Publicado por Vida Nueva
El próximo 17 de marzo, Benedicto XVI visitará por primera vez África, concretamente Camerún y Angola. Con este motivo, Vida Nueva plantea en sus ‘Enfoques’ el viejo debate sobre el tipo de evangelización que necesita hoy día un continente y una Iglesia donde “no es oro todo lo que reluce”, tal y como nos recuerda el periodista y ex misionero José Carlos Rodríguez. La otra reflexión es del ex redactor jefe de la revista Mundo Negro, Gerardo González Calvo.
Uno de los motivos de este viaje es la preparación del segundo Sínodo africano, que tendrá lugar en el Vaticano en octubre con la justicia, la paz y la reconciliación como temas centrales. En opinión de González Calvo, “si en el primer Sínodo africano el dilema que se planteaba era cómo ser cristiano sin dejar de ser africano, ahora la cuestión es cómo ser africano sin renunciar a todos los derechos inherentes a la persona humana“, pues, tal y como asegura, en el continente hay todavía demasiados conflictos, y aunque en África se han implantado los sistemas políticos pluripartidistas, “las prácticas democráticas de bastantes dirigentes dejan mucho que desear y hacen de la corrupción un modo de gobierno que ahonda aún más el empobrecimiento de los ciudadanos”. Por todo ello, considera que “la evangelización tiene que responder hoy a las acuciantes necesidades de los africanos y contribuir a que se haga justicia con ellos”.
Para José Carlos Rodríguez, una verdadera inculturación “tiene mucho que ver con aspectos menos llamativos pero más de fondo, como por ejemplo que los laicos sientan que tienen en sus manos las responsabilidades de sus comunidades“, ya que, “una Iglesia cuya preocupación principal fueran los ropajes litúrgicos o los tambores en misa se parecería al dueño de una casa que está absorto en la decoración de sus habitaciones mientras el tejado se incendia”. Asimismo, opina que habría que matizar las acusaciones que siempre se han hecho a los misioneros que llegaron a África, en las que se les culpaba de haber destruido las culturas de los africanos, pues “hicieron enormes esfuerzos por aprender las lenguas africanas, escribir gramáticas, libros de proverbios y estudiar las tradiciones de los pueblos con los que convivieron, ayudando a los nuevos cristianos a separar lo bueno de lo malo”.
Uno de los motivos de este viaje es la preparación del segundo Sínodo africano, que tendrá lugar en el Vaticano en octubre con la justicia, la paz y la reconciliación como temas centrales. En opinión de González Calvo, “si en el primer Sínodo africano el dilema que se planteaba era cómo ser cristiano sin dejar de ser africano, ahora la cuestión es cómo ser africano sin renunciar a todos los derechos inherentes a la persona humana“, pues, tal y como asegura, en el continente hay todavía demasiados conflictos, y aunque en África se han implantado los sistemas políticos pluripartidistas, “las prácticas democráticas de bastantes dirigentes dejan mucho que desear y hacen de la corrupción un modo de gobierno que ahonda aún más el empobrecimiento de los ciudadanos”. Por todo ello, considera que “la evangelización tiene que responder hoy a las acuciantes necesidades de los africanos y contribuir a que se haga justicia con ellos”.
Para José Carlos Rodríguez, una verdadera inculturación “tiene mucho que ver con aspectos menos llamativos pero más de fondo, como por ejemplo que los laicos sientan que tienen en sus manos las responsabilidades de sus comunidades“, ya que, “una Iglesia cuya preocupación principal fueran los ropajes litúrgicos o los tambores en misa se parecería al dueño de una casa que está absorto en la decoración de sus habitaciones mientras el tejado se incendia”. Asimismo, opina que habría que matizar las acusaciones que siempre se han hecho a los misioneros que llegaron a África, en las que se les culpaba de haber destruido las culturas de los africanos, pues “hicieron enormes esfuerzos por aprender las lenguas africanas, escribir gramáticas, libros de proverbios y estudiar las tradiciones de los pueblos con los que convivieron, ayudando a los nuevos cristianos a separar lo bueno de lo malo”.








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