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MISIONEROS EN CAMINO: mayo 2009
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domingo, 31 de mayo de 2009

Oración: SEÑOR, PASA HASTA EL FONDO

Por Mª Patxi Ayerra


No permitas que nos encerremos en nuestros duelos ni autocompasiones,
no nos dejes dar demasiada importancia a lo que nos ocurre,
impide que la enfermedad, el paro, el desamor, o las desgracia nos bloquee,
porque entonces vivimos sin ti, y así no hay forma de superarlas.

¡Cuántas veces nos has demostrado que vivimos anclados en nuestra pena
y lo único que nos libera es dejar de autocompadecernos y escuchar al otro!
Minimiza, Señor, nuestros miedos y vuélvenos misericordiosos,
compasivos con los hermanos y adivinos de sus dificultades.
Sólo así podremos sanarnos y recuperar la energía vital.

Entra, Señor, pasa hasta el fondo, al silencio de mi corazón,
más allá de mi cabeza ruidosa y de mi mente egocéntrica.
Pasa y hazme sentir como Tú, amar como Tú, acompañar como Tú.
Porque quiero saber aliviar el dolor de los otros, perdonar siempre,
Descargar el peso de la vida y desculpabilizar y liberar a mis hermanos.

Pasa, Señor, aunque yo no te busque, distraído en los afanes de la vida, pasa…
eres tú el único que da sentido a mi existencia,
el que minimiza mis errores y me vuelve misericordia inmediata,
amor gratuito, amistad regalada y caricia de vida.

Cuando te dejo entrar en mí, me tomas al asalto y me vuelves todo amor.
gracias por estos miedos que te reclaman,
gracias por mis fragilidades, que me quitan prepotencias,
gracias porque siendo pequeño, Tú me vuelves grande y capaz,
gracias porque contigo soy luz para el camino oscuro de la vida
y sal que aporta chispa y humor para facilitar las situaciones.

Gracias por entrar… por pasar hasta el fondo de mí…

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Evangelio Misionero del Día: Lunes 01 de Junio de 2009

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 1-12

Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y les dijo:
«Un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
A su debido tiempo, envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía. Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.
De nuevo les envió a otro servidor, y a éste también lo maltrataron y lo llenaron de ultrajes. Envió a un tercero, y a éste lo mataron. Y también golpearon o mataron a muchos otros.
Todavía le quedaba alguien, su hijo, a quien quería mucho, y lo mandó en último término, pensando: "Respetarán a mi hijo". Pero los viñadores se dijeron: "Éste es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra". Y apoderándose de él, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros. ¿No han leído este pasaje de la Escritura:
"La piedra que los constructores rechazaron
ha llegado a ser la piedra angular:
ésta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"?»
Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque como prendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron.


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Entregar los frutos responsablemente
Marcos 12,1-12
“Mandó a un criado a pedir a los labradores la parte de la cosecha”


Nuevamente Jesús toma la palabra y esta vez lo hace por medio de una parábola bastante conocida: la de los labradores malvados.

Jesús presenta al personaje central de la parábola: “Un hombre” y probablemente dueño de extensiones de tierra. Nos describe a continuación muy bien la actividad de este hombre que “plantó un viñedo y le puso un cerco, preparó un lugar donde hacer el vino y levantó una torre para vigilarlo todo”. Vemos a un hombre ocupado en preparar su viña y muy seguramente pensando ya en los frutos que le pueda dar.

Este hombre debía partir; entonces alquila la viña a unos viñadores y se fue confiando en el buen trabajo y en los frutos que daría la viña pues había sido bien sembrada.

Pasa el tiempo y el hombre, calculando que ya era el tiempo de los frutos manda sucesivas misivas a recoger la parte que le corresponde. Pero la cosa no era tan fácil. Ya los arrendatarios, por así decirlo, se habían adueñado de la viña y por consiguiente de sus frutos.

Las agresiones hechas a los mensajeros enviados van en aumento:
Al primero lo golpean y lo mandan con las manos vacías. (3)
Al segundo lo hieren en la cabeza y lo insultan. (4)
Al tercero lo matan. (5)

Los intentos del dueño de la viña por recibir sus frutos son vanos. Y uno a uno sus siervos reciben el atropello de los labradores malvados.

Pero el hombre no se rinde. Aún le queda otra oportunidad. Tiene a su amado hijo. Piensa que precisamente por ser su hijo lo respetarán y enviarán con él la parte que le corresponde. Pero no pensaban así esos labradores. A toda costa querían adueñarse de todo y ¿qué ocasión más propicia podían encontrar? Ese era nada menos que el Hijo, el heredero. Si lo quitaban del camino ellos serían los herederos. Y así lo hicieron. Lo mataron.

A este punto, Jesús, lanza una pregunta como queriendo cuestionar a sus interlocutores: “¿Y qué creen ustedes que hará el dueño del viñedo?”(9) Y sin dejar espacio a la respuesta él mismo agrega: “Pues irá y matará a los labradores y entregará el viñedo a otros” (9). Es una conclusión obvia. Si no se encuentra respuesta por parte de ellos, lo harán otros que respondan mejor.
Esta parábola nos trae unos elementos que podemos identificar claramente confrontándola con la realidad de Israel y con nuestra propia realidad.

Dios Padre es el dueño de la Viña, el que la ha trabajado y la entrega en las mejores condiciones, así nos lo presenta San Juan en su evangelio: “Mi Padre es el viñador” (15,1).
La viña es el pueblo de Israel. Esa viña Dios la ha entregado a unos labradores. Los jefes que uno a uno han pasado y la han gobernado. Algunos responsablemente otros aprovechando ‘el cuarto de hora’.

Pero aún hay un personaje que diríamos central: El Hijo amado enviado por el Padre y que desafortunadamente no corrió con buena suerte. Ese Hijo es Jesús, enviado por el Padre para nuestra salvación. Para recibir los frutos a su tiempo y convertirlos en certeza de salvación eterna.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. La parábola que Jesús narra presenta los siguientes personajes. Identifíquelos de acuerdo a la realidad del pueblo de Dios. (Viña, dueño de la viña, criados, labradores malvados, hijo,)

2. ¿Qué nos quiere decir Jesús a través de la Parábola de los viñadores malvados? ¿En qué momentos de la vida podemos estar actuando como ellos?

3. ¿Cómo puedo hacer vida la Palabra que me ofrece Dios hoy?

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Pentecostés es la seguridad de que el Espíritu nos convoca a la unidad desde una sana diversidad

Por Alejandro Fernández Barrajón*

Ya ha pasado el tiempo del Padre Creador que constituye un pueblo y hace con él alianza de amor. Ya ha pasado el tiempo de Jesucristo, el Redentor; de su anuncio, de su vida y de su muerte y resurrección que alimenta la vida cristiana. Ahora es el tiempo del Espíritu, el gran olvidado en la fe de los creyentes. Sin el Espíritu de Dios en nosotros somos papel mojado. Dice Monseñor Hazim: «Sin el Espíritu Santo, Dios queda lejos, Cristo pertenece al pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una mera organización, la autoridad un dominio, la misión una propaganda, el culto una evocación, el obrar cristiano una moral de esclavos. Pero con Él, el cosmos se eleva y gime en el alumbramiento del Reino, Cristo resucitado se hace presente, el Evangelio es potencia de vida; la Iglesia, comunión trinitaria; la autoridad, servicio liberador; la misión, un nuevo Pentecostés; el culto, memorial y participación; el obrar humano queda deificado».

Pentecostés es la seguridad de que el Espíritu nos convoca a la unidad desde una sana diversidad. En este proyecto de ser Iglesia todos tenemos parte y protagonismo. Todos los colores, todas las ideas, todas las culturas están llamadas a ser y a vivir el gozo de la Buena Nueva del Evangelio. Para eso es necesario ir superando mentalidades excluyentes, actitudes de juicio y condena, mentalidades fariseas y puras, para entrar en esa sana pluralidad de ser hombres y mujeres convocados a una mesa común.

Dos fueron en su origen los sentidos de la palabra hebrea ruah, espíritu: viento y aliento. Para Lucas la ruah es fuerza que inunda y resuena como un viento fuerte: «De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban». Está resaltando la fuerza creadora y transformadora. Para San Juan es, sobre todo, experiencia de libertad: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu».

En el fondo Pentecostés es como una nueva creación donde el Espíritu vuelve a llenar toda la tierra como aquel aliento que Dios insufló al polvo del camino para modelar al hombre en el principio de la creación. Pentecostés es la oportunidad de acceder a una vida nueva, la vida en el agua y en el Espíritu desde la libertad de cada uno de nosotros. No estamos, pues, condenados a lo de siempre, marcados definitivamente por nuestro barro y nuestro pecado, por nuestro pasado y las huellas inequívocas de muerte que llevamos en nosotros. No estamos condenados. El Espíritu de Pentecostés nos quiere criaturas nuevas. A cualquier edad y en cualquier circunstancia es posible un nuevo nacimiento. Para ello necesitamos contar con el Espíritu de Dios y dejarnos modelar por Él.

Cuando estaba comenzando el siglo XX, una familia italiana emigraba a los Estados Unidos. Sólo llevan pan y queso para el largo viaje. Casi no les quedaba más dinero. Pan y queso por la mañana y lo mismo a media día y por la noche. Y así un día y otro. El pan se pone duro y el queso seco y tieso. Al niño se le atraganta aquella monotonía tan poco apetecible y llora. Sus padres, compadecidos, le dan de las pocas monedas que les quedan para que coma en el restaurante y allí el niño se entera de que la comida estaba incluida en el precio del pasaje. Sus padres no lo sabían. Vuelve el niño llorando. No se lo explican. ¿Lo hemos gastado todo para pagarte una buena comida y tú vuelves llorando? ¡Lloro porque en el precio del viaje va incluida una comida al día en el restaurante, y nosotros hemos estado comiendo pan y queso!

Muchos cristianos hacen la travesía de la vida a pan y queso, cuando podrían tener cada día espiritualmente, toda la gracia de Dios, incluida en el precio de ser cristianos, la seguridad de su amor, la claridad que da su palabra, la alegría que viene de la experiencia del Espíritu y de la comunión con los hermanos. Ser del Espíritu es querer emprender la travesía de la espiritualidad. El único sendero que puede llenar de frescura nuestro caminar monótono y materialista. Es Pentecostés, tiempo del Espíritu. Jesús se ha marchado al Padre y nos envía. No nos quedemos parados mirando al cielo.

