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lunes, 13 de abril de 2009

Africa Devasta - Lucha por los Recursos Naturales


Publicado por Esquila Misional

África es rica en recursos naturales y materias primas, de este continente se extrae la mitad de la producción mundial de diamantes, la mitad de cromo y 75 por ciento de platino. También es rica en petróleo, oro, cobre, plata, zinc, manganeso, uranio y coltán, este último de gran importancia para la industria de nuevas tecnologías. Entonces, ¿por qué África sigue tan empobrecida? Una de las causas es el lastre de los siglos de esclavitud y la época colonial, donde los países europeos se repartieron el continente.

Hoy, 50 años después de las independencias, todavía las grandes potencias siguen utilizando al continente como el gran mercado de materias primas y siguen fijando los precios de los recursos; aunque para estos fines empleen estrategias de guerra sucia, corrompan gobernantes y enfrenten en conflictos a los propios africanos. Lo más triste es que la codicia de muchos países poderosos por el control de los minerales y su explotación, es la auténtica causa de fondo de las guerras fratricidas que África ha sufrido.

Este reportaje se centra en la devastación y continua guerra generadas por la lucha de recursos en República Democrática del Congo (principalmente por el coltán). Además, presenta los conflictos y la explotación de recursos en países como Angola, Sudáfrica, Ghana, Malí, Guinea, Zimbabwe, Camerún, República Centroafricana, Burkina Faso, Chad, Costa de Marfil, Nigeria, Ruanda, Sierra Leona, Liberia, Uganda y Tanzania, entre otros.

(Con información de Mundo Negro y Marta Iglesias) La Redacción

Una guerra desigual

África huele a sangre, enfrentamientos entre etnias, pobreza, esclavitud y sobre todo a «dinero mal habido». Un ejemplo que cita Marta Iglesias en la Revista Fusión es la República Democrática del Congo (RDC), que se desangra en un conflicto interno, y no es casual que el país tenga 80 por ciento de las reservas mundiales de coltán (un componente para elaborar tecnologías de vanguardia).

Esta antigua colonia belga tiene tanta riqueza que con su explotación debería nadar en la abundancia; sin embargo, lo que le sobran son guerras. Su territorio alberga grandes cantidades de cobre, cobalto, estaño, uranio, oro y diamantes, casiterita, volframita y sobre todo coltán. De este raro mineral se extrae el tantalio, que posee gran resistencia al calor y excelente conductividad, imprescindible en la fabricación de nuevas tecnologías. Desde el teléfono celular que usamos hasta las naves espaciales, pasando por las computadoras portátiles y las videoconsolas, ¡todas llevan coltán!

Precisamente la mayor parte de este elemento se encuentra en una zona de conflicto en RDC. No es casualidad y la pregunta es directa y muy clara: ¿puede el mundo occidental sobrevivir a la escasez de coltán? La respuesta es: no. Se hundirían las multinacionales y sobrevendría un colapso económico, máxime ante la crisis global que vivimos. Por tanto, no es buen momento para que el gobierno de RDC cambie las reglas del juego económico. Así, frente a los que afirman que el conflicto del Congo se debe a una rivalidad entre etnias (hutus y tutsis), surgen muchas voces que señalan un conflicto de intereses económicos de gran alcance generados en el país.

El papel de las multinacionales

Algunos investigadores señalan que son las multinacionales, con la complicidad de las potencias internacionales, las que han dado nuevas alas al conflicto. De hecho, la ONU hizo una investigación y sus conclusiones fueron que se trataba de una guerra dirigida por «ejércitos de empresas» para hacerse de los metales de la zona, acusando directamente a Anglo-América, De Beers, Standard Chartered Bank y cien corporaciones más.

Todas estas grandes empresas negaron estar involucradas, mientras que sus gobiernos presionaron a la ONU para que dejaran de acusarlas. Se insiste «que detrás de todo esto están las trasnacionales de los países occidentales, que ven con pánico que China empiece a firmar contratos con el gobierno congoleño, pues su necesidad de materias primas es enorme». Así que por una parte, estas multinacionales están sacando de este país miles de toneladas de minerales de muy alto valor sin pagar nada al gobierno congoleño, y financiando guerrillas por diversas partes del país para poder seguir saqueando esa nación a un coste muy bajo. Por otro lado, China ofrece por los minerales grandes cantidades de dinero y posee bastante liquidez, lo que supondría una importante ayuda para sacar al país de la miseria. Además, los minerales llevan 14 años «saliendo» por los países vecinos –principalmente por Ruanda– y están sirviendo para enriquecer a importantes grupos mafiosos que blanquean este contrabando. En medio de todo ello, el gobierno del Congo ha recibido apoyo militar de Angola y Zimbabwe, países que lo apoyaron años atrás. Lo preocupante es que desde todos los bandos en conflicto se estén cometiendo atrocidades y crímenes contra la humanidad.

