Publicado por Esquila Misional
En la actualidad, como en otras épocas de crisis, es común que los seres humanos centren su visión del mundo según sus propias creencias o status quo. Esta posición nos puede llevar a perseguir opositores, como lo hizo el joven Saulo, hasta que: ¡se cayó del caballo!

¿No te ha pasado que durante una charla familiar o con amistades, alguien con «ciertos» valores éticos, políticos, culturales o religiosos, cree firmemente que, «con todo y crisis, el mundo está bien»; sobre todo si a esa persona «le va bien» económica y socialmente? Pero ¿te ha tocado experimentar cuando a «ese alguien» (incluso tú o yo) a quien «la vida le sonríe», es «tirado del caballo», como vulgarmente decimos cuando se presenta un problema, y haciendo alusión al instante en que Jesús se manifiesta ante Saulo de Tarso y lo deja parcialmente ciego y, al parecer, sin esperanza y sin su «gran futuro»?
A este punto, muchos de ustedes, supersticiosamente, ya estarán «tocando madera» para que «nadie» los «tire». Si Jesús «tiró del caballo» a una persona tan «preparada y estable» como Pablo, ¿por qué creer que si «caemos» es para derribar nuestro prominente futuro; un momento para perder la fe y la esperanza? Hoy, a este tipo de «caídas», algunos estudiosos las llaman: «áreas de oportunidad», es decir, un problema que se presenta, se supera, y casi siempre se aprende algo nuevo de él. ¿Por qué no aprender de esta gran «área de oportunidad» que es Jesús para salir de la ceguera de nuestras comodidades y trabajar por un mundo más justo e igualitario como lo hizo san Pablo?
En tiempos de Pablo, había muchas crisis en «el mundo»; él era un hombre perteneciente a tres culturas: la judía, la romana y la griega; y ante su propia «caída», medita lo acontecido, aprende sobre Jesús y sale adelante. Es como si un policía de nacionalidad norteamericana, pero de ascendencia mexicana persiguiera hoy migrantes y de repente, los defendiera...
Actualmente creemos que somos la única sociedad en crisis (y vaya que la globalidad las ha hecho muy extensas e intensas), y frente a nuestras «caídas», en lugar de entenderlas como una misión que nos pide Jesús, nos deprimimos en el «¿por qué a mí?». Parece como si para los católicos que somos «tirados del caballo», Jesús fuera un «mal», y que en lugar de entender las caídas como «nuevas misiones», nos encerramos en nuestras «doctrinas» para combatir duramente a los «opositores», incluyendo padres, hermanos, hijos o amigos...
Culpamos a otros o a los sistemas económicos, cuando en realidad, como personas «sostenemos y reproducimos» los esquemas actuales «porque, a la mala, pero funcionan»; somos igual de injustos al momento de compartir «lo nuestro» con los demás. Quizá algunos de nosotros pensemos que nada cambiará; otros, cómodamente desde nuestra pasiva cristiandad, sólo nos limitaremos a «orar» por el mundo, sin envolvernos en esa «atrevida radicalidad paulina». La «visualización de nuevas estructuras» es la enseñanza que deja esta caída y ceguera temporal de Pablo dentro de su propia «crisis global».
Parece que hemos mordido el anzuelo publicitario de que «si alguien “cae” o es pobre, es por su culpa», porque no aprendió de sus «áreas de oportunidad», ¿por qué como cristianos no nos comprometemos, con todos nuestros valores multiculturales y globales, con los más pobres y perseguidos, aunque sean «opositores»?, ¿necesitamos que nos tiren del caballo?, ¿hemos visualizado e implementado nuevas estructuras para hacer un mundo más justo?
Más allá de las crisis, Pablo «vivió en Jesús», esto lo llevó a entender que ese «nuevo orden radical y espiritual», cambiaba incluso la «economía comunitaria»; una sólida propuesta financiera basada en «compartir con el que sufre», un proyecto del amor de Dios. ¿para alguien más se puede vivir? No nos deprimamos, construyamos la esperanza, alegrémonos en el Señor. ¡Cambiemos de canal!, porque ni las crisis ni los sistemas ni las epidemias... «podrán separarnos del amor de Cristo», ¿por qué nos avergüenza testimoniar esto?