Éste es el tiempo del Espíritu. Los cristianos hemos llegado a la mayoría de edad con la fiesta de la Ascensión. El timón de la Iglesia y la responsabilidad de la misión están ahora en nuestras manos. Jesús nos regala su Espíritu en el mismo momento en que nos envía. Espíritu y misión caminan unidos. La fiesta de Pentecostés que hoy celebramos marca el protagonismo del Espíritu en medio de la Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros, los creyentes. El Espíritu se manifiesta para el bien común y ésa es la señal de la autenticidad de nuestros carismas en la Iglesia. Un carisma que congrega, que convoca, que une, que crea comunión es del Espíritu de Dios. Un carisma que dispersa, que separa, que se encierra, que condena, no es un carisma sino una ideología partidista.

* Alejandro Fernández Barrajón es religioso mercedario, presidente de CONFER

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Testigos de Jesús

Testimonio del Monseñor Kike Figaredo, jesuíta. Trabaja desde hace muchos años con los refugiados en Camboya, especialmente con los niños y las personas mutiladas por las minas. Kike Figaredo es Prefecto Apostólico de Battambang, conocido como el Obispo de las sillas de ruedas por su labor humanitaria en Camboya.

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Laicos, ¿qué tipo de formación necesitan?

Publicado por Vida Nueva

La tarea de la formación es una necesidad fuertemente sentida en toda la Iglesia, también la de los laicos. Pero, ¿les ayuda a responder a lo que la Iglesia y la sociedad esperan de ellos? El secretario general de la Delegación de Apostolado Seglar de Madrid, Rafael Serrano, opina que “no es suficiente con una formación doctrinal: se hace cada día más urgente la formación de un laicado capaz de realizar una presencia evangélica en la vida social y pública“. Para el presidente de la Asociación Cultural Karl Rahner, José Eduardo Muñoz Negro, se impone una formación centrada en una “espiritualidad laical, formulada en preguntas de hoy, que se plasme en el compromiso por un mundo más justo y humano“.

Rafael Serrano considera que en esa tarea formativa “se debe contemplar la formación en la dimensión pública de la fe para que los cristianos podamos dialogar con el mundo de la increencia sin complejos”, pero también debe “estar orientada a cultivar en los cristianos, desde pequeños, la sensibilidad de la caridad“. En esta tarea, la parroquia y los movimientos tienen mucho que aportar. Por último, Rafael Serrano afirma que la fortaleza de la presencia pública de los cristianos “está en el testimonio y en la coherencia de vida, que sólo se consigue a través de una auténtica formación cristiana y de una espiritualidad“. Concluye, por tanto, que “ser cristiano no se consigue sin la oración, la vida sacramental y el ejercicio de la caridad“.

José Eduardo Muñoz insiste en su apuesta por “una espiritualidad centrada en el Evangelio, desde las preguntas, dudas e inquietudes de las personas de hoy“, pues considera que “es inútil catequizar a la gente desde el dogma“. En este sentido, echa en falta “una Iglesia que ayude a tener, en palabras de Karl Rahner, ‘una experiencia inmediata de Dios’“. Pone como ejemplo su propia experiencia como estudiante de medicina para explicar que “la formación laical debe posibilitar y apoyar el paso de una fe heredada a una fe adulta“: “Si no pasé rápidamente al grupo de los agnósticos, como muchos de mis compañeros, fue porque encontré gente, lecturas y experiencias que me demostraban que era posible ser creyente sin dejarme la honestidad intelectual“.

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Elecciones 2009: Mensaje de los Obispos de México


Don Carlos Aguiar Retes - Don José Leopoldo González Gonzále *

Mensaje de los Obispos de México a los fieles católicos y a los hombres y mujeres de buena voluntad, ante las próximas elecciones federales.

Introducción

1. México vive profundos cambios en su sistema político(1). El tránsito a la democracia ha implicado para nuestro pueblo, la experiencia de encuentros y desencuentros, de logros y fracasos. Si queremos hacer de la democracia un estilo de vida, habrá que valorar críticamente las experiencias, aprender de ellas y generar actitudes nuevas que nos permitan decidir el rumbo de nuestra historia.

2. Las elecciones del próximo cinco de julio son una magnífica oportunidad para hacerlo. El proceso federal nos permitirá renovar la composición de la Cámara de Diputados. Elegir a seis nuevos gobernadores, conformar nuevos Congresos locales, presidencias municipales, la integración de la Asamblea Legislativa y las 16 delegaciones políticas del Distrito Federal.

3. Por esta razón, queremos ofrecer a todos los fieles de la Iglesia Católica, a los hombres y mujeres de buena voluntad, el servicio de nuestro ministerio pastoral y contribuir, desde lo que es propio de nuestra misión, a la consolidación de la democracia en nuestro país.

4. Con la intención de hacer explícita la dimensión social del evangelio(2), consideramos importante destacar la importancia del actual proceso electoral en el contexto de los desafíos que tiene la cultura democrática en México, pues no hay democracia verdadera y estable sin justicia social, sin división real de poderes y sin la vigencia del estado de derecho(3). La democracia es un estilo de vida que implica todas las actividades humanas de participación, representación y promoción(4), que requiere de un entramado institucional y cultural fundado en valores y principios(5).

5. Compartimos esta reflexión respetando el principio de laicidad. La Iglesia católica no es un sujeto político, pero si un sujeto social, cuya misión le exige no perder su independencia ni autoridad moral para abogar a favor de los pobres. Nuestra tarea es formar conciencias, defender la justicia, la verdad y educar en la dignidad individual y política. Son los fieles laicos católicos quienes, conscientes de su responsabilidad en la vida pública, deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en contra de las injusticias(6).

I. SITUARNOS EN LA REALIDAD

6. Vivimos tiempos difíciles que nos exigen actitudes definidas y comprometidas. No podemos quedarnos en la pasividad provocada por el pesimismo y el miedo. El desaliento en muchos casos puede ser expresión del acercamiento simplista a la realidad e incapacidad por enfrentar los problemas. Ante la realidad es necesario fortalecer en nosotros la esperanza y animarnos a asumir de manera responsable nuestro compromiso ciudadano.

Sin justicia social no hay democracia

7. La crisis financiera global y sus desequilibrios nos está afectando. La recesión económica agudiza las condiciones de vulnerabilidad de grandes sectores de la población mexicana. Se hace más difícil superar la pobreza ancestral, surgen nuevos rostros de la pobreza y aumenta el desempleo. Es urgente que la democracia alcance un sistema económico más justo. Están a la vista los excesos de las políticas neoliberales del sistema financiero que entrega a los pobres a la voracidad de los dueños del dinero.

8. No se puede medrar con el hambre y la desesperación de los ciudadanos en este momento de elevado desempleo, carestía y bajísimos salarios. La magnitud de la pobreza y la acentuada desigualdad que se vive México, hacen insuficientes los esfuerzos de los distintos niveles de gobierno, lo que provoca insatisfacción en muchos ciudadanos.

9. Los desafíos de la educación son serios y graves. En muchos lugares no hay instalaciones dignas. La educación pública y privada tiene el reto de educar en las virtudes sociales y formar hombres y mujeres con sentido solidario, capaces de hacer frente a la seducción del individualismo salvaje y de los espejismos del mercado. La capacidad de organización del magisterio, debe tener un mayor sentido de responsabilidad social, por encima de intereses de partido o de grupo y canalizarse en favor de los educandos.

10. La violencia en nuestra sociedad es un hecho. Se manifiesta de muchas maneras que agravian a la sociedad y que lastiman la convivencia social. Es evidente el aumento del crimen organizado (narcotráfico, secuestros, trata de personas, etc.); en torno a estas actividades ilícitas se han constituido grupos de poder que desafían al Estado. El clima de inseguridad que vive la población acentúa la percepción de un deficiente sistema de procuración de justicia. Es preocupante la crisis de sentido ético que explica el incremento de la corrupción, y que aunado a la frecuente impunidad, alienta la tentación de vivir fuera de la ley.

11. Ante este panorama la sociedad no cuenta con instrumentos jurídicos que le permitan exigir al Estado la vigencia de los derechos y garantías reconocidos en la Constitución y en los instrumentos internacionales firmados y ratificados por México. Particularmente los derechos sociales consagrados constitucionalmente son muy loables, pero la ausencia de instrumentos para exigir su cumplimiento los convierte con frecuencia en "derechos de papel".

Participación ciudadana

12. La unidad nacional es frágil. La sociedad está fragmentada. Con facilidad se forman grupos en torno a ideales, aficiones, visiones e intereses, y con la misma facilidad los gremios se confrontan al no compartir la manera de ver la historia, de valorar las coyunturas, de enfrentar las dificultades, de resolver los dilemas. El pluralismo social y cultural es legítimo y enriquecedor, sin embargo, cuando se exacerba o cuando se violenta a la sociedad, se favorecen desencuentros, se dificulta el diálogo y se impiden los consensos. La polarización social dificulta la gobernabilidad.

13. En un país democrático la ciudadanía debe dar seguimiento a las acciones de quienes ejercen el poder. El acceso a la información y la liberalización de los medios masivos de comunicación, permiten que la ciudadanía se informe de los errores, excesos, abusos, atropellos, irregularidades y hasta delitos cometidos por sus gobernantes, pero no existe forma de sancionarlos, lo que provoca sentimientos de decepción y frustración. La difusión pública de los escándalos y la ausencia de vías para sancionar a los malos gobernantes, acrecienta la percepción de impunidad, una de las grandes debilidades del Estado mexicano.

14. La actividad democrática se ha reducido a la mera participación en los procesos electorales. La aportación ciudadana, para su consolidación, supone un estilo de vida que se cultiva desde la propia familia y actitudes ordinarias que la favorezcan. Señalamos ciertos dinamismos culturales que dificultan la participación de la ciudadanía en la vida democrática de nuestro país: a) poner el interés propio o de grupo encima de las necesidades de la nación, b) hacer prevalecer los intereses individuales sobre los comunitarios c) justificar el recurso a cualquier medio, d) considerar el quehacer político como algo sucio y e) incapacidad de escucha y diálogo con quienes piensan diferente.

Vida democrática

Desconfianza en las instituciones y procesos electorales

15. Aún subsisten los efectos de la polarización generada en la pasada elección presidencial. Ha disminuido la credibilidad en las autoridades electorales y hay quienes abiertamente expresan su desconfianza en las instituciones políticas del país. Hay algunos ciudadanos que ven con recelo la democracia, que desalientan la participación y confían más en formas autoritarias de gobierno.

16. Al interior de los partidos políticos confluyen corrientes que manifiestan su poder en las distintas modalidades para la renovación de su dirigencia o en la selección de candidatos a puestos de elección popular, ocasionando fracturas internas y escisiones que no sólo debilitan a los partidos mismos sino que provocan desencanto en la ciudadanía.

17. Es una realidad que a pesar de las reformas electorales el gasto en las campañas sigue siendo altísimo. La ciudadanía demanda campañas menos costosas y un mayor compromiso de los partidos. Un país con índices de pobreza como los que hay en México no puede permitirse el lujo de hacer gastos excesivos en las campañas electorales. Esos recursos podrían destinarse a impulsar el combate contra la pobreza y el desarrollo social.

