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lunes, 13 de abril de 2009

Se apareció…

Por Luis Alemán
Publicado por Antena Misionera Blog

No se puede leer el evangelio,
ni cualquier escrito de hace 2.000 años
con la mentalidad occidental de ahora.

Las apariciones de Jesús resucitado ¿son reportajes históricos? Es decir: ¿el resucitado comió pan y pescado en el lago de Galilea? ¿se elevó a los cielos, poco a poco, hasta que una nube lo ocultó? etc.

Ningún teólogo serio, que sepa algo de sagradas escrituras entiende esos pasajes como históricos.

¿O también es histórico que “el diablo se lo llevó (desde el desierto) a la ciudad santa, lo puso en el alero del Templo y le dijo: si eres el Hijo de Dios, tírate abajo” Mt. 4, 5?

Es evidente que todo esto habrá que saberlo entender, y saberlo explicar. Lo cual supone que, de una vez por todas, nos tomemos en serio el estudio del evangelio. Es nuestra ignorancia la que convierte al Jesús de Nazaret en un cómic de superman divino que ya no se tragan ni los niños. Porque, cómic por cómic, prefieren los japoneses.

Pero si algo nos ha traído el enorme progreso de estos últimos años en el conocimiento científico-histórico de Jesús, es precisamente su absoluta normalidad, la ausencia total de magia y efectos especiales.

Entonces ¿por qué lo escribieron los evangelistas de esta forma?

Pues sencillamente, porque toda la Biblia, y no sólo la Biblia sino toda la literatura de aquellas culturas, no sólo la Hebrea, expresaban lo que querían decir, sobre todo en asuntos en los que de alguna manera creían que intervenía la divinidad, con claves, esquemas y enfoques literarios propios de cada pueblo.

No se puede leer ni el evangelio, ni cualquier otro escrito de hace 2.000 años con la mentalidad occidental de ahora.

Incluso, en nuestro mismo tiempo, si te vas a África y algún nativo te cuenta lo que está pasando en su tierra o en su tribu tendrás que entender sus claves de pensamiento y expresión si es que quieres enterarte de algo. Y no basta con saber su idioma. La traducción mecánica de palabra por palabra te puede dejar en ayunas.

Lo importante es estudiar y llegar a comprender qué es lo que aquel grupo o grupos de primeros cristianos, vieron, entendieron y consideraron importante transmitirnos. El ropaje y las formas literarias no deben confundir.

En resumen. Si te quedas en la estrella que camina, con los magos que vienen de Oriente, con los ángeles mensajeros, con el cielo que se abre, el velo del templo que se rasga, los muertos saliendo de sus sepulturas, la piara de cerdos que se precipita por el barranco o el pez que lleva una moneda en su boca… es posible que llegues a la conclusión de que todo es una fábula.

Si no te han enseñado a leer y entender el evangelio, como a mí tampoco me lo enseñaron, y sólo has leído u oído una traducción literal, y de ordinario mala, comprendo que a tu fe le están pidiendo demasiado. Y siempre recurriendo a la excusa de que se trata de un misterio de fe. Cuando, en el fondo, lo único que hay es ignorancia y pereza.

Volviendo a las apariciones del Resucitado. Una vez leídos los bellísimos relatos (por ejemplo la huida de dos discípulos a Emaús), habría que decir: la comunidad de seguidores de Jesús (más de quinientos según Pablo), los apóstoles y discípulos,- y antes que todos ellos un grupo de mujeres,- vivieron la experiencia, con absoluta evidencia, de estar ante el mismo Jesús que había muerto y que ahora estaba resucitado, ya glorioso.

Puedes no creerlo, como puedes no creer en la existencia de Dios Padre.

Yo lo creo. El Padre resucitó a Jesús. Sin esa fe, no merece la pena creer.

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WebJCP | Abril 2007