¿No te ha pasado que durante una charla familiar o con amistades, alguien con «ciertos» valores éticos, políticos, culturales o religiosos, cree firmemente que, «con todo y crisis, el mundo está bien»; sobre todo si a esa persona «le va bien» económica y socialmente? Pero ¿te ha tocado experimentar cuando a «ese alguien» (incluso tú o yo) a quien «la vida le sonríe», es «tirado del caballo», como vulgarmente decimos cuando se presenta un problema, y haciendo alusión al instante en que Jesús se manifiesta ante Saulo de Tarso y lo deja parcialmente ciego y, al parecer, sin esperanza y sin su «gran futuro»?
A este punto, muchos de ustedes, supersticiosamente, ya estarán «tocando madera» para que «nadie» los «tire». Si Jesús «tiró del caballo» a una persona tan «preparada y estable» como Pablo, ¿por qué creer que si «caemos» es para derribar nuestro prominente futuro; un momento para perder la fe y la esperanza? Hoy, a este tipo de «caídas», algunos estudiosos las llaman: «áreas de oportunidad», es decir, un problema que se presenta, se supera, y casi siempre se aprende algo nuevo de él. ¿Por qué no aprender de esta gran «área de oportunidad» que es Jesús para salir de la ceguera de nuestras comodidades y trabajar por un mundo más justo e igualitario como lo hizo san Pablo?
En tiempos de Pablo, había muchas crisis en «el mundo»; él era un hombre perteneciente a tres culturas: la judía, la romana y la griega; y ante su propia «caída», medita lo acontecido, aprende sobre Jesús y sale adelante. Es como si un policía de nacionalidad norteamericana, pero de ascendencia mexicana persiguiera hoy migrantes y de repente, los defendiera...
Actualmente creemos que somos la única sociedad en crisis (y vaya que la globalidad las ha hecho muy extensas e intensas), y frente a nuestras «caídas», en lugar de entenderlas como una misión que nos pide Jesús, nos deprimimos en el «¿por qué a mí?». Parece como si para los católicos que somos «tirados del caballo», Jesús fuera un «mal», y que en lugar de entender las caídas como «nuevas misiones», nos encerramos en nuestras «doctrinas» para combatir duramente a los «opositores», incluyendo padres, hermanos, hijos o amigos...
Culpamos a otros o a los sistemas económicos, cuando en realidad, como personas «sostenemos y reproducimos» los esquemas actuales «porque, a la mala, pero funcionan»; somos igual de injustos al momento de compartir «lo nuestro» con los demás. Quizá algunos de nosotros pensemos que nada cambiará; otros, cómodamente desde nuestra pasiva cristiandad, sólo nos limitaremos a «orar» por el mundo, sin envolvernos en esa «atrevida radicalidad paulina». La «visualización de nuevas estructuras» es la enseñanza que deja esta caída y ceguera temporal de Pablo dentro de su propia «crisis global».
Parece que hemos mordido el anzuelo publicitario de que «si alguien “cae” o es pobre, es por su culpa», porque no aprendió de sus «áreas de oportunidad», ¿por qué como cristianos no nos comprometemos, con todos nuestros valores multiculturales y globales, con los más pobres y perseguidos, aunque sean «opositores»?, ¿necesitamos que nos tiren del caballo?, ¿hemos visualizado e implementado nuevas estructuras para hacer un mundo más justo?
Más allá de las crisis, Pablo «vivió en Jesús», esto lo llevó a entender que ese «nuevo orden radical y espiritual», cambiaba incluso la «economía comunitaria»; una sólida propuesta financiera basada en «compartir con el que sufre», un proyecto del amor de Dios. ¿para alguien más se puede vivir? No nos deprimamos, construyamos la esperanza, alegrémonos en el Señor. ¡Cambiemos de canal!, porque ni las crisis ni los sistemas ni las epidemias... «podrán separarnos del amor de Cristo», ¿por qué nos avergüenza testimoniar esto?







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