Insuficiente representatividad

18. La democracia en nuestro país es por definición una democracia representativa. Sin embargo, la forma como se reciben o asumen las decisiones que responden a los grandes desafíos de la vida nacional indica que la ciudadanía no se ve representada en ellas. Las experiencias vividas y las exigencias del momento piden revisar lo que ha significado la representatividad.

19. Cuando la ciudadanía no encuentra, en los candidatos que se le proponen, personas que puedan verdaderamente representarla en las instancias de decisión, decide abstenerse de participar. Se sabe del daño que hace a la representatividad una insuficiente participación en las elecciones, porque cuando son pocos los que votan, es el voto de unos cuantos el que define la elección. Quienes resultan electos tienen que enfrentar, además del descontento y la sospecha de quienes no obtuvieron la mayoría, la falta de legitimidad, pues ejercerán legalmente la representación que se les confía, pero sin la necesaria aceptación y el respaldo de la ciudadanía. Esto debilita a las instituciones políticas que colapsan cuando no hay en ellas una auténtica representación popular.

20. Por otra parte es necesario reconocer que aún cargamos lastres de una cultura política autoritaria. El avance en el camino democrático requiere de instrumentos de democracia deliberativa, participativa y directa que permitan a los ciudadanos y ciudadanas expresarse en torno a las grandes decisiones que deben tomarse para la vida de la nación. Existen ejemplos de buenas prácticas en algunos gobiernos municipales y en muchas comunidades indígenas aunque no todas se han consolidado en un marco legal.

Los medios de comunicación

21. Los medios de comunicación son un verdadero signo de los tiempos en nuestra era. Su contribución a la consolidación de la democracia es importante. Por su capacidad de influencia han sido llamados el cuarto poder. Quienes ejercen dominio sobre ellos tienen una gran responsabilidad social. Advertimos con preocupación que, por la influencia de los medios, la conciencia de muchas personas, de distintas edades, se adormece con el veneno cotidiano de la violencia, el sexo, el desenfreno, la mentira, la infidelidad, la desfiguración de la palabra y de la realidad política y económica.

II. EL APORTE DE LA IGLESIA PARA LA CONSOLIDACION DE LA DEMOCRACIA

22. Ante esta situación de carestía global de alimentos, de desbarajuste financiero, de pobrezas antiguas y nuevas, de cambios climáticos preocupantes, de violencias y miserias que obligan a muchos a abandonar su tierra buscando una supervivencia menos incierta, de terrorismo siempre amenazante, de miedos crecientes ante un porvenir problemático, es urgente descubrir nuevamente perspectivas capaces de devolver la esperanza(7).

23. "¿Cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y la miseria?(8)" Encontrar la respuesta nos concierne a todos. Los Obispos de la Iglesia en México, a la luz de la Palabra de Dios, queremos "reconocer los signos de Dios en todas las fatigas del hombre dirigidas a hacer el mundo más justo y habitable"(9) y, con la ayuda de la Doctrina Social de la Iglesia, nos proponemos ofrecer algunos criterios éticos y "apoyar la participación de la sociedad civil para la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política"(10).

El Buen Pastor nos enseña a ubicarnos de manera responsable en la sociedad

24. En el evangelio, a través de una hermosa comparación, Jesús se presenta a sí mismo como modelo de Pastor(11) (Cf. Jn 10,1-18). Quienes quieran o pretendan apacentar a sus ovejas, tendrán que parecerse a Él. Jesús fue muy sensible ante la carencia de verdaderos pastores, de verdaderos líderes; se conmovió ante la muchedumbre porque "estaban como ovejas sin pastor" (Mc 6,34).

25. Las ovejas, símbolo del pueblo, no siguen a un extraño, huyen de él porque no identifican su voz, en cambio siguen a su pastor porque lo conocen y están familiarizadas con él. El buen pastor por su parte, conoce a sus ovejas, les procura lo que necesitan para la vida, no las abandona, no piensa en cómo aprovecharse de ellas, sino en el bien que les puede hacer. Para que haya buenos pastores es necesario que las ovejas tengan un profundo conocimiento de quienes se presentan como sus pastores. Deben saber si les quieren hacer el bien o si pretenden aprovecharse de ellas y distinguir a los verdaderos pastores de los que sólo quieren vivir a costa suya.

26. A la luz de este icono evangélico del Buen Pastor, reflexionemos ahora en la naturaleza de la actividad política que ofrece a los cristianos un camino serio y difícil para cumplir el deber de servir a los demás(12).

Colocar la persona al centro de la actividad política

27. La persona humana es el fundamento y el fin de la convivencia política(13) y del bien común(14), que es la razón de ser de la comunidad política. De esta afirmación deriva la dimensión ética de la política que es necesario tener en cuenta, particularmente cuando la actividad política parece condicionada por el poder financiero, por la influencia de los medios de comunicación y por los avances de la técnica.

28. Considerar a la persona humana como fundamento y fin de la actividad política y aceptar el consiguiente orden ético, anima interiormente a la inteligencia y la voluntad a buscar lo que es bueno y verdadero para todos, propicia y orienta el diálogo social e impulsa la participación solidaria, que en definitiva es lo que constituye y dinamiza la comunidad política. El significado profundo de la convivencia civil y política no está en la lucha de fuerzas; sino que se encuentra en la amistad civil(15). Esta implica ver en los demás, no adversarios, sino semejantes, con quienes es más lo que nos une que lo que nos separa.

El sujeto de la comunidad política es el pueblo

29. La comunidad política encuentra en su referencia al pueblo su auténtica dimensión(16). De aquí surge el imperativo de la educación de la conciencia social del pueblo para que de acuerdo a los valores que lo congregan, sepa discernir en cada momento el bien verdadero de la comunidad y sus integrantes, así como sus exigencias morales para realizarlas en orden a la felicidad personal y a la convivencia social pacífica y ordenada. Un camino para ello es la práctica de las virtudes sociales.

30. Es necesario, mediante la formación cívica, superar la confusión que muchas veces se da entre lo que es el gobierno y lo que es el Estado(17). En la medida que la ciudadanía de nuestro país se descubra a sí misma como parte del Estado, se asumirá responsable de la soberanía nacional(18).

31. Entre los elementos fundamentales a tener en cuenta en la educación de la conciencia de los pueblos se pueden señalar entre otros: a) mostrar a todas las personas que en ellas hay una natural capacidad de conocer, de querer y de elegir la verdad y el bien; b) formar en los derechos humanos y en los deberes correspondientes, individuales y sociales, sin separarlos de su fundamento ético que se encuentra en una concepción antropológica integral; c) formar en el uso crítico de los medios de comunicación que tienen una fuerte capacidad en formar las conciencias o de adormecerlas mediante la cultura del consumo y de la violencia. La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, libertad, justicia y solidaridad(19).

La justicia es el objeto y la medida intrínseca de la política

32. Los cristianos estamos llamados a vivir la fe orientando nuestro comportamiento por las exigencias de la justicia. La construcción del orden justo de la sociedad es tarea de la actividad política y ésta goza de legítima autonomía(20). La política no puede reducirse a simples técnicas para determinar ordenamientos públicos. Su origen y meta están en la justicia y ésta es de naturaleza ética(21).

33. La justicia es una virtud dinámica y viva que defiende y promueve la inestimable dignidad de las personas y se ocupa del bien común, tutelando las relaciones entre las personas y los pueblos. La justicia, al mismo tiempo virtud moral y concepto legal, debe ser vigilante para asegurar el equilibrio entre los derechos y deberes, así como promover la distribución equitativa de los costos y beneficios. La justicia restaura, no destruye; reconcilia en vez de instigar a la venganza(22).

34. Es deber propio del Estado procurar la justicia y garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiariedad, su parte de los bienes comunes(23). Por su parte, la Iglesia no puede quedarse al margen de la lucha por la justicia. Se inserta en ella a través de la argumentación racional y despertando fuerzas espirituales sin las cuales la lucha por la justicia no puede afirmarse ni prosperar. El deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad es propio de los fieles laicos, que como ciudadanos del Estado están llamados a participar en primera persona en la vida pública, es decir, en nombre propio y bajo su propia responsabilidad(24), dado que de una misma fe pueden surgir distintas opciones(25).

35. La construcción de un orden social y estatal justo es tarea fundamental de cada generación. En ella, los fieles cristianos que viven su compromiso político como caridad social(26), deben responder a las exigencias de la justicia para evitar que la búsqueda del propio interés y el afán de poder opaquen y desvirtúen su intención de servir a los demás. Para ello cuentan con la doctrina social que les ofrece un horizonte de diálogo, a partir de la razón y desde lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano(27).

La autoridad como fuerza moral

36. La autoridad política es necesaria en razón de la tarea que le es propia y debe ser un componente positivo e insustituible de la convivencia civil. Su tarea es garantizar la vida ordenada y recta de la comunidad, sin suplantar la libre actividad de personas y grupos, sino orientándola hacia la realización del bien común, respetando y tutelando la independencia de los sujetos individuales(28).

37. La autoridad tiene la obligación de reconocer, respetar y promover los valores humanos y morales esenciales que no se fundan en mayorías de opinión. Si así fuera serían provisionales y cambiables. Tiene la tarea de mandar según la recta razón y de obligar por su conformidad con el orden moral. Sus leyes y ordenamientos son justos en la medida que promueven la dignidad de la persona humana. La obediencia que el ciudadano debe a la autoridad se fundamenta en el orden moral al que ésta sirve. Si la autoridad no actúa en orden al bien común, desatiende su fin propio y se hace ilegítima.

III. ALGUNOS DESAFIOS PARA LA CONSOLIDACIÓN DE NUESTRA DEMOCRACIA

Contribuir al fortalecimiento de una democracia integral

38. No está en discusión el valor de la democracia, aunque tenemos problemas en las modalidades de su ejercicio y en las condiciones sociales, económicas y políticas, nacionales e internacionales, que la hacen posible. Es necesario trabajar por fortalecerla recuperando en la conciencia social el sentido de la ciudadanía y el valor del principio de representatividad, colocando en el horizonte de la actividad política el compromiso por la justicia social.

39. Para contribuir al fortalecimiento de la democracia integral, nuestro aporte está fundamentalmente en la educación, pues a través de ella "es posible construir una cultura más participativa, representativa y respetuosa de la dignidad humana en todos los ámbitos, es decir, una cultura de la democracia."(29)

40. Por ello proponemos en el corto plazo, impulsar, en los espacios creadores de cultura y con distintos actores relevantes en la construcción de una cultura democrática(30), distintas actividades de formación que promuevan la participación ciudadana, insistiendo en los valores que fundamentan la democracia, en sus elementos sustanciales, estructurales y de procedimiento y en la importancia del principio de representatividad.

