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lunes, 6 de abril de 2009

Provocación Misionera: Una nueva Vida

Publicado por Esquila Misional

Si te interesa la vida misionera, pero sientes miedo de equivocarte en tu opción vocacional, ¡anímate, no tengas miedo! Durante este recorrido vas a encontrar a Jesús, ¡puedo asegurártelo! Para comprender mejor la siguiente reflexión, te invito a leer en tu Biblia, el evangelio de san Lucas (24,13-35).


Dentro de pocos días estaremos celebrando la Semana Santa, y muchos jóvenes se están preparando para ir a algún campo-misión; muchos otros, indiferentes ante esta temporada de oración y reflexión, irán a algún destino turístico de moda o se quedarán en casa para descansar de la rutina.

Donde menos lo esperaban

Esta vez deseo compartir la experiencia de dos jóvenes, que como muchos de nosotros, se sentían desorientados ante los acontecimientos recientes por el camino a Emaús. Sin embargo, cuando los jóvenes reconocieron al Maestro, todo cambió: la tristeza se convirtió en gozo, la duda en respuesta y la muerte en vida. Jesús nos da una nueva vida por medio de su resurrección.

El encuentro con Jesús se realiza a través de la historia del ser humano de muchas maneras. Muchos jóvenes lo han encontrado, y lo siguen hayando por diferentes caminos: algunos lo han encontrado por medio de una plática o en algún testimonio, otros por medio de una revista o en algún retiro vocacional, y muchos otros donde menos se lo habían imaginado, igual que los dos jóvenes de Emaús, donde menos lo esperaban encontrar lo descubrieron.

Estos caminantes habían confiado en Jesús como profeta y creían que iba a ser el caudillo triunfador, «Nosotros pensábamos que él sería el libertador de Israel…» (Lc 24,21). Pero, ¡oh, sorpresa! Jesús estaba muerto, no había nada más que hacer, sólo regresar a casa desilusionados, tristes, desanimados. Jesús significaba para ellos el triunfo militar del pueblo oprimido sobre Roma; la victoria, la libertad sobre la tierra. Una ilusión semejante alienta todavía a muchos hombres de nuestro tiempo, quienes interpretan a Jesús como el que viene a cambiar el orden de la justicia sobre el mundo; por eso a algunos de nosotros, como a los discípulos de Emaús, nos espanta la tragedia de la cruz y su fracaso.

Caminando con Jesús

Pero el asunto se pone peor: ante el supuesto fracaso hay algo sorprendente, pero dudoso, pues unas mujeres dicen que Jesús está vivo (Lc 24,22-24). Esto significa que la resurrección del Maestro no se puede interpretar como un retroceso, «siempre ha sido así, ¿por qué debo cambiar?». Jesús está en la vida que se acerca, en la esperanza que llena el corazón de cada quien; por eso, encontrarlo significa situarse en el camino de la vida en plenitud. La vocación es una donación, es entregar toda la vida y no sólo fragmentos. Seguirlo es caminar con él, aunque en ocasiones no sepamos reconocerlo, él siempre va a nuestro lado.

Este caminante misterioso se acerca a los jóvenes de Emaús y les dirige su palabra al corazón: «El antiguo testamento testifica que el Mesías debía padecer para llegar hasta su gloria» (Lc 24,25-27). Toda la escritura, su dolor y su esperanza se han resumido en el camino de la cruz de Cristo. Pues bien, el sufrimiento del mundo –hambre, guerras, desastres naturales, enfermedades, etcétera– ha sido asumido por Jesús, y dentro de este padecimiento, se mantiene la esperanza, ahí está la resurrección.

Los ojos de los jóvenes discípulos están ya muy cerrados, han escuchado demasiadas razones y nada puede convencerlos. Sin embargo, cuando se sientan a comer, cuando comparten el pan con el forastero y éste les devuelve el pan, se les abren los ojos y todo lo antes mencionado tiene sentido (Lc 24,30-34). ¡Jesús resucitado está con ellos!, pero cuando quieren fijar sus ojos en él y retenerlo, ya se ha ido.

Después de la muerte del Maestro, lo primero que piensan los caminantes de Emaús es en huir, habían perdido a Jesús y se dispersan, dejan a los otros discípulos, y cada quien vuelve a su mundo viejo, a sus ocupaciones pasadas, como si el asunto de Jesús hubiera sido un paréntesis de ilusiones y de fracasos durante sus vidas. Ellos se esconden, pero el Hijo de Dios les sale al encuentro. Deben volver con sus hermanos, su lugar está en la edificación de la nueva comunidad, en el testimonio y la misión de lo que saben. Por eso, dejando todo como estaba, en medio de la noche, regresan a contar su experiencia.

Jesús no nos deja

La vocación va creciendo poco a poco según el contacto que tengamos con Jesús. No podemos dejar que sean otros los que sientan por nosotros, los que nos digan que Jesús resucitado es el sentido de la vida, esto debemos experimentarlo cada uno.

Actualmente, muchos jóvenes quieren saber si Jesús los llama, desean tener la certeza de su vocación para no arriesgarse a un fracaso, a una mala decisión o quedarse esperando a una respuesta. «Vocación» es ponerse en camino como estos discípulos, con sus dudas y temores, y mientras caminas, aparece Jesús de manera misteriosa, casi enigmática y sin darnos cuenta; cuando hemos hecho un buen recorrido y él nos ofrece el pan, ¡lo reconocemos! Constatamos que nunca estuvimos solos en esta opción, Jesús siempre estuvo a nuestro lado. Reconocerlo en nuestros hermanos o en los acontecimientos de nuestra vida no es fácil, pues la vocación es, ante todo, un llamado, y hoy, Jesús te invita a caminar con él.

San Daniel Comboni vivió esta experiencia, se puso en camino y llegó hasta África, su vocación misionera lo hizo tomar decisiones que lo iban a marcar toda la vida: ¡África o muerte!

Los promotores vocacionales te seguimos invitando para que te pongas en contacto con alguno de nosotros, juntos haremos esta experiencia ¡Jesús está vivo, ha resucitado!

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WebJCP | Abril 2007