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miércoles, 13 de mayo de 2009

"Los católicos se sostienen a base de fe", afirma el sacerdote argentino, único párroco en Gaza

Publicado por Valores Religiosos

"Las palabras del Papa dicen mucho para nosotros, para la población de Gaza, que vive una situación de posguerra muy dura". A pesar de que su patria natal es Argentina, el padre Jorge Hernández se incluye ya entre los ciudadanos de la Franja, donde ejerce como único párroco católico.

El martes acudió a la misa celebrada por Benedicto XVI en Belén junto a sus nuevos compatriotas. Finalmente, un total de 95 gazatíes pudieron cruzar los controles militares y llegar al lugar en el que la iglesia sitúa el nacimiento de Jesús, en la actual Cisjordania.

Otros 400 debieron seguir la visita del Pontífice por televisión, ya que Israel denegó los permisos de salida.

Para los que llegaron y para los que se quedaron fue un consuelo recibir los saludos de Benedicto XVI durante la ceremonia. "Estén seguros de mi solidaridad con ustedes en el inmenso trabajo de reconstrucción que afrontan, y de mis oraciones para que el embargo sea levantado pronto".

"Se trata de una situación muy dura para todos allí, también muy dura para los cristianos", cuenta Hernández. Durante la guerra de enero murieron cinco personas de esa pequeña comunidad, otros muchos perdieron casi todo lo que tenían en los bombardeos.

El párroco cree que sus feligreses, cerca de 300 católicos, soportan a base de fe. También hablaba así una de las mujeres llegadas de la Franja un día antes. "Espero que el mundo rece con nosotros", comentaba al término de la misa en una especie de conferencia de prensa improvisada. Y es que el interés de los periodistas por entrevistar a los gazatíes provocó que algunos de ellos se vieran rodeados por micrófonos y cámaras en cuestión de segundos.

Otros optaban por pasar desapercibidos. Como las monjas europeas septuagenarias que trataban de ver más de cerca al Papa subiéndose a las sillas de plástico. Ellas, como el padre Hernández, también sienten que el de Gaza es su pueblo, después de pasar treinta años en uno de los campos de refugiados del territorio palestino.

Y otros esperan que ésa sea pronto su tierra. Es el caso de Clemens, una jovial hermana de la Orden del Verbo Encarnado que dejó su San Juan natal, en Argentina, para instalarse en Oriente Medio. A ella, que vive desde hace un tiempo en El Cairo, le encantaría trasladarse de la capital egipcia a Gaza, pero explica lo difícil que es obtener las autorizaciones necesarias, también para las monjas.

La ceremonia de Belén, una ciudad engalanada para la ocasión, fue especialmente emotiva para ella. "Estamos aquí, al lado del pesebre en el que nació Cristo", recordaba Clemens. "Los palestinos no tiene posibilidades de salir para ver a su Santidad en otros lugares, por eso es tan importante que él haya venido hasta aquí", contaba, para destacar después lo importante de la visita "históricamente y lo importante que es para la minoría cristiana".

Clemens está visiblemente cansada después de agitar incansable una enorme bandera argentina durante los ultimos días y afónica de tanto cantar y saludar al Papa durante su periplo. Lo acompaña desde el inicio junto a su familia religiosa y también con parte de la biológica. Junto a ella viaja Fátima, su hermana de sangre, también misionera en Egipto, pero en la ciudad de Alejandría.

En Jordania, la primera estación del viaje papal, se unió a ellas una tercera hermana, que sirve en Siria. Hubiera sido difícil para ella cruzar a Israel y regresar a Damasco con un visado del Estado hebreo en el pasaporte. La peregrinación por Tierra Santa también está marcada por las fronteras y la política.

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WebJCP | Abril 2007