41. Consideramos además que es importante que en espacios plurales de diálogo se estudie y analice la conveniencia de seguir avanzando en nuevas formas de participación política ciudadana, tales como el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular y la revocación del mandato, de manera que se puedan dar avances legislativos en esta materia.

Asegurar una adecuada representatividad

42. Nuestra democracia es una democracia representativa. Recordemos que los representantes no son simples agentes pasivos de los electores y que sus objetivos no dependen exclusivamente de los intereses de partido, sino de la actuación del bien común(31). La representación política tiene una dimensión moral irrenunciable que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales. Se requiere que la autoridad sea ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio -paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad- y que sea ejercida por personas capaces de asumir, como finalidad de su actuación, el bienestar de todos y no el prestigio o el logro de ventajas personales(32).

43. Una adecuada representatividad exige a los representantes y representados evitar la corrupción política. Este cáncer de la democracia traiciona los principios éticos y las exigencias de la justicia social, compromete el correcto funcionamiento del Estado introduciendo la desconfianza en las instituciones políticas y el menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones(33).

44. Un candidato a representante debería llenar el siguiente perfil ético mínimo:

a) La honestidad es un criterio fundamental para percibir al candidato como confiable, transparente, coherente, persona de valores como la veracidad, la lealtad, la honradez. Es el principal antídoto contra la corrupción.

b) El conocimiento de las necesidades de la gente. Esto supone cercanía y sensibilidad. No basta el conocimiento técnico, es necesario un conocimiento directo que le permita descubrir las exigencias del bien común tanto en el nivel local como nacional.

c) Compromiso con la reconciliación y la justicia. Es una exigencia ética y un imperativo de la realidad que vivimos. Sólo representantes con un profundo sentido de justicia lucharán, desde el ámbito que les es propio, contra la pobreza y la desigualdad, contra la inseguridad y la violencia, contra la fragmentación social.

d) Capacidad suficiente. No basta la buena voluntad, las tareas de representación son distintas. Una función administrativa y una tarea legislativa requieren formación y capacidades diversas que no se improvisan. La demagogia siempre es engañosa.

e) Sensibilidad por los pobres, por los excluidos, por los indefensos, demostrada no sólo en las campañas electorales, sino en su vida diaria.

45. Nos proponemos impulsar, como lo hemos hecho en otras ocasiones, el voto responsable. No entendemos por ello ni proselitismo político ni política partidista. No pretendemos utilizar nuestro ministerio para influir en los fieles para que voten por una opción determinada, sino exhortarles para que disciernan críticamente y decidan conforme a su conciencia rectamente formada.

Re-valorar la función de los partidos políticos

46. Hoy los partidos políticos tienen una gran responsabilidad en el fortalecimiento de la democracia, por ello "… deben hacer siempre un serio esfuerzo para representar de un modo auténtico las aspiraciones y necesidades del pueblo(34)." Para hacer frente a esta responsabilidad deben atender a algunos desafíos: alcanzar la armonía; respetar en sus procesos internos los derechos políticos de los militantes; formarlos en su filosofía e incrementar su militancia con ciudadanos convencidos en su declaración de principios y en su propuesta política.

47. La función política de los partidos no se limita sólo a los procesos electorales. Los partidos deben ser instancias permanentes de formación política. Hoy ningún partido puede pretender tener la verdad absoluta, ni la solución única a los problemas de la comunidad. Esto exige apertura al pluralismo, tanto dentro del partido como en su relación con otras instancias de participación social y política.

48. La militancia partidista pide actitudes nuevas a la hora de plantear la propuesta política. Hoy es necesario atender, con respetuosa escucha, a las demandas, aspiraciones y necesidades del pueblo. En otras palabras, primero escuchar, después proponer. Este diálogo, escucha y propuesta, no puede limitarse a los militantes del propio partido, ni plantearse sólo como estrategia para captar el voto de los indecisos. Es un auténtico servicio a la ciudadanía que fortalece a la comunidad como sujeto de su historia.

Impulsar una responsable participación ciudadana

49. Necesitamos un horizonte cultural capaz de hacer germinar y de suscitar el renacimiento de la vida política. Esto no será posible sin una responsable participación ciudadana. El sistema político democrático exige el protagonismo de los ciudadanos en la vida pública; por eso los cristianos tienen que participar activamente en ella, pues no basta tener fe y querer hacer el bien, es necesario además dar vida a las instituciones de la vida pública y actuar con eficacia dentro de ellas(35).

50. Los cristianos no pueden eximirse por tanto de participar en las tareas políticas, pues se trata de un derecho y un deber que debe ejercerse en el marco de una sociedad pluralista. Su participación puede tener varios cauces entre los que destacan los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y cuando se trata de las jornadas electorales, el ejercicio del derecho al voto, la participación como funcionario de casilla o el apoyo de observador electoral. En cada caso han de conducirse con ejemplaridad, con sentido de responsabilidad y siempre con voluntad de servicio.

51. La educación cívica y política debe integrar dos dimensiones: la moral y la técnica. De esta manera quienes se dedican a la actividad política y se dicen cristianos serán al mismo tiempo que competentes moralmente íntegros, capaces de reconciliar la ética con la política. Este es el aporte decisivo de los cristianos al quehacer político en la sociedad democrática.

52. Para ser testigos de la esperanza hay que superar la tentación del desaliento que justifica la abstención. No se puede cambiar en pocos años ni en los primeros intentos un sistema y estilo de vida autoritario que se construyó por décadas.

53. Además de participar responsablemente en los procesos electorales, alentamos a la ciudadanía a que tenga una actividad pública más consistente y permanente, ya que la democracia requiere de la "subjetividad" de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y corresponsabilidad(36). Esta participación es muy importante para la promoción de las reformas necesarias a la arquitectura institucional del Estado de derecho.

54. Reconociendo que la información es uno de los principales instrumentos de participación democrática, es necesario asegurar un pluralismo real en este ámbito de la vida social. Se deben garantizar múltiples formas e instrumentos en el campo de la información y la comunicación, y las condiciones de igualdad en la posesión y uso de dichos instrumentos mediante leyes apropiadas, para asegurar la no subordinación de los intereses públicos a los intereses comerciales, particulares o de cualquier esfera de poder.

55. Es indispensable que se refuercen las garantías de protección a los periodistas, que ofrecen un valioso servicio cuando sirven a la verdad, el respeto a la libre expresión y el acceso a la información pública y la transparencia, así como el compromiso de los medios de conducirse éticamente, ser rigurosos en la cobertura noticiosa y responsables en su labor de orientación social.

Seguir impulsando el crecimiento de la sociedad civil

56. La sociedad civil es la comunidad organizada para alcanzar la satisfacción de necesidades o la realización de ideales compartidos. A través de su participación en los procesos sociales, políticos y económicos del país o de sus localidades, se convierte en interlocutora de todas las instituciones, en especial del Estado. El surgimiento de la sociedad civil es muy necesario para redefinir la tarea política en términos de convivencia y de atención a las prioridades nacionales y locales, pues "son muy importantes los espacios de participación de la sociedad civil para la vigencia de la democracia, una verdadera economía solidaria y un desarrollo integral, solidario y sustentable(37)."

57. Alentamos el fortalecimiento de redes ciudadanas de la sociedad civil organizada, legalmente constituida y supervisada y éticamente fundamentada. Es conveniente promover el crecimiento de la sociedad civil en el nivel local, lo que supone desarrollar el sentido de pertenencia a la comunidad, el compromiso, la generosidad, el sentido moral y el interés por los asuntos públicos. La vertebración ciudadana favorecerá que nuestra democracia, además de representativa, sea participativa.

Conclusión

58. En esta reflexión exhortamos a los fieles católicos, hombres y mujeres de buena voluntad a contribuir a la consolidación de la democracia y a que participen en el proceso electoral en curso y animar a otros a hacerlo. Es importante asumir un estilo de vida democrático y promoverlo cada quien en el ámbito de su competencia.

59. A nuestros hermanos sacerdotes les invitamos a asumir responsablemente su tarea de formación de la conciencia de los fieles católicos, respetar en todo los derechos políticos de la ciudadanía, cuidarse de no identificar su ministerio a favor de los pobres y de la justicia con posiciones partidistas, y fortalecer en los distintos espacios la vida comunitaria, la participación y formas civilizadas de convivencia, fundadas en el respeto a la dignidad de las personas.

60. A los padres de familia, les invitamos a revisar el estilo de vida familiar para superar las formas autoritarias por formas participativas y, en la medida de lo posible, democráticas. A las instituciones educativas, en especial las de inspiración cristiana, las exhortamos a integrar auténticas comunidades educativas, que más allá de una educación individualista, se hagan responsables de la transmisión y vivencia de las virtudes sociales y políticas.

61. A los comunicadores, particularmente a los que se confiesan católicos, les animamos a vivir su profesión como un apostolado, al servicio de la verdad, del bien común y de la democracia. A quienes participan en organizaciones de la sociedad civil les alentamos a no desanimarse ante las dificultades y a continuar con renovado entusiasmo su compromiso por fortalecer la subjetividad de la sociedad.

62. A quienes están comprometidos en la actividad política, tanto en la militancia partidista como en puestos de representación y servicio público y se confiesan católicos, les exhortamos a asumir con valentía, audacia y creatividad, la dimensión ética de la política, a vivirla como caridad social, a impregnar su ambiente de trabajo con una opción decidida por la justicia y por el desarrollo integral de las personas, particularmente las más pobres, así como ser fieles a su conciencia cristiana que les pide la promoción de la dignidad humana y el respeto de la vida en todas sus etapas.

63. Invitamos a todos a mantenernos unidos en la esperanza. Creemos en un Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo y "sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto(38)." Para ello, impulsaremos una campaña de oración por nuestra patria, por nuestros gobernantes y por quienes aspiran a serlo, para que el proceso electoral en curso y la participación ciudadana contribuyan a la consolidación de nuestra democracia.

64. La cercana celebración del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución Mexicana, más allá de fiestas emotivas propicias para el derroche de recursos, han de ser la oportunidad para avanzar en nuestra democracia, en el desarrollo de una conciencia ética de nuestros políticos y de una conciencia cívica en la ciudadanía, y en particular para los cristianos en la conciencia de la dimensión política de nuestra fe.

65. Como Obispos de la Iglesia sabemos que es urgente dar seriedad y credibilidad a la continuidad de nuestras instituciones civiles, defender y promover los derechos humanos, custodiar en especial la libertad religiosa y cooperar para suscitar consensos nacionales en todo lo que sea vital para el bien común de la nación(39).

66. Encomendamos a Santa María de Guadalupe, madre de México, los esfuerzos por consolidar la democracia en nuestro país, para que en su casa, que es toda nuestra patria, logremos reconocernos hermanos y vivir en fraternidad.

