso, se supo que muchas personas juraron barrer el cristianismo de Kondhomal. Entraron en poblados cristianos y destruyeron sus iglesias completamente. Presintiendo que podríamos ser atacadas y no había salida para sacar a los bebés, decidimos trasladarnos a las clases del centro. Todas comulgamos para consumir las formas del Santísimo Sacramento, y guardamos una para la adoración y oración en la que pasamos toda la noche.
Apagamos todas las luces y en plena oscuridad, durante horas, oímos las explosiones de las bombas cuando los grupos más violentos llegaban a Raikia. Veíamos pasar los vehículos haciendo sonar sus bocinas. Pasaron por nuestra puerta y renunciaron a entrar. Supimos que entraron en muchas casas de los cristianos, cargaban todo lo que podía tener valor y luego las incendiaban.
Nos llegaron noticias de que tenían proyectado atacar nuestra Institución, nuestra casa y nuestra iglesia. Afortunadamente, pude enviar una carta a la Dirección de la Policía a través de algunos de ellos que habían venido a llevarse a algunos de sus hijos de nuestra Residencia, por razones de seguridad. A la mañana siguiente, siete vehículos de la policía llegaban a Raikia, cesaron los disturbios y nos dieron eficaz protección. Dimos gracias Dios por habernos librado.
Muchos estudiantes de nuestra Residencia se encontraron al volver a sus casas que sus poblados habían sido destruidos y algunas personas habían sido asesinadas. Ante estos alarmantes sucesos, la mayoría de los cristianos no han tenido más remedio que huir a las montañas y a la selva. Los que no pudieron huir se han refugiado en campamentos públicos en precario. Ha llegado a haber alrededor de 6.000 personas sin apenas espacio para poder estar de pie, en suelo encharcado. Con frecuencia llegaban noticias sobre el asesinato de cristianos. El miedo les impedía salir para recoger los cadáveres de sus familiares difuntos.
Pocos días más tarde, las fuerzas armadas comenzaron a levantar campamentos para dar alimentos y seguridad a la gente. Pronto los campamentos estaban a reventar, así que el Gobierno acudió a nosotras para usar nuestros campos de juego y el edificio de la Escuela e instalar allí un batallón de soldados. Los oficiales ocuparon algunas habitaciones de nuestra Institución. El único acercamiento de las autoridades del Distrito de Kondhomal hacia la Iglesia Católica fue a través de nuestra Casa de Sta. Catalina; que también fue base para el equipo médico que, gradualmente, comenzó a operar en los campamentos del área. Caí entonces en la cuenta de que nuestra Casa se había convertido verdaderamente en un Arca de Noé.
Durante algún tiempo, los asesinatos continuaron. Vinieron a mí cinco viudas de cristianos que habían sido asesinados; algunos de ellos delante de la esposa y de los hijos. Una de ellas me refirió que hasta sus propios hijos tuvieron que recoger hierbas y ramas para quemar los cadáveres. Se amenazaba a los cristianos con obligarles a hacerse hindúes si se empeñaban en seguir en sus poblados.
Han pasado ya unos meses. Una relación aproximada de los violentos ataques anticristianos sería como sigue: Distritos atacados: 14. Poblados destruidos: 300. Casas incendiadas: 4.300. Personas sin casa: 50.000. Personas asesinadas: 57. Sacerdotes, Pastores y Religiosas heridas: 10. Mujeres violadas: 2. Hombres, mujeres y niños heridos: 18.000. Iglesias destruidas: 149. Escuelas y Colegios destruidos: 13.
Hoy día la gente sigue sufriendo. Muchas personas han abandonado sus lugares de residencia habitual buscando seguridad, especialmente en los Estados del Sur. Algunas familias cristianas han sido bien acogidas en sus antiguos poblados, pero en otros muchos sitios permanecen bajo protección policial, esperando el momento de poder volver a sus propias casas. Algunas se han hecho Hindúes; otras muchas luchan para mantenerse unidas a Cristo y sus valores, en medio de tanta persecución.
Nuestra modesta descripción de tan penosos hechos, nos han hecho pensar que la Virgen María, Madre de la Compañía y su Misericordioso Hijo Jesús, han desplegado especial protección sobre las Hermanas y los pobres bajo su cuidado, en este gran desastre. Con fe sencilla, me han contado muchas veces, que las Hermanas fueron colocando profusamente medallas de la Virgen Milagrosa por diferentes partes de nuestras Casas. ¡Dios sea bendito!

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WebJCP | Abril 2007