No fuimos creados para sufrir. Por eso cuando alguien nos anuncia la presencia del sufrimiento en nuestro futuro, reaccionamos en contra , es natural.Nos cuesta asumir y aceptar que el camino de la felicidad supone pasar por momentos o situaciones de dolor y sufrimiento. Nos cuesta comprender que quien habla de amor sin incluir una cuota de sufrimiento no sabe de qué está hablando o está falsificando el amor.
Jesús no se anda con vueltas
Los discípulos comenzaron a seguirlo con entusiasmo. Pero Jesús no quiere “engañar” a nadie. Su proyecto es un proyecto de felicidad (las bienaventuranzas) porque esa es la voluntad del Padre. Pero ese camino de gloria implica pasar por la cruz.
El entusiasmo empieza a aflojar. Cuando les dice que tiene que pasar por una muerte violenta, Pedro se revela. Santiago y Juan seguirán discutiendo sobre quién será el primero.
Jesús insiste en que quien quiera seguirlo deberá “cargar su cruz”, recorrer su mismo camino.
Una cosa es entusiasmarse con el mensaje de Jesús, otra seguirlo en su camino y otra llegar hasta el final como Él.
Después de la Pascua
Sólo después de la resurrección cuando han vivido la experiencia Pascual, los apóstoles empezarán a entender a Jesús.
A la luz de esa experiencia recuerdan y releen lo vivido con el maestro a lo largo de tres años.
Un resumen de esa relectura está en el relato de la Transfiguración.
Posiblemente no fue un momento puntual. Recopila distintas experiencias donde se manifestaba que en el hombre-Jesús había “algo” que superaba lo humano, había algo de “divino”, pero que en su momento eran incapaces de entender.
Hacerle una “casa” a Dios
Cayeron en la misma tentación que había sufrido el rey David: hacerle una “casa” a Dios. En este caso “hacer tres tiendas” donde más que hospedar a Dios se trata de “encerrarlo” en un espacio determinado.
Es más cómodo saber dónde está Dios, qué hay que ofrecerle para que esté contento y nos sea favorable, que aceptarlo como compañero de camino, un compañero que va tomando rostros distintos, que nunca sabemos qué nos va a pedir, porque sabe que siempre somos capaces de dar más.
Así hemos creado hermosos templos para guardar a Dios, con todas las comodidades posibles. Una forma de evitarnos a una Dios incómodo compañero de camino.
Podemos cerrar las puertas de los templos y dejar de escuchar a un Jesús que nos dice que el camino de la cruz (de la entrega total por amor) es el único camino de la gloria (de la felicidad plena del hombre).
Hacernos casa de Dios
Si Dios se encarnó en Jesús de Nazaret es porque la única “casa” donde puede habitar es nuestro corazón; pero es más complicado de lo que pensábamos aceptarlo como compañero de cada día.
Nos llevará por caminos que no esperamos ni deseamos.
Es ahí donde aparece la voz del Padre: “Éste es mi hijo amado; escuchadlo”.
Nos asusta escucharlo. Nos cuesta más seguirlo en su camino de entrega total. Nos cuesta subir la montaña de la cruz.
Pero es el único camino para vivir en plenitud nuestra humanidad y alcanzar la felicidad.
La Cuaresma es tiempo para decidir el camino que queremos recorrer en nuestra vida. ¿Seremos capaces de escuchar al Nazareno sin encerrarlo en nuestros esquemas mentales y religiosos?







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