México, D.F., a 24 de abril de 2009

Por los Obispos de México

+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla
Presidente de la CEM

+ José Leopoldo González González
Obispo auxiliar de Guadalajara
Secretario General de la CEM

NOTAS

1. Así lo constatábamos en el año 2000, en nuestra Carta Pastoral. Cf. Conferencia del Episcopado Mexicano, Carta Pastoral Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con Todos, Nos. 234-305.
2. Ibíd., No. 230.
3. Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 76.
4. Cf. Conferencia del Episcopado Mexicano, Carta Pastoral Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con Todos, No. 363.
5. Cf. Ibíd., No. 261
6. Cf. Benedicto XVI, Discurso inaugural a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, No. 4.
7. Cf. Benedicto XVI, Mensaje Urbi et Orbi en la Pascua 2009).
8. Benedicto XVI, Discurso en la inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (13 de mayo de 2007). No. 4.
9. XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Proposición 39.
10. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, Documento conclusivo, No. 406ª.
11. En el lenguaje bíblico los términos "pastor" y "ovejas" son utilizados para referirse a los dirigentes y al pueblo Cf. Jer 2,8; 10,21; 23,1-3; Ez 34,11-16, Zac 11,4-17.
12. Cf. Pablo VI, Carta apostólica Octogesima adveniens, No. 46
13. Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, No. 384.
14. El bien común es definido por la Doctrina Social de la Iglesia como "el conjunto de aquellas condiciones que la vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección". Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, No. 26.
15. Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, No. 390.
16. «El pueblo no es una multitud amorfa, una masa inerte para manipular e instrumentalizar, sino un conjunto de personas, cada una de las cuales -en su propio puesto y según su manera propia- tiene la posibilidad de formar su opinión acerca de la cosa pública y la libertad de expresar su sensibilidad política y hacerla valer de manera conveniente al bien común.» Cf. Ibíd., No. 385.
17. Sobre esto ya habíamos insistido en nuestra Carta Pastoral. Cf. Conferencia del Episcopado Mexicano Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Esta reflexión conserva su validez.
18. Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, No. 395.
19. Cf. Ibíd, Nos. 414-415.
20. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, No. 36.
21. Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 28.
22. Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1998, No.1.
23. Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 26.
24. Cf. Ibíd., No. 29.
25. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, No. 43.
26. Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 29.
27. Cf. Ibíd., No. 28.
28. Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, No. 393.
29. Conferencia del Episcopado Mexicano, Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, No. 353.
30. Cf. Ibíd., Nos. 371-426
31. Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, No. 409.
32. Cf. Ibíd., No. 410.
33. Cf. Ibíd., No. 411.
34. Conferencia del Episcopado Mexicano, Carta Pastoral Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, No. 396.
35. Cf. Juan XXIII, Carta encíclica Pacem in terris No. 147.
36. Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica Centesimus annus, Nos. 46-47.
37. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 406 a.
38. Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, No. 31.
39. Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, Documento conclusivo, No. 541.

* Don Carlos es Arzobispo de Tlalnepantla y Presidente de la CEM / Don José es Obispo auxiliar de Guadalajara y Secretario General de la CEM

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La Renovación Carismática en el ojo de un huracán diocesano

Publicado por En Clave de Africa

El pasado 20 de Febrero, después de una reunión con representantes de la Renovación Carismática de la Archidiócesis de Nairobi, el Cardenal John Njue decidió suspender temporalmente todas las actividades públicas del movimiento carismático dentro de su diócesis. El anterior Arzobispo, Mons. Raphael Ndingi, ante el espectacular crecimiento de este grupo eclesial existente por lo menos en la mitad del centenar de parroquias de la archidiócesis, nombró en su día un capellán para que acompañara espiritualmente a los miembros este movimiento y ayudara en su coordinación. Según se apuntó en su momento, la decisión del actual cardenal de prohibir las reuniones de oración y otras obras de los carismáticos se debía a una investigación que se quería llevar a cabo sobre las actividades del movimiento.

Hasta ahora, varios meses después, poco más se ha podido saber sobre las razones de esta decisión y, lógicamente, cunde entre los fieles algo de zozobra e incertidumbre, ya que querrían ver clarificada una situación donde hasta ahora no se han dado las explicaciones necesarias ni se ha indicado cómo se podrían superar los presuntos problemas que hayan podido ser identificados en el seno del movimiento.

Como sucede en estos casos, luego de hacerse pública la noticia, los principales periódicos nacionales no han tardaron en dar su particular versión del asunto y se han enzarzado en construir diferentes teorías sobre motines sacerdotales, sectores de la Iglesia que van a pasar a la clandestinidad o cismas que se han producido o se van a producir dentro de la Iglesia. La falta de información al respecto por parte de la Curia Diocesana no ha hecho sino añadir más leña al fuego ya encendido por estos medios de comunicación, ávidos de obtener a cualquier precio más detalles sobre el asunto y colmar así la curiosidad de los lectores, sin duda interesados sobre el tema o afectados por él ya que la Iglesia Católica es la confesión cristiana más numerosa del país.

Según las últimas noticias, el Cardenal Njue – parece ser que obligado por la presión mediática que no ha hecho sino crecer en las últimas semanas - parece decidido a romper su silencio y ha convocado una rueda de prensa este Domingo de Pentecostés, después de la misa que celebrará en la Basílica de la Sagrada Familia, la Catedral de Nairobi. Ojalá que este evento sirva para traer luz y taquígrafos al asunto, porque el mutismo sobre temas como estos que afectan a miles de fieles no hace bien a la comunidad cristiana y fomenta la creencia que la Iglesia es una mala comunicadora que pide transparencia y honestidad en entornos seculares externos mientras que estos valores parecen brillar por su ausencia cuando se trata de temas eclesiales.

En esta vigilia de Pentecostés, ojalá que sea el Espíritu y su impulso divino quien prevalezca y que todos los cristianos nos dejemos purificar y renovar por él, especialmente en tristes situaciones como esta.

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viernes, 29 de mayo de 2009

PALABRA PARA LA MISIÓN: Pentecostés


El Espíritu abre corazones y fronteras
Publicado por Euntes

Hechos 2,1-11 / Salmo 103 / Gálatas 5,16-25
Juan 15,26-27; 16,12-15

Reflexiones

El Pentecostés cristiano celebra el don del Espíritu, que es “Señor y dador de vida”. En un comienzo, la fiesta hebrea de Pentecostés -siete semanas, ó 50 días, después de Pascua- era la fiesta de la cosecha del trigo (cf Éx 23,16; 34,22). Más tarde, se le asoció el recuerdo de la promulgación de la Ley en el Sinaí. Pentecostés pasó de fiesta agrícola a ser progresivamente una fiesta histórica: un memorial de los grandes momentos de la alianza de Dios con su pueblo (ver Noé, Abrahán, Moisés, y los profetas Jeremías 31,31-34, Ezequiel 36,24-27…). Es importante subrayar la nueva perspectiva con respecto a la Ley y a la manera de entender y vivir la alianza. La Ley era un don del que Israel estaba orgulloso, pero se trataba de una etapa transitoria, insuficiente.

Era preciso avanzar hacia la interiorización de la Ley, un camino que alcanza su cumbre en el don del Espíritu Santo, que se nos da, como nuevo criterio normativo, como verdadero y definitivo principio de vida nueva. En torno a la Ley, Israel se formó como pueblo. En la nueva familia de Dios, la cohesión ya no viene de un ordenamiento exterior, por excelente que éste sea, sino desde dentro, desde el corazón, en virtud del amor que el Espíritu nos da, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Rm 5,5). Gracias a Él, “somos hijos de Dios” y exclamamos “¡Abá, Padre!”. Somos el pueblo de la nueva alianza, llamados a vivir una vida nueva, en virtud del Espíritu, que nos hace familia de Dios, con la dignidad de hijos y herederos (Rm 8,15-17).

A esta dignidad debe corresponder un estilo de vida coherente. Pablo (II lectura) describe con palabras concretas dos estilos de vida diferentes y opuestos, según la opción de cada uno: las obras de la carne (v. 19-21) o los frutos del Espíritu (v. 22). Para los que son de Cristo Jesús y viven por el Espíritu, el programa es uno solo: “marchemos tras el Espíritu” (v. 25).

El Espíritu hace caminar a las personas y los grupos humanos y cristianos, renovándolos y transformándolos desde dentro. El Espíritu abre los corazones, los purifica, los sana y los reconcilia, hace superar las fronteras, lleva a la comunión. Es Espíritu de unidad (de fe y de amor) en la pluralidad de carismas y de culturas, como se ve en el evento de Pentecostés (I lectura), en el cual se armonizan la unidad y la pluralidad, ambos dones del mismo Espíritu. Pueblos diferentes entienden un único lenguaje común a todos (v. 9-11). S. Pablo atribuye al Espíritu la capacidad de hacer que la Iglesia sea una y plural en la diversidad de carismas, ministerios y tareas (cf 1Cor 12,4-6). La Iglesia tiene que afrontar el desafío permanente de ser católica y misionera, de pasar de Babel a Pentecostés, como lo enseña también el Papa Benedicto XVI. (*)

El Espíritu Santo es ciertamente el fruto más hermoso de la Pascua en la muerte y resurrección de Jesús, quien Lo sopla sobre los discípulos (Jn 20,22-23). Es el Espíritu del perdón de los pecados y de la misión universal. Es más, Él es el protagonista de la misión (cf RMi cap. III; EN 75s.), confiada por Jesús a los Apóstoles y a sus sucesores. El Espíritu está actuando siempre: en las tareas misionales sencillas y escondidas de cada día, y en los momentos más solemnes, con el objetivo de “renovar el acontecimiento de Pentecostés en las Iglesias particulares”, con miras a un compromiso más firme en la nueva evangelización y en la misión ad gentes.

Para esta misión se nos da el Espíritu como guía “hasta la verdad plena” y como Defensor y Consolador (Evangelio). Estrechamente vinculada a la obra creadora y purificadora del Espíritu, está su capacidad de sanar y curar. Se trata de un poder real y eficaz, para el cual existe una particular sensibilidad en el mundo misionero, aunque a menudo no es fácil discernir. La acción sanadora alcanza a veces también el cuerpo, pero mucho más el espíritu humano, curando las heridas internas y derramando el bálsamo de la reconciliación y de la paz.


Palabra del Papa

(*) “El Espíritu Santo otorga el don de comprender. Supera la ruptura iniciada en Babel -la confusión de los corazones, que nos enfrenta unos a otros- y abre las fronteras. El pueblo de Dios, que había encontrado en el Sinaí su primera configuración, ahora se amplía hasta la desaparición de todas las fronteras. El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica; ésta es su esencia más profunda... El viento y el fuego del Espíritu Santo deben abrir sin cesar las fronteras que los hombres seguimos levantando entre nosotros; debemos pasar continuamente de Babel, de encerrarnos en nosotros mismos, a Pentecostés”.

