¿Quién de nosotros no conoce ejemplos de mujeres heroicas? ¿Quién de nosotros no ha sido testigo de lo que es capaz el amor de una madre por sus hijos? ¿Quién no ha experimentado la ternura, la comprensión y la paz que puede dar una mirada femenina?
En general todos los pueblos (y no sólo los latinos) se identifican mayormente con la figura materna, pues la madre es la que ha llevado en su vientre a los hijos, es ella la que ha sufrido los dolores de parto, ella la que, generalmente, pasa más tiempo al lado de los pequeños, la que alimenta, protege, enseña y educa… Quizá por eso no es de extrañarse que el papa Juan Pablo I, en uno de sus poquísimos discursos de su breve pontificado, haya afirmado categóricamente que «Dios es sobre todo Madre».
Paradójicamente, y para vergüenza de muchas sociedades, la mujer sigue siendo la más marginada, la primera víctima de la explotación y la pobreza y la más discriminada educativa y laboralmente.
El próximo 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, y Esquila Misional presenta en este número una propuesta de reflexión no sólo para las mujeres, sino enfática y principalmente para los hombres que, bajo el eufemismo de ser «el sexo fuerte», se creen con la autoridad absoluta de imponer, restringir, decidir, discriminar y de violentar al mal llamado «sexo débil».
Más allá de una mera retórica de género, y porque estamos convencidos que es evangélico e imperativo vivir con la lógica de la igualdad de sexos, la propuesta es sumamente concreta: purificar nuestro concepto de sociedad, nuestra imagen de Iglesia e incluso nuestra manera de concebir a Dios, y, en otras palabras, «aceptar el desafío de pensar y actuar de manera diferente». Porque hombres y mujeres somos imágenes visibles del mismo Dios.
En general todos los pueblos (y no sólo los latinos) se identifican mayormente con la figura materna, pues la madre es la que ha llevado en su vientre a los hijos, es ella la que ha sufrido los dolores de parto, ella la que, generalmente, pasa más tiempo al lado de los pequeños, la que alimenta, protege, enseña y educa… Quizá por eso no es de extrañarse que el papa Juan Pablo I, en uno de sus poquísimos discursos de su breve pontificado, haya afirmado categóricamente que «Dios es sobre todo Madre».
Paradójicamente, y para vergüenza de muchas sociedades, la mujer sigue siendo la más marginada, la primera víctima de la explotación y la pobreza y la más discriminada educativa y laboralmente.
El próximo 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, y Esquila Misional presenta en este número una propuesta de reflexión no sólo para las mujeres, sino enfática y principalmente para los hombres que, bajo el eufemismo de ser «el sexo fuerte», se creen con la autoridad absoluta de imponer, restringir, decidir, discriminar y de violentar al mal llamado «sexo débil».
Más allá de una mera retórica de género, y porque estamos convencidos que es evangélico e imperativo vivir con la lógica de la igualdad de sexos, la propuesta es sumamente concreta: purificar nuestro concepto de sociedad, nuestra imagen de Iglesia e incluso nuestra manera de concebir a Dios, y, en otras palabras, «aceptar el desafío de pensar y actuar de manera diferente». Porque hombres y mujeres somos imágenes visibles del mismo Dios.








Adelante
Sigue Conociendo
INICIO





0 comentarios:
Publicar un comentario