El ‘Instrumentum Laboris’ para el Sínodo de octubre insiste en la importancia de dar ejemplo

“Desde que se celebró el primer Sínodo africano en 1994, la sociedad africana ha pasado por cambios significativos“. Es el análisis global que hace de los problemas africanos de hoy el Instrumentum Laboris, el documento de trabajo que guiará las discusiones de los obispos durante el próximo Sínodo africano, que tendrá lugar en Roma del 4 al 25 de octubre, y que gira en torno al tema La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz. Por lo que se lee a continuación, no todos esos cambios son buenos, y algunos son nefastos.
El documento señala la sed de poder de muchos líderes, los intereses de “fuerzas del exterior” y el tráfico de armas como las causas que siguen alimentando infinidad de conflictos que se libran hoy en África. En el plano religioso, la “sed de Dios”, reflejada en el fuerte crecimiento del número de fieles y de vocaciones sacerdotales, se manifiesta también, “paradójicamente, en la proliferación de las sectas“.
En el ámbito económico, destaca que la falta de comercio dentro del continente y los “programas impuestos por instituciones financieras internacionales” traen consecuencias negativas ,y el documento es también muy crítico con las multinacionales. En el plano cultural, África tiene infinidad de valores que ofrecer al mundo: respeto por los ancianos y las madres, solidaridad, hospitalidad, ayuda mutua, etc. Pero una nueva laxidad moral y la “cultura de la exaltación de la violencia” amenazan con destruirlos.
Ante este panorama, se recuerda que el papel de los discípulos de Jesús es ser “sal de la tierra y luz del mundo” para transformar esta situación. En el capítulo segundo se muestra cómo ejercer esta tarea. Lo primero es dar buen ejemplo con la propia actitud de los pastores, -que además es una de las conclusiones fundamentales del documento-, pero el texto llama también la atención sobre la marginación de la mujer dentro de la Iglesia, el pago de salarios injustos a personas empleadas por sus instituciones y la “falta de transparencia administrativa por parte de algunos pastores”.
Tras esta autocrítica, el documento a de trabajo arremete contra una serie de males como la corrupción, el nepotismo y, particularmente, la invasión de semillas transgénicas que sufre África. Los dos últimos capítulos abren caminos para la acción de la Iglesia en África, empezando por la inculturación.







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