Benedicto XVI
Homilía en el domingo de Pentecostés, 15.5.2005


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 31/5: Fiesta de Pentecostés: el Espíritu Santo habla todas las lenguas.
- 31/5: Visitación de la Virgen María a su prima Isabel: un encuentro de fe y de alabanza al Señor.
- 1/6: S. Justino, filósofo cristiano, nacido en Palestina y martirizado en Roma (+165).
- 1/6: B. Juan B. Scalabrini (1839-1905), obispo de Piacenza (Italia), fundador de los Misioneros de S. Carlos, para el cuidado pastoral de los migrantes.
- 1/6: S. Haníbal María Di Francia (1851-1927), sacerdote siciliano de Mesina, apóstol de la oración por las vocaciones, fundador de los Rogacionistas.
- 2/6: Con la bula pontificia Sublimis Deus, Pablo III condenó la esclavitud (año 1537).
- 3/6: SS. Carlos Lwanga y 21 compañeros mártires de Uganda, asesinados (entre 1885-1886) en Namugongo y alrededores de Kampala. Junto con ellos murieron otros 23 jóvenes de confesión anglicana
- 4/6: Recuerdo de Afonso Mwembe Nzinga, rey del Kongo (siglo XV), el primer soberano negroafricano que recibió el Bautismo (1491). En 1518 su hijo Enrique llegó a ser el primer obispo negro del África subsahariana.
- 5/6: S. Bonifacio, obispo y mártir (675-754), monje británico, gran evangelizador de Alemania, obispo de Maguncia, enterrado en Fulda.
- 6/6: S. Norberto (1080-1134), obispo de Magdeburgo, fundador de los Norbertinos (Premostratenses); misionero en Francia y Alemania.
- 6/6: S. Marcelino Champagnat (1789-1840), fundador de los Hermanos Maristas, para la educación y formación de los jóvenes.
- 6/6: S. Rafael Guízar Valencia (México, 1878-1938), obispo de Veracruz; no obstante la persecución, ejerció asiduamente el ministerio episcopal, sufriendo el exilio y otras penas.

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 31 de Mayo de 2009 - Domingo de PENTECOSTES - ciclo B

Por CAMINO MISIONERO

Ven Espíritu Santo, para unirnos al Padre a través de su Hijo

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-23

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí,
Yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
«Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos
a los que ustedes se los retengan».




Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

¡Pentecostés!
Al pronunciar esta palabra nos vienen ganas de comenzar con aquella canción carismática: ¡Estamos de fiesta con Jesús, al Cielo queremos ir! Porque para esto nos manda hoy Jesús el Espíritu Santo: para que la vida de la Iglesia sea una fiesta continua con la presencia del Señor, y para que el Espíritu Santo complete la obra del Jesús Resucitado, llevándonos a todos a ese Cielo que es el término obligado de todo el misterio de la salvación.
¡Pentecostés! ¡Venida del Espíritu Santo! Fiesta de la asamblea cristiana, que hoy recibe la plenitud de la gracia y es empujada a llevar por todo el mundo el mensaje del Evangelio: ¡Jesús resucitó, Jesús está vivo, Jesús está en medio de nosotros, Jesús es nuestro Salvador!
No vemos a Jesús con los ojos de la carne, pero lo sentimos con certeza inequívoca por su Espíritu que se ha derramado en nuestros corazones. Hoy entendemos la palabra misteriosa de Jesús: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy el Espíritu Santo no vendrá sobre vosotros. Pero, si yo me voy, os lo enviaré, os enseñará toda verdad y permanecerá siempre con vosotros.
Allá en el Sinaí se había congregado el pueblo de Israel al pie de la montaña para recibir, en medio de rayos, truenos aterradores y viento huracanado la ley de la alianza antigua, que inspiraba temor en el Dios soberano.
En el Pentecostés de hoy, entre viento impetuoso y en forma de lenguas de fuego, aparece el Espíritu Santo para sellar la Alianza del nuevo Israel de Dios, sin que infunda miedo alguno, sino con un sentimiento profundo de hijos, que exclamamos gozosos: ¡Padre nuestro!... La nueva ley no está escrita en tablas de piedra, dura e implacable, sino en el libro del corazón, que está hecho para el amor y es amor.
¿Nos hemos percatado de lo que sería nuestra fe sin la presencia y la acción del Espíritu Santo?
Sin el Espíritu Santo, Dios estaría lejano, lejano... allá en las alturas, y nosotros lo miraríamos con temor y como algo inalcanzable. Ahora, lo vemos aposentado amorosamente en nuestro corazón, como huésped, como padre y amigo.
Sin el Espíritu Santo, Cristo sería una figura histórica del pasado, aunque estuviera bien descrito en la Biblia, pero nos movería lo mismo que David o Alejandro Magno, y nadie daría por Él un centavo. Hoy, sin embargo, Jesucristo es alguien viviente, por el cual sabemos dar la vida si es preciso.
Sin el Espíritu Santo, el Evangelio y toda la Biblia sería letra muerta, apta únicamente para aprender verdades y cosas curiosas, pero no para entablar conversación amigable con Dios. Mientras que ahora, con el Espíritu Santo que nos ilumina y nos enciende, es manjar sabroso del alma.
Sin el Espíritu Santo, la Iglesia sería una organización magnífica, pero sin vida dentro, mientras que ahora, animada siempre por el Espíritu de Jesús, es un organismo admirable, que produce frutos abundantes de santidad y de apostolado.
Sin el Espíritu Santo en la Iglesia, la autoridad sería una dictadura, y ahora, por el contrario, es un servicio, un darse a los hermanos para que todos alcancen con seguridad la salvación.
Sin el Espíritu Santo, el apostolado sería un gritar desaforado por altoparlantes anunciando productos del comercio, a ver quién vende más... Sin embargo, ahora es una fuerza callada, pero poderosa, que lleva la luz a las almas, el calor a los corazones, y que rinde los hombres ante Jesucristo.
Sin el Espíritu Santo, el culto cristiano aparecería frío, muerto casi del todo, suma de ritos con poco valor. Sería un ceremonial carente de sentido. Mientras que ahora, con el Espíritu animando nuestras reuniones, rezamos con fervor, cantamos con entusiasmo, vivimos en torno al Altar la misma fe, participamos de la misma esperanza, nos animamos y nos amamos todos con el mismo amor de Dios.
Sin el Espíritu Santo en la Iglesia y dentro de cada uno de nosotros, ni sabríamos rezar ni esperaríamos la vida eterna. Por el contrario, ahora nuestros labios no se cierran nunca a la oración y no dejamos de gritar anhelantes: ¡Ven, Señor Jesús!...
¡Con qué alegría celebramos la solemnidad de Pentecostés! Con ella cerramos las fiestas pascuales. Pero, movidos del Espíritu, reemprendemos con renovada ilusión el
camino de la vida, ordinario, aburrido a veces, pesado en tantas ocasiones, aunque lo proseguimos con la certeza de que vamos con seguridad al encuentro del Señor.
El Espíritu Santo es el que nos dicta nuestra fe en Jesús resucitado.
El Espíritu Santo es quien nos hace dar testimonio de la presencia de Jesús en el mundo.
El Espíritu Santo es el que nos empuja a darnos a un apostolado ardiente.
El Espíritu Santo es quien nos coloca a cada uno en nuestro lugar propio dentro de la Iglesia.
El Espíritu Santo es el que nos santifica con la gracia y con sus dones.
El Espíritu Santo es quien nos hace producir frutos abundantes de vida eterna. Cuando gran parte del mundo se aleja cada vez más de Dios, el Espíritu Santo suscita con más abundancia almas selectísimas que llenan de esplendor a la Iglesia.
¡Oh Espíritu Santo, Espíritu Divino, Espíritu del Señor Jesús!
Te invocamos como Padre de los pobres. ¡Haznos ricos con tus dones abundantes!
¡Consolador bonísimo!, te llama la Iglesia con palabras de Jesús. ¡Alivia Tú todas nuestras penas!
Huésped dulce del alma, te ha invocado siempre la piedad cristiana. ¡Ven y vive en nosotros!
¡Espíritu Santo de Pentecostés! Sigue, sigue siempre llenándonos de tu gozo...

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HABLAR DE DIOS ES HABLAR DEL ESPÍRITU,PORQUE DIOS ES ESPÍRITU

Pentecostés - Ciclo B (Juan 20, 19-23)
Por Fray Marcos
Publicado por Fe Adulta

La fiesta de Pentecostés está encuadrada en la pascua, más aún, es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos.

Todo esto queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción espectacular del Espíritu a través de Jesús. También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros del Espíritu, que debe llevar a cabo la misma obra que en Jesús y en los primeros cristianos.

Ninguno de los aspectos pascuales debemos considerarlos como acontecimientos históricos ocurridos en Jesús. Todos ellos expresan realidades que no pueden ser objeto de historia, sino solo de fe. No son fenómenos constatables por los sentidos; son realidades de otro plano y por lo tanto no pueden afectar a las realidades físicas entre las que se encuentran nuestros sentidos.

Sus efectos sí son históricos en nosotros. Cuando empleamos conceptos y palabras sólo adecuadas para expresar realidades terrenas, empieza el conflicto. Ni podemos expresarlas adecuadamente, ni pueden ser objeto de nuestro conocimiento racional. A estas verdades sólo se puede acceder por la experiencia interior.

Creo que todos admitiréis la extrema dificultad que supone ponernos a hablar del Espíritu Santo. Es como querer sujetar el viento o congelar la vida en una imagen. ¡No hay manera! De todas formas, siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu.

Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí (Ley), y que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua. Queremos significar con ello que el fundamento de la nueva comunidad no es la “Ley” sino el “Espíritu”.

Tanto el “ruah” hebreo como el “pneuma” griego, significan, en primer lugar, viento. Estudios recientes han demostrado que la raíz de esta palabra en todas las lenguas semíticas es rwh que significa el espacio atmosférico existente entre el cielo y la tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Significaría el ambiente vital del que los seres vivos beben la vida. En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida.

En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu. Para ellos todos los seres participaban de la vida. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración. Su comparación con la vida, sigue siendo el mejor camino para intentar comprender lo que significa “Espíritu”. No sabemos qué es la vida, pero vivimos.

No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término "ruah" (espíritu). Solamente en 20 pasajes de las 389 que aparece en el Antiguo Testamento, podemos encontrar este sentido.

En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita puntualmente a alguna persona, para llevar a cabo una misión concreta que salva al pueblo de algún peligro. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu a todo el pueblo.

En el Nuevo Testamento, "espíritu" tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto, todavía judío. El mismo término "ruah" se presta a asumir un significado figurado o simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona distinta de Dios o de Jesús. "Os mandaré otro consolador."

