“En los suburbios de Buenos Aires y en los pueblos del interior, con relativa frecuencia, he visto pintada una frase: ‘Sólo la fe salva’. Me preocupó el origen de la misma: si tal vez sería fruto de la polémica con Lutero sobre ‘la justificación por la sola fe’. Después, pensándolo mejor, me pareció excesivo que alguien hubiese llevado a las paredes una discusión teológica. La frase traduce lo dicho por Jesús a Jairo, el papá de la niña muerta: ‘No temas, basta que creas’. El texto original dice literalmente: ‘No temas, sólo cree’. Y es así. Sólo la fe en Jesús nos salva. Es decir, la adhesión a él de todo nuestro ser, con todo lo que somos: inteligencia, voluntad y sentimientos”. Así lo expresó el arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Juan Giaquinta, en su reflexión semanal.Sin embargo, admitió que “en la teología católica, muchas veces, hemos señalado la fe como acto exclusivo de la inteligencia. Lo cual no ha sido sin consecuencias pastorales negativas”, y se preguntó entonces “si en esto no está la raíz de una desviación que todavía se advierte en la predicación y en la catequesis: hacer de ellas una exposición doctrinal de verdades, más que instrumentos al servicio de la pedagogía de la fe viva, que desemboque en el amor del catecúmeno a la persona de Jesucristo y en una vida conforme a su Evangelio”. En ese sentido advirtió: “De allí que no siempre se dé la debida importancia a la vida de oración del catequista y del predicador. Y que importe más la metodología y la fatiga pastoral que la vida santa del pastor”.
“Cada uno puede dar su testimonio de cómo llegó a la fe -agregó-. Difícilmente haya llegado por la simple escucha de verdades religiosas bien expuestas. En mi caso, me abrí a la fe porque recibí el testimonio de la fe viva de mis padres y de mi catequista, teológicamente ignorantes, pero que entregaban su vida íntegra a Jesucristo. Al verlos cómo vivían, la fe crecía en mí. Y con la fe, crecía la Vida”.
Por último, tras recordar que “la fe en Jesús origina en el creyente la Vida eterna, y supera todos los límites que se le interponen”, monseñor Giaquinta concluyó: “La fe es como el amor. Éste, si se lo retiene, se marchita; si se lo expresa, crece”.+
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