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lunes, 11 de mayo de 2009

Amazonas brasileño: Creatividad indígena


Por Hna. Felicidad María Luis
Misionera de la Consolata
Publicado por Antena Misionera

Desde la misión de Catrimani situada en el corazón del Amazonas brasileño, en el estado de Roraima, la Hna. Felicidad, misionera de la Consolata mozambiqueña, nos habla de una iniciativa llevada adelante por un grupo de Yanomami.

Hace unas semanas fui en canoa al poblado de Waroma, para visitar a la comunidad indígena, para ver y sostener la actividad de la escuela comunitaria construida hace poco.

No ha sido un largo viaje, como con frecuencia sucede al visitar los poblados que están a lo largo del río Catrimani, poco más de 1 hora de navegación nos ha permitido llegar a Waroma. Esta comunidad está formada por 65 miembros fieles a las tradiciones culturales y religiosas yanomami. Visitando este grupo, llama la atención cómo la comunidad cultiva los valores humanos: el respeto mutuo –sobretodo los jóvenes hacia los adultos y los ancianos-, la generosidad, la laboriosidad, la solidaridad, y un fuerte sentido de pertenencia comunitaria. Las mujeres, por su parte, se distinguen por la delicadeza, la presencia discreta y atenta hacia todos.

En estos últimos años, la comunidad indígena de Waroma, respecto a otros grupos, ha dado un salto cualitativo en lo que respecta a la organización interna. De hecho, ha buscado nuevas formas –compatibles con la cultura- para mejorar el nivel de vida de toda la comunidad. El último esfuerzo ha sido la escuela comunitaria.

Cuando se habla de un “poblado” Yanomami, no lo puedo comparar a los africanos que conocía formados por un grupo de chozas uni-familiares; el poblado para quienes habitan a lo largo del río Catrimani está formado por un única gran construcción multi-familiar, llamada maloca. Por eso, los 65 habitantes de Waroma viven en un único espacio común, y dentro de él se desarrollan todas las actividades normales de la vida.

Hasta hace poco tiempo también la enseñanza escolar se desarrollaba en el centro de la maloca, todos podían seguir las clases, sin embargo eran interrumpidas por el resto de actividades (los pequeños jugaban, los hombres que volvían de la caza o de la pesca hacían sus comentarios, las mujeres cocinaban…). La comunidad, que apreciaba la importancia de la educación, vistas las dificultades “domésticas”, decidió construir un lugar apropiado para la actividad escolar.

Había oído comentarios, pero quedé muy sorprendida al ver con cuánto cuidado y funcionalidad había sido construida la escuela comunitaria. Se trata de un aula pensada y realizada por los miembros de la comunidad, con materiales locales, espaciosa y bien iluminada, amueblada con bancos, la mesa para el maestro, los estantes para colocar el material didáctico, una amplia pizarra…

A lo largo de las paredes hay una exposición de cartulinas: en algunas se representan los animales, en otras los objetos de uso común, junto a cada figura se ha escrito el nombre en lengua yanomami y en portugués. Son verdaderos diccionarios bilingües ilustrados.

Pregunto quién ha hecho el trabajo, y el maestro me responde que ha sido obra de los alumnos: un método elegido por los maestros y la comunidad, un motivo de orgullo para los niños y las niñas, una forma de valorar el material didáctico y reforzar el sentido de pertenencia a la escuela.

En Waroma, como en todas las malocas de la misión de Catrimani, las clases se desarrollan por la mañana, excepto los días en los que el grupo está comprometido en actividades esenciales para la vida de la comunidad: cacerías en grupo, reuniones y fiestas comunitarias…

La escuela es frecuentada además de por chicos y chicas, por algunas mujeres interesadas en aprender a leer, escribir y hacer las cuentas en la lengua local y nacional, es decir yanomami y portugués. Los maestros son dos y han sido formados en la misión de Catrimani.

Cada año el equipo misionero que reside en Catrimani, programa jordanas de estudio y actualización para los maestros, para aquellos que desean mejorar sus conocimientos y convertirse en “multiplicadores” del saber tanto en su grupo de pertenencia como en otras malocas. En las jornadas de estudio además de las materias estrictamente escolares y didácticas, se profundiza en los Derechos Humanos especialmente aquellos que en la legislación brasileña se refieren a los indígenas.

El objetivo principal de estos encuentros es ayudar a los líderes a tomar conciencia de una realidad que cambia, de prepararlos a fin de que puedan participar en los encuentros provinciales que se desarrollan en Boa Vista, capital de estado de Roraima, y en los encuentros nacionales donde los líderes indígenas de diversas etnias se encuentran con las autoridades civiles brasileñas e internacionales, para debatir problemas comunes y buscar soluciones.

Los Misioneros y Misioneras de la Consolata, junto a la iglesia de Roraima, y otras fuerzas comprometidas a favor de los indios, desde hace años, llevan adelante este trabajo de formación y se van viendo los frutos: están aumentando continuamente los indígenas que sabiendo leer y escribir en las dos lenguas, salen del aislamient.

Para quienes trabajamos entre los Yanomami es una consolación ver que un pueblo bien afianzado en su cultura se abre a lo nuevo y es capaz de presentarse con dignidad en los organismos y ministerios gubernamentales para reivindicar sus derechos y con responsabilidad asumir los propios deberes.

El sueño de todos es que puedan surgir líderes indígenas capaces de organizar y acompañar a su pueblo en la búsqueda de un futuro más justo en este rincón del Amazonas brasileño.

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WebJCP | Abril 2007