El Nuevo Testamento no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la obra del Espíritu Santo. No está claro si el Pneuma es una entidad personal o no. Jesús nace del Espíritu Santo, baja sobre él en el bautismo, es conducido por él en al desierto, etc. No podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él.

Según el Nuevo Testamento, Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del Espíritu Santo está siempre con ellos, en otros dice que no les dejara desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo no es más que el mismo Dios bajo el aspecto de energía, fuerza, motor de toda Vida. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual. Nada puedo hacer sin él y nunca estaré privado de su presencia.

Ni siquiera es necesario el calificativo de Santo, porque eso supone que hay espíritus malignos, y esto para nosotros no tiene mucho sentido. Todas las oraciones encaminadas a pedir la venida del Espíritu, nacen de una ignorancia de lo que queremos significar con ese término. Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de su presencia y dejarle actuar en nosotros.

Está siempre en nosotros, pero no somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, en realidad es como si no existiera para nosotros.

Un ejemplo puede ilustrar esta idea. En una semilla, hay vida, pero en estado latente. Si no coloco la bellota en unas condiciones adecuadas, nunca se convertirá en un roble. Para que la vida que hay en ella se desarrolle, necesita una tierra, una humedad y una temperatura adecuada, así como una ausencia de luz, sin la cual nunca desarrollará su potencialidad. Pero una vez que se encuentra en las condiciones adecuadas, es ella la que germina; es ella la que, desde dentro, desarrolla el árbol que llevaba en potencia.

Dios (Espíritu) es el mismo en todos y tiene que empujar hacia la misma meta. Pero como cada uno está en un “lugar” diferente, y a veces muy diverso, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto. No son pues, los caminos los que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, sino la meta hacia la que se dirigen. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu. Pero su tarea es completamente diferente.

¿Cuál es la meta a la que empuja el Espíritu? Este es el nudo gordiano de la cuestión. Una mayor humanidad es la manifestación de esa presencia del Espíritu. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él. En cualquier persona que manifieste amor está el Espíritu.

Si Dios está en cada uno de nosotros a través del ser, está total y absolutamente como lo que es, simple y a la vez, absoluto. No hay manera de imaginar que pueda estar más en uno que en otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu. En la posesión del Espíritu, no hay diferencia entre el campesino, el maestro, el sacerdote o el obispo.

Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad, es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo.

Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de violencia, incluida la pretensión de hablar en nombre de Dios, estamos dejándonos llevar, no del Espíritu, sino de nuestro espíritu raquítico.

La presencia de Dios en nosotros, nos mueve a parecernos a Él. Pero si tenemos una falsa idea de Dios, nos metemos por un callejón sin salida. Con una idea de Dios que es poder, señorío y mando, que premia y castiga, intentaremos repetir esas cualidades en nosotros en nombre de Dios.

El intento de ser como Dios en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso.

Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor y don total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu del que nos habla el evangelio, o seguir lo que nos dicta nuestro propio espíritu en nombre de un falso dios. Todas las religiones han caído en esta trampa.

Dios llega a nosotros desde lo hondo del ser, y acomodándose totalmente a la manera de ser de cada uno. Por eso la presencia del Espíritu nunca lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad. Pablo lo vio con claridad meridiana: formamos un solo cuerpo, pero cada uno es un miembro con una función diferente e igualmente útil para el todo.

Si no tenemos esto en cuenta, caeremos en la trampa de hacer clones en vez de personas. Esa uniformidad pretendida por los superiores en nombre del Espíritu, no tiene nada de evangélica, porque, lo que se intenta es que todos piensen y actúen como el superior. Si todos tocaran el mismo instrumento y la misma nota, no habría nunca sinfonía. Sólo la armonía de muchos sonidos diferentes nos lleva a disfrutar de la música.



Meditación-contemplación


El Espíritu es la clave de la VIDA.
Mi verdadero ser es lo que hay de Dios en mí.
Dios en mí está como Espíritu que se me da.
Es el único y total Don de Dios a cada criatura.
………….

Desde nuestro ser aparente (lo que creemos ser),
debemos dar el salto a nuestra verdadera realidad.
Desde la parte reflejada del espejo,
tenemos que dar el salto al ser reflejado.
…………….

Mi verdadero ser y el ser de Dios
no son dos realidades separadas,
aunque yo sigo siendo yo y Dios sigue siendo Dios.
Para la razón es algo incomprensible.
Para el místico es la cosa más simple del mundo.
¡Inténtalo!
…………….

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Obispos africanos con mujer e hijos. Algunas reflexiones

Publicado por En Clave de Africa

(JCR)
Escribo estas líneas después de una noche en la que no he podido descansa todo lo que hubiera querido después de que nuestro hijo de once meses nos despertara varias veces con sus llantos. Mientras me levantaba para ir a la cocina me vino a la mente lo que leí ayer en Religión Digital sobre los dos obispos centroafricanos destituidos por el Vaticano por tener mujer e hijos, y con cierta sonrisa comenté a mí mujer (ugandesa, por más señas): “Pues me a da a mí que estos monseñores centroafricanos con descendencia no han debido de preparar un biberón o cambiar un pañal en su vida, y menos de noche”.

A partir de aquí, me vinieron varias reflexiones, fruto de haber visto unos cuantos casos similares durante los 20 años que pasé en Uganda y de varias visitas a otros países africanos en las que uno ve y oye muchas cosas, incluida la República Centroafricana que tuve la suerte de visitar hace varios años. En primer lugar, cuando casos de estos afloran a la luz pública lo primero que hay que hacer es no negar la realidad y aceptar los hechos como son. Hay muchas maneras de negar la realidad y desviar la atención, y una de ellas –parece que bastante frecuente en África- es tirar balones fuera culpando todo a “una campaña de desprestigio”. Así han reaccionado los curas de la República Centroafricana según leímos en la información. Es una reacción que he visto infinidad de veces en África cuando a alguna persona –sobre todo con un puesto importante- se le acusa de algo serio. En lugar de ir al grano y aclarar si los hechos son ciertos o no, se reacciona diciendo: “¿Quién te ha dicho eso?” o “esos son acusaciones de gente que nos tiene envidia”. Es un derecho al pataleo como otro cualquiera, y además muy típico de iglesias donde los misioneros han sido mayoría hasta hace muy poco y empieza a surgir una proporción notable de clero local, el cual vive la típica crisis de “rebeldía” típica de una situación de adolescencia.

En la Iglesia africana ocurre un fenómeno bastante curioso: hay infinidad de sacerdotes y obispos que llevan bastantes años viviendo una doble vida de la que todo el mundo es consciente, pero nadie dice nada. Y son poquísimas las solicitudes de secularización que llegan a Roma, lo cual hace pensar que los que viven así llevan una existencia bastante confortable. Parece como si hubiera un acuerdo tácito de taparse unos a otros. Creo que la causa fundamental está en el poder que está asociado con el sacerdocio. No es tanto cuestión de que el matrimonio y el tener hijos se vean con más aprecio en África que en otras partes del mundo (puede ser que sí), sino que a menudo en lugares donde la gente vive sumida en la pobreza y el cura es el único de la aldea que tiene estudios, una casa grande, coche y acceso a dinero, él manda y hace y deshace sin que nadie pueda cuestionarle nada. Y cuando se trata de un obispo, mucho más. Esto explica también que cuando el Nuncio envía los cuestionarios para recabar información sobre posibles candidatos a ser obispo, nadie se atreva a escribir nada negativo. Después, cuando el señor ya tiene la mitra puesta salen a relucir detalles de su vida que hacen que el nuncio en cuestión se lleve las manos a la cabeza, porque una vez destapado el escándalo suele ser muy difícil que el obispo bajo sospecha acepte presentar su dimisión. Cuando finalmente lo hace suele ser después de largos años de presiones por parte de la nunciatura. Todo esto hace que en muchas diócesis africanas sea extraordinariamente difícil encontrar sacerdotes que puedan ser candidatos adecuados para ejercer el ministerio episcopal.

Cuando un obispo tiene mujer e hijos, ya pueden ustedes imaginarse las consecuencias prácticas para el día a día de su diócesis. Si uno de sus curas tiene un comportamiento poco correcto, no tendrá autoridad moral para llamarle al orden, y termina creando un ambiente enrarecido fruto de no tomar nunca decisiones de ningún tipo que puedan resultar algo controvertidas. Recuerdo en caso de un sacerdote en una diócesis de Uganda al que su obispo suspendió “a divinis” por vivir con una mujer y tener dos hijos con ella. Cuando le llegó la carta, el hombre entró un día con dos testigos en la oficina de su obispo y le espetó: “Monseñor, todo el mundo sabe que usted tiene tres hijos, ¿por qué no se suspende a sí mismo?”

Otra consecuencia es la que se refiere a la economía. Mantener una esposa (o varias) sale caro, y mucho más si hay hijos de por medio que necesitan alimento, vestido , educación, etc. Como el cura o el obispo suelen ser bastante a menudo figuras rodeadas de poder a los que nadie controla, no raramente echan mano de fondos de la parroquia o de la diócesis y al cabo de varios años se descubren agujeros financieros de tamaño respetable. Conocí el caso de una diócesis en un país africano que estuvo vacante varios años porque el nuncio no encontraba ningún sacerdote dispuesto a aceptar el cargo después de que el anterior (y difunto) obispo dejara una enorme deuda a causa de fondos de la diócesis que nadie sabía dónde fueron a parar pero todos sospechaban que su origen había sido las dos queridas del monseñor.

No quiero ponerme de ejemplo porque no podría serlo, pero si de algo vale la experiencia propia, yo fui sacerdote misionero durante 22 felices años. Pasé 20 años en África y cuando me ví en una situación en la que me enamoré de una mujer decidí que era mejor pedir la secularización, casarme y seguir sirviendo a la Iglesia de otra manera. Otro asunto es si la Iglesia debería cambiar su legislación sobre el celibato de los sacerdotes o no, pero este no es el tema del presente post. Creo que cuando uno lleva una doble vida termina uno por hacer daño a la comunidad cristiana, a la mujer a la que obliga a fingir y a criar los hijos ella sola, y a uno mismo. Lo que pasa es que cuando uno deja el sacerdocio tiene que empezar a buscar trabajo, apretarse el cinturón y dejar los privilegios que tiene la vida sacerdotal donde uno tiene asegurado casa, comida y seguros médicos. Y, cuando llegan los hijos, estar dispuestos a pasarse alguna noche medio en blanco preparando biberones y cambiando pañales, menesteres estos que no estaría mal que algún obispo con descendencia aprendiera a hacer y pusiera en práctica.