La codicia alimenta un genocidio silencioso

Las víctimas de esta guerra económica que se está desarrollando en el tercer país más grande de África son, sin duda, los civiles. Cifras impresionantes que nadie sabe por qué sólo hasta ahora han saltado a la primera plana de los periódicos. Más de 5 millones de personas han sido masacradas desde 1998 en Congo, y la ONU confirma que actualmente hay un millón 350 mil desplazados en el interior del país.

Las mujeres y niñas son sistemáticamente violadas, y empleadas como armas de guerra. Los pequeños no se salvan de tal barbarie: unos son obligados a trabajar en las minas de coltán a mucha profundidad porque son los únicos que caben en ellas; miles de ellos mueren sepultados, de hambre y de agotamiento. Se calcula que por cada kilo de coltán extraído mueren dos niños. Otros son reconvertidos en niños y niñas soldados; llegó a haber más de 30 mil reclutados y entre 3 y 7 mil siguen en activo, asegura Amnistía Internacional. Según la ONU, soldados gubernamentales llevaron a cabo pillajes, violaciones y muertes en Goma; mientras que los rebeldes han cometido expropiaciones forzosas en campos de desplazados cercanos a la ciudad de Rutshuru.

Los enfrentamientos actuales han puesto de nuevo en marcha este macabro sistema que se lleva a niños de las aldeas para participar en la guerra. Los que intentan escapar son torturados ante sus compañeros para que sirvan de ejemplo. Hambre, desnutrición, sida, malaria y tuberculosis se suman a esta situación alarmante.

Soluciones pendientes de paz

Se tiene constancia de que el odio entre hutus y tutsis no existía hasta la llegada del presidente ruandés Kagame, que creó estas rencillas para abonar su golpe de estado en 1994. Dado el resultado en este y otros países de África, la militarización no es la solución, así que mucha gente ha puesto manos a la obra para buscar alternativas. Para ello un grupo de asociaciones –en las que participan hutus, tutsis y congoleños–, reunidas bajo el Foro para la Verdad y la Justicia en el África de los Grandes Lagos, llevan a cabo dos iniciativas: un encuentro de diálogo entre las diferentes etnias para iniciar un proceso de búsqueda de soluciones empleando la palabra y no la violencia; y también han interpuesto una querella criminal en la Audiencia Nacional española acusando de genocidio y crímenes contra la humanidad a la cúpula militar ruandesa. Hasta que la denuncia no se haga pública, no acabará el ciclo de violencia.

La postura del gobierno congoleño nos parece razonable, su país tiene materias primas suficientes como para abastecer a chinos, europeos y americanos. Habría que cambiar las reglas del juego para que las riquezas del Congo dejen de ser saqueadas por las mafias internacionales y se exporten por mecanismos legales. Hay un gran peligro en cómo se hacen las cosas ahora, porque están muriendo millones de inocentes. Si realmente las mayores reservas están en el este del Congo, y desde 1998 todo el coltán «sale» sólo por Ruanda, hay un problema: han dejado el monopolio de este mineral estratégico en manos de Kagame y grupos mafiosos.

Si esto fuera así, explicaría por qué la voluntad del presidente de un país tan pequeño como Ruanda, sin recursos propios de valor, tiene tanto poder en los dirigentes europeos. «Kagame es intocable», han llegado a decir altos mandos de la política exterior francesa. Pero, claro, no dicen «por qué». La relación de esta guerra con nuestro consumismo tecnológico es directamente proporcional: las fechas del auge de ventas de teléfonos móviles coinciden con aquellas en las que ha habido más muertos en Congo. Esta vez no podemos lavarnos las manos, miles de muertos nos señalan directamente. Empecemos por dar a conocer la verdad.

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WebJCP | Abril 2007