Publicado por MISNA
“Estoy procesado por mi misión de sacerdote, la de acompañar a mis hermanos indígenas y campesinos en sus justos reclamos, para que se les restituya la dignidad y le derecho a un trozo de tierra”. Así explica el misionero pasionista italiano Mario Bartolini, de 70 años (de los cuales pasó 31 en Ecuador) los motivos que hoy lo llevaron a Yurimaguas, en la región amazónica de Loreto en el Nordeste del país, para responder por varias acusaciones ante los magistrados locales.Normalmente imposible entrar en contacto con la parroquia de Barranquita –una zona de la selva peruana que abarca 24 aldeas y en la que sobreviven 9.000 habitantes sin corriente eléctrica ni agua potable– el padre Bartolini habla “en español, porque después de más de 30 años me cuesta el italiano”. Con tono firme, el misionero explica: “Soy objeto de una investigación preliminar por varios cargos: ‘disturbios’ y ‘alteración del orden público’, como si hubiera planificado desórdenes, delitos contra el sistema de transportes y servicios públicos, y ‘apología del delito’, pero no está claro de qué delito se trata”.
El misionero insiste en recordarnos que desde hace por lo menos tres años, la zona de Barranquita es objeto de interés de varias empresas. La última en hacer su aparición en la zona es la gigante local de la agricultura, ‘Grupo Romero’, que obtuvo la autorización del gobierno de Lima para explotar grandes extensiones de selva virgen para plantar monocultivos destinados a la producción de bio-combustibles. Estos emprendimientos modifican el hábitat de la zona y privan a los campesinos locales de la única forma de sustento disponible.
La ley peruana establece que las tierras pertenecen al estado, a menos que hayan títulos de propiedad, de los cuales los campesinos normalmente carecen, a pesar de haber ocupado y cultivado la tierra durante muchos años. Sobre los indígenas pende por lo tanto la amenaza de desalojos forzados y de la destrucción del medio ambiente. El padre Mario se ha opuesto a esta amenaza, poniéndose al lado de los habitantes de la zona y promoviendo un movimiento que tiene el apoyo también del Vicariato Apostólico de Yurimaguas.
“El único modo que el gobierno ha encontrado para romper la protesta de nuestros pueblos es el de demonizar la movilización y de etiquetar de terroristas y agitadores a los que defienden a esta gente. Yo, como varios dirigentes comunitarios, ya tengo detrás mío dos procesos. Uno ganado, que ahora está en etapa de apelación y no sé cómo terminará, y el segundo suspendido. Ahora que vuelvo a ponerme del lado de los indígenas, sufro nuevas acusaciones” sigue diciendo el religioso. Ha sido amenazado de muerte por haber denunciado el acaparamiento de tierras de los ‘campesinos’ por parte de las empresas dedicadas a la explotación de los recursos amazónicos.
Mirando más allá de Barranquita, el padre Bartolini condena con fuerza la violencia del pasado fin de semana que provocó un número aún desconocido de muertos en la cercana zona de Bagua: según el gobierno, unos 30, en su gran mayoría policías; entre 30 y 50, todos ellos civiles, según las organizaciones de pueblos indígenas. “El gobierno no vencerá esta disputa criminalizando, amenazando y matando a los campesinos. El uso de la violencia es signo de la debilidad de un gobierno que se aleja cada día de las problemáticas de los peruanos y del mundo amazónico, que desconoce totalmente la cultura y la misma existencia de nuestros pueblos”, dice el misionero.
Los decretos legislativos que están en la base de la mayor movilización indígena del segundo mandato del presidente Alan García, acompañados de la imposición del estado de sitio en varios distritos amazónicos “amenazan el medio ambiente y la vida de nuestros pueblos, respondiendo a presiones de grupos económicos que pretenden apropiarse de las tierras de los indígenas”, sigue diciendo el misionero pasionista. Y rechaza con fuerza la tesis del gobierno que acusa a los indígenas de haber dado vida a la violencia, luego de dos meses de movilización pacífica. “La única finalidad de esta propaganda –explica el padre Bartolini antes de concluir la comunicación telefónica con la MISNA– es la de eliminar a nuestros dirigentes ‘campesinos’ para que los peruanos se callen ante la imposición de un modelo de desarrollo querido por el gobierno contra el pueblo y a sus espaldas”.







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