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LOS 7 DONES DEL ESPIRITU SANTO

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LITURGIA VIVA: Solemnidad de Pentecostés - Ciclo B (Juan 20, 19-23)

Publicado por Ciudad Redonda

1. El aliento de fuego
2. Como una tormenta

Saludo (Ver la Segunda Lectura)
Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Que todos ustedes reciban el Espíritu Santo y que Él esté siempre con ustedes. R/ Y con tu espíritu.

Introducción por el Celebrante

1. El aliento de fuego
¿Quién no sueña en un día futuro, en el que ya no tenga miedo de hacer las cosas proyectadas por tanto tiempo, simplemente porque le faltaba valor y coraje para emprenderlas? ¿Quién no espera tener más entusiasmo para realizar con alegría las tareas de cada día, para arriesgarse a amar más profundamente a Dios y a los hermanos, sin condiciones ni vacilaciones? ¿Quién no desea estar mucho más inspirado y ser mucho más dinámico y creativo en la vida? Hoy es el día en que esto puede comenzar a suceder, porque hoy es Pentecostés, el día del Espíritu, el día en que el viento celestial huracanado renueva nuestro amor, el día en que el fuego divino nos trae alegría y libertad, el día del Espíritu Santo. Que Jesús, el Señor, aliente su Espíritu sobre nosotros e inflame nuestros corazones con su luz y con su vida.

2. Como una Tormenta
Nos resultan familiares los vientos huracanados, las tormentas y los huracanes, que sacuden casas y arrancan árboles de cuajo. Hoy celebramos la acción de otro viento misterioso, que unas veces se presenta violento y tempestuoso sin ser destructor, y otras veces se muestra suave y refrescante como dulce brisa reconfortante. Es el Espíritu, el aliento de Dios, el Espíritu Santo que irrumpe y sopla. ¿De dónde viene este Espíritu alentador? ¿A dónde va; y a dónde nos dirige? Es el Espíritu poderoso de Dios, tormenta divina de amor y valentía; Espíritu creativo, renovador, “inspirador”, que quiere realizar con nosotros un nuevo Pentecostés. --- Que ojalá hoy, en esta celebración eucarística, el Espíritu Santo de Dios traiga aire fresco a nuestros corazones, renueve nuestra fe y haga crecer visiblemente nuestro amor.



Acto Penitencial

Nosotros, tantas veces, no hemos utilizado los dones maravillosos que el Espíritu Santo continuamente nos ofrece.
Pidámosle a Dios que nos perdone bondadosamente y que abra nuestros corazones a los dones del mismo Espíritu.
(Pausa)

• Señor Jesús: Alienta tu Espíritu sobre nosotros que nos quiere impulsar a entendernos y acogernos, a apreciarnos y a apoyarnos mutuamente.Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

• Señor Jesucristo: Alienta tu Espíritu sobre nosotros que quiere unirnos en un mismo amor. Haz que ese amor sea inventivo y creador.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

• Señor Jesús: Alienta tu Espíritu sobre nosotros para que nos libere de todos los miedos que nos paralizan y para que nos mueva a servir con alegría a Dios y a los hermanos.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.


Por tu gran bondad, Señor, perdona nuestros pecados, ábrenos al Espíritu de vida y amor y llévanos a la vida eterna. R/ Amén.


Introducción al Gloria

Que el Espíritu Santo nos ayude a alabar a Dios con entusiasmo y alegría.


Colecta

Pidamos a Dios nuestro Padre que nos envíe el Espíritu Santo como lo envió en Pentecostés a su joven Iglesia.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Haz, te pedimos, que el Espíritu Santo
nos sorprenda con el don del ardor y del vigor cristianos;
que nos rejuvenezca y nos renueve
como lo hizo con los miembros de la Iglesia recién nacida.
Que tu Espíritu renueve nuestros días, nuestro amor y nuestra vida;
que nos traiga ternura y alegría
junto con apertura y acogida para con todos;
que nos fortalezca con valentía y coraje
para defender y apoyar todo lo que es recto y justo.
Que el mismo Espíritu nos una en su amor y nos lleve a ti.
Todo esto te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

R/ Amén.


Primera Lectura (Acts 2:1-11): El Espíritu Llega Como Fuerte Tormenta
Ruido ensordecedor, fuerte tormenta, fuego, diferentes lenguas... han sido símbolos tradicionales para describir el primer Pentecostés cristiano. Estos símbolos nos hablan con fuerza de que algo totalmente nuevo está brotando. El Espíritu poderoso de Dios está irrumpiendo en el mundo para unir a la humanidad dividida en una nueva comunidad, donde haya lugar para todos.

Segunda Lectura (1 Cor 12:3-7, 12-13): Somos Uno en el Espíritu
Cualquier cosa buena que tengamos, cualquier don que Dios nos ha dado, todo proviene del Espíritu que obra en nosotros. Por encima de nuestros diferentes talentos, tareas y responsabilidades, el Espíritu nos une en el Cuerpo de Cristo, formando una comunidad de fe, esperanza y amor.

Evangelio (Jn 20:19-23): Recibe el Espíritu Santo
El Espíritu Santo completa la obra de Cristo en nosotros, y, a través de nosotros, en el mundo. Al igual que los apóstoles, también nosotros hemos recibido el mandato de romper y abandonar nuestros muros cercados y llevar sanación y paz al mundo.



Oración de los Fieles

Roguemos a Dios Padre que derrame sobre nosotros y sobre el mundo entero el Espíritu de audacia y de unidad. Y digamos:
R/ Que tu Santo Espíritu renueve la faz de la tierra.

1. Sobre las iglesias locales esparcidas por toda la tierra, sobre las comunidades con mil rostros, sobre los cristianos diseminados por todo el ancho mundo, Señor: derrama tu Espíritu.
R/ Que tu Santo Espíritu renueve la faz de la tierra.

2. Sobre el Papa y demás líderes de las Iglesias, sobre obispos y sobre pastores, sobre todos aquellos que tienen un ministerio de servicio, Señor: derrama tu Espíritu.
R/ Que tu Santo Espíritu renueve la faz de la tierra.

3. Sobre los cristianos perseguidos por su fe, sobre los que dudan, vacilan o flaquean, sobre todos los que buscan a Dios y esperan al Espíritu Consolador, Señor: derrama tu Espíritu.
R/ Que tu Santo Espíritu renueve la faz de la tierra.

4. Sobre los que oprimen a sus hermanas y hermanos, sobre los que ostentan posiciones de poder, sobre los que son y se sienten marginados y esclavizados, y también sobre los que se sienten liberados y libres, Señor: derrama tu Espíritu.
R/ Que tu Santo Espíritu renueve la faz de la tierra.

5. Sobre los que extienden y proclaman el evangelio, sobre aquellos cuya misión es perdonar pecados, sobre aquellos atrapados por los cepos de sus vicios y pasiones, Señor: derrama tu Espíritu.
R/ Que tu Santo Espíritu renueve la faz de la tierra.

6. Sobre todos los que estamos reunidos aquí, ahora, en tu nombre, sobre aquellos que han abandonado nuestra comunidad, sobre los nuevos bautizados en estos días pascuales, Señor: derrama tu Espíritu.
R/ Que tu Espíritu Santo renueve la faz de la tierra.


Por todos ellos te rogamos, Señor Dios nuestro. Envía tu Espíritu a cada uno de nosotros; que él nos inflame con su amor siempre, todos los días de nuestra vida, y por los siglos de los siglos. R/ Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Oh Dios, Señor nuestro:
Dígnate concedernos
que tu Espíritu descienda sobre este pan y este vino
y los llene con la fuerza vital de Jesús, tu Hijo.
Que tu Espíritu descienda sobre nosotros,
invitados a sentarnos a la mesa santa de tu Hijo Jesús,
y llénanos con su vida y alegría.
Que él nos convierta verdaderamente en el Cuerpo de Cristo
en el cual nosotros seamos visiblemente
el corazón y las manos de nuestro Señor y Salvador,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/ Amén.


Introducción a la Plegaria Eucarística

Con el Espíritu Santo en nuestros corazones, participemos juntos, con alegría y gratitud, en la acción de gracias de Jesús nuestro Señor.


Introducción al Padre Nuestro

No podemos decir “Jesús es Señor”
si no es por medio del Espíritu.
No podemos llamar “Padre” a Dios
sino por el Espíritu,
que clama desde lo más íntimo de nosotros.
Movidos por este Santo Espíritu,
digamos ahora con total confianza
la oración que Jesús mismo nos enseñó.

R/ Padre nuestro....

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz de Cristo en nuestros días,
paz que es obra de tu Espíritu.
Por tu bondadosa misericordia líbranos de todos los pecados
que obstaculizan la unidad y la universalidad de tu Iglesia;
protégenos de todo peligro y perturbación y danos la seguridad de que,
incluso en las incertidumbres de nuestro tiempo,
el Espíritu Santo nos conduce hacia adelante,
con gozosa alegría, hacia la gloriosa venida
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

R/ Tuyo es el Reino...


Invitación a la Comunión (Ver Rev 22:17, 21)

El Espíritu y la Iglesia dicen: ¡Ven!
Que cada uno que escucha responda: ¡Ven!
Que todos los que tienen sed vengan a beber.
Que todos los que quieran saciarse con el agua de vida
la obtengan siempre como el mejor don.
Éste es Jesucristo glorioso y resucitado,
cuyo Espíritu nos impulsa
a dar testimonio del amor de Dios.

R/ Señor, yo no soy digno...



Oración después de la Comunión

Oh Dios y Padre nuestro:
Hemos escuchado a tu Hijo Jesús,
que graciosamente nos ha dirigido su palabra
y con gozo nos hemos alimentado
con el Pan de Vida en su mesa eucarística
Que el Espíritu Santo ponga fuego en esas palabras de Jesús,
que ojalá sigan ardiendo en nuestros corazones
y nos sacudan y nos saquen de nuestra indiferencia.
Haz, Señor, que el Espíritu Santo nos urja y nos impulse
a llegar a ser, los unos para con los otros, como sabroso pan;
que rejuvenezca y edifique a nuestras hermanas y hermanos
en su caminar hacia ti, nuestro Dios de vida.
Todo esto te lo pedimos en nombre de Jesucristo, el Señor.

R/ Amén


Bendición

En esta eucaristía Dios ha derramado de nuevo sobre nosotros
el fuego vivo y el fuerte aliento del Espíritu.
Ojalá que este mismo Espíritu nos mueva a arriesgarnos con valentía
en nuestro sincera y total entrega a Dios y a los hermanos.
Que él nos dé el valor para transformarnos a nosotros mismos
y a la Iglesia que tanto amamos.
Que lleguemos a ser para todo el mundo signos vivientes
de la presencia bondadosa de Dios.
Y que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

R/ Amén.

Podemos ir en paz; y que el Espíritu Santo mantenga nuestros corazones ardiendo siempre con el amor de Dios.
R/ Demos gracias a Dios.

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WebJCP